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MEDIOS/Televisceral

Basura inconmensurable: los Grammys 2026
La
ceremonia ya no vale un quinto, ni para anunciantes ni para el
público que desde hace tiempo dejó de sintonizar la entrega de los
Grammys, pero nos sigue indignando la hipocresía de quienes son
premiados e insisten en seguirnos tratando como imbéciles, dándonos
arengas y sermoneos que nadie les ha solicitado. En esta reciente
entrega se rompieron todos los récords de estulticia, empezando por
el máximo ganador de la noche
Versión impresión
FEBRERO, 2025. ¡Se hizo historia! Un disco en
español gana el premio Grammy como Mejor Álbum del Año, por encima
de la cantante Cher, que lanzó su primer sencillo junto a Sonny Bono
hace seis décadas. Además que eso de llamar "español" a las
mediocres rimas de un tipo que se la pasa glorificando los culos
--incluso aquéllos que acaban de defecar-- lo cierto es que se hizo
historia: la ceremonia de los Grammys 2026 llegaron a nivel máximo
de marranada, de mierda histórica.
Quizá no exista ejemplo más claro del nivel de podredumbre y
decadencia que ha alcanzado la industria del entretenimiento en
Estados Unidos, que la porquería que vimos el pasado 31 de enero.
Bueno, retiramos eso de "vimos": no somos tan
masoquistas como para presenciar dos horas de asquerosa basura y
(¡ya basta, ya basta!) lecciones de moralina por parte de estas
celebridades, las cuales todas llevaban un pin con la frase NO
ICE, razón suficiente para que desde Washington, Donald Trump
ordenara detener el operativo, empanicado porque a Justin Bieber o a
Bad Bunny no les parece lo que está haciendo.
Quizá Bad Bunny y sus fans consideran que el Grammy que recibió su
ídolo se debió a sus increíbles facultades musicales y a su lírica
que dejan en la lona a letristas como
Paul Simon o
Bob Dylan. En
verdad, la presea se le otorgó simplemente porque Donald Trump ocupa
la presidencia y está implementando lo que la izquierda llama una
"política antimigratoria", con lo que la Academia supone que
este reconocimiento Bad Bunny hará al copetudo mandatario tronar de coraje y dar de golpes
al escritorio de la Oficina Oval.
Por esa razón Bad Bunny recibió el Grammy, y por esa misma razón se
le invitó a participar en el Superbowl, algo que por cierto expone
la hipocresía de la industria: ICE fue creada en el 2005 cuando
George w. Bush era presidente, y contó con la aprobación mayoritaria
de los demócratas, ante la clarísima muestra que los filtros
migratorios habían fracasado tras los atentados del 2001 en Nueva
York.
Tampoco recordamos manifestaciones contra Barack Obama en el 2009
cuando afirmó en un discurso: "Los Estados Unidos tienen todo el
derecho a reforzar su política migratoria y a defender sus
fronteras", al punto que las estadísticas están ahí para quien las
quiera consultar: durante los ocho años de Obama se marcó una
deportación récord de inmigrantes ilegales... ah, y fue durante su
gobierno, no el de Trump, cuando se construyeron las llamadas
"jaulas".
Nada hubiera costado entonces a los legisladores demócratas que
mantenían la mayoría en el Senado en el 2005 impedir la creación del
ICE, y sin embargo la apoyaron sin condiciones. Asombrosamente, para
las celebridades, el maldito, el enemigo de la humanidad, el
ignorante, es Trump, cuando su gobierno simplemente está aplicando
las leyes antimigratorias que fueron aprobadas por ambos partidos.
Miéntenle también la madre a los legisladores demócratas, no se
limiten a mentársela a Donald Trump.
