1.
INTRODUCCIÓN
El término escultura proviene del latín sculpere,
‘esculpir’, arte de crear formas figurativas o abstractas, tanto exentas como
en relieve.
2.
TÉCNICAS Y MATERIALES
Pueden hacerse esculturas con casi todos los materiales
orgánicos o inorgánicos. Los procesos específicos para su elaboración se
remontan a la antigüedad y han experimentado pocas variaciones en su evolución
hasta el siglo XX. Estos procesos pueden clasificarse según el material
empleado sea piedra, metal, arcilla o madera; los métodos que se utilizan son
la talla, el modelado y el vaciado. En el siglo XX el campo de la escultura se
ha ampliado enormemente y se ha visto enriquecido por técnicas nuevas, como la
soldadura y el assemblage, y por la utilización de nuevos materiales, como el
tubo de neón.
2.1.Talla
Utilizada desde épocas prehistóricas, la talla directa es
un proceso que requiere mucho tiempo y esfuerzo. Está considerada como el paradigma
de la técnica escultórica. El artista da forma a una escultura cortando o
extrayendo el material superfluo hasta conseguir la forma deseada. El material
es siempre duro y, con frecuencia, pesado; por lo general el diseño es compacto
y viene determinado por la naturaleza del material. Por ejemplo, la estrechez
del bloque de mármol que Miguel Ángel utilizó para esculpir el David
(1501-1504, Academia, Florencia) condicionó de forma notable la postura y
limitó el movimiento espacial de la figura.
Dependiendo del material sobre el que se va a esculpir y el
estadio en que se halle la elaboración, se utilizan diferentes herramientas. En
el caso de la piedra, los primeros cortes de desbaste para obtener las líneas
generales de la forma deseada, puede llevarlos a cabo un artesano auxiliar con
herramientas muy afiladas, y después el escultor continua la obra tallando y
cincelando. En pasos más avanzados se utilizan herramientas menos penetrantes,
como la gubia y la escofina; los toques finales se dan con un escofinado suave.
Por último, se lija con piedra pómez o arena y en el caso de que se pretenda un
mayor grado de suavidad se añade una patina transparente, hecha con una base de
aceite o cera.
2.2.Modelado
El modelado consiste en añadir o elaborar formas. Se utilizan
para ello materiales blandos y flexibles a los que se puede dar forma sin
dificultad, lo que permite una ejecución rápida. Así el escultor puede captar y
registrar impresiones en un tiempo aproximado al que un pintor necesitaría para
hacer un boceto. Los materiales utilizados desde la antigüedad para modelar una
escultura han sido la cera, la escayola y la arcilla o sustancias de tipo
parecido a ésta que, en ese caso, se cuecen para incrementar su resistencia.
2.3.Vaciado
El único método para conseguir la perdurabilidad de una
obra modelada es vaciarla, es decir, fundirla en bronce o en cualquier otra
sustancia imperecedera. Existen dos métodos de vaciado: a la cera perdida y a
la arena. Ambos métodos se han venido utilizando desde la antigüedad, aunque el
proceso a la cera perdida es el más corriente. El vaciado a la arena es un
proceso más complicado en el que se utiliza una clase de arena muy fina y de
gran cohesión, mezclada con una pequeña parte de arcilla para obtener un modelo
positivo y un molde negativo algo más grande que el original del artista, y
entre ambos se vierte el metal y se deja que al enfriarse endurezca.
2.4.Construcción y assemblage
Aunque se siguen utilizando técnicas tradicionales, en
muchas obras del siglo XX consideradas como esculturas se han utilizado la
construcción y el assemblage. Estos métodos tienen como punto de partida el
collage, técnica pictórica creada por Pablo Ruiz Picasso y Georges Braque en
1912, que consiste en pegar papeles y otros materiales diferentes sobre una pintura.
Picasso realizó también objetos tridimensionales, como instrumentos musicales,
de papel y trozos de otros materiales diversos, a los que se denominan
construcciones. Ejemplos de escultura constructivista abarcan desde las cajas
surrealistas de Joseph Cornell hasta las obras con chatarra de automóviles y
partes de máquinas de John Chamberlain, ambos estadounidenses. El término
assemblage, que en la actualidad se utiliza de manera indistinta al de
construcción, fue acuñado por el pintor francés Jean Dubuffet para referirse a
su propia obra, surgida del collage.
3.
HISTORIA
En este artículo se desarrolla la historia de la escultura
occidental desde la prehistoria hasta nuestros días.
Para escultura no occidental, véase
Arte y
arquitectura de China; Arte y
arquitectura de la India; Arte y arquitectura
de Irán; Arte y
arquitectura islámicas; Arte y
arquitectura de Japón; Arte y
arquitectura precolombinas.
3.1.Escultura prehistórica
Los objetos escultóricos conocidos más antiguos, tallados
en marfil, asta, hueso o piedra, tienen entre 27.000 y 32.000 años de
antigüedad. Entre ellos podemos citar un caballito de marfil de líneas
ondulantes y delicadas, que fue hallado en una cueva de Alemania. De los
detritos (fragmentos rocosos) acumulados en los suelos de cuevas prehistóricas
también se han extraído figurillas femeninas en piedra que enfatizan la
representación de los órganos reproductores, los pechos y las nalgas. Se cree
que representaban a diosas de la fertilidad y por ello se las llama Venus. Una
de ellas, la llamada Venus de Willendorf (c. 30.000-25.000 a.C.,
Museo de Historia Natural, Viena), de formas muy abombadas a pesar de medir
sólo 11,5 cm de altura, estaba pintada de color rojo. Hace unos 9.000
años, en Jericó, se realizaban representaciones de calaveras humanas cubiertas
de yeso, con un gran naturalismo. Véase Arte paleolítico.
3.2.Escultura egipcia
Entre las esculturas egipcias más antiguas se cuenta un
fragmento de pizarra tallado en bajorrelieve, conocido como La paleta del rey
Narmer (3100 a.C., Museo de El Cairo), que rememora la victoria del Alto
sobre el Bajo Egipto. En ella aparecen representados faraones, ejércitos,
sirvientes y diversos animales. Los faraones fueron también motivo de
representaciones conmemorativas con magníficas estatuas a tamaño natural, que
se ubicaron en tumbas y templos funerarios (véase Arte y arquitectura de
Egipto). Estas esculturas no eran auténticos retratos sino representaciones
idealizadas, con rasgos predeterminados y mirada al frente, siempre se les
representaba en una pose frontal. El cuerpo recibía un tratamiento marcadamente
geométrico, con hombros y pecho planos que recuerdan la forma de un triángulo
invertido, como se aprecia en una escultura de diorita tallada del faraón
Kefrén (c. 2530 a.C., Museo de El Cairo). Durante el reinado de
Ajnatón se alcanzó un mayor naturalismo, como puede apreciarse en el exquisito
busto pintado en piedra caliza de la reina Nefertiti (c. 1365 a.C.,
Museo de Berlín).
3.3.Escultura mesopotámica
El arte mesopotámico es producto de varias civilizaciones: la
sumeria, la acadia, la babilónica y la asiria (véase Arte y arquitectura de
Mesopotamia). Alrededor del 2600 a.C. los sumerios ya tallaban estatuillas
de dioses en mármol, caracterizadas por sus ojos grandes y su mirada fija.
