Arte y arquitectura de Irán
1. INTRODUCCIÓN
Manifestaciones
artísticas de Irán. Aunque el arte y la cultura del occidente de ese país se
conoce tradicionalmente como persa, el país viene denominándose desde hace mucho
tiempo como Irán y sus habitantes como iraníes más que persas. No obstante, y
de acuerdo a su uso más extendido y popular, el término persa se utilizará en
este artículo para referirse al periodo anterior a la llegada del islam en el
siglo VII d.C. —es decir, la época del antiguo Imperio persa— así como también
para los tiempos prehistóricos.
2.
PERIODO
ANTIGUO
Los
principales trabajos artísticos de la época prehistórica fueron las piezas de
cerámica y pequeñas figuras de arcilla, mientras que la arquitectura y la
escultura predominaron a lo largo de los dos imperios persas, el Aqueménida y
el Sasánida (siglos VI a.C.-VII d.C.). Tras la conquista árabe y la
introducción del islam en el siglo VII d.C., la escultura cedió su lugar en
favor de la arquitectura, que entró así en un periodo de gran esplendor. La
pintura llegó a ser importante entre los siglos XIII a XVII. Ya en el siglo XX
se recuperaron estas antiguas formas artísticas combinándose los modelos
tradicionales con la tecnología occidental y los nuevos materiales.
2.1.
Arquitectura
Entre
los primeros ejemplos de arquitectura persa destacan un grupo de pequeñas
viviendas hechas a base de mortero y ladrillos de barro no cocido y secados al
sol (adobe) descubiertas en varios yacimientos neolíticos del occidente de
Irán: Tepe Alí Kosh, Tepe Guran, Ganj Dareh Tepe y Hajji Firuz Tepe. Estos
yacimientos demuestran el asentamiento de pequeños poblados formados por casas
de una única habitación y dependencias para almacenaje a lo largo de la
frontera occidental del país en torno al año 6000 a.C. Las excavaciones en
Tal-i Bakun, cerca de Persépolis, y en Tal-i Iblis y Tepe Yahya, cerca de
Kermân, muestran cómo hacia el 4000 a.C. se levantaron edificios con un
mayor número de estancias, agrupados además en pueblos o pequeñas ciudades.
Todas estas estructuras arquitectónicas indican que las técnicas tradicionales
de construcción mediante mortero y ladrillos de adobe se encontraban ya en
pleno desarrollo. En Shahr-i Sokhta en Sistán se ha estado excavando un
interesante palacio de la edad del bronce (c. 2500 a.C.). Su
estructura y tipología evidencian un acusado incremento de la complejidad en
consonancia con el establecimiento de importantes centros comerciales sobre la
meseta iraní.
A
finales del 2000 a.C., grupos tribales iraníes, entre los que se
encontraban los medos y los persas, se extendieron por la meseta desplazando o
absorbiendo a los primitivos pobladores. La arquitectura y artesanía de este
periodo conocido como edad del hierro, precedente inmediato de la fundación del
Imperio persa por Ciro II el Grande, ha podido conocerse gracias a las
excavaciones llevadas a cabo cerca de Kangavar (Godin Tepe y Babajan Tepe), en
las proximidades de Hamadân (Nush-i Jan Tepe), y en Zendan-i Suleiman y Tepe
Hasanlu al noroeste de Irán. Estos yacimientos revelaron por primera vez la
utilización de largos corredores de columnas como característica principal de
la nueva tipología constructiva. Las columnas eran de madera y se levantaban
sobre losas de piedra, mientras que los edificios se construyeron a base de
piedra sin tallar y ladrillo. Las escaleras y las terrazas, junto con otros
elementos, constituyeron los prototipos desarrollados más tarde por la
arquitectura imperial de Pasargada y Persépolis. Si, como se cree, los edificios
de Nush-i Jan Tepe y Godin Tepe son ejemplos de arquitectura meda, nos hallamos
ante las primeras estructuras arquitectónicas de los medos que se han excavado
hasta el momento actual. Estos descubrimientos confirman las frecuentes
descripciones que sobre almacenes y palacios aparecen en las fuentes
literarias, especialmente en el historiador griego Herodoto.
