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ENSAYO "Efecto
mate" o la incapacidad de la política Argentina como diagnóstico
para una nueva propuesta de desarrollo: Hacia un sistema monetario
ampliado desde la convertibilidad como instrumento básico junto a políticas
regionales de desarrollo. Aníbal Pablo Barreto El
diagnóstico: La estructura del ajuste eterno. Argentina
ha perdido crédito. El Estado Argentino no es creíble. Nuestros políticos
y empresarios han demostrado al mundo de que son capaces de derrochar y
malvender los últimos patrimonios nacionales -que sirven normalmente a
los Estados como garantía para solicitar préstamos al exterior-, y
demostraron que pueden perder precioso tiempo, fundados en una bravuconada
telúrica, referida a la falsa imágen de país rico que rápidamente se
repone en el marco de la liberalización de las fuerzas productivas,
ignorando cómo funciona el mundo, siendo totalmente ajeno a las imágenes
líricas y johnsonianas -bellas y simplistas- de nuestro liberalismo y
"pragmatismo" político, y más cercano a la realidad de las
competencias por espacios de poder en la protección de sus mercados y del
abuso de los recursos de terceros mercados y países. "El mundo está
regido por mercurio y marte, no por cupido" se dijo hace un siglo,
pero sin efecto didáctico en nuestra festiva clase política actual,
dotada de una asombrosa incapacidad de gestión y mucho menos, vocación
pública. Se
perdieron divisas durante diez años, sin invertirlas en actividades
productivas. Los casos puntuales de inversiones bien ejecutadas no
influyeron en la conducta global del país, las inversiones en general
presentaron una performance fraudulenta, esto significa, que el compromiso
de inversión asumido para invertir no se cumplió en gran parte de los créditos
recibidos. No se generó capital productivo con el endeudamiento, ni hubo
una racional gestión de los recursos obtenidos por las ventas de empresas
públicas. La mentada reducción de la deuda externa resultó otro cuento
interesado. Hubo
reducción de la diversidad productiva general, junto a un incremento de
la especialización en un marco extremo de desregulación y elevada
concentración, por lo que generaron la desindustrialización general del
país. Solamente pueden acceder al crédito externo las grandes firmas
exportadoras, porque en el país solo tienen su asiento y la relación es
directa con el mundo, explotando materias primas en condiciones ventajosas
y con escaso valor agregado, lo cual es poco el impacto interno en un
incremento de su producción. Estas empresas no dependen de la situación
interna. Tocamos
o chocamos con límites de demanda de toda la economía, por falta de
ingresos efectivos en la población económicamente activa, que reducen el
mercado interno y la estabilidad de las transacciones. Numerosas empresas
industriales y agrícolas, aunque aplicaron recursos obtenidos en créditos
para modernizarse sin incurrir en fraudes, sustituyeron con bienes de
capital y mejor tecnología, expulsando mano de obra, que con sus familias
emigran a las ciudades. Aquí fallaron las instituciones académicas y el
mismo gobierno, al no prever la situación futura, de por sí previsible,
impidió que se establecieran mecanismos compensadores. Con
las migraciones económicas colapsan en estos momentos los servicios públicos
y se elevan las demandas por trabajo y asistencias en las municipalidades,
casi las únicas entidades que pueden dar alguna respuesta, aunque no
soluciones definitivas, a las demandas sociales. Perdimos
y perdemos tiempo, dinero y capacidad de negociación, en el marco de una
prolongada negativa con bases ideológicas, tajantes por más de diez años,
a formular un perfil económico industrial que involucre la participación
de todos los actores económicos en planes de desarrollo agrícolas,
industriales, científicos y tecnológicos. La cerrazón en este sentido
de algunos sectores económicos concentradores, atentó contra los otros,
los menos favorecidos y con mayor diversificación productiva y mayor
incidencia laboral. Esta es una cuestión de fondo, una herida que aún no
cierra en nuestra sociedad donde quedaron enfrentados unos pocos
monopolios contra un atomizado conjunto de empresarios y consumidores. La
cuestión es, tenemos problemas estructurales para una mayoría que
