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Y DEMÁS/Finanzas
Cómo eliminar a su
empresa
En ocasiones no solo
el Estado atenta contra las leyes del mercado, con sus terribles
resultados: ha habido empresarios que caen en el populismo en busca del
aplauso rápido y aniquilan su propio patrimonio. Veamos este ejemplo
suscitado en Seattle
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JUNIO, 2016. El analista económico Mark Levin lo resume claramente: "¿por qué el socialismo registra más fracasos que una economía de mercado al ser aplicado? No es necesario tener un doctorado en
economía para averiguarlo: la ley del mercado es una ley, como su mismo nombre lo dice, y el socialismo es una teoría. Así de sencillo".
Por ello, cualquier alteración a las leyes del mercado en nombre de la "igualdad", una
"mejor distribución de la riqueza" y "abatir la concentración de capitales" traerá siempre el mismo resultado. "Mezcle usted el amarillo y el azul y obtendrá el verde. Arroje una piedra al aire y su destino final será el suelo. Si en las mañanas ve usted el sol salir por el este, al atardecer lo verá ocultándose por el oeste. Si usted pasa muchas horas sin probar alimento, experimentará hambre. Si usted altera las leyes del mercado tendrá escasez, inflación y pérdida del poder adquisitivo", agrega Levin.
En ocasiones hay que darse cuenta de ello cuando se obtienen resultados espeluznantes, y ahí está el caso de Venezuela. Sin embargo ya se están viendo situaciones en países desarrollados donde se sigue pensando que al atentar contra las leyes del mercado se alcanzará un mundo mejor.
Veamos un caso específico. El de Dan Price.
Si usted jamás ha escuchado hablar de este personaje, no lo culpamos. Los medios norteamericanos, con una línea que se repite infinitamente alrededor del mundo, suelen echar tierra a este tipo de
información. Así como han guardado criminal silencio en torno a lo ocurrido en Flint, Michigan (el gobierno local se hizo de la empresa abastecedora de aguas y a las pocas semanas sus habitantes recibieron el líquido con desechos tóxicos y mortales al abrir sus grifos), el experimento de Dan Price les ha merecido un silencio cómplice que evidencia cómo cuando alguien, en nombre del socialismo, concluye que las leyes del mercado son una imposición y se trata de modificarlas.
Ebrio de idealismo, el joven Price (tiene apenas 31 años) es (era) un multimillonario de Seattle, propietario de Gravity Payments, una empresa que procesa tarjetas de crédito. De acuerdo a lo que comentó posteriormente, Price quedó "profundamente impresionado" al leer un artículo donde el autor señalaba que el número mágico para cualquier empleado era recibir 70 mil dólares al año. Con esa cantidad, según el texto, el trabajador podría tranquilamente pagar sus deudas, hacerse de un buen auto, enganchar una casa o rentar un sitio perfecto y de paso todavía le quedaría dinero,
mucho dinero, para sus gustos personales.
Y eso no fue todo. Al anunciar la medida a sus empleados, Price dijo que sería el primero en dar el ejemplo al reducir sus ingresos anuales de un millón a 70 mil dólares, esto con el fin de alcanzar la "igualdad" con los demás empleados.
Dijo Price a la prensa local luego de poner a funcionar su experimento: "He trabajado duro y hasta lo imposible para que esto funcione. En este momento tuve que rentar mi casa para que me alcance al gasto. Desde los 20 años no recibía tan poco dinero. Pero no tengo niños ni tampoco un novia que me diga que estoy loco al hacer esto..."
Lo cual fue una lástima. De haberla tenido --y de seguramente advertirle que había perdido la chaveta-- Price se habría ahorrado lo que vino después.
Por principio, dos de sus empleados más valiosos renunciaron a la primera semana debido a que consideraban injusto recibir el mismo salario de quienes tenían poco tiempo de estar en la compañía o puestos que implicaban una paga menor. Y es que la propuesta de Price implicaba que
todos los empleados, recién ingresados o veteranos, recibirían 70 mil dólares anuales.
Vinieron más problemas. La andanada del sindicato y del fisco norteamericano fueron apenas el comienzo. Los primeros por ver incrementadas sus cuotas obligatorias y los segundos, algo que increíblemente Price nunca previó, que la mayoría de sus empleados automáticamente estaban causando un ISR que hasta entonces no había afectado sus bolsillos. "En suma, la 'gratificación' obligaba a presentar declaración de impuestos a quienes nunca antes se preocupaban por ello dado que recibir 25 mil dólares anuales no es lo mismo que recibir 70 mil". señala
Levin. "Al final resultó que a todos ellos les serían quitados hasta un 35 por ciento de sus ingresos por concepto de Impuesto Sobre la Renta, con un ingreso neto muy lejos de los 70 mil prometidos por la empresa".
