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Concentración de payasos sin maquillaje en Chicago

Lo que debió haber sido el último homenaje al compañero caído se convirtió en un circo donde lo mismo actuaron un ególatra sin remedio, un tontazo que quiere pasarse de listo y un resentida porque los votantes rechazaron su ruinosa propuesta. Una patética payasada allá en la ciudad del viento

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MARZO, 2026. Una regla básica cuando se atiende el funeral de una persona influyente en la política es hacer a un lado ese punto y centrarse en las virtudes del homenajeado. La vez que Richard Nixon falleció en 1993, asistieron a las exequias todos los ex presidentes vivos en ese momento, con excepción de Ronald Reagan, quien padecía una avanzada etapa de alzheimer.

El discurso oficial corrió a cargo del entonces presidente Bill Clinton, quien destacó la importancia histórica del fallecido mandatario, esto pese a que Clinton huyó a Gran Bretaña para evitar ser enviado a Vietnam y en ningun momento se pronunció la palabra Watergate ni que tampoco Nixon se vio obligado a renunciar a su puesto. "Richard Nixon enfrentó momentos difíciles y supo enfrentarlos como un gran norteamericano", dijo Clinton, ello pese a pertenecer al Partido Republicano.

Eso se llama tener ética y tacto. Las eulogias funerales tienen como objetivo dar la última despedida a quien ya partió recordando los buenos momentos sobre los malos. Sería tonto pensar que el fallecido fue alguien perfecto que jamás hizo cosas reprobables.

¿Qué habría pasado, por ejemplo, si Clinton se hubiera enfocado en el Watergate, en los pleitos personales que Nixon tuvo con los directores de los grandes periódicos o que lo criticara acremente por haber aplastado a George McGovern, el candidato favorito de los beatniks y los hippies y, por tanto, de Bill Clinton y de su esposa Hillary? Se les habría tachado de oportunistas y de crueles por atacar a una persona que ya no puede defenderse; también se les habría acusado de protagonismo y de "robar" las luminarias para sacarse provecho personal.

Se supone que en estos homenajes fúnebres se hace de lado el ego personal para enfocarse en honrar al difunto; si en vez de ello el asunto se torna en una lluvia de ataques personales o una pachanga donde quien da el discurso quiere convertirse en el centro de atención, el adjetivo que mejor se acopla hacia ese comportamiento oportunista es el de ser unos desgraciados".

Durante las exequias del recientemente fallecido líder Jesse Jackson, lo que vimos fue un lamentable show de payasos sin maquillaje, ególatras y gente a la que la figura de Jesse Jackson importa un carajo. Y no es conclusión nuestra sino de Jesse Jackson Jr., hijo del fallecido activista y ministro religioso: "Al evento asistieron tres ex presidentes los cuales nunca tuvieron una gran relación con mi padre", dijo Jackson Jr. "Lamento que se hayan enfocado en la autopromoción y en temas políticos en vez de honrar la memoria de mi padre".

La verdad, el hijo de Jesse Jackson tiene razón de sobra para estar emputado por la baja calidad moral de varios invitados a las exequias de su padre... específicamente tres de ellos, como bien dijo.

Como político de la "vieja guardia", Bill Clinton se enfocó en resaltar las cualidades personales de quien llamó "un gran amigo y colaborador", eso pese a que la relación entre ambos poducía chispas al punto que Jesse Jackson estuvo a punto de abandonar a los demócratas al enterarse del escándalo de Monica Lewinsky, y de que Clinton cometiera perjurio al jurar, con una Biblia en la mano que "no conozco a esta mujer, la señorita Lewinsky".

Y si bien Jesse Jackson Jr. resaltó momentos antes que "esta es una ceremonia abierta para todos, demócratas, republicanos y moderados", solamente asistieron personalidades demócratas y ni una sola de lado republicano. El asunto se torna todavía más tragicómico si recordamos que el fallecido político mantuvo excelentes relaciones con Donald Trump y lo llamó "gran amigo de la comunidad negra" hasta que el copetudo millonario anunció su carrera política, razón de sobra para que muchas personalidades, entre ellos el reverendo Al Sharpton, súbitamente lo consideraran un "racista".

El analista político Michael Knowles señaló que "Jesse Jackson Jr. no renegó de su amistad con Trump del modo en que lo hizo su padre, aunque añade que éste último fue forzado a hacerlo so pena de publicar información comprometedora respecto a su persona (...) en comparación con otros activistas que rompieron con Trump, Jesse Jackson mantuvo una distancia más discreta y menos virulenta".

La labor de Jesse Jackson Jr. se ha enfocado más en una labor comunitaria, y no tan política, de ahí que no se cree que quiera convertirse en el sucesor de su padre... menos aún si ello lo obligaría a reunirse con estas cucarachas de la política norteamericana.

Jesse Jackson y Donald Trump fueron más cercanos de lo que sucedió con Bill Clinton, y ni se diga de Joe Biden y Kamala Harris. Sin embargo, el copetudo presidente no dio su pésame, profundamente dolido por la traición de Jesse Jackson, a quien consideraba un amigo y con quien comió en innumerables ocasiones. "La de Jackson fue quizá la traición que más lastimó al presidente Trump", señala el analista Knowles. "Jackson se jactaba de su independencia respecto a los demócratas y cuando éstos le exigieron hablar mal de Trump, Jackson lo hizo sin dudar un segundo".

Vayamos enseguida a la patética congregación de payasos sin maquillaje con sede en Chicago.