resultan beneficiosos a otra minoría y las soluciones a los
desequilibrios son los ajustes aplicados a los menos beneficiados. Los
desequilibrios se miden en divisas, los ajustes también. Esto queda
consagrado como un factor estructural: el excesivo apego y atesoramiento
de las divisas que aplican unos pocos contra los consiguientes pagos
coercitivos que deben realizar quienes menos las acumularon. El sistema es
simple, plenamente funcional
y favorece la rápida fuga de costosas divisas. El
trasfondo del problema está en los excesivos márgenes de ganancias monopólicas
y oligopólicas, que poco y nada tributan, ni mucho menos son reinvertidas
por los grandes y costosos monopolios de servicios. Así también el
desproporcionado crecimiento del sistema financiero argentino,
excesivamente cortoplacista y para nada sujeto al mediano y largo plazo y
a las inversiones de riesgo. Este sistema nunca vió con buenos ojos la
planificación industrial o los estímulos estatales en este sentido. Casi
siempre apuntó a proveer créditos para el consumo, el comercio, los
servicios monopólicos de electricidad, gas, agua, transportes. Muy rara
vez apoyó un emprendimiento que representara algún riesgo y si así
fuera, sería con grandes garantías a las que pocos acceden o les
reconocen. En
esta conducta está la permisividad del Estado hacia este sistema. Siendo
a su vez el mismo Estado cautivo de las entidades financieras para poder
pagar los gastos corrientes y sobre todo, los compromisos externos. Se
trata de un trípode, conformado por la sociedad, el Estado y el sistema
financiero, donde la sociedad trabaja, el Estado es mero intermediario y
el único ganador del excedente trabajado es el sector financiero. Tenemos
dos grandes líneas analíticas que explican nuestros problemas
coyunturales. Una es la renuncia nacional al largo plazo, a la participación,
al diseño de un perfil agroindustrial y todo lo que ello implica. La otra
es el desequilibrado crecimiento del sector servicios, en especial las
finanzas que no se ajustan a una realidad sustentable de largo plazo.
Ambas constituyen dos caras de la misma moneda que reaseguran la
incapacidad argentina en carácter estructural.
Ambos factores son parte importante y causal del actual "efecto
mate" o la incapacidad política de nuestro país.
Las
propuestas para esta situación estructural. Muy
lejos de ser comprendida cabalmente nuestra realidad, dada su complejidad
y las distorsiones sectoriales predominantes en las políticas públicas
que no ofrecen un panorama claro, planteamos una propuesta sistémica que
establece un conjunto de factores interrelacionados, que actuarían aún
sobre esta estructura opaca, mediante los cuales se iniciaría un proceso
de recuperación y así también de cambios. Es una premisa que el
mejoramiento de la presente situación implica una serie de cambios
estructurales obligatorios si se pretende lograrlo. Volver a mejores épocas
con la misma estructura imposibilitará el mejoramiento de la situación
en el corto y largo plazo. Por ello hablamos de un sistema generador de
cambios. Un
sistema es un complejo conjunto de elementos interrelacionados. Las cosas
bien hechas están conformadas por pequeñas cosas bien hechas, para que
sean compatibles y todo resulte súmamente útil y productivo. Las claves
de la propuesta están en las siguientes condiciones. Todo cambio
significa desmitificación y apertura mental, libre y desprejuiciada. Es
el esfuerzo del enfermo para su curación. Pasar de la comodidad de la
enfermedad a la incomodidad de la terapia y el trabajo de
restablecimiento. No es fácil iniciar un proceso de desarrollo y por ello
no todos pueden alcanzarlo, así es el mundo y no somos un ejemplo de
alcanzar desarrollo en el marco de la corrupción estructural -nuestra
enfermedad nacional es esa, el crecimiento logrado se hizo con
endeudamiento garantizado por las actuales víctimas de nuestra sociedad.
Somos los mozos de la fiesta, que atendemos y también costeamos, desde la
comida y la música hasta los destrozos y excesos-. En
qué consiste la propuesta?. En sistemas diferenciados de intercambio. Se
trata del establecimiento de instituciones específicas que abarquen un
determinado conjunto de funciones relacionadas con sectores de la población
que poseen sus respectivas problemáticas, sobre todo de tipo socioeconómicas.
