Arte y arquitectura de Japón
1.
INTRODUCCIÓN
Conjunto de obras de arte realizadas en Japón desde
el asentamiento de los primeros habitantes (alrededor del 10.000 a.C.)
hasta la actualidad.
Históricamente
Japón ha estado sujeto a súbitas invasiones de ideas nuevas procedentes del
extranjero, seguidas por largos periodos de mínimo contacto con el mundo
exterior. A lo largo del tiempo, los japoneses han desarrollado la habilidad de
absorber, imitar y hacer suyos los elementos de culturas extranjeras que
servían para complementar sus preferencias estéticas. Las manifestaciones
artísticas más antiguas que se desarrollaron en Japón datan de los siglos VII y
VIII y están relacionadas con el budismo. En el siglo IX Japón empezó a
abandonar la influencia china y a desarrollar formas de expresión propias. De
manera paulatina fue cobrando importancia el arte profano, que continuó
floreciendo, junto al religioso, hasta finales del siglo XV. A raíz de la
guerra de Onin (1467-1477) el país entró en un periodo de desorganización
política, social y económica que se prolongó durante casi un siglo. Bajo el
mandato de la dinastía Tokugawa (o periodo Edo, 1603-1867) disminuyó el
protagonismo de la religión en la vida diaria y las artes que se cultivaron
fueron básicamente las profanas.
El
pincel es el medio de expresión artística preferido de los japoneses. Su uso es
especialmente notable en las artes de la pintura y la caligrafía japonesas, que
se practican tanto de forma profesional como aficionada. Hasta los tiempos
modernos siempre se ha utilizado el pincel, y no la pluma, para escribir. La
escultura era a ojos de los artistas un medio de expresión mucho menos eficaz;
la mayor parte de ella está relacionada con la religión, por lo que su
importancia disminuyó con la decadencia del budismo tradicional. Por el
contrario, la cerámica japonesa es una de las más bellas del mundo y, de hecho,
a esta modalidad artística pertenecen muchos de los objetos japoneses más
antiguos que se conocen. En cuanto a la arquitectura, revela claramente las
preferencias japonesas por los materiales naturales así como la interacción del
espacio interior y del exterior.
La principal
característica del arte japonés es su polaridad. Por ejemplo, en la cerámica de
los periodos prehistóricos, la exuberancia dio paso a un arte disciplinado y
refinado. De la misma manera, hay dos tendencias en el siglo XVI radicalmente
distintas: el palacio de Katsura, cerca de Kioto, es una muestra de la
sencillez de líneas, en la que destacan la delicada utilización de la madera y
la integración en los jardines circundantes, que realzan la belleza del
edifico; por contraste, el templo-santuario mausoleo de Toshogu en el monte
Nikko es una estructura rígidamente simétrica con relieves coloreados que
cubren toda la superficie visible. El arte japonés es apreciado no sólo por su
simplicidad sino también por la exuberancia de su colorido, y ha ejercido una
considerable influencia sobre la pintura y la arquitectura occidentales de los
siglos XIX y XX respectivamente.
2.
ARTE
JOMON Y YAYOI
La
primera civilización importante fue la de los Jomon (en japonés, “huella de
cuerdas”, c. 10000-300 a.C.). Se caracteriza por la fabricación de
figuritas de arcilla llamadas dogu y vasijas decoradas con motivos que
recuerdan a una cuerda, lo que dio origen a su nombre. Era una cultura de
cazadores y agricultores que vivían en pequeñas comunidades en casas de madera
o de paja, construidas en hoyos poco profundos para aprovechar el calor del
suelo. Los utensilios Jomon, que suelen tener complicadas formas flamígeras,
son las piezas de cerámica conocidas más antiguas del mundo. La siguiente
oleada de inmigrantes fue la del pueblo Yayoi, que toma su nombre del barrio de
Tokio donde se encontraron los primeros vestigios de sus asentamientos.