2.1.1. Periodo Aqueménida
El
primer momento de gran desarrollo de la arquitectura persa tiene lugar bajo el
Imperio de la dinastía de los Aqueménidas, cuyo reinado se extiende
aproximadamente desde el 550 al 331 a.C. Los restos de arquitectura
Aqueménida son bastante numerosos, siendo los más antiguos las ruinas de
Pasargada, la capital de Ciro II el Grande. Incluyen dos palacios, un recinto
sagrado, una ciudadela, una torre y la tumba de Ciro. Los palacios estaban
tapiados, teniendo en su centro una gran galería de columnas, siendo la más
larga de ellas de 37 metros de longitud. La distribución y el diseño de las
habitaciones principales oscilaba entre la forma cuadrada y la rectangular;
todas estaban iluminadas por un sistema de claraboyas. Los muros se
construyeron a base de ladrillos de adobe; los cimientos, pórticos, columnas y
pedestales se hicieron en piedra. Las columnas se cubrieron con bloques de
piedra tallada que representaban figuras de caballos o leones enfrentados
espalda con espalda. Para los suelos se utilizó, probablemente, la madera. El
recinto sagrado estaba formado por un patio tapiado dentro del cual se
disponían dos altares y una tribuna escalonada de forma rectangular. La torre
fue una elevada estructura arquitectónica levantada a base de piedra caliza de
color amarillento; por contra, la caliza negra se utilizó para las puertas de
acceso y para las dos filas de ventanas cegadas. La tumba de Ciro era un
pequeño mausoleo de piedra, en forma de cilindro, colocado sobre una plataforma
escalonada. Las columnas que lo rodean se han ubicado allí en época reciente.
Darío
I el Grande construyó una nueva capital en Persépolis, ciudad que sería más
tarde ampliada por Jerjes I y Artajerjes I (465-425 a.C.). Sobre una zona
rocosa se abrieron y nivelaron tres amplias terrazas en las que se fueron
levantando edificios de ladrillo y piedra similares a los de Pasargada. Entre
las edificaciones de Persépolis y Pasargada existen, no obstante, varias
diferencias. Los patios de columnas eran cuadrados, en los muros se abrían
ventanas y nichos de piedra simulando vanos, y dejaron de utilizarse los
pedestales de piedra. Las puertas presentan una cornisa de cuarto bocel (tipo
de moldura con un perfil de cuarto de círculo) decorada con un motivo de pétalo
de probable origen egipcio. Los fustes de las columnas fueron estriados en
lugar de lisos, las basas y molduras de los plintos se ornamentaron con motivos
decorativos de tipo floral, y el remate de las columnas (capitel) tomó formas
naturalistas reproduciendo los cuartos delanteros de toros que a veces
aparecían alados. Estos edificios tenían los techos de madera de cedro apoyados
sobre robustas vigas y escuadras que descansaban en los capiteles de piedra de
las columnas.
Otros
restos de arquitectura Aqueménida podemos encontrarlos en la ciudad de Susa,
donde Darío I construyó un gran palacio reconstruido posteriormente por
Artajerjes II (409-358 a.C.). La arquitectura vinculada a la dinastía de los
Aqueménidas abarca también tumbas excavadas en la roca, como los hipogeos
egipcios, de entre las que destacan las de Naqshah Rostam, cerca de Persépolis.
Apenas se conocen ejemplos de arquitectura popular o doméstica, aunque los
arqueólogos creen que la vivienda típica se hizo a base de ladrillos de adobe.
Tras
la conquista de Persia por Alejandro Magno en el 331 a.C. y la toma del poder
por parte de la dinastía seléucida, la arquitectura persa imitó el estilo propio
del mundo griego. De estilo griego es el gran templo de Kengavar, que fue
excavado por el Servicio Arqueológico de Irán para su eventual restauración. El
templo había sido destruido en la antigüedad por un fuerte terremoto.
Más
tarde, bajo la dinastía de los partos Arsácidas, entre el 250 a.C. y el 226
d.C., se construyeron en el primitivo estilo persa un pequeño número de
edificios. El monumento más importante de este periodo es el palacio de Hatra
(hoy al-Hadhr en Irak), fechado entre los siglos I y II d.C., en el que se
ejemplifica perfectamente la utilización a gran escala de la bóveda de medio
punto. Los abovedamientos, los robustos muros y las pequeñas dependencias de
este palacio indican una continuidad de las primitivas tradiciones asiria y babilónica.