Otros detalles como el pelo, la expresión facial, el cuerpo y el ropaje
muestran un tratamiento esquemático y denotan que se prestaba poca atención al
parecido con el modelo. Dichas características se mantienen en la escultura
mesopotámica posterior. Las culturas de Mesopotamia también muestran una
inclinación hacia la representación de animales fantásticos, maestría que
ejecutaban con gran arte como puede verse en las entradas de los palacios y en
los relieves realizados en las paredes durante el periodo asirio
(1000 a.C.-612 d.C., existen ejemplos de ello en el Museo Británico
de Londres y en el Museo Metropolitano de Nueva York).
3.4.Escultura egea y griega
Dentro del arte egeo se incluye la escultura minoica, con
sus estatuillas de diosas en terracota y marfil, y las obras micénicas, entre
las que se cuentan tallas pequeñas de divinidades esculpidas en marfil. Los
griegos, maestros de la escultura tanto en piedra como en bronce, crearon
algunas de las piezas escultóricas más importantes de todos los tiempos. Entre
los siglos VII y I a.C. alcanzaron la perfección en la representación de la
figura humana a escala monumental. En el periodo más antiguo, el arcaico, las
figuras eran rígidas y los cuerpos presentaban una esquematización geométrica,
como en el arte egipcio. Sin embargo, en la época clásica, entre los siglos V y
IV a.C., su arte se tornó más naturalista, buscando la perfección en la
representación del cuerpo humano. Las figuras estaban bien proporcionadas y
expresaban movimiento, aunque los rostros continuaban siendo estáticos. Los
temas preferidos durante este periodo fueron los dioses y los atletas. Los
escultores más famosos eran Fidias, Policleto, Praxíteles y Lisipo. Entre los
grupos escultóricos realizados como decoración arquitectónica los más
apreciados son los del Partenón de la Acrópolis de Atenas, como Las tres diosas
(Museo Británico), cuyo ropaje arremolinado de manera rítmica, técnica
denominada ‘de paños húmedos’, se ciñe a sus cuerpos reclinados. Durante el
periodo helenístico (siglos IV a I a.C.) aumenta la expresividad en las obras,
como puede apreciarse en los gestos faciales y en la contorsión de las poses.
La Victoria de Samotracia o Victoria alada (c. 190 a.C., Louvre,
París) es una obra maestra de gran dramatismo de este periodo. Véase
Civilización del Egeo; Arte y arquitectura de Grecia.
3.5.Escultura etrusca y romana
Los etruscos, que habitaron la zona entre Florencia y Roma
en Italia desde el siglo VIII hasta el III a.C., realizaron esculturas de sus
dioses en terracota a tamaño natural, así como figuras humanas reclinadas sobre
las tapas de los sarcófagos de terracota. También realizaron soberbios vaciados
en bronce, como la Loba capitolina (c. 500 a.C., Museo del Capitolio,
Roma), que se convirtió en el símbolo de Roma.
Los romanos fueron ávidos coleccionistas e imitadores de la
escultura griega. Los historiadores modernos conocen los originales griegos
perdidos gracias a las copias realizadas por ellos. La contribución
característica de los romanos al arte de la escultura fue el retrato realista,
en el que registraron hasta los detalles faciales menos atractivos. El sentido
de la importancia de los hechos históricos que poseían los romanos queda
reflejado en las esculturas exentas y en los relieves. Entre los monumentos
conmemorativos de Roma se pueden citar el arco de Tito (c. 818), la
columna de Trajano (c. 106-113) y la estatua ecuestre de Marco Aurelio
(c. 175). Ésta última se convirtió en prototipo de la mayoría de las
esculturas ecuestres posteriores. Véase Civilización etrusca: Arte y arquitectura;
Arte y arquitectura de Roma.
3.6.Escultura paleocristiana
Los ejemplos que se conservan de la escultura
paleocristiana datan del siglo IV; y, por su estilo, estas obras ya no se
corresponden con el ideal clásico de belleza. En el sarcófago de mármol de
Junio Basso (c. 359, Grutas Vaticanas, Roma) se representan diez escenas
bíblicas; los personajes tienen proporciones extrañas y llevan ropajes que caen
en pliegues con una excesiva monotonía. Este estilo, llamado a veces ‘antiguo
tardío’, es tal vez el resultado de las influencias de las invasiones
germánicas y del trabajo de artistas menos cualificados. Con el paso de los
siglos, la prohibición bíblica de esculpir imágenes hizo que disminuyera la
importancia de la escultura. En vez de una estatuaria a tamaño natural se
hicieron esculturas a escala reducida: retablos de marfil transportables,
dípticos (dos paneles de marfil tallados unidos por bisagras) o pequeñas urnas
esmaltadas al gusto bizantino. Ejemplo de éstas últimas es el relicario de
Limburg (Limburg an der Lahn, Alemania), relicario de plata con joyas y
esmaltes del siglo X. La escultura se utilizó como ornamentación de superficies
hasta bien entrada la edad media. Véase Arte y arquitectura paleocristianas;
Arte y arquitectura bizantinas.
3.7.Escultura escandinava y
carolingia
En el norte de Europa los artesanos escandinavos fueron
maestros en la metalurgia y en el tallado de la madera al principio de la edad
media, sobre todo entre los siglos IX y XII. Decoraban los tajamares y los
codastes de los barcos vikingos, los trineos y otros objetos de uso diario, con
figuras de animales que fueron transformando en diseños lineales
semiabstractos. Las iglesias noruegas (siglos XI y XII) están profusamente
decoradas con esos mismos diseños en madera tallada. Ese estilo, que combina
formas naturales con formas abstractas, tuvo también mucha importancia en el
arte celta-germánico (véase Arte celta) como puede verse en un relieve del
siglo VIII que representa una escena de la crucifixión muy primitiva (Museo
Nacional de Irlanda, Dublín).
Del periodo carolingio nos han llegado muy pocas
esculturas, a pesar del gran interés que Carlomagno (Carlos I) tuvo por las
artes y el resurgimiento del clasicismo. Una estatuilla de bronce del siglo IX
le representa a caballo con su corona, su espada y un globo imperial que
demuestra que el artista conocía la escultura romana. El libro de los
Evangelios de Lindau, con tapas de oro y joyas en las que se representa la
crucifixión (c. 870, Biblioteca Pierpont Morgan, Nueva York), demuestra más
influencia clásica que céltico-germánica.
3.8.Escultura otónica
Mientras que del periodo carolingio no conservamos casi
piezas exentas, del periodo otónico nos han llegado algunas esculturas
extraordinarias, fechadas entre mediados del siglo X y comienzos del siglo XI
en Alemania. La cruz de Gero (catedral de Colonia), esculpida en madera y a
tamaño natural, representa con gran expresividad el sufrimiento de Cristo. El
arzobispo Bernward de Hildesheim encargó un par de puertas de bronce
(c. 1015, catedral de Hildesheim, Alemania) con 16 paneles ricamente
esculpidos que representan la caída y redención del ser humano, realizados en
un altorrelieve expresionista. Es probable que el viaje que realizó a Roma le
procurase la inspiración para estas puertas ya que también encargó una gran
columna de bronce (principios del siglo XI, catedral de Hildesheim) con varias
franjas de escenas talladas, siguiendo un esquema similar al de la columna
Trajana de Roma.
