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ANÁLISIS COMENTARIO Y DEMÁS |
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MEDIOS
Beckham en EU y eso que llaman soccer Los promotores del futbol soccer en Estados Unidos parecen no entenderlo. Su popularidad en ese país se logrará cuando surja una figura local. El siguiente, difícil paso, será convencer a los medios ENERO, 2007. Lo que deberíamos preguntarnos aquí es sí la contratación de David Beckham para jugar en Estados Unidos realmente logrará que el futbol soccer finalmente prenda en ese país. Es poco probable que lo consiga pese a que el inglés recibirá casi medio millón de millones de dólares para lograr la encomienda. Como sucedió en 1975, cuando el Cosmos de Nueva York contrató a Pelé, y luego a Franz Beckenbahuer, para que el soccer adquiriera popularidad en Estados Unidos, algo nos hace presentir que la contratación de Beckham será un fiasco todavía mayor (sólo preguntémonos dónde se encuentra hoy el Cosmos) y que el único ganón de todo este menjurje será el marido de la ex Spice Girl Victoria Adams. El soccer, como le llaman allá, seguirá confinado a las universidades. El Galaxy de Los Ángeles se está jugando una de sus últimas barajas. Para los medios deportivos, la National Soccer League de Estados Unidos es poco menos que una broma y rara vez se encargan de cubrirla. Muy poca gente sabe cuándo empieza la temporada, cuándo termina y quiénes son sus figuras, por lo que no resulta extraño que los principales equipos de la liga estén perdiendo dinero, no tanto porque las tribunas se encuentren vacías --hay encuentros donde suelen presentarse llenos-- sino porque el soccer no interesa tanto a los anunciantes, Tiger Woods tiene, él solo, más contratos que el 80 por ciento de los equipos que juegan en la Liga. El arriesgar un cuarto de billón de dólares no es cosa que suceda a diario en un deporte cuyo futuro, por lo menos profesionalmente, es muy incierto, lo cual indicaría que los inversionistas dan por seguro que el nombre Beckham traerá al estadio a miles de potenciales adictos al deporte, además de los contratos, los cuales le han dado al británico muchísimo más dinero que el recibido por parte del Real Madrid. En meras cuestiones de marketing ello apunta a un resultado exitoso puesto que el inglés se ubicaría como el atleta mejor pagado de Estados Unidos ¿qué medio se resistiría a comunicar a sus lectores, por lo menos, quién es David Beckham? Y ahí radica parte del problema: un norteamericano común identificaría sin problemas a Jordan, a Bonds, a Woods, a Gretzy... ¿pero a Beckham? Las revistas de chismes tienen más noción de él gracias a la ex Spice Girl, y eso a medias, pues tras el truene de ese grupo la señora Adams es hoy tan recordable para el gran público como hoy lo son Tiffany o Martika. Como dijera Moff Tarkin a Darth Vader en Star Wars poco antes de enfrentar a los rebeldes, y en referencia a quienes le pagarán su megasalario a Beckham: "Muchas cosas están en riesgo en este asunto. Más vale que funcione". Sorry, casilleros llenosPor años se han manejado muchas teorías en torno a la indiferencia norteamericana hacia un deporte que es adorado en el resto del planeta. Para muchos, es una manera de demostrar el rompimiento histórico hacia la madre Europa, para otros el soccer exhalta el espíritu colectivo que choca directamente con el individualismo del norteamericano (lo cual es verdad a medias, pues Beckham y Ronaldinho representan, per se, el triunfo individualista). Hay quienes creen que la existencia del empate es letal para un aficionado renuente a gastar su dinero ni su tiempo si al final no sale un ganador; también hay los que aventuran que la excesiva concentración del poder de decisión en una sola persona es juzgada por inequitativa entre muchos estadounidenses, algo que tiene mucho de cierto, pues en los deportes que mueven millones de dólares y fans en Estados Unidos, llámense beisbol, basquetbol, hockey, boxeo, tienen dos o más árbitros. ¿Jueces de línea? ¡Ja! ¿Qué otra función tienen más que señalar los fuera de lugar, reglamento que también irrita a muchos norteamericanos que se han asomado a este deporte? La teoría más loable nos dice que el soccer es letal para los probables anunciantes en televisión. Sólo es cuestión de analizar el asunto. Con un reloj que se detiene una sola vez cada 45 minutos, los publicistas cuentan con un cuarto de hora donde, lo más seguro, quienes ven el partido en casa se levantan a la cocina a prepararse un sandwich, a hacer pipí, a cambiarle de canal a ver cómo va el futbol americano. Todos saben en qué momento se reanudará el juego, razón suficiente para administrar el tiempo sin tener que, ahora sí, chutarse la barra de comerciales del medio tiempo. Dicho de otro modo, quince o 20 minutos de anuncios publicitarios no cubren, ni de chiste, las ganancias que otorga el detener el reloj a cada rato, en ocasiones hasta 30 segundos, en un partido de futbol americano, o el espacio entre inning e inning en el beisbol, ello sin contar otra pausa para meter comerciales cuando hay relevo de lanzadores o la defensiva entra al emparrillado. ¿Cómo se le hace en México y en otros países donde el soccer, con las mismas limitantes, sí es costeable? Bueno, de hecho y a menos que se trate de un partido realmente importante --un Chivas-América, un Real-Atletic, un Boca Juniors-River-- las transmisiones futboleras por TV reditúan poco a las televisoras; a modo de compensación, durante el encuentro aparecen, en la parte inferior, unos minicomerciales, sólo que la modalidad de incluir comerciales fuera de la barra estrictamente publicitaria quedó prohibida desde 1971 en Estados Unidos, junto con la misma enmienda que sacó del aire la publicidad de cigarrillos por radio y televisión. Hace algunos años varios empresarios y promotores del soccer en Estados Unidos pidieron a la FIFA que, por lo menos en ese país, se permitiera detener el reloj luego de una jugada, ello con el fin de animar a los publicistas. Resulta ocioso decir cuál fue la respuesta desde Zurich. Por lo tanto y de vuelta al asunto Beckham, su llegada al futbol norteamericano difícilmente hará que prenda la afición por el deporte. Curiosamente, el soccer sí se practica a nivel high school y universidades pero se pierde el interés una vez que los alumnos se gradúan. La intención es, pues, hacer que el crack inglés sea la tabla que consiga mantener el gusto hacia el futbol profesional norteamericano. ¿Lo logrará? No queremos hacerle al aguapachangas, pero el futbol soccer comenzará a arraigarse entre el gusto norteamericano sólo --enfatizado con itálicas-- cuando la selección de ese país llegue, mínimo, a cuartos de final en un Mundial, o bien que de repente surgiera un norteamericano con talento excepcional para el deporte de las patadas. La máxima figura en tal sentido hasta hoy ha sido Alexis Lalas, alguien que difílmente ha abandonado la categoría del anonimato en su país natal. Mientras tanto, David Beckham se dará vida de duque en la soleada California. No tiene la culpa el súbdito de la reina, sino el que le ofreció el contrato. |
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