2.1.2. Periodo Sasánida
Bajo
la dinastía Sasánida, que gobernó Persia desde el 226 d.C. hasta la conquista
del islam en el 641, tuvo lugar un importante renacimiento arquitectónico. Las
construcciones fueron totalmente diferentes de las del periodo Aqueménida. Los
muros se levantaron a base de ladrillo cocido y pequeñas piedras unidas con
argamasa; también se utilizó el ladrillo para las bóvedas de medio punto
dispuestas sobre grandes estancias y corredores; se construyeron grandes
cúpulas. Se adaptaron los diseños y principales características de los palacios
de Persépolis, pero se encerraron en un único edificio las numerosas
dependencias y habitaciones. De este modo, la misma obra incorporaba un lugar
para las audiencias públicas, otro más pequeño para las privadas, así como
numerosas salas de menor tamaño. Entre los principales restos conservados de
arquitectura Sasánida están las ruinas de los palacios cupulados de Firuzabad,
Girra y Sarvestan, y las amplias salas abovedadas del de Ctesifonte. El gran
yacimiento de Bishapur ha sido sistemáticamente excavado a mediados del siglo
XX por el Servicio Arqueológico de Irán. Se han realizado también excavaciones
en otros palacios como en Qais, Hira y Damghan. En todos estos palacios aparece
ya el iwán, como pórtico con gran arco abierto a un patio, que se verá luego en
el arte islámico. Además de estos, destacan también los puentes de Dizful y
Shushtar, y diversos templetes construidos en varias localidades destinados a
la adoración del fuego que formaba parte del zoroastrismo.
2.2.
Escultura
En
el primer gran periodo del arte persa, durante el reinado de los Aqueménidas,
la escultura se hizo a escala monumental. Hacia el 515 a.C. Darío I el Grande
mandó esculpir un gran relieve y una inscripción grabada en la roca de los
acantilados de Behistún. El relieve muestra a Darío como Ahura Mazda (divinidad
suprema del zoroastrismo) venciendo a sus enemigos. Los diseños y el gusto por
el detalle en el grabado tienen claro antecedente en los modelos asirios, pero
el tratamiento naturalista de los ropajes superpuestos y los ojos es
completamente novedoso.
En
Persépolis la escultura fue un importante complemento de la arquitectura. A los
capiteles con formas animales que fueron característica dominante en los
interiores de los edificios, hay que añadir los frisos con decoración de leones
en las paredes exteriores de los mismos. En las jambas de las puertas se
tallaron relieves del Rey, y las escaleras fueron decoradas con frisos en
bajorrelieve representando a la guardia real y a los portadores de tributos. La
puerta principal de la ciudad estuvo flanqueada por una pareja de enormes toros
con cabezas humanas tallados en altorrelieve.
La
decoración del palacio de Susa constaba de relieves en piedra al estilo de los
de Persépolis y de paneles de ladrillo vidriado azul, verde, blanco y amarillo.
La utilización del ladrillo vidriado viene de tradiciones anteriores, asiria y
babilónica. En estos paneles de Susa aparecen retratados soldados, toros
alados, esfinges y grifos. El más conocido de todos ellos es el denominado
Friso de los Arqueros (Louvre, París). Dentro de la escultura Aqueménida es
importante destacar también las cuatro tumbas reales excavadas en la roca de
Naqshah Rostam. Cada tumba fue tallada en la roca imitando la fachada de un
palacio, con figuras sobre un estrado en el que aparece el Rey adorando a los
dioses.