3.9.Escultura románica
Durante los siglos XI y XII el románico recuperó la
escultura monumental en piedra, arte que en la práctica había desaparecido
desde la antigüedad. Las iglesias del sur de Francia tienen en el exterior
abundantes esculturas, destinadas a atraer e instruir a los fieles. Estas
imágenes no eran exentas sino que solían realizarse sobre el propio muro de
piedra, convirtiéndose en parte integral de la arquitectura y adaptándose al
diseño del lugar en el que se colocaban puertas, tímpanos o jambas. El tema
favorito era el Juicio Final que incluía ángeles y demonios de gran
expresividad. Aparecen diferentes estilos que se manifestaban en algunas
iglesias, como las de Moissac, Autun o Vézelay donde se alcanza una gran
intensidad; y en otras, como las de Toulouse o Saint-Gilles-du-Gard lo que se
evidencia es un sereno clasicismo. En España podemos encontrar interesantes
muestras de escultura románica en los capiteles del claustro del monasterio de
San Juan de la Peña, el conjunto decorativo de los capiteles y el sepulcro de
Doña Sancha en la catedral de Jaca y en la magnífica obra protogótica del
maestro Mateo en el pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de
Compostela, donde la escultura alcanzó un alto grado de perfección. Véase
Románico.
3.10.
Escultura gótica
Durante el periodo gótico se da una producción escultórica
excepcional en Francia, Alemania e Italia. Al igual que en el románico, gran
parte se realizó en combinación con la arquitectura religiosa, aunque también
se encuentran figuras esculpidas en tumbas, púlpitos y demás mobiliario
eclesiástico.
3.10.1.
Francia
La catedral de Chartres es un ejemplo de la evolución del
gótico, como puede apreciarse observando sus portadas. La occidental, la más
antigua, construida a mediados del siglo XII, contiene figuras rígidas en
columnas, con ropajes esquemáticos y expresiones faciales similares, casi
indiferenciadas; las portadas posteriores, en las fachadas norte y sur del
crucero, muestran una mayor diferenciación en las expresiones y los ropajes, e
incluso sugieren movimiento mediante la utilización de la curva gótica con forma
de S en el eje del cuerpo. Además, las esculturas de la catedral de Chartres
son como una verdadera enciclopedia del conocimiento medieval; junto a
narraciones bíblicas y escenas de la vida de diversos santos, se representa la
astrología, los trabajos según los meses, las artes liberales, las virtudes y
los vicios. Grupos escultóricos similares adornan muchas catedrales góticas
francesas y, al igual que en Chartres, la identidad de sus escultores nos es
desconocida. Sin embargo, conocemos el nombre del escultor flamenco que trabajó
en la ciudad de Dijon para el duque de Borgoña, se llamaba Claus Sluter. Entre
sus obras se encuentra el Pozo de Moisés (1395-1403, Cartuja de Champmol,
Dijon) en piedra policromada, que muestra a Moisés y otros profetas. Es una
obra única por los detalles realistas de la anatomía, la textura de los ropajes
y la gran variedad de rasgos. También conocemos el nombre de una de las
primeras mujeres escultoras de la historia del arte occidental, Sabina von
Steinbach que en el siglo XIII ayudaba a su padre, constructor de la catedral
de Estrasburgo. Fue la autora de las estatuas que personifican a la iglesia y a
la sinagoga, ubicadas cerca de la portada sur de la catedral.
3.10.2.
Alemania
La escultura gótica muestra en Alemania una intensidad
emocional y un expresionismo característicos de la cultura germánica. El grado
máximo de patetismo se alcanza en las escenas de la crucifixión y el beso de
Judas del coro de la catedral de Naumburg, del siglo XIII. Las representaciones
medievales de la Pasión fueron fuente de inspiración para muchos escultores
góticos del norte de Europa.
3.10.3.
Italia
No resulta sorprendente que, dado que los artistas que
trabajaban en Italia se hallaban en contacto con obras romanas de la antigüedad,
como por ejemplo los sarcófagos, se manifiesten tendencias clásicas en el
estilo gótico italiano. A mediados del siglo XIII Nicola Pisano realizó un
púlpito en mármol de marcado gusto clásico en sus elementos arquitectónicos y
en sus paneles esculpidos para el baptisterio de la catedral de Pisa.
3.10.4.
España
La escultura en España tendía hacia un severo misticismo
lleno de intenso realismo. La escultura de portadas siguió el modelo francés y
destacan las puertas del Sarmental y la Coroneña de la catedral de Burgos o la
Virgen Blanca en el parteluz de la fachada occidental de la catedral de León.
En el siglo XVI la escultura gótica adquirió su carácter
más localista y se manifestaba, sobre todo, en retablos y monumentos
funerarios. Asimismo, por influencia del arte mudéjar, la escultura exterior de
las catedrales se hizo más menuda. En el siglo XV se extendió el arte borgoñón
y flamenco por la península Ibérica y destacaron numerosos maestros escultores:
Gil de Siloé, Juan Guas y Guillermo Sagrera, entre otros.
3.11.
Escultura renacentista italiana
A comienzos del siglo XV en Italia tanto los eruditos como
los artistas comenzaron a interesarse por el pasado clásico; esto condujo al
renacimiento-resurgimiento de la cultura clásica (véase Arte y arquitectura
renacentistas). Lorenzo Ghiberti realizó dos puertas de bronce para el
baptisterio de Florencia; en ambas resulta evidente su conocimiento de la
escultura antigua. La Puerta del Paraíso (1425-1452) también muestra su dominio
de las leyes de la perspectiva, que se habían codificado de forma matemática
hacía muy poco tiempo. También existía un gran interés por las estatuas exentas
de gran tamaño y Ghiberti, Nanni di Banco y Donatello realizaron figuras
monumentales de santos, que se emplazaron en los nichos de los muros del Or San
Michele, oratorio de los gremios de Florencia.
Donatello fue el escultor más importante de comienzos del
renacimiento; sus obras evidencian que no sólo fue un maestro en el arte de la
escultura en piedra, sino que también poseía un profundo conocimiento de la
psicología humana. Por ejemplo, su San Jorge (c. 1415-1416, realizada para
el Or San Michele, Bargello, Florencia) está representado con armadura, pero en
su rostro se trasluce una clara expresión de vulnerabilidad. Más sorprendente aún
resulta su innovadora María Magdalena (1454-1455, baptisterio de Florencia),
talla en madera dorada y policromada. Aunque de forma habitual se la representa
como una joven hermosa con una espléndida cabellera, la Magdalena de Donatello
resulta revolucionaria y asombrosa, es una mujer vieja, semidesdentada y
demacrada, con un cabello enmarañado que le llega casi hasta los pies.