De hecho, a las dos semanas, y de acuerdo a The New York Times, que en principio había aplaudido por la temeraria medida, "Lucas Price, el hermano mayor de Dan, alegó diferencias ireconciliables y entabló un juicio contra la empresa al enterarse de este inusitado aumento afectaba directamente los activos de la empresa".
A los tres meses del "experimento", Gravity Payments se encontraba en quiebra, Price estaba lleno de deudas y, como cruel ironía, se tuvo que liquidar a los empleados en porcentajes de acuerdo a sus nuevas percepciones.
Por si hiciera falta explicarlo...
En primer lugar, la decisión de Price mataba lo que el economista Frederick Hayek llamó "el estandarte del mérito" que no es otra cosa que el
esfuerzo adicional por aportar lo mejor en un trabajo para destacar sobre el resto al avizorar expectativas económicas favorables. Tal "estandarte" es lo que hace que un empleado
se ofrezca trabajar hasta tarde, que proponga ideas y posea un espíritu innovador. ¿Qué incentivo existe cuando los compañeros de trabajo que no se esfuerzan ni proponen innovaciones
al final tendrán percepciones similares?
| James
Henke, del Instituto Cato refiere: "En los años de la Rusia soviética todos los trabajadores en todas las áreas, incluidos jefes y capataces, estaban obligados a ganar lo mismo, en consecuencia todos fingían trabajar y la producción se desplomó. Los puestos superiores se hacían de dinero extra cobrándole a los de
en medio para checar sus tarjetas de asistencia y éstos hacían lo mismo con los de más abajo. Al aplicarse la 'igualdad laboral' lo único que se consiguió fue que la
economía se ahogara en la mediocridad", y concluye: "Hoy la Unión Soviética ya no existe. ¿No nos da eso una idea de la inefectividad al proponer que todos los empleados ganen lo
mismo?" |
El
experimento mataba lo que Hayek llamó el estandarte
del mérito, esto es, el esfuerzo adicional por parte del
empleado que busca destacar sobre el resto al avizorar mejores
expectativas económicas |
Fue por ello que el experimento de Price iba contra la misma naturaleza humana: ¿para qué
una persona se esfuerza en ascender social y económicamente, con muchos sacrificios obtiene un título universitario y dedica muchísimas horas a especializarse si al final
la empresa que lo contrata le va a pagar lo mismo que alguien que a duras penas pudo concluir la secundaria?
Muchos de los empleados que súbitamente recibirían 70 mil dólares anuales en la empresa de Price sencillamente no los merecían. El pagar más a un trabajador no garantiza un trabajo más eficiente si
no se está debidamente capacitado. De ahí que los diputados y senadores, por ejemplo, perciban salarios altísimos pero su labor es, en el más admirable de los casos, mediocre.
Pongamos este ejemplo para darnos una idea de los alcances de la absurda propuesta de Price: Imaginemos que antes de filmar una película, se decide que todos quienes participen en ella, desde actores, director y maquillistas hasta tramoyistas, ganarán igualitariamente 40 mil dólares. Los primeros en respingar serían, por supuesto, los
actores y el director quienes por talento y experiencia están ubicados más arriba de la tabla. Por tanto, esa película jamás sería filmada. Va contra el sentido común.
Hace años una historia en los cómics de Archie --de tendencia claramente libertaria, por lo menos en sus ediciones anteriores-- el protagonista pide como deseo a una esfera mágica que todos los habitantes de Riverdale reciban un millón de dólares. Lo que parecía la más noble de las intenciones se convierte en un caos: muchos habitantes, entre ellos el padre de Archie, renuncian a sus empleos, otros dejan la ciudad para irse de viaje; como ya todos tienen dinero para gastar nadie se preocupa en trabajar por lo que las tiendas cierran ante la ausencia de sus empleados: nadie se preocupa por producir y Riverdale se convierte en un caos.
Es una lástima que Price, quien terminó por hundir una empresa familiar, jamás haya leído ese
cómic. Hasta ganas dan de enviárselo por correo.
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