Llegaron a Japón hacia el año 300 a.C. y aportaron sus conocimientos en
materia de cultivo del arroz mediante el riego, técnicas de metalistería para
la fabricación de armas de cobre (doboko) y de campanas de bronce (dotaku),
y fabricación de objetos de cerámica modelados con el torno y cocidos en el
horno.
3.
ARTE KOFUN O
DE LOS GRANDES TÚMULOS
La
tercera etapa de la prehistoria japonesa es el periodo Kofun o de los grandes
túmulos (c. 300-710 de nuestra era). Se llama así por la construcción de
imponentes estructuras de un enorme volumen. La mayor de todas, la tumba de
Nintoku, tiene unos 460 m de largo y más de 30 m de alto. Esta etapa
representa un cambio con respecto a la cultura Yayoi, que se puede atribuir tanto
al desarrollo interno como a la activación exterior. En este periodo diversos
pueblos pactaron alianzas políticas y se fundieron en una sola nación. Los
objetos artísticos de la época son los espejos de bronce (símbolos de las
alianzas políticas) y las esculturas de arcilla llamadas haniwa, que se
levantaban en el exterior de las tumbas.
4.
ARTE ASUKA Y
NARA
Durante
los periodos Asuka y Nara, llamados así porque sus gobiernos estuvieron
asentados en el valle de Asuka desde el año 593 hasta el 710 y en la ciudad de
Nara hasta el año 794, se produjo en Japón la primera influencia importante de
la cultura procedente del continente asiático. La introducción del budismo en
el año 552 desde Corea proporcionó el empuje inicial para los contactos entre
Corea, China y Japón. Los japoneses advirtieron que la cultura china tenía
muchas facetas que podían ser incorporadas a la suya propia de forma
provechosa: un sistema para expresar las ideas y los sonidos por medio de
símbolos escritos, la historiografía, complejas teorías de gobierno, así como
una eficaz burocracia y, lo más importante para el arte, una avanzada
tecnología, nuevas técnicas de construcción, métodos muy perfeccionados para
fundir en bronce y nuevas técnicas y materiales de pintura.
Sin
embargo, durante los siglos VII y VIII, el principal foco de contacto entre
Japón y el continente asiático fue el budismo. No todos los especialistas están
de acuerdo en la periodización y en la nomenclatura adecuada para designar las
diferentes etapas entre el año 552, fecha oficial de la introducción del
budismo en Japón, y el año 784, en que se trasladó la capital de Nara.
Las
primeras construcciones budistas que aún se conservan en Japón (los edificios
de madera más antiguos del Lejano Oriente) se encuentran en el templo de Horyu-ji,
un complejo religioso al suroeste de Nara. El monasterio, construido en los
comienzos del siglo VII como templo privado del regente Shotoku Taishi, consta
de 41 pabellones independientes. De entre ellos, los más importantes (el salón
de culto principal o kondo, salón dorado, y la gojunoto, pagoda
de cinco plantas) están en el centro de una zona abierta rodeada de un claustro
cubierto. El kondo, al estilo de las salas de culto chinas, es una
construcción de dos plantas, con postes y vigas, coronada por un irimoya
o tejado de cuatro aguas de azulejos.
Dentro
del kondo, en una amplia plataforma rectangular, se encuentran algunas
importantes esculturas del periodo. La imagen central es una figura de bronce
realizada por Tori Busshi (activo a principios del siglo VII) en homenaje al
recientemente desaparecido regente Shotoku, que representa a la trinidad Shaka
(623), compuesta por el Buda histórico flanqueado por dos bodhisattvas
(santos budistas). En las cuatro esquinas de la plataforma están situados los
reyes guardianes de las cuatro direcciones, tallados en madera hacia el año
650. También en el Horyu-ji se encuentra la capilla Tamamushi (copia en madera
de un kondo), situada en alto sobre una base de madera decorada con
figuras pintadas con pigmentos minerales mezclados con laca.