Aparte de los florentinos, el escultor más notable de
principios del renacimiento fue Jacopo della Quercia de Siena. Su maestría en
la ejecución de desnudos en los relieves en mármol La creación de Adán, La
tentación y La expulsión del paraíso (1425-1438) para la portada principal de
San Petronio de Bolonia, muestra un gran conocimiento del arte de la
antigüedad. Adán aparece con un cuerpo idealizado, musculoso, semejante a las
estatuas griegas de dioses y atletas; el cuerpo y la pose de Eva están
inspirados en la llamada Venus púdica.
El genio máximo de la escultura, no sólo del siglo XVI
italiano sino tal vez de todos los tiempos, es Miguel Ángel. Su maestría se
manifestó muy pronto, ya que sólo tenía veinte años cuando esculpió la Pietà
(1498-1500, basílica de San Pedro, Roma) y el heroico David, primeras
esculturas monumentales del renacimiento pleno. Realizó el majestuoso Moisés
(c. 1515, San Pietro in Vincoli, Roma) y otras figuras exentas de gran
expresividad para la tumba del papa Julio II, proyecto que nunca llegó a
terminarse. Durante la década de 1520 cambió de estilo, como queda patente en
las tumbas de los Medici (1519-1534), ubicadas en la sacristía Nueva de San
Lorenzo de Florencia. Mientras que los primeros desnudos de Miguel Ángel
muestran proporciones armoniosas, las figuras alegóricas reclinadas de las
tumbas, que representan los cuatro momentos del día, ofrecen una distorsión en
los cuerpos y unas poses complejas que indican un alejamiento de los ideales
del renacimiento pleno y un anuncio del manierismo. Sus obras posteriores, como
otra Pietà (1554-1564, castillo Sforzesco, Milán) son también anticlásicas. De
ese modo las últimas esculturas de Miguel Ángel y las de otros artistas del
siglo XVI evidencian la evolución hacia nuevas tendencias.
En España el renacimiento adquirió unas características
particulares debido, en gran parte, al inmovilismo de las tradiciones. Así
nació el plateresco cuya manifestación más significativa la encontramos en la
fachada de la Universidad de Salamanca, de Juan de Álava. No hay que olvidar a
los grandes escultores Alonso Berruguete, Damián Forment y Juan de Juni, que se
formaron en Roma y en Florencia.
3.12.
Escultura manierista
El manierismo, que convirtió la complejidad, la distorsión
y el artificio en virtud, surgió del estilo renacentista tardío.
3.12.1.
Italia
Entre los escultores manieristas italianos se incluyen Benvenuto
Cellini, Francesco Primaticcio y Juan de Bolonia. Cellini es célebre por la
realización de un elegante salero en oro y esmalte (1539-1543, Museo de Viena)
para Francisco I de Francia, en el que esculpió gráciles figuras desnudas de
proporciones alargadas. Primaticcio también trabajó para la corte francesa
dentro de un grupo de artistas conocido como la Escuela de Fontainebleau y sus
elaboradas esculturas en estuco (c. década de 1540) decoran las principales
salas del palacio de Fontainebleau. Juan de Bolonia, originario de Francia, fue
el escultor más importante que trabajaba en Florencia a finales del siglo XVI.
Entre sus obras se cuenta El rapto de las sabinas (1583, Loggia dei Lanzi,
Florencia), grupo escultórico en mármol de proporciones mayores a la humana,
interesante desde todos los puntos de vista. Consiste en tres figuras con
posturas entrelazadas en una espiral ascendente que son ejemplo del ideal
manierista de dramatismo y complejidad de las formas.
3.12.2.
Francia
Los mejores escultores que trabajaron en Francia durante el
siglo XVI estuvieron influenciados por el manierismo de la Escuela de
Fontainebleau. Jean Goujon realizó algunas esculturas para tumbas, pero es más
conocido por sus relieves que representan náyades elegantemente ataviadas para
la fuente de los Inocentes (1548-1549, Louvre). Otro destacado escultor fue
Germain Pilon que también realizó esculturas funerarias. La más impresionante
por su realismo y su técnica es la figura de la tumba de Valentina Balbiani
(c. 1581, Louvre), en la que representa el deteriorado cadáver en un
relieve delicadamente tallado en mármol.
3.12.3.
España
El escultor español manierista más destacado fue Alonso
Berruguete, cuya influencia se dejó sentir en toda la escultura castellana.
Entre sus obras destacan La anunciación y su célebre San Sebastián ambas en el
Museo Nacional de Escultura (Valladolid), y la sillería alta de la catedral de
Toledo, su obra más virtuosa y pulida.
3.13.
Escultura barroca y rococó
El barroco, que abarca más o menos el siglo XVII y tiene su
origen en Roma, se caracteriza por la intensidad dinámica. La expresión
decorativa, más delicada, característica de la primera parte del siglo XVIII,
nació en Francia y se conoce como rococó.
3.13.1.
Italia
Gian Lorenzo Bernini, pintor, escultor y arquitecto, fue el
artista más destacado del barroco italiano. Sus obras expresan un gran
dramatismo y una profundidad emocional acorde con la intensidad espiritual de
la Contrarreforma. Se caracterizan también por la interrelación de luces y
sombras y por la forma dinámica de plasmar el movimiento. Su Apolo y Dafne
(1622-1624, Galería Borghese, Roma), demuestra que también poseía un gran
virtuosismo técnico al trabajar el mármol. El David (1623-1624, Galería
Borghese) es una de sus primeras obras y contrasta con el David más clásico y
contenido de Miguel Ángel, que nos mostraba una figura contemplativa y
reservada, antes de su encuentro con Goliat. La versión de Bernini es una
figura en pleno movimiento, con la atención fija en el punto donde aparecerá el
adversario y el cuerpo contorsionado para efectuar el disparo. Muchas de las
esculturas de gran tamaño de Bernini se encuentran en la basílica de San Pedro,
para cuya plaza diseñó también la columnata. Entre estas obras se incluye el
gigantesco baldaquino de San Pedro (1624-1633) que se halla sobre el altar
mayor; la enorme cátedra del Apóstol (silla gestatoria de San Pedro,
1657-1666); varias estatuas monumentales de santos y dos sepulcros papales. Una
de sus obras más apreciadas es la ornamentada capilla Cornaro de la iglesia de
Santa María de la Victoria de Roma, donde se encuentra su espectacular Éxtasis
de Santa Teresa (1645-1652), grupo escultórico en el que logra la máxima
teatralidad y en donde funde lo espiritual y lo sensual de manera inaudita.
Entre su abundante producción se incluyen también bustos y varias fuentes
escultóricas espléndidas, como la famosa fuente de los Cuatro ríos (1648-1651)
de la piazza Navona.
3.13.2.
Francia y Alemania
Los escultores barrocos más sobresalientes de Francia
fueron François Girardon, que realizó abundantes esculturas para los jardines
del palacio de Versalles, Antoine Coysevox y Pierre Puget. Estos dos últimos,
influenciados por Bernini. Las esculturas más notables de Puget son las puertas
del ayuntamiento de Tolón y el Milón de Crotona (1671-1683, Louvre), cuya pose
en contrapposto junto con su intensa expresividad emotiva constituyen un
ejemplo de la estética barroca. Puget influyó en los escultores posteriores del
rococó francés del siglo XVIII, Étienne-Maurice Falconet, Jean Baptiste Pigalle
y Clodion (Claude Michel).