Es un mecanismo de intercambios que satisfacen necesidades básicas y de
crecimiento para los grupos familiares. Su funcionamiento se logra
mediante el empleo de medios especiales de pago. La propuesta establece
tres mecanismos o bandas de intercambios:
En
suma, se trata de sustituir parte del uso de pesos por los otros dos
componentes según las necesidades. Que se pueden autonomizar e
interrelacionar libre e independientemente unos con otros. Resultando el
actual sistema monetario como un subcomponente de otro sistema mayor, que
no abandona la converibilidad pero sí facilita el intercambio de bienes
ociosos en nuestra economía. Las tres "monedas" son de curso
legal, acumulables, constituyen unidades de valor, sirven como unidad de
cuenta, pero solo el peso es convertible. Asimismo se defiende la
convertibilidad del peso, se liberan pesos para compromisos externos, se
movilizan recursos para disminuir el desempleo, se emplean recursos
ociosos y en conjunto se establecen principios reactivadores. Por otro
lado se establecen mecanismos compensadores y sistemas de paridades con
monedas asociadas -preferentemente del Mercosur que acepten participar y
beneficiarse en el intercambio con estas nuevas producciones en una suerte
de trueque bonificado-. Las
políticas regionales de desarrollo Este
sistema necesita complementos de diversas políticas especializadas en
rubros competitivos a ser mejorados o desarrollados, priorizando calidad
en aquellos rubros exportables, lo que implica una política de promoción
del comercio exterior agresiva, y estableciendo encadenamientos y
tercerizaciones con mayor incidencia de la mano de obra. Paralelamente se
requiere la movilización de instituciones que trabajan en actividades de
innovación tecnológica y científica. Por ello, la realidad económica
se impone -aunque históricamente no se respetó desde la tecnocracia
nacional- de aplicar en mayor detalle territorial estas medidas, desde el
enfoque del desarrollo regional, y desde la participación y formulación
regional de tales políticas. Es el sistema de intercambios en su recreación
a escala regional. En
general el sistema así resulta potenciador de las obras públicas y
privadas, dotando una amplia gama de proveedores y formas de
financiamiento. Cada provincia puede incorporar magnitudes de moneda de
acuerdo a los volúmenes transables que sean incorporados dentro del
sistema, con lo cual la disponibilidad de recursos monetarios es ajustada
a la realidad territorial con mayor detalle. El sistema permite el diseño
de un subsistema de financiamiento de carácter promocional que responda a
lineamientos de desarrollo agroindustrial. Por último, un estricto
control ejercido por la Autoridad Monetaria de acuerdo a la relación técnica
de producción y masa monetaria, evitará desvíos que rápidamente serán
corregidos mediante la aplicación de la prudencia monetaria. Este
planteo constituye una posibilidad en contraposición a la iliquidez y el
caos social. Permite el replanteo de un nuevo capitalismo en nuestro país.
Favorece el comercio con nuestros socios del Mercosur y con quienes deseen
incorporarse al sistema de trueque bonificado, donde pueden establecerse
las bases para la moneda común en nuestro bloque comercial macroregional.
Es una nueva posibilidad que seguramente encontrará detractores
interesados en limitar a nuestras empresas con el corset del dólar y a
los contínuos cuellos de botellas financieros que están entorpeciendo un
normal desarrollo de nuestra economía. Presentamos
una alternativa que abre esperanzas a la creatividad productiva y al
ingenio en contra de la estructura que nos domina y opaca los horizontes
sociales, económicos, tecnológicos y científicos. Con esta propuesta,
se refuerza la convertibilidad, no se la sustituye, sino que se amplía la
base para la producción y el intercambio en un sistema que permite la
propia voluntad de aceptar otros medios de pago alternativos. Es un
esfuerzo de profundidad que abre las puertas para ello y abandona
definitivamente la simplificación financiera y productiva a que estamos
sometidos. Se declama bellamente sobre la necesidad de revertir esta
situación económica, pero no se dice como. En este planteo sugerimos
algunos elementos, discutibles, pero que intentan realizar una búsqueda
propia de nuestras soluciones. Avancemos en la consagración de la
libertad de trabajo a la que todos tenemos derecho. Libertad de asociación.
Libertad de participación en política territorial, en cada región y
municipio. Libertad de consumir y elegir los medios de pago adecuados para
ello. Aníbal Pablo Barreto
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