Es inevitable comparar la porquería en que se han convertido los
premios Grammy con las premiaciones de otros tiempos. Cómo olvidar
esos años en que la ceremonia estaba realmente dedicada a premiar lo
mejor de la música, con conductores como
Andy Williams, John Denver,
Kenny Rogers,
Paul Simon, Billy Crystal, y si se quiere hasta Ellen
Degeneres en los 90 (incluso Frank Sinatra llegó a colarse entre los
presentadores).
Como se ve, los conductores eran personas relacionadas con la música
y empapadas del tema, gente con el oído desarrollado como para
distinguir la basura de una potencial obra de arte.
Naturalmente que ellos no eran los jueces pero daban al televidente
la confianza de saber que gente de la industria estaba directamente
relacionada con las premiaciones. (Y para quien lo pregunte, Billy
Crystal tiene en su haber varios discos, algunos como comediante
stand-up y otros como cantante).
En cambio y que se sepa, el actual conductor Trevor Noah, aparte de
haber sido suspendido de su programa late show por exceso de
teleaudiencia, sabe de música lo que Beethoven sabía de computación.
En una entrevista realizada a principios de los 80, John Denver
refirió: "Siempre se procuró que la ceremonia fuera lo más apolítica
posible (...) por supuesto, hay compositores e intérpretes cuyas
letras son políticas, eso me parece genial, pero el enfoque se
centra en la excelencia musical. Los Grammys son una celebración de
la música misma, y no creo que deban usarse como palestra".
Aparte de las consabidas frases que en su momento se dieron contra
la guerra de Vietnam que llegaron a darse en la ceremonia de los
Grammys, este punto se respetó pero comenzó a romperse (¡para
variar!) durante los años de Barack Obama aunque ya había habido
discrepancias al punto que durante algunos años, la ceremonia
careció de conductor pues nadie quería entrarle al todo de una
premiación cada vez más politizada. Con la llegada del regordete
"comediante" ultrawoke James Corden, no solo el rating terminó por
desplomarse sino que la ceremonia pasó a ser otra (¡otra!) tribuna
anti Trump.
Al igual que los Óscares, otra ceremonia desprestigiadísima, los
Grammys se han ido por el desagüe dado el nulo interés de los
televidentes. Todo se resume a porquería woke que a nadie
interesa ver, como tampoco ha habido repercusiones en ventas porque
Bad Bunny ganó el Grammy como Álbum del Año, una auténtica mentada
de madre para los músicos y compositores que durante el 2025 se
rompieron el espinazo creando increíbles canciones pero que fueron
despreciadas por la industria discográfica.
En suma, los Grammys se han convertido en una gigantesca atrocidad.
Las opiniones políticas y personales de celebridades como Justin
Bieber y Billie Eilish importan un carajo a sus seguidores, tanto
así que el apoyo que Taylor Swift dio a la candidata perdedora
Kamala
Harris y que los demócratas suponían enterrarían
toda aspiración de Trump para reelegirse, no sirvieron más que para
puritita madre.
Y lo peor del asunto es que, si toda esta gente grabara buena
música, su hipocresía y sus discursitos serían un poco más
tolerables. Cuando Bob Dylan nos cantaba que la respuesta flotaba en
el viento, y no en los culos, habría al menos una razón para ver
estas ceremonias. No fucking more.
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Porqué las celebridades dicen lo que
dicen [Febrero, 2017[
La Gra(mmy)n decadencia [Febrero,
2007]
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Starfleet Academy:
¿acaso alguien pensó que esto tendría éxito?
Producida y filmada cuando aun se
creía que Kamala Harris ganaría la presidencia a Donald Trump, esta
versión ultrawoke de una franquicia reverenciada se desplomó,
en tiempo récord, como la peor serie en toda la historia de la saga.
Con personaje petulantes, embarrada de sermoneo y estupideces
afines, Starfleet Academy marca el millonésimo ejemplo de
go woke go broke. ¿Son tan idiotas los estudios como para no
darse cuenta todavía que estas propuestas no funcionan y jamás
funcionarán?
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