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Nacional
Reflexiones
algunas sobre el embrollo migratorio
Antes
de caer en el discurso populista y la indignación
patriotera es importante equilibrar la perspectiva que dio origen a
propuestas como la ley antiinmigrante de Arizona y que exhibe la
obsolescencia económica de México. La culpa es más de acá, que de
allá
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MAYO 2010. Imaginemos un cuadro donde finalmente los políticos mexicanos diseñan un programa de desarrollo de largo periodo y que éste comienza a dar resultados arriba de las expectativas más altas. Lo que sin duda sería llamado "segundo milagro mexicano" disminuiría el desempleo y aumentarán las percepciones salariales, se multiplicaría el trabajo y convertiría al país en un polo que comenzaría a perfilarlo como una potencia de mediano rango, como los dragones asiáticos. Esta prosperidad también sería tentadora para los países vecinos cuyos gobiernos siguieron con sus políticas empobrecedoras. Las estrictas leyes migratorias mexicanas incrementarían la inmigración ilegal de Centro y aun Sudamérica, la cual al principio sería bienvenida y vista con orgullo.
Pero al transcurrir el tiempo, y la prosperidad, estos inmigrantes ilegales comenzarían a organizarse para exigir derechos, entre ellos seguridad social gratuita o seguro de desempleo, y de ribete exigirían al gobierno mexicano que les otorgara amnistía; en la frontera sur aumentaría la criminalidad dado que no existen registros policiacos de los ilegales que han cometido actos delictivos. Presionados, los gobiernos estatales y el federal terminarán ofreciéndoles muchas prestaciones, entre ellas cubrir el costo del parto de los hijos de inmigrantes. Ello provocaría la indignación entre miles de ciudadanos: ¿por que a nosotros se nos impone una losa impositiva que termina subsidiando a otros que ni siquiera han nacido en este país?, se preguntarían y a su
vez presionarían al Estado para que encarara el problema de la inmigración ilegal.
Sólo una interrogante: ¿detectaríamos aquí asomo alguno de racismo? Claro que no, porque somos mexicanos, y de hecho nos parecería imperativo tomar esas medidas. Pero nos parece un acto racista y ruin cuando en Estados Unidos se nos aplica la misma lógica.
Otra acusación frecuente, y agudizada estos últimos días, es que Arizona es un estado "racista". Falso, simplemente es la entidad de ese país que ha reaccionado más abiertamente en contra de la inmigración ilegal y donde ésta le representa mayores problemas para la seguridad de sus habitantes. Los latinoamericanos solemos juzgar las cosas por como ocurren aquí, esto es, de las leyes surgen por imposición del poderoso, que
las impone a su gusto, o que la gobernadora estuviera riéndose en su escritorio como bruja de Blancas Nieves mientras redactaba la enmienda. Esta ley fue llevada a votación porque un grupo de legisladores llevaron a ese recinto la preocupación de sus representados. En México pensar que nuestros legisladores realmente nos representan suena a ingenuidad, por no emplear otro adjetivo más certero. Pero no necesariamente ocurre así en otras latitudes.
El presidente Calderón rápido entró en el ruedo de declaraciones aunque estemos seguros que ni siquiera ha leído la controvertida ley, disponible en línea en la página del estado de Arizona en inglés y en español. Ni a él ni a ningún político o senador les ha brotado un poco de vergüenza al ver que cada inmigrante que se va refrenda el fracaso de la estructura económica mexicana; en vez de realizar un
autoanálisis de conciencia y sopesar qué tanta culpa tenemos aquí por el problema migratorio, nuestros políticos optan por la queja, el insulto apenas contenido aparte de denunciar la "violación de los derechos humanos" de esta ley. Ahí sí son muy valientes, pero el presidente y el Senado optaron por quedarse callados ante la incuestionable violación a los derechos humanos por parte del gobierno cubano.