Tras una serie de elogios, algunos merecidos y otros exagerados, en torno a Jesse Jackson, Obama terminó traicionado por su propio ego al contar historias en primera persona y de cómo él llegó a ser un chinguetas, incluso más que el homenajeado. De ahí Obama saltó, pero cómo no, hacia el insulto personal contra (¿apenas cabe preguntarse quién?) Donald Trump:

"Vivimos momentos en los cuales es difícil aspirar a la esperanza. Cada día nos despertamos con un nuevo asalto a nuestras instituciones, otro golpe al imperio de la ley, una ofensa a la decencia... cada día nos enteramos de cosas que no creíamos posibles... a diario se nos dice desde el gobierno a estar temerosos unos de los otros".

Quizá Obama se refería al ICE, organismo al que en el 2013 consiguió duplicarle el presupuesto y forzó a varios legisladores demócratas, que estaban en contra, para que lo aprobaran. O quizá con Obama nos enteramos de cosas que no creíamos posibles, como que fuera el primer presidente en décadas en dar discursos divisionistas donde los pronombres "ellos" y "nosotros" eran parte de su esencia. Parte del desmadre y tensión racial que hoy sufren los Estados Unidos se deben a este sujeto Obama ¡Y ahora acusa a Trump que su gobierno es el que está enfrentando a todo un pueblo!

Luego subió al podio Kamala Harris. La verdad es difícil explicar porqué a una candidata que perdió una elección presidencial de manera tan humillante la sigan invitando a este tipo de eventos; que yo recuerde, Michael Dukakis, Walter Mondale y Hubert Humphrey cayeron en la intrascendencia tras perder contra sus rivales republicanos y rara vez se les volvió a ver otra vez en público. Aparte de eso ¿qué relación tiene la señora Harris en relación con los derechos humanos? ¿Será el asegurar que ella probó mariguana mientras escuchaba de fondo a Tupac Shakur, esto tres años antes que el rappero lanzara su primer disco? Sin duda, la señora Harris andaba pero si bien pacheca.

"¡Se los advertí, no me digan que no se los advertí!", empezó su discurso Harris. Según ella, de haber ganado las elecciones, Estados Unidos serían hoy un paraíso de equidad y de justicia social y los conservadores ya habrían sido pasados por las armas, como llegó a sugerirlo el líder de Islam Nation Louis Farrakah.

Claramente Harris no tenía idea de quién era Jesse Jackson; por lo menos Obama investigó un poquito pero Harris, sin teleprompter y sin carisma, acudió a los ataques personales contra Trump, estupidez mayúscula pues nadie le ha avisado que ya no está en campaña y que a estas alturas los insultos la exhiben como una inmadura, alguien incapaz de aceptar una derrota y por lo tanto de enmendar errores.

Incluso la cadena CNN se ha visto obligada a reconocer que Trump goza de mayor popularidad que los cinco presidentes anteriores en el mismo lapso de su gobierno --popularidad que subió entre los norteamericanos de origen venezolano, está subiendo entre los de origen iraní y se irá a la estratósfera entre la comunidad cubana cuando caiga la dictadura castrista-- mientras Harris, que amenaza con buscar la presidencia de nuevo en el 2028, ha tenido que cancelar varias presentaciones para promocionar su libro. Quién debería estar diciendo "se los dije" es Trump, y no Kamala Harris, sinónimo absoluto de mediocridad política.

Sin embargo, quien se aventó un homerun de estulticia fue el ex presidente Joe Biden. En vez de honrar al líder caído, co quien apenas se reunió en un par de ocasiones y donde se afirma jamás existió química entre ellos, Biden profirió sus acostumbradas sandeces: al mencionar frente a un público algo que no podía interesarle menos, esto es, que durante su juventud Biden sufrió de tartamudez, el vetusto ex mandatario sentenció, fúrico, con la frustración apenas contenida, "¡pero déjenme decirles algo ¡yo soy mucho más inteligente que la mayoría de todos ustedes!"

La prensa trató de justificar esta nueva cagada de Biden; el USA Today aseguró que el ex mandatario "estaba bromeando" aunque no sea común que alguien ande soltando chistes en lo que se supone son unas exequias. Asimismo ¿dónde está lo chistoso en que alguien diga a su auditorio que es más inteligente que todos los ahí presentes?

Lamentablemente, señor ex presidente Biden, durante los cuatro años que estuvo usted en la Casa Blanca, no aportó un solo momento de brillantez intelectual ni sonrojó a las grandes mentes del mundo; más bien fue todo lo contrario. Definitivamente, Biden no nos ha demostrado ni comprobado lo inteligente que dice ser. Pero por otro lado, éste es un detalle que los medios, como era de esperarse, han pasado por alto: si asumimos que el 90 por ciento de los asistentes al homenaje a Jesse Jackson son negros ¿qué acaso no les dijo Biden en sus caras que todos ellos son unos tontos y que él es el único inteligente entre los ahí reunidos?

En fin, lo mínimo que pudo haber dicho Jesse Jackson Jr. es haber mentado la madre a estos cuatro personajes (en especial los últimos tres) por haber faltado el respeto a la memoria de su padre de esa manera. Pero el vástago del fallecido líder debe tener presente cómo su padre contribuyó para crear esos monstruitos, de cómo su padre promovió decisivamente sus campañas y cómo su padre trajo al redil demócrata a millones de negros norteamericanos, engañándolos con promesas de bienestar si votaban por los demócratas.

Lo más lamentable es que los asistentes aplaudieron a este show de payasos sin maquillaje duchos en egos y pendejadas en vez de bajarlos del escenario a patadas y mentadas: Biden les dijo a todos ellos, incluido el fallecido Jackson, que ellos nunca llegarían a ser tan inteligentes como él. ¿Cuál habría sido la reacción si Trump hubiera dicho algo semejante frente a un auditorio conformado por negros?
 

 

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