Los mejores ejemplos de la teatralidad del rococó en
Alemania se encuentran en las ornamentadísimas obras de los hermanos Egid
Quirino Asam y Cosme Damian Asam que, además de escultores, eran pintores y
arquitectos. Su obra más conocida es la profusa decoración de la iglesia de San
Juan Nepomuceno (1733-1746) de Munich.
3.14.
Escultura neoclásica
Durante la segunda mitad del siglo XVIII se produjo una
vuelta al gusto por lo clásico. El neoclasicismo tomó su inspiración de las
excavaciones arqueológicas que en aquel momento se estaban llevando a cabo en
Italia y otros puntos de la zona mediterránea. También tuvo una importante
influencia un ensayo del historiador del arte alemán Johann Joachim
Winckelmann, que alababa la escultura griega de la antigüedad. La obra antigua
favorita durante el siglo XVIII fue el Apolo de Belvedere (copia romana del
original griego del siglo IV a.C., Museos Vaticanos, Roma) que el escultor
italiano Antonio Canova adaptó en su escultura en mármol Perseo con la cabeza
de Medusa (1801, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York). Canova también se
inspiró en la antigüedad para realizar la escultura de la hermana de Napoleón,
Paulina Bonaparte Borghese como Venus (1805-1807, Galería Borghese).
Bertel Thorvaldsen, escultor danés que vivía en Roma, logró
tanta fama en su época realizando obras inspiradas en las de la antigüedad, que
en Copenhague se construyó un museo, cuyas obras comenzaron en 1839, dedicado
especialmente a él. El contacto entre Thorvaldsen y Canova resulta evidente en
la primera obra de aquel, Jason (1803, Museo Thorvaldsen, Copenhague), de
estilo deliberadamente clasicista, basado en la copia romana de la antigua obra
griega El Doríforo (siglo V a.C., Museo Nacional, Nápoles). Sus demás obras estuvieron
muy influidas por las restauraciones que efectuó en los mármoles del frontón
del templo de Afaya, de estilo griego arcaico, en la isla de Egina. Aunque no
muy conocido fuera de los confines de su Suecia natal, Johan Tobias Sergel fue
un excelente escultor de finales del siglo XVIII, que unió la temática
neoclásica con el dinamismo barroco, tal como puede verse en su Fauno
(1770-1774) y en Marte y Venus (1804), ambos en el Museo Nacional de Estocolmo.
Al artista inglés John Flaxman se le recuerda quizá más por sus relieves
clásicos, modelados de forma muy delicada, que por sus cerámicas de Wedgwood,
aunque también realizó monumentos funerarios. Sin embargo, logró mayor impacto
en el arte europeo con sus ilustraciones, de fino dibujo, de obras clásicas de
Homero, Esquilo, Hesíodo y Dante que con sus esculturas.
El escultor francés Jean Antoine Houdon incorporó conceptos
clásicos en la realización de la estatua en mármol de tamaño natural de George
Washington (1788-1792, Capitolio de Richmond, Virginia) y en su Diana (1777,
Museo del Louvre). Sin embargo, sus mejores obras fueron los bustos, cuya
viveza y naturalismo van más allá de los confines del clasicismo. Véase
Neoclasicismo.
3.15.
Escultura romántica
El romanticismo es otro de los grandes movimientos artísticos
del siglo XIX, que permitió a los escultores liberarse de los modelos del
pasado. Se crearon obras nuevas basadas en la imaginación y en las emociones.
En Francia el liderazgo de la escultura romántica lo ostentan François Rude,
Antoine Louis Barye y Jean Baptiste Carpeaux. Rude es conocido por las
conmovedoras esculturas monumentales del arco de triunfo de L'Etoile, sobre
todo por la Partida de voluntarios en 1792, también llamada La Marsellesa,
ejecutada en 1833-1836. Una figura alada de gran tamaño que personifica la
Libertad se halla ante un grupo de hombres animándoles, gritándoles,
urgiéndoles a la batalla. Barye fue tal vez el mejor escultor de animales desde
la antigüedad. Sus bronces, trabajados de forma meticulosa, poseen tal
vitalidad que parece como si hubiera estado observando a los animales salvajes
en sus hábitats cuando en realidad lo que hacía era visitar con mucha
frecuencia el zoo de París. El más famoso grupo escultórico de Carpeaux, La
danza, adorna la fachada de la Ópera de París. La vivacidad de las figuras y el
efecto de luces y sombras rizadas que creó al modelar las superficies tienen
una gran afinidad con el arte rococó.
La figura cumbre de la escultura del siglo XIX y el
escultor más importante desde Bernini fue el artista francés Auguste Rodin. Su
genialidad estriba en la habilidad que tenía para poner de manifiesto la vida
interior de los seres humanos mediante gestos y actitudes físicas. A pesar de
ser un escultor muy original, Rodin recibió influencias de diversas fuentes:
del arte gótico del norte de Europa, de Donatello, de Miguel Ángel y hasta
incluso del rococó. Su afinidad con algunas facetas del estilo clásico se
manifiesta en su Hombre de la nariz rota (1864, Museo Rodin, Museo de Arte de
Filadelfia), obra de tipo naturalista que muestra un rostro tosco, inspirada en
los bustos romanos, y más adelante en la escultura en mármol de fina
terminación e idealizado erotismo, El beso (1886, Museo Rodin, París). En 1880
recibió el encargo de realizar una serie de puertas para un nuevo museo, que
nunca llegó a terminarse. El proyecto, conocido como Las puertas del infierno
(1880-1917, Museo Rodin), con numerosas figurillas de escayola, fue la base de
obras independientes, realizadas en bronce a tamaño natural, como El pensador (1880),
Adán (1880) y Eva (1881), todas ellas en el Museo Rodin. El discípulo y
ayudante de Rodin, Antoine Bourdelle, fue también un soberbio escultor de la
figura humana y en sus bronces expresionistas convergen sentimientos de poderío
y solidez, como en su Gran guerrero de Montauban (1888, Museo Hirshhorn, ciudad
de Washington).
En Estados Unidos, William Rimmer, Augustus Saint-Gaudens y
Daniel Chester French comparten el enfoque romántico en sus esculturas de
carácter alegórico. El Centauro moribundo de Rimmer (1871, Museo de Bellas
Artes, Boston), el Mausoleo de Adams de Saint-Gaudens (1886-1891, Cementerio de
Rock Creek, Washington, D.C.) y El ángel de la muerte y el escultor de French
(1891-1892, Cementerio de Forest Hill, Roxbury, Massachusetts) son obras
conmovedoras que demuestran la excelente técnica de los artistas románticos
estadounidenses.
3.16.
Escultura europea del siglo XX
La mayor parte de las esculturas realizadas en el siglo XX
difieren radicalmente en forma y contenido de las de épocas anteriores. En
algunos casos son producto de investigaciones en la misma dirección que las de
la pintura y comparten la misma denominación, como en el caso del cubismo, el
futurismo, el constructivismo, el dadaísmo y el surrealismo, por mencionar sólo
algunas. Entre las influencias dominantes que recibieron los escultores
europeos de comienzos del siglo XX pueden citarse la del arte primitivo y la
escultura de África y Oceanía, pues muchas de dichas obras se exponían en los
museos de Ciencias Naturales de Francia y Alemania.