Después
de la conquista de Persia por Alejandro Magno la influencia griega, en su etapa
helenística, fue predominante dentro del mundo artístico. Entre otros ejemplos
pueden citarse los fragmentos de escultura en bronce hallados en Shami, y los
relieves de Behistún. El segundo gran periodo del arte persa comienza con el
advenimiento de la dinastía Sasánida en el 226 a.C. De este periodo sólo ha
sobrevivido un único ejemplo de escultura exenta o de bulto redondo, que es la
colosal figura de un rey aparecida cerca de Bishapur. Se conserva también un
reducido número de estatuillas, pero los mejores ejemplos escultóricos, como
sucedió también en época Aqueménida, están en los relieves grabados sobre la
roca. Los más conocidos son los gigantescos relieves de Naqshah Rostam, en los
que aparecen retratados los reyes persas Ardachir I y Sapor (o Sahpur) I (años
241 a 272) montados a caballo. Similar escena ecuestre ofrece el relieve de
Taq-i-Bustan, representando a otro rey persa de esta dinastía, Cosroes II. Tras
el periodo Sasánida la escultura dejó de ser importante dentro de las
producciones artísticas de Irán.
2.3. Cerámica, metalistería y tejidos
Los
primeros ejemplos de artes decorativas persas datan de finales del VII milenio
a.C. y consisten en diseños de animales y figuras femeninas modeladas en
arcillas. Las figurillas femeninas encontradas en Tepe Sarab, cerca de
Bajtaran, son complicados objetos compuestos por múltiples piezas de reducido
tamaño. Las caderas y el pecho de estas figuras se representan de forma
exagerada, reduciendo las cabezas a la mínima expresión. En contraste con esta
estilización y abstracción de la figura humana están las múltiples figuritas de
animales modeladas con extremada naturalidad.
El
segundo gran momento de desarrollo dentro del arte prehistórico tuvo lugar
durante el IV milenio, cuando aparecieron en la meseta una gran variedad de
cerámicas pintadas de diferentes estilos. Por regla general, las vasijas eran
rojas o ligeramente amarillentas con figuras de animales, a menudo cabras,
pintadas en negro. La cerámica se encontró junto a otros pequeños objetos como
sellos e instrumentos de cobre (alfileres o cinceles, entre otros). Durante el
tercer milenio se fabricó cerámica gris bruñida en la zona noreste de Persia,
así como también gran cantidad de objetos o piezas de cobre como hachas,
broches, figurillas, y otras semejantes. La cerámica pintada continuó
produciéndose en otras partes del país salvo en el norte de Irán, el
Azerbaiyán, donde aparecen vasijas y utensilios barnizados en gris y negro con
motivos decorativos geométricos mediante incisiones sobre la superficie del
objeto posteriormente rellenadas de pasta blanca. Hacia el año 1300 a.C. este
tipo de cerámica gris aparece en toda la zona norte de Persia, quizá con origen
nororiental, y muy probablemente asociada con la expansión de las tribus
indo-iranias. Alrededor del año 800 a.C. florece de nuevo la pintura, con
representación de modelos geométricos, animales y figuras humanas.
Iniciado
a finales del segundo milenio y con un desarrollo cronológico que alcanza hasta
mediados del primer milenio, tuvo lugar en toda la zona montañosa al sur del
Caspio y el Luristán un importante florecimiento de los trabajos en bronce
fundido. Se hicieron en grandes cantidades arneses, enjaezados y bridas para
los caballos, hachas y objetos votivos, reflejando todos ellos un complejo
estilo creado a base de combinar fragmentos o partes animales con criaturas
fantásticas de variadas y extrañas formas.
Durante
el periodo Aqueménida las artes decorativas tuvieron una gran difusión dentro
de los artículos de lujo como ornamentos y vasijas de oro y plata, jarrones de
piedra y joyas con decoración incisa. Una importante colección de todo este
tipo de objetos, denominada Tesoro de Oxus, se conserva en el Museo Británico
de Londres. La metalistería Sasánida alcanzó un gran desarrollo, siendo sus
objetos más frecuentes las copas y platos de plata y los aguamaniles de bronce
con profusa decoración repujada. Los temas más frecuentes fueron escenas
cortesanas, cazadores, animales, pájaros y plantas. La mejor colección de este
tipo de piezas se encuentra en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo; otros
ejemplos los podemos localizar en los museos de París, Londres y Nueva York.