En
el siglo VIII la construcción de templos se centraba en Nara, alrededor de
Todai-ji, el complejo religioso más ambicioso levantado en los primeros siglos
de culto budista, como sede central de una red de templos situados en cada una
de las provincias. El Buda de 16,2 m (terminado en el 752) que está
ubicado en el salón principal, o Daibutsuden, simboliza la esencia del
budismo, de la misma manera que el Todai-ji representa la observancia religiosa
apoyada por el estado y su diseminación por todo Japón. Sólo quedan algunos
fragmentos de la estatua original y tanto el salón como el Buda que se pueden
contemplar en la actualidad son reconstrucciones del periodo Edo.
Alrededor
del Daibutsuden, en la suave ladera de una colina, se agrupan varios
pabellones secundarios: el hokkedo (salón del Loto Sutra), con su imagen
principal, el Fukukenjaku Kannon (el bodhisattva más popular), realizado
en laca seca (tejido empapado en laca y moldeado sobre un armazón de madera);
el kaidanin (salón de Ordenaciones) con sus magníficas estatuas de
arcilla representando a los cuatro reyes guardianes; y el almacén, llamado shosoin.
Este último pabellón tiene gran importancia para la historia del arte pues en
él se guardan los utensilios que se emplearon en la ceremonia de dedicación del
templo, así como documentos oficiales y muchos objetos profanos que
pertenecieron a la familia imperial.
5. ARTE HEIAN
En
el año 794 la capital del Japón se trasladó oficialmente a Heian-kyo (hoy Kioto),
donde permaneció hasta 1868. El periodo Heian abarca desde el 794 hasta el
1185, año en que terminó la Guerra Gempei. A partir de entonces el periodo se
divide en Heian primitivo y Heian posterior, siendo fundamental el año 894,
fecha de retirada de las embajadas imperiales de China. El siguiente periodo
toma el nombre de Fujiwara (866-1160), a la sazón la familia más poderosa del
país, cuyos miembros gobernaban como regentes del emperador.
5.1.
Arte Heian
primitivo
Como
reacción ante la creciente riqueza y poder del budismo organizado en Nara, el
sacerdote Kukai (denominado póstumamente Kobo Daishi), viajó a China para
estudiar el Shingon, una variedad de budismo más riguroso, que introdujo en
Japón en el 806. La base del culto Shingon son los mandala o diagramas del
universo espiritual: el kongo-kai, o mapa de los innumerables mundos del
budismo, y el taizo-kai, o representación pictórica de los reinos del
universo budista.
Los
templos de esta nueva secta fueron levantados en las montañas, lejos de la
corte y de la mundana capital. La irregularidad del terreno obligó a los
arquitectos a replantear la construcción de templos y, al hacerlo, eligieron
elementos de decoración más autóctonos. En los tejados utilizaron la corteza de
ciprés en lugar de los azulejos, la tarima de madera sustituyó a los suelos de
tierra y delante del santuario principal se añadió una zona separada destinada
al culto de los seglares.
El
templo que mejor refleja el espíritu de los santuarios Shingon del Heian
primitivo es el Muro-ji (principios del siglo IX), escondido en un bosque de
cipreses en una montaña al sureste de Nara. Allí, en una construcción
secundaria, se encuentra una imagen típica de la escultura del periodo, que
representa a Shaka, el Buda histórico, con el enorme cuerpo cubierto por los
gruesos pliegues de su ropaje y una expresión de reserva en su rostro.
5.2.
Arte
Fujiwara
En
el periodo Fujiwara se extendió la secta de la Tierra Pura, que ofrecía una
salvación fácil por medio de la fe en Amida (el Buda del paraíso occidental).
No se necesitaba nada más: ni templos, ni monasterios, ni rituales, ni clero.
Paralelamente, entre la nobleza de Kioto se desarrollaba una sociedad refinada
y entregada al cultivo de una estética elegante. Su mundo era tan seguro y tan
bello que no podían concebir que el paraíso fuera muy distinto. El salón de
Amida, que aglutinaba lo profano con lo religioso, cuenta con alguna imagen de
Buda en el interior de una construcción que parece una mansión noble.