3.16.1.
Escultura biomórfica. Brancusi y Modigliani
Constantin Brancusi, nacido en Rumania, llegó a París en
1902; obras como Figura antigua (1908, Instituto de Arte, Chicago) y El beso
(1908, Museo de Arte, Filadelfia) evidencian su admiración por el arte antiguo
y primitivo. En El beso, siguiendo su propósito de “dar al espectador puro
disfrute”, demuestra además un ingenio lúdico, igual que en el Torso de un
joven (1924, Museo Hirshhorn, Washington D.C.) y la obra de tipo totémico Adán
y Eva (1912, Museo Guggenheim, Nueva York). Está claro que las dos últimas
esculturas, a pesar de su apariencia abstracta, están basadas en los órganos
sexuales femenino y masculino. La reducción de las formas a lo esencial y su
habilidad para extraer la belleza intrínseca de los materiales ya fuera madera,
piedra o metal que logró Brancusi ejerció una profunda influencia en los
escultores del siglo XX. También trabajó en París el italiano Amedeo Modigliani
y allí, a instancias de Brancusi, estudió el arte primitivo y el cicládico
(arte originario de las Cícladas). Entre 1909 y 1914 realizó esculturas en
piedra caliza como Cabeza de mujer (1912, Centro George Pompidou, París) que,
inspirada en el arte cicládico, influyó a su vez en su modo de pintar.
3.16.2.
Escultura cubista. Picasso
El arte africano desempeñó un papel muy significativo en el
desarrollo del cubismo del pintor francés Braque y del español Picasso. De
hecho, este último realizó algunas pequeñas tallas en madera en 1907 que
evidencian la influencia de las máscaras africanas. Influido también por la
escultura ibérica, ejecutó algunas obras en bronce con rostros que parecen
máscaras, como Cabeza de un toro (1943, Museo Picasso, París); en ellos se
aprecia la evolución del estilo cubista que desarrollaba de manera simultánea
en pintura. Una mayor distorsión puede verse en Cabeza de mujer (c. 1909,
Galería de Arte Albright-Knox, Buffalo, Nueva York) cuyos rasgos faciales
contraídos la convierten en la primera escultura auténticamente cubista de
Picasso. En los años siguientes hizo numerosas construcciones y esculturas que
pueden considerarse cubistas, como la Guitarra (1912, Museo de Arte Moderno,
Nueva York) de chapas metálicas y alambre, y la obra en madera Vaso de vino y
dado (1914, Museo Picasso, París). Sin embargo, sus obras posteriores están más
dentro de la línea figurativa tradicional, como el bronce Hombre del cordero
(1944, Museo de Arte de Filadelfia).
3.16.3.
Continuadores del cubismo
Durante las primera décadas del siglo XX muchos de los escultores
que trabajaban en París se vieron influidos por el cubismo, como Raymond
Duchamp-Villon, Alexander Archipenko y Jacques Lipchitz. Todos ellos trabajaban
estilos en cierta medida figurativos, enfatizando los planos volumétricos, como
puede verse, por ejemplo, en el Marinero con guitarra de Lipchitz (1914,
colección del artista). En España reciben la influencia del cubismo de Picasso
dos grandes artistas de la escultura en metal, Julio González y Pablo Gargallo.
El primero fue uno de los grandes pioneros en ese campo, y su influencia en la
escultura contemporánea construida en acero ha sido decisiva.
3.16.4.
Escultura constructivista
El constructivismo, que da prioridad a la dinámica del
espacio escultórico sobre lo estático de la masa, fue una tendencia nueva que
se desarrolló sobre todo en Rusia. Su fundador, inspirado en sus comienzos por
la obra de Picasso, fue Vladímir Tatlin; alcanzó gran renombre con la maqueta
en espiral de madera, hierro y vidrio para su Monumento a la III Internacional
(1919-1920, Museos Estatales Rusos, San Petersburgo). Hacia esa misma época los
hermanos Naum Gabo y Antoine Pevsner también se dedicaban a la escultura
constructivista en Rusia, pero el vanguardismo de su obra no gustaba al régimen
comunista y por ello emigraron y extendieron sus ideas por la Europa occidental
y Estados Unidos.
3.16.5.
Escultura Dadá y surrealista
Durante los años de la I Guerra Mundial el artista
Dada Marcel Duchamp expresaba su nihilismo estético seleccionando objetos
industriales, que luego utilizaba como esculturas y a los que denominaba
ready-mades. Duchamp consideraba temas artísticos objetos como secadores de
botellas, palas para quitar la nieve y urinarios. El hincapié que hacían los
dadaístas en el papel de la casualidad, la suerte y el inconsciente en la
creación del arte, como en la obra de Duchamp Tres zurcidos patrón (1913-1914,
Museo de Arte Moderno), influyó en el movimiento surrealista que se desarrolló
con posterioridad.
El artista francés Jean Arp utilizó la casualidad en varios
relieves en madera pintada a los que dio títulos ingeniosos y sugestivos. Sin
embargo, es más conocido por sus esculturas abstractas posteriores, de formas
biomórficas redondeadas, que denominó Concreciones, como por ejemplo Concreción
humana (1935, versión en piedra, 1949, Museo de Arte Moderno). El pintor nacido
en Alemania Max Ernst, al igual que Arp, fue un pionero del Dada y del
surrealismo; su Espárrago lunar (1935, Museo de Arte Moderno), obra deliciosa
en escayola, representa dos figuras alargadas como si fueran plantas. El
escultor suizo Alberto Giacometti dio forma a sus fantasías en obras
inquietantes como la construcción El palacio a las cuatro de la madrugada
(1932-1933) y el bronce Mujer con la garganta cortada (1932), ambas en el Museo
de Arte Moderno. Frecuente colaborador de Duchamp y también relacionado con el
Dada y el surrealismo, fue el artista estadounidense de nacimiento Man Ray,
cuya obra queda bien ilustrada con el fascinante Objeto para ser destruido
(1923, destruido en 1957) que consistía en un metrónomo con una varilla
oscilante en la que había adherida la fotografía de un ojo.
En España uno de los máximos representantes de la escultura
surrealista es el canario Óscar Domínguez; en su obra, que adoptó la figura
femenina como tema principal, se puede apreciar la influencia de otra de las
grandes figuras de este movimiento, Salvador Dalí. En 1938, este artista
catalán sembró el desconcierto entre el público asistente a la inauguración de
la Exposición Internacional del Surrealismo en París con su Taxi lluvioso. Se
trataba de un viejo automóvil en cuyo interior había situado dos maniquíes: uno
de ellos era un chófer con cabeza de cocodrilo y el otro, situado en la parte
posterior, era una mujer rubia en traje de noche sentada sobre un lecho de
verduras sobre la que caía constantemente un copioso aguacero. A todo esto se
añadían numerosas plantas y 200 caracoles vivos. También son de inspiración
surrealista las formas fantásticas de las esculturas del madrileño Alberto
Sánchez.
3.16.6.