La
producción de tejidos fue una industria muy destacada dentro del periodo
Sasánida. Los diseños incluían sobre todo motivos animales, vegetales y de caza
dispuestos de forma simétrica, situados dentro de medallones; fueron muy
imitados en todo el Oriente Próximo y también en la Europa medieval. Incluso
después de la conquista árabe las sedas y la metalistería Sasánidas se
continuaron fabricando, influyendo fuertemente en el arte bizantino, en China y
en la zona del Turkestán.
3.
PERIODO
ISLÁMICO
Tras
la conquista de Persia por los árabes en el año 641, Irán pasó a formar parte
del mundo islámico. Sus artistas se sometieron a los gustos y necesidades de la
cultura islámica, la cual a su vez recibió influencias de la tradición iraní.
La arquitectura siguió siendo la principal forma artística; debido a la
tradición islámica que condenaba como idólatra la representación tridimensional
de seres vivos y otro tipo de objetos, la escultura entró en una fase de
declive. La pintura, por el contrario, no sufrió los efectos de esta
prohibición de representar la figura humana, y logró así un auge importante.
3.1.
Arquitectura
La
mezquita fue la principal tipología arquitectónica empleada en Irán. Se mantuvo
la tradición de los espacios abovedados; entre otras características destacan
la importancia de la madrasa con planta cruciforme de cuatro iwan, la
utilización de los arcos de herradura, de medio punto, conopiales y apuntados,
así como también el uso de la cúpula sobre tambor circular. Entre los ejemplos
más destacados de la primera arquitectura islámica de Irán se incluyen la
mezquita de Bagdad, construida en 764; la gran mezquita de Samarra, levantada
el año 847, y la primera mezquita de Na'in, del siglo X. Bajo la expansión del
Imperio mongol buena parte de la arquitectura islámica estuvo en Irán, pero
tras la conquista de Bagdad por los mongoles en el 1258 se reanudó un tipo de
construcción más apegada a las tradiciones iraníes y se levantaron varios de
los mejores edificios de toda la historia de la arquitectura en Irán. Cabe
destacar entre ellos la gran mezquita de Veramin, edificada en el 1322; la
mezquita del Imán Reza en Meshad-i-Murghab, construida en 1418, y la mezquita
azul de Tabrîz. Otras obras importantes son el mausoleo del conquistador mongol
Tamerlán y su familia en Samarkand, la mezquita real de Meshad-i-Murghab, y las
grandes madrasas, o escuelas coránicas, de Samarkand, todas ellas construidas
en el siglo XV.
Bajo
la dinastía Safawí (1502-1736) se construyeron gran número de mezquitas,
palacios, tumbas y otros edificios. Los elementos característicos de las
mezquitas fueron las cúpulas gallonadas sobre tambores, los pórticos abovedados
y las parejas de torres minaretes. Sobre las cornisas y ménsulas se dispuso una
sorprendente decoración en zigzag o en hilera. Cuando estas formas decorativas
aparecen formando prismas o pequeños arcos agrupados a modo de estalactitas
reciben el nombre de mocárabes. El color fue parte importante de la
arquitectura en este periodo, y las fachadas de los edificios se cubrieron con
resplandecientes azulejos de tonos azules, verde, amarillo y rojo. Las
construcciones más notables de la época Safawí las encontramos en Isfahan,
capital de dicha dinastía. La ciudad, trazada sobre anchas avenidas, jardines y
canales, cuenta con importantes palacios, mezquitas, baños, bazares y
caravaneras (posadas).
3.2.
Pintura
La
pintura al fresco y los manuscritos miniados formaron parte de la tradición
artística de Persia ya desde el periodo Sasánida, aunque de estos primeros
ejemplos apenas se han conservado unos pocos fragmentos. En el Irán islámico la
pintura fue una de las artes plásticas más importantes. Se hicieron copias del
Corán en letra cúfica, forma de escritura de los primeros árabes, en los
pergaminos y rollos de al-Barah y al-Kufah a finales del siglo VII. Estos
manuscritos no contienen escenas pintadas, pero poseían, en su defecto, una
hermosa caligrafía ornamental, que fue ampliamente practicada durante los
siglos VIII y IX. Gracias a la introducción del papel en el siglo X, las formas
y modelos de los libros religiosos y seculares tuvieron un gran incremento.