El
ejemplo más característico de los salones Amida de la era Fujiwara es el
Ho-o-do (salón del Fénix, terminado en 1053) del templo Byodoin, en Uji, al
sureste de Kioto. Está formado por una estructura principal rectangular
flanqueada por dos corredores laterales y uno trasero situado al borde de un
gran estanque. Dentro, en una plataforma elevada, hay una imagen dorada de
Amida (c. 1053), realizada por Jocho, responsable de la aplicación de un
nuevo canon de proporciones y una nueva técnica (yosegi) consistente en
múltiples piezas de madera esculpidas a modo de conchas y unidas desde el
interior. En las paredes del salón hay pequeños relieves que representan a los
seres celestiales que según la creencia acompañaban a Amida cuando bajaba del
paraíso occidental para recoger a las almas de los creyentes en el momento de
su muerte y transportarlas en capullos de loto al paraíso. En las puertas de
madera hay representaciones pictóricas del Raigo (descendimiento del Buda
Amida) con paisajes de los alrededores de Kioto, que constituyen una muestra
temprana del Yamato-e, estilo decorativo e ilustrativo que se desarrolló
en ese periodo.
Durante
el último siglo del periodo Heian empezaron a destacar los emaki, rollos
horizontales que narraban historias ilustradas. Uno de los ejemplos más
importantes de la pintura japonesa es La historia de Genji, que data de
hacia 1130, donde se ilustra una historia escrita hacia el año 1000 por
Murasaki Shikibu, dama de honor de la emperatriz Akiko, en la que cuenta la
vida y amores del príncipe Genji y describe el mundo de la corte Heian después
de su muerte. Los artistas del siglo XII que realizaron la versión emaki
idearon un sistema de convenciones pictóricas que sirven para transmitir
visualmente el contenido emocional de cada escena. En la segunda mitad del
siglo se puso de moda un estilo de ilustración narrativa continua, diferente y
más vivo, como el rollo Ban Dainagon Ekotoba (finales del siglo XII,
Colección Sakai Tadahiro), en el que se narra una intriga en la corte y en el
que resaltan las figuras en movimiento plasmadas por medio de pinceladas
rápidas en colores claros pero vibrantes.
6.
ARTE
KAMAKURA
En
1180 estalló la guerra civil, la Guerra Gempei entre dos clanes militares, los
Taira y los Minamoto; cinco años más tarde, Minamoto Yorimoto, a la cabeza de
su facción, conseguía la victoria y establecía su gobierno en el pueblo costero
de Kamakura, donde permaneció hasta 1333. Con el traspaso de poderes de la
nobleza a la clase guerrera, el arte debía ponerse al servicio de un público
nuevo: los soldados, los hombres dedicados a las técnicas y oficios
relacionados con la guerra, los sacerdotes encargados de difundir el budismo
entre los plebeyos iletrados y también a los miembros más conservadores de la
sociedad, entre los que se hallaba la nobleza y algunos religiosos que
lamentaban el debilitamiento del poder de la corte. Todas estas circunstancias
confluyeron en el arte del periodo Kamakura, que se caracteriza por su mezcla
de realismo, tendencia hacia lo popular y resurgimiento de lo clásico.
6.1.
Escultura
Un
estilo de escultura más realista y dinámico fue creado por la escuela de Kei,
especialmente por Unkei, cuya factura queda patente en los dos guardianes
(1203) de la gran puerta sur del Todai-ji de Nara. Estas estatuas, de unos
8 m de altura, fueron talladas en numerosos bloques durante un periodo de
tres meses, hecho que indica que existía un taller de artesanos que trabajaban
a las órdenes de un maestro escultor. La técnica de los bloques múltiples
permitía construir grandes estatuas sin peligro de resquebrajamiento de la
madera. Entre las obras más realistas de la época destacan las esculturas de
madera policromada de Unkei (1208, Kofuku-ji, Nara) que representan a los dos
sabios indios Muchaku y Seshin, legendarios fundadores de la secta Hosso y que,
como es habitual en la obra de este artista, son imágenes muy singulares y de
gran credibilidad.