Escultura futurista
Otra de las direcciones que tomaron los escultores de
vanguardia del siglo XX fue la del futurismo, estilo surgido en Italia que hace
hincapié en la expresión del movimiento en el arte. Uno de sus principales
exponentes, Umberto Boccioni, realizó bronces muy originales como Desarrollo de
una botella en el espacio (1912) y Formas únicas de continuidad en el espacio
(1913), ambas en el Museo de Arte Moderno.
3.16.7.
Escultura figurativa
A pesar de las tendencias de los nuevos estilos, numerosos
escultores europeos continuaron trabajando dentro del estilo figurativo a
principios del siglo XX, cada uno con distintas formas características, aunque
la mayor parte giraba en torno a la figura humana. En Francia, Aristide Maillol
volvió al sosiego clásico con bronces impresionantes de figuras femeninas. Una
de estas obras, Acción en cadena (1906, Museo Nacional de Arte Moderno, París)
es un torso femenino que demuestra el perfecto equilibrio, característico de
Maillol, entre tensión y relajación. Al igual que Maillol, el artista francés
de nacimiento Gaston Lachaise, que más tarde emigraría a Estados Unidos,
también hizo de la figura femenina su vehículo de expresión, dotando a sus
esculturas de una enorme gracia y delicadeza a pesar de las descomunales
proporciones de sus torsos. El pintor francés Henri Matisse también llevó a
cabo varias series de figuras en bronce con diferentes grados de distorsión que
expresan tensiones musculares internas.
En Alemania Wilhelm Lehmbruck realizó figuras alargadas que
transmiten sosiego, recogimiento y resignación. Por el contrario, la obra del
también alemán Ernst Barlach es más expresionista; elegía temas modestos e
ilustraba un amplio espectro de emociones que iban de la alegría, como en
Hombre cantando (1928, colección privada, Alemania) a la venganza, como en El
vengador (1914, Museo Hirshhorn, Washington, D.C.). Los escultores escandinavos
más importantes fueron el sueco Carl Milles y el noruego Gustav Vigeland; ambos
crearon figuras alegóricas para fuentes y otros monumentos públicos en sus
respectivos países de origen. Milles también vivió en Estados Unidos e hizo
fuentes en Nueva York, Saint Louis, Missouri y otras ciudades estadounidenses.
El escultor de origen polaco Elie Nadelman, después de estudiar en París,
emigró a Estados Unidos donde realizó figuras en bronce de suaves contornos y
volúmenes simples, como Hombre al aire libre (c. 1915, Museo de Arte
Moderno, Nueva York). Jacob Epstein, nacido en Estados Unidos y afincado en
Londres, alcanzó fama internacional con retratos figurativos en bronce cuya
característica principal es las superficies toscas e irregulares que confieren
gran expresividad a sus obras. El español Manuel Martínez Hugué, también
conocido como Manolo, crea figuras de toreros, animales, campesinos y mujeres,
de inspiración claramente mediterránea, influidas por la escultura de
Mesopotamia y el antiguo Egipto.
Pero el más importante de los artistas ingleses modernos
fue Henry Moore. En sus inicios su obra estaba influida por la escultura
precolombina, lo cual queda patente si se compara la escultura en piedra
maya-tolteca del dios de la lluvia Chac, llamada Chacmool (c. 1000, Museo
Nacional de Antropología, Ciudad de México), con su escultura Figura reclinada
(1929, Museo Municipal, Leeds). Durante toda su vida Moore trabajó el tema de
la figura femenina yacente, que siempre representó con gran frescura y
originalidad. Muchas de sus elegantes obras monumentales están concebidas para
colocarse al aire libre. Otra escultora inglesa de talla internacional es
Barbara Hepworth que, aunque trabajó por lo general dentro de un estilo
orgánico próximo a la abstracción, tiene algunas esculturas sobre la figura
humana, como Grupo II (Evocación) (1952, Colección Margaret Gardner,
Inglaterra).
3.17.
Escultura estadounidense del siglo XX
La escultura estadounidense de la primera mitad del siglo
XX no puede clasificarse, como la europea, por movimientos artísticos; sin
embargo, durante la segunda mitad del siglo si surgieron muchos movimientos
nuevos relacionados con diferentes medios de expresión modernos.
3.17.1.
Escultura figurativa
Gran parte de los escultores estadounidenses de principios
del siglo XX trabajaron siguiendo un estilo bastante académico y, aunque sus
obras son interesantes porque expresan el espíritu de la época en que fueron
realizadas, la mayoría de ellos no logró dar un impulso técnico ni formal al
arte de la escultura. Entre los que trabajaban dentro de una línea tradicional
están Malvina Hoffman, George Grey Barnard, William Zorach, Paul Manship, John
B. Flannagan, Mahonri M. Young, Gertrude Vanderbilt Whitney y Jo Davidson.
3.17.2.
Escultura abstracta
La escultura estadounidense empezó a desarrollar líneas más
abstractas de expresión durante la década de 1930, cuando los artistas entraron
en contacto con obras europeas contemporáneas, bien de forma directa o a través
de fotografías. Alexander Calder, por ejemplo, recibió una gran influencia del
pintor holandés Piet Mondrian que se reflejaría luego en sus esculturas y
pinturas abstractas realizadas con colores puros. Calder alcanzó fama internacional
con su escultura móvil, y sus stábiles o esculturas inmóviles. Inspirado en las
esculturas hechas con piezas soldadas de Picasso y Julio González, David Smith
realizó obras en acero soldado como Paisaje del río Hudson (1951, Museo Whitney
de Arte Americano, Nueva York). Su serie titulada Cubi, a la que pertenece Cubi
I (1963, Instituto de Arte de Detroit), consiste en varias obras de grandes
dimensiones inspiradas en el cubismo. En dicha serie se puede apreciar cómo
pule y corroe las superficies de acero inoxidable con un diseño caligráfico
repetitivo para reflejar la luz.
En la década de 1930 Joseph Cornell, muy influenciado por
el surrealismo, realizó esculturas tridimensionales de cajas pintadas y
assemblage de objetos heterogéneos, con los que lograba una atmósfera de
misterio. De inspiración contraria son los de Louise Nevelson, grandes
construcciones abstractas y monocromáticas, diseñadas como instalaciones. Están
compuestas de objetos utilitarios, por lo general trozos de muebles contenidos
dentro de marcos de madera como si fuesen cajas. Isamu Noguchi realizó obras de
una elegante sencillez en las que combina la abstracción europea con las formas
tradicionales japonesas.
Reuben Nakian, que en la década de 1940 pasó del estilo figurativo
a una semi-abstracción, trabajó tanto en metal como en terracota y realizó
esculturas inspiradas en la mitología. Otros escultores abstractos son Richard
Lippold, conocido por sus construcciones colgantes en metal y alambre y Harry
Bertoia, que utilizó varillas de acero muy finas ensambladas de forma que
pudieran vibrar. Theodore Roszak realizó construcciones de formas muy libres en
las que utilizaba el acero soldado con otros metales, como en Flor de espiga
(1948, Museo Whitney de Arte Americano). Herbert Ferber, influenciado por el
expresionismo abstracto, creó una construcción de metal de grandes dimensiones,
Y el arbusto no se consumió (1951), para la fachada de la sinagoga B’nai
Israel, en Millburn, Nueva Jersey. La obra de Ferber fue uno de los primeros
ejemplos del nuevo renacimiento que combinaba escultura y arquitectura en las
iglesias. Seymour Lipton hizo escultura biomórfica compuesta de planchas de
metal soldadas, como en Floración selvática (1954, Galería de Arte de la
Universidad de Yale, New Haven, Connecticut), y Mark di Suvero es conocido por
sus enormes construcciones al aire libre, en las que a veces utiliza vigas de
acero, como en Ik Ook (1971-1972, colección privada) y elementos móviles.