En
el siglo XII llegó a tener una gran resonancia la escuela de pintura de Bagdad,
con sus manuscritos sobre trabajos científicos, fábulas y anécdotas ilustrados
con miniaturas. En el siglo XIII se hizo muy evidente la influencia de la
pintura paisajística china, introducida en Irán tras la toma del poder por los
mogoles. Los libros de poemas y de historias del mundo se ilustraron con
anécdotas, leyendas y acontecimientos históricos que a menudo ocupaban páginas
enteras y también páginas dobles. Los textos fueron escritos generalmente en
persa más que en árabe, como venía siendo habitual desde épocas anteriores. En
el siglo XIV Bagdad y Tabrîz fueron los principales centros de pintura. Más
tarde, Samarkand, Bujara y Herat llegaron a ser también importantes centros.
Por regla general la temática incluía figurativas escenas de caza, guerreros,
vida en palacio y vistas de paisajes con escarpadas montañas, árboles y arroyos
rodeados de flores. A comienzos del siglo XIV se solía pintar sobre fondo rojo,
cambiándose después por tonos azules y, al final del siglo, dorados.
El
miniaturista iraní más conocido fue Bihzâd, el artista más importante de
finales del periodo mongol y comienzos del Safawí. Fue el director de la
academia de pintura y caligrafía de Herat hasta 1506, año en el que marcha a
Tabrîz como bibliotecario real. La pintura de Bihzâd se caracteriza por su rico
colorido, sus figuras realistas y sus paisajes. Diferenciaba las figuras en
grupos de escenas, realizando retratos de marcado individualismo. Muchos
pintores estudiaron con él, incluyendo los célebres artistas Mirak y Sultan
Mohammed, y su estilo fue imitado en todo Irán, Turkestán e India. Entre los
pocos manuscritos existentes ilustrados por Bihzâd destacan la Historia de
Tamerlán (1467), hoy en la biblioteca de la Universidad de Princeton.
El retrato
como género pictórico llegó a ser muy importante a lo largo de todo el siglo
XVI. Uno de los principales retratistas fue Alí Reza Abbasi, que delineó sus
figuras con sobrios pero expresivos toques de pincel. Muchas de sus pinturas
representan figuras individuales, aunque también pintó realistas escenas de
grupos de peregrinos y derviches. A finales del siglo XVI y durante el siglo
XVII los dibujos monocromos a tinta con ligeros toques de rojo y dorado
reemplazaron a las brillantes policromías de los primeros manuscritos. Después
del siglo XVII los artistas de Irán copiaron la pintura y el grabado europeos,
entrando así en declive la tradición nacional. La pintura de cajas o estuches
barnizados, decorados con temas tradicionales iraníes, y la encuadernación de
libros se convirtieron en el siglo XIX en una próspera industria, exportándose
en grandes cantidades a los países de Europa occidental. Esta industria es
todavía floreciente a finales del siglo XX. Son frecuentes también las modernas
imitaciones de la miniatura del siglo XVI, aunque no se ha logrado imponer un
estilo contemporáneo nacional.
3.3.
Artes
decorativas
Las
técnicas de producción de tejidos, metalistería y cerámica desarrolladas durante
el periodo Sasánida se utilizaron a lo largo de toda la historia de Irán. La
elaboración de alfombras, en la que Irán es especialmente notable, fue
fomentada por los Sasánidas, y han continuado siendo importantes objetos
artísticos hasta el presente. Se fabricaron en pequeños pueblos y en los
talleres de la corte. El diseño de los tapices utilizados en las mezquitas o
para el rezo particular consistía, por regla general, en un medallón o arco
dentro de un espacio rodeado por una orla cubierta con delicadas formas
florales. Los tapices de uso seglar podían decorarse con figuras humanas y
animales.
La
metalistería también fue importante. En Mosul y otros centros se realizaron
bellas vajillas y vasijas en bronce, latón y cobre con incrustaciones de plata
y grabadas.
Durante
el periodo islámico se hizo también cerámica de excelente calidad,
especialmente en los siglos XI, XII y XIII. Los alfareros de Rayy y Kasan
destacan por sus cerámicas y lozas tipo mina'i de reflejo metálico, con
delicadas figuras polícromas, y también por otras piezas con motivos
naturalistas sobre fondos claros o turquesas.