Esta ley faculta a los agentes de policía a solicitar documentos a los ciudadanos que les parezcan sospechosos --en ninguna parte del documento se dice "que tengan aspecto
mexicano"-- y a esto se le llama "racismo". Pero ello ocurre diariamente en México con los retenes realizados por el Ejército; {os agentes de tránsito con toda naturalidad detienen a miles de automovilistas con las excusas más inverosímiles para "bajarles" dinero y los agentes de Migración suelen hacer lo mismo en los aeropuertos. Pero nadie los tacha de "racistas". Adicionalmente y si se tienen todos los papeles en regla y su estancia en suelo norteamericano regularizada ¿qué debe preocupar entonces que se pidan esos documentos? Claro, que si se les detecta como ilegales, deberán ser deportados a su país de origen. Hay otro factor: en México cualquier irregularidad en la documentación puede arreglarse con "una corta" mientras que en Estados Unidos sobornar a un agente es mucho más difícil, y riesgoso.
Como en cualquier otro país, la inmigración es bienvenida siempre que aporte beneficios. En México cientos de inmigrantes españoles que huían de la Guerra Civil llegaron al país a instancias del entonces presidente Lázaro Cárdenas, quien les brindó asilo. Fue una de las mejores medidas de su gestión (y que desafortunadamente no es tan recordada como otras más cuestionables, como el reparto agrario) ya que esa oleada enriqueció la vida cultural, económica y social al punto que hoy es imposible soslayarla.
¿Pero estaríamos los mexicanos dispuestos a recibir a inmigrantes procedentes de los barrios más pobres de Egipto o Pakistán que desconocen el español pero que al llegar quieren a México disfrutar de todos los beneficios sin pagar un centavo de impuestos? Entre ese esquema y el que hoy ocurre en Estados Unidos no hay diferencia alguna.
Varias personalidades, entre ellas las cantantes Shakira y Gloria Estefan, han enfatizado que lo que ha
hecho grande a Estados Unidos es la inmigración. Es verdad, pero igualmente ha contribuido el clima económico norteamericano para que un negocio pueda expandirse y crecer más rápido. Esa es la razón por la cual cientos de inmigrantes
procedentes de Oaxaca, Chiapas, Guanajuato o Michoacán y que en sus lugares de origen vivían en la pobreza absoluta comenzaron a prosperar una vez que se establecieron formalmente en la Unión Americana. ¿Habría llegado Gloria Stefan hasta dónde hoy se encuentra de haberse quedado en Cuba? Los inmigrantes han hecho grande a ese, pero con ayuda del sistema
de economía de mercado norteamericano y que no existe en México, Nicaragua o Ecuador.
Estados Unidos se ha convertido los últimos cuarenta años en una sociedad increíblemente competitiva donde el mero diploma universitario resulta insuficiente para acceder a un buen empleo
por lo que se necesitan tener diplomados, doctorados o tesis magisteriales. "Un inmigrante que desee prosperar en Norteamérica tendrá que estudiar, prepararse y trabajar duro. Quienes no lo hagan o carezcan, mínimo, de un título universitario, difícilmente podrán
aspirar más, lo que paradójicamente será mucho mayor a lo que obtendrían en sus países de origen", escribió el venezolano Carlos Ball, llegado a Norteamérica en los años 80.
¿Cómo detener el problema, entonces? No con carteles inútiles e irónicamente xenofóbicos, como los que se vieron en la Cámara de Diputados, ni con boicots de los consumidores ni con encendidos discursos presidenciales con tufo a populismo. La inmigración de mexicanos a Norteamérica se detendrá cuando México cambie su obsoleta legislación laboral, enfrente y combata a los sindicatos parasitarios y ponga a funcionar un esquema económico a largo plazo que estimule la creación de empleos privados y, por ende, de más riqueza. No es la solución total, pero sería un comienzo ideal.
Mientras ello no suceda, Arizona y otros estados reaccionarán ante la incompetencia del gobierno mexicano por ofrecer vida y sueldo digno a los suyos.
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