El alimento espiritual


JESÚS ES EL ALIMENTO ESPIRITUAL QUE DA VIDA

Juan 6: 22-53

Este pasaje es el mejor ejemplo de que la mente terrenal es incapaz de entender lo espiritual. Aquél que se acerque a la Escritura sin la espiritualidad requerida no la va a entender o lo que quizá sea peor, la va a entender mal.

Mientras que Jesús hablaba de cosas espirituales, quienes le oían  solo atinaban a pensar en cosas terrenales.

Quienes llevamos el alimento espiritual a la Casa de Dios, debemos cuidarnos de no cometer este terrible y costoso error.

La gente busca a Jesús

22El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.

El día anterior Jesús había hecho el milagro de los panes y los peces ante esta misma multitud. Ahora, ellos, quienes habían comido hasta saciarse, estaban pendientes de Jesús.

 23Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

¿Porqué seguimos a Jesús? Esta es la pregunta que debemos contestarnos con honestidad. ¿Le seguimos solo porque sabemos que nos puede suplir todas nuestras necesidades? ¿O le seguimos porque simplemente le amamos?

 Jesús, el pan de vida

25Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?

En el evangelio de Juan varias veces vemos que Jesús no responde a preguntas desatinadas e intrascendentes, antes bien, aborda la cuestión de fondo.

26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.

Al Señor no le gusta que enseñemos a la gente a venir a Él mostrándoles que pueden sacar algún provecho de él. 

 27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará;

El Señor nos enseña nuevamente que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:1-4). No debemos mal gastar nuestras breves vidas en este mundo trabajando para obtener algo que no va a durar sino solo un corto tiempo.

porque a éste señaló Dios el Padre.

Antiguamente los sacerdotes inspeccionaban el animal o cualquier comida destinada a la ofrenda y ponían su sello personal para garantizar que podía comerse con toda confianza. Cuando el Espíritu Santo descendió en forma de paloma sobre Jesús, El Padre celestial puso su propio sello para garantizar que El Señor Jesús eran el sacrificio aceptable para dar Vida a los hombres.

 28Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

Al referirse a obras, ellos preguntaban ¿qué ritos mandas tú que se hagan para agradar al Padre? Ellos pensaban que así como Juan mandó bautizarse, Jesús les impondría otro rito.

29Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Jesús no manda ritos, sino solo fe.

 30Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?

Ellos sencillamente no podían creer lo que estaban escuchando, pues eran personas sumamente religiosas, que solo concebían la relación  con Dios mediante ritos. Lo que ellos pedían era que hiciera algún milagro para entonces creer que decía lo correcto. (1 Corintios 1:22) Y es que sencillamente lo religioso (obras, ritos, rituales) en ningún caso será compatible con lo espiritual ( fe, creer).

 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer

Estaban minimizando lo que acababa de suceder el día anterior, pues si bien Jesús multiplicó los panes, ellos consideraban que lo hecho por Moisés era superior.

 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

El verdadero pan del cielo no es el que comieron los israelitas en el desierto, sino el Señor Jesucristo, que es la Palabra de Dios, el único alimento espiritual capaz de dar Vida eterna

 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

Ellos, como religiosos que eran, no comprendían que Jesús hablaba de sí mismo, de la Palabra de Dios.

 34Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

Continuaban pensando en cosas terrenales: alimento gratuito y bueno, como el que comieron el día anterior.

35Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

El Señor se refiere a la condición que tendremos cuando estemos resucitados.

36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

La gente incrédula no alcanzaba a ver que Dios en persona estaba delante de ellos y que las profecías se habían cumplido ante sus ojos.

De la misma manera, hoy día la gente no se da cuenta que Jesús es la Palabra de Dios. Es nuestra misión, como siervos que somos, y que llevamos el alimento espiritual, hacer entender amorosamente a nuestros hermanos que si bien aquellos hombres no reconocieron a Dios en persona (Juan 14:9), nosotros no podemos darnos el lujo de cometer semejante error.

37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera 

Jamás debemos permitirnos pensar que el Señor Jesucristo nos rechazará si en nuestro corazón hay un genuino arrepentimiento y un deseo ferviente de obedecerle a cualquier costo. 

38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

El Señor Jesucristo está hablando de sí mismo en los términos de la profecía de Isaías 55: 10-11:

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca;  no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

 39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.  40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Luego entonces la profecía de Isaías 55 significa que todo aquel que crea que el Señor Jesucristo es la Palabra de Dios ( y no un simple profeta, como por ejemplo los musulmanes creen; o un revolucionario, como los idealistas románticos quieren verlo ) será resucitado en el día postrero para Vida eterna.

41Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?

Ellos tuvieron el enorme privilegio de oír hablar a Dios en persona. Sin embargo todo lo que veían era a un hombre que decía cosas extrañas y que era hijo de un carpintero.

43Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 

No debemos juzgar a esa gente por su incredulidad, antes bien debemos examinar nuestros corazones para saber si hay esa misma religiosidad en ellos que nos impida aceptar las verdades espirituales a las que cada vez nos confronta más profundamente la propia Palabra. 

46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

Solo aquel a quien sus ojos le han sido abiertos puede reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios. Jesucristo, en su infinita misericordia, les enseña que ese no es el momento de pedir pan, sino suplicar al Padre que sus ojos les sean abiertos.

De la misma manera nosotros, debemos enseñar que habrá momentos en los que no es lo oportuno pedir pan, sino que Dios nos abra los ojos.

 48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

El Señor Jesucristo estaba hablando de cosas espirituales, mientras que quienes le oían solo atinaban a pensar en cosas terrenales.

Cuando estudiemos la Palabra de Dios y la enseñemos, debemos cuidar que no nos suceda esto mismo.

52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

La ley de Moisés era en extremo rígida en cuanto a los alimentos. Había la estricta prohibición de comer sangre de cualesquiera especie. La ingesta de carne humana no era algo siquiera imaginable.

 53Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

Como entenderemos en la segunda parte de esta lección, su Palabra es su carne y su sangre su Espíritu.

 


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