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Los demócratas, de anfitriones de los wokes a idiotas inútiles Entraron de puntillas, casi sin hacer ruido, y ahora que ya pisan sobre firme, los socialistas woke están por echar a sus anfitriones demócratas y hacerse del control de ese partido. En las elecciones intermedias del próximo noviembre se verá si funciona ese virtual derrocamiento de la vieja guardia, con lo cual Estados Unidos daría un paso más a un futuro como país fallido AGOSTO, 2026. La analogía, aunque trilladísima, es inevitable: los demócratas crearon a un frankenstein que está a punto de patearles el trasero y enviarlos al ostracismo. Sorprende que muchos miembros de ese partido se muestren sorprendidos de cómo los wokes, a quienes gustosamente abrieron las puertas, están a punto de asestarles un virtual golpe de Estado para hacerse totalmente del poder dentro de la organización del burro azul. La elección de Zohran Mandami como alcalde de Nueva York fue apenas el principio de una ofensiva que está a punto de aplicar una estocada contra los demócratas más moderados. La "vieja guardia" del partido tiene los días contados; lo que se avecina es una andanada woke decidida a enfrentar, si no es que a derrocar, al sistema democrático de los Estados Unidos. Y no es exageración. Claire Valdez, representante por el estado de Nueva York, lo deja en claro: "Nuestra búsqueda por el poder es a través del voto, pero si la voluntad popular no se respeta, estamos dispuestos a ir a otras instancias (sic), algunas de ellas quizá un tanto drásticas", entendiéndose como "no respetar la voluntad popular" que pierdan la elección. Dentro de esta camada destacan Alexandria Ocasio Cortés, a quienes algunos alucinados barajan como candidata a la presidencia en el 2028, al mencionado Mandami, así como Francesca Hong, quien encabeza las preferencias para convertirse en candidata a a la gubernatura por el estado de Wisconsin en las elecciones intermedias del próximo noviembre. Otra "estrella" woke en esta pléyade es Katie Wilson, quien sorpresivamente ganó la alcaldía de Seattle. La agenda de Wilson incluye no solo "defundar" a la policía, una táctica que ha resultado tan catastrófica que ya pocos demócratas honestos la apoyan, y la creación de "espacios seguros" (safe spaces) donde se restringiría el ingreso a los blancos --no pasemos por alto la máxima de las incongruencias: la alcaldesa Wilson es blanca-- y la obligación, claramente anticonstitucional, de que todos los negocios y comercios muestren la banderita del arcoiris en sitios visibles, propuesta que Jesse Watters, de la cadena Fox, equiparó con "colocar forzamente en la pared de tu casa una imagen del Gran Timonel en la China maoísta, de lo contrario tu y toda tu familia eran arrestados". Otra "estrella" del wokeísmo es Melat Kiros, quien busca una senaduría demócrata por el estado de Colorado. Kiros nació en Etiopía pero en 1998 emigró a los Estados Unidos. La revista Politico, de centro izquierda, da a Kiros "un futuro brillante" si conquista la curul: "otorgaría más diversidad a las cámaras de representantes y de senadores (...) tenemos aquí a una mujer con la que se identifican miles de jóvenes en Colorado, y de ganar serían aún más en el resto del país"... zalamería pura. Por lo que toca a Hong, cuyos padres nacieron en Corea del Sur, su agenda incluye varias lindezas del socialismo más trasnochado entre las que destacan, además de las alzas salariales ajustadas a la inflación --monstruosidad también llamada indexación, y que llevó a Argentina y a Brasil a espantosas espirales inflacionarias-- congelación de rentas, tasas impositivas mayores a las grandes fortunas (¡otro experimento fallido!), creación de una institución bancaria pública (¡un fracaso monumental más! ¿alguien recuerda que en México tuvimos a Nafinsa y a Banrural?) y el retiro de las "redadas" de ICE. En algún momento Hong dijo ser partidaria de "defundar" a la policía pero ahora asegura "estar repensando" esa postura. Un detalle obvio pero que la opinión pública norteamericana trata de no mencionar para evitar ser "cancelada", es que la mayoría de esta oleada de neosocialistas woke nacieron en otro país o son hijos de inmigrantes que provienen de países donde las políticas socialistoides destruyeron sus economías. El caso de Kyros es más que ilustrativo: la chica nació en un país donde una junta militar comunista aplicó una "reforma agraria" que provocó enormes hambrunas, tan devastadoras que en apenas unos años llevaron a la organización del concierto Live Aid en 1985. Hasta hoy es que Etiopía está aplicando tibias reformas cuando lo cierto es que desde su independencia no se ha implementado otra cosa ahí que ruinosas estrategias socialistas. El de Hong es todavía más inaudito: sus propuestas son una calca de la vecina Corea del Norte, uno de los países más pobres del planeta Tierra. ¿Qué llevó a estos candidatos y a sus padres a emigrar a un país al cual buscan destruir con sus propuestas económicas? ¿por qué insisten en replicar en Estados Unidos fórmulas que en sus lugares de origen solo trajeron marginación y miseria? En lo que respecta a Francesca Hong, ella misma ha reconocido que padece serios problemas mentales que incluyen trastorno bipolar, haber sido internada en un hospital psiquiátrico, haberse cortado los brazos con un cuchillo y haber experimentado una sobredosis de litio. La precandidata no ha dicho si sigue recibiendo tratamiento contra la bipolaridad, la cual no tiene cura, pero eso sí, Hong dijo a Meal Magazine que sufrió "un agravamiento" en el 2019 que desembocaría en un "ataque de ansiedad" al entrar a un Culverts, una cadena de neverías donde, dijo, "había personas blancas de edad avanzada que no concebían que yo hablara inglés... eso me afectó mucho emocionalmente".
