El vino Nuevo
1Al
tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba
allí la madre de Jesús. 2Y fueron también invitados a
las bodas Jesús y sus discípulos.
Para los israelitas, el vino era un elemento importantísimo en
las ceremonias nupciales. El vino en una boda simbolizaba
alegría, medicina, consuelo y abundancia.
3Y
faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
Que faltara el vino no solo significaba el fin de la fiesta y la
vergüenza pública del matrimonio. Para los antiguos, cuya
concepción de la vida estaba envuelta en la superstición,
sucesos como éste solo podían significar algo malo para el
futuro de la nueva familia, para ellos esto significaba que
eventualmente el matrimonio no tendría alegría, salud,
consuelo ni abundancia.
4Jesús
le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
A Jesús, antes de obrar un milagro por mano de otros, le vemos
haciendo preguntas desafiantes, preguntas cuya contestación,
necesariamente debían llevar a la inexorable conclusión de que
humanamente hablando se hallaban ante un callejón sin salida:
Así, vemos a Felipe, contestando que no tenían fondos para
comprar pan para tantos; y a Pedro confesando que toda la noche
habían estado pescando infructuosamente. Estos pasajes guardan
varias similitudes, la primera de ellas, que eran situaciones a
punto de volverse desesperadas.
5Su
madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
En contraste con la actitud de los interlocutores ante la
pregunta de Jesús en los dos pasajes anteriores, María no decae
en su fe, ni siquiera se detiene a responder, por el contrario,
de inmediato va ante los sirvientes y les dice que obedezcan a
su hijo.
Al principio de su evangelio, Juan establece un parámetro que
debemos asimilar para entenderlo en su totalidad: Que
Jesucristo es La Palabra de Dios.
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios,
y el Verbo era Dios.
Juan 1 :1-5
María es el símbolo de todos aquellos que sabemos que Jesús
es la Palabra (El Verbo).
El ejemplo de María nos muestra lo que quienes hemos descubierto
a Jesucristo debemos hacer cuando alguien sufra ante alguna
necesidad, por simple que parezca: haz lo que La Palabra diga.
LAS SEIS TINAJAS DE AGUA: SIMBOLISMO
6Y
estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito
de la purificación de los judíos,
Los fariseos habían establecido la tradición de lavarse las
manos antes de comer. Muchos de los ritos que los fariseos
exigían se cumplieran no eran ordenamientos de La Palabra, pero
exigían se llevaran a cabo como si lo fueran.
Seis:
Número de hombre. El número seis representa lo humano,
por que al sexto día Dios creó al hombre.
Tinajas:
La religión. Las tinajas donde el pueblo debía lavarse
las manos obedeciendo al ritual impuesto por los fariseos
simbolizan el esfuerzo humano por agradar a Dios mediante ritos
y rituales, esto es, mediante la religión.
Piedra:
Inflexibilidad, impermeabilidad. Las tablas de Moisés
eran de piedra y así el corazón religioso. Simboliza los dogmas
establecidos, que la tradición de los religiosos vuelve rígidos
e inmutables.
En
los pedregales donde cayó la semilla del sembrador brotó pronto
la espiga, pero al salir el sol, se secó. Muestra de lo que
sucede en el corazón del religioso, que se vuelca en los ritos,
pero es poco espiritual (Marcos 4:5-6).
Agua:
El conocimiento lejano de Dios. El agua estancada puede
limpiar lo de fuera pero hace daño si se ingiere. Así sucede con
quien conoce a Dios a través de la religión, que es un ejercicio
externo, y no mediante una relación íntima.
Las seis tinajas de Piedra:
La estructura humana y religiosa.
En su conjunto Juan comunica un símbolo claro, las seis tinajas
de piedra simbolizan, en sentido estricto al judaísmo. Pero en
un sentido amplio representan a cualquier estructura religiosa
que asfixia toda expresión de espiritualidad. Las tinajas son el
esfuerzo humano, insuficiente e imperfecto por relacionarse con
Dios mediante la religión.
en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
Aproximadamente entre 100 y 115 litros cada una.
7Jesús
les dijo: Llenad estas tinajas de agua.
No debemos perder de vista la época y el lugar donde sucedieron
estas cosas. Hoy día, tomamos la manguera y llenamos un
recipiente del tamaño que sea con un mínimo esfuerzo. Pero para
los actores de este pasaje, no era cualquier cosa ir a sacar
agua para llenar esas tinajas. Requería de un arduo esfuerzo y
tiempo para cumplir la orden que les acababan de dar. Sin
embargo los sirvientes nunca se cuestionaron sobre el sentido o
la utilidad de lo que se les había mandado hacer. Es justamente
esta obediencia la que obró el milagro.
Antes de obrar milagros por manos de terceros Jesús daba una
orden sencilla pero aparentemente sin sentido o utilidad.
Y las llenaron hasta arriba.
Esos sirvientes no solo obedecieron puntualmente sino lo
hicieron con esmero. Por supuesto ellos no sabían que esa agua
se iba a convertir en vino, puesto que jamás esa utilidad se le
había dado a esas tinajas.
8Entonces
les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo
llevaron. 9Cuando el maestresala probó el agua hecha
vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes
que habían sacado el agua, llamó al esposo, 10y le
dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han
bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen
vino hasta ahora.
Vino nuevo:
su sangre; su Espíritu. Todo lo que nos da a alegría,
salud, consuelo o abundancia en este mundo se va a acabar. Pero
el vino nuevo, que es la Sangre de nuestro Señor; su Espíritu
Santo, nos va a dar alegría, vida, consuelo y abundancia por
toda la eternidad.