3.17.3.
Assemblage y escultura de chatarra
Muchos escultores han realizado obras, tanto abstractas
como figurativas, utilizando el assemblage y los objetos de desecho, llegando a
crear en muchos casos grandes ambientes que permiten al espectador moverse
dentro de la obra. La chatarra, utilizada por primera vez por los dadaístas a
principios del siglo XX, se convirtió en la base de las expresivas esculturas
que Richard Stankiewicz hizo durante la década de 1960. Durante dicha década
surgió el Pop Art en Estados Unidos, impulsado por artistas como Robert Rauschenberg,
Jasper Johns, George Segal, Marisol Escobar, Red Grooms, Claes Oldenburg,
Edward Kienholz y Lucas Samaras.
Rauschenberg introdujo lo que él llamaba “pinturas
combinadas”, cuyos últimos ejemplos presentan la tridimensionalidad de la
escultura, incorporando chatarra y objetos encontrados a la superficie del
lienzo. Entre sus obras más destacadas se cuenta Monograma (1955-1959, Museo
Moderno, Estocolmo), construcción en la que se combinan una cabra de Angora
disecada, una rueda de automóvil, una pelota de tenis y unas puertas de madera
con bisagras sobre las que realizó pinturas expresionistas abstractas. Johns,
discípulo de Duchamp, hizo una escultura en bronce a base de latas de cerveza,
Bronce pintado (1960, colección privada), en la que planteaba el problema
estético de la utilización de objetos cotidianos como forma artística. Segal
utilizó a sus amigos como modelos para crear figuras en escayola blanca que
representaban acciones y gestos cotidianos. Su grupo escultórico La cena
(1964-1966, Walker Art Center, Minneapolis, Minnesota) se caracteriza por su
sosegado clasicismo y su poder de evocación. Marisol (nombre por el cual se la
conoce) hace assemblages con maderas, pintura y diversos materiales más, como
pares de zapatos. Grooms construye obras ambientales enormes, como la deliciosa
Rukus Manhattan (1975-1976, Galería Marlborough, Nueva York). Oldenburg, que se
dedicó a reproducir alimentos en escayola pintada, creó objetos pop llenos de
humor, como Hamburguesa doble (1962, Museo de Arte Moderno). De muchas de sus
primeras esculturas rígidas de objetos, como interruptores de luz, ha hecho
después copias en vinilo blando.
Las composiciones de Kienholz en técnica mixta, tales como
El hospital estatal (1964-1966, Museo Moderno, Estocolmo) que representa a los
pacientes postrados en camas, llaman la atención de modo gráfico sobre los
aspectos más terribles de la sociedad contemporánea. También Samaras ha
realizado obras inquietantes aunque visualmente atractivas como La silla (1965,
Galería Smart, Universidad de Chicago), cubierta con miles de alfileres
amenazadores. Las figuras en fibra de vidrio y poliéster creadas por Hanson son
de un realismo asombroso, y en ellas se aprecia una evolución que va de los
retratos satíricos de turistas y tenderos obesos a las representaciones más
sencillas de obreros y gente corriente de Estados Unidos.
3.17.4.
Arte en espacios naturales
Durante los últimos años de la década de 1960 varios
escultores estadounidenses se dedicaron a la creación de espacios naturales.
Entre estos artistas estaban Robert Morris, Michael Heizer y Robert Smithson,
quienes abandonando sus talleres se volcaron en la investigación de temas
geológicos y minerales. Un proyecto impresionante dentro de esta línea es El
malecón en espiral de Smithson, espiral de 4,6 m de ancho, compuesta de
rocas, cristales salinos, tierra y algas, y que se interna 457 m en el
lago Great Salt de Utah. La obra se finalizó en 1970 pero en la actualidad ya
no puede verse pues ha quedado cubierta por las aguas.
3.18.
Últimas tendencias
A partir de la década de 1960 los escultores continuaron
trabajando con materiales y estilos diversos. El venezolano Jesús Rafael Soto,
pionero de la escultura cinética, crea las primeras obras vibrantes a base de
varillas que cuelgan de hilos de nylon frente a un fondo trama, y que al
moverse producen un efecto de vibración óptica. En Inglaterra Anthony Caro crea
construcciones en metal de gran fuerza expresiva, que suelen presentar un eje
horizontal. En España el escultor vasco Eduardo Chillida realizó en la década
de 1960 esculturas en hierro forjado y estructuras con grandes bloques de
madera, aunque fue introduciendo nuevos materiales como mármol, cemento y
granito. Entre los estadounidenses que trabajan en metal se encuentran George
Rickey, que realiza delicadas estructuras en acero inoxidable que se mueven con
el viento, y Richard Serra, que construye enormes estructuras de acero para
colocar al aire libre, como su Arco circular de San Juan, de 61 metros, ubicada
en la salida del túnel Holland, bajo el río Hudson, en Nueva York. Entre los
escultores estadounidenses que trabajan con luz artificial se cuentan Chryssa,
que utiliza tubos de neón, y Dan Flavin, que define los huecos espaciales
usando tubos fluorescentes. Otros artistas estadounidenses, como Donald Judd y
Sol LeWitt, basan sus obras en la repetición de unidades idénticas, formas
simples y precisas, con una absoluta simetría.
Judd, artista minimalista, trabaja con formas sólidas, como
en Sin título (1965, Museo Nacional de Arte Moderno, París); LeWitt, pionero
del arte conceptual, crea espacios huecos cuadrados definidos por delgados
contornos realizados en aluminio, como en Cubo modular en nueve partes (1977,
Instituto de Arte de Chicago). El arte conceptual, corriente de gran
importancia durante la década de 1970, estuvo muy influido por la obra y los
escritos de Duchamp. Con el fin de dar prioridad estética a las ideas de los
artistas, el arte conceptual a veces prescinde en gran parte de las obras
sustanciales y utiliza la performance (forma artística que combina elementos
del teatro, la música y las artes visuales). El artista conceptual
contemporáneo de mayor influencia fue el alemán Joseph Beuys, cuya obra
satiriza a la sociedad alemana de posguerra y recuerda su experiencia como
piloto de la Luftwaffe cuyo avión fue derribado durante la II Guerra
Mundial.
Durante la década de 1980 los escultores empezaron a
apartarse de la austeridad del minimalismo y del conceptualismo. Empezaron a
reaparecer formas orgánicas y excéntricas, tendencia que se conoce como
escultura posmoderna o postminimalista. En las obras sencillas, a pequeña
escala, de Joël Shapiro pueden verse motivos figurativos, mientras que los
assemblage de enrejados abiertos de Nancy Graves destacan por su colorido
brillante y su fantasía.