No parece buena idea llevar a a la gubernatura a alguien que padece bipolaridad. Pero al final, como lo han establecido entre otros el psiquiatra canadiense Jordan Peterson, el socialismo y los problemas mentales "suelen llevar una cordial relación entre sí". Como sucede con Hong, parece que los demócratas no se molestan mucho en indagar el pasado de sus candidatos. Tal es el caso de Graham Platner, un ex Marine que buscaba ser candidato a senador por el estado de Maine. La prensa achichincle trató a Platner como un rockstar, entrevistado por todas las cadenas de TV y quien recibió personalmente el espaldarazo público por parte del senador Bernie Sanders. "Platner es sinónimo de prosperidad y apoyo a las causas progresistas", dijo Sanders en un mitin de apoyo. A los pocos días, The New York Post publicó una foto donde Platner aparece sin camisa y con un tatuae bajo la tetilla izquierda el cual se reveló era el símbolo de los Totenkopf, grupo de élite de la SS durante la segunda guerra mundial. "No soy simpatizante nazi, ese tatuaje me lo hicieron cuando realicé mi servicio en Croacia", respondió Platner, quien decidió "taparse" el tatuaje no sin antes advertir: "jamás renunciaré a mis aspiraciones, eso quisieran los republicanos, pero no les daré el gusto...", advirtió luego de haber ganado la elección primaria. Tres semanas más tarde, Platner dio el gusto a sus contrincantes cuando una mujer llamada Jenny Racicot lo acusó de haber abusado de ella en Washington la vez que el frustrado aspirante se encontraba, dijo, "claramente alcoholizado". Platner renunció a su candidatura no sin antes culpar, por supuesto, a Donald Trump: "renuncio no por ser culpable sino para evitar más daño a mi persona y a mi familia", dijo en un comunicado que ni él se lo creyó. Por cierto, el senador Sanders se desentendió del asunto con una simple declaración: "Platner no era el candidato idóneo", dijo. ¿Entonces por qué viajó Sanders hasta Maine a echarle porras y apoyarlo si no lo consideraba el más indicado para el puesto? ¿Pero por qué se ha dado este radicalismo del partido demócrata hacia políticas que hasta hace poco eran consideradas radicales por sus simpatizantes y seguidores? Existe la idea generalizada dentro de esa organización de que el partido ha perdido "peso y presencia" por querer aferrarse a "fórmulas caducas", es decir, la reputación de ese partido por mantener un línea moderada de centro-izquierda. Tanto Mandami como los wokes consideran que la única manera de detener a un "radical de derecha" como Donald Trump es ponerle como valladar una postura radical de izquierda, y aluden que esa radicalización "es necesaria" ante lo ocurrido con George Floyd, el pésimo manejo de la pandemia, los altos niveles "inflacionarios" y el peligro de que Trump "se obsesione con un tercer periodo". No deja de ser tragicómico que estos neo socialistas busquen sustituir "fórmulas caducas" con fórmulas que se aplicaron en países que hoy ya no existen, como la Unión Soviética o Alemania Oriental, como igualmente tragicómico resulta culpar que todo aquello a Trump: el incidente de George Floyd ocurrió en Minneapolis, ciudad donde el alcalde es demócrata, como también demócrata es el gobernador de Minnesota. Por lo que toca a la pandemia, los demócratas ya olvidaron que el "pésimo manejo" de la pandemia fue cortesía del doctor Anthony Fauci, quien pasaría a ser un consentido de la Casa Blanca durante los años de Joe Biden. Asimismo, la inflación no parecía preocupar tanto a los demócratas durante el gobierno de Biden, quien la llevó a niveles demenciales imprimiendo toneladas de papel moneda. Los demócratas parecen no tener idea de que Trump, maestro absoluto del marketing, se divierte como titiritero haciéndolos bailar al ritmo que le da la gana cada vez que advierte que buscará un tercer mandato, cuando se sabe perfectamente que la Carta Magna de los Estados Unidos se lo impide (curiosamente, la izquierda jamás protestó cuando Obama también jugueteó con esa misma posibilidad). Según los medios achichincles que ahora apapachan a radicales como Mandami, Hong y Ocasio Cortés. este giro decisivo a la izquierda atraerá a millones de jóvenes norteamericanos embelesados con el socialismo y quienes sienten que la "vieja guardia" del partido no los representa. Esa sería entonces la jugada: afuera con lo viejo, adentro con lo nuevo. Uno se pregunta por qué los socialistas norteamericanos, si afirman tener en el bolsillo a los jóvenes de es país, jamás se les ocurrió crear su propio partido para de paso romper el duopolio partidista en Estados Unidos. Porque no es que el comunismo sea algo nuevo en Estados Unidos: ya en años 40 existía un partido comunista dirigido por un tal Gus Hall, quien en su momento más brillante llegó a contar con la estratosférica cantidad de 2,500 militantes. Si los jóvenes norteamericanos apoyan amorosamente todo lo que huela a socialista y comunista, en realidad los wokes no necesitarían a los demócratas, pero sabemos que solo les interesa en poder para quedarse con él per seculae esculorum. Si esta nueva camada radical retoma la mayoría en ambas cámaras el próximo noviembre, los Estados Unidos como los hemos conocido estarían entrando en su recta final, convirtiéndose relativamente en corto plazo en otro país fallido, es decir, arruinado por el socialismo.
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