6.2.
Caligrafía y
pintura
El Kegon
Engi Emaki (historia ilustrada de la fundación de la secta Kegon) es un
excelente ejemplo de la tendencia de la pintura Kamakura hacia lo popular. La
secta Kegon, una de las más importantes del periodo Nara, atravesó momentos
difíciles durante el dominio de las sectas de la Tierra Pura. Resurgió después
de la Guerra Gempei (1180-1185) gracias al sacerdote Myo-e del Kozan-ji, quien
pretendía además crear un refugio para las viudas de guerra. Los conocimientos
de las esposas de los samurai, aún siendo nobles, se limitaban al silabario
nativo para la transcripción de sonidos e ideas y la mayoría de ellas tenían
dificultades con los textos que empleaban ideogramas chinos. Por ello, el Kegon
Engi Emaki es una combinación de textos, escritos con la mayor cantidad
posible de sílabas de fácil lectura, y de ilustraciones en las que los diálogos
entre los personajes están escritos al lado del orador, siguiendo una técnica
comparable a las tiras cómicas de hoy. Narra las vidas de los dos sacerdotes
coreanos fundadores de la secta con una trama ágil, llena de hechos
fantásticos, como un viaje al palacio del rey del Océano, y una desgarradora
historia de amor. Una obra que sirve de ejemplo al estilo más conservador es la
versión ilustrada del diario de Murasaki Shikibu. Aún se seguían haciendo
versiones emaki de su novela, pero la nobleza, que aunque adaptada al
nuevo interés por el realismo sentía nostalgia por las pasadas épocas de
riqueza y poder, recuperó el diario y lo ilustró para hacer revivir el
esplendor de los tiempos de la autora. Uno de los pasajes más bellos ilustra el
episodio en el cual dos jóvenes cortesanos juegan a mantener prisionera a
Murasaki Shikibu en su habitación, mientras fuera la luna se refleja en las
orillas cubiertas de musgo de un riachuelo que recorre el jardín imperial.
7.
ARTE
MUROMACHI
Durante
el periodo Muromachi (1333-1568), llamado también periodo Ashikaga por ser éste
el nombre del clan militar gobernante, se operó un profundo cambio en la
cultura japonesa. El clan se hizo cargo del sogunado y volvió a instalar la
sede del gobierno en la capital, en el distrito de Muromachi de Kioto, lo que
significó el final de las tendencias populares del periodo Kamakura y la
adopción de formas culturales de expresión más aristocráticas y elitistas. El
budismo Zen, la secta Ch'an, que según la tradición fue fundada en China en el
siglo VI, se introdujo en el Japón por segunda vez, y allí arraigó.
7.1.
Pintura
Con
las expediciones seglares y las misiones comerciales a China organizadas por
los templos Zen, se incrementó en el Japón la importación de pinturas y objetos
de arte chinos, que ejercieron una profunda influencia sobre los artistas
japoneses que trabajaban para los templos Zen y para el sogunado, no sólo en lo
relativo a los temas, sino en el uso del color, que pasó de la brillantez del
estilo Yamato-e a los tonos monocromos característicos de la escuela china. Un
ejemplo típico de la pintura primitiva Muromachi es la obra del
sacerdote-pintor Kao (activo a principios del siglo XV) en la que representa al
legendario monje Kensu (Hsien-tzu en chino) en el momento de su iluminación.
Este tipo de pintura se realizaba con pinceladas rápidas y un mínimo de
detalles. La obra Un hombre cogiendo un pez-gato (principios del siglo
XV, Taizo-in, Kioto), del sacerdote-pintor Josetsu (activo hacia 1400) marca un
hito en la pintura Muromachi. Ilustra una paradoja Zen, o koan, y
originalmente estaba concebida para un biombo, pero se ha vuelto a montar bajo
la forma de rollo colgante, acompañado de inscripciones de personajes
contemporáneos, una de las cuales se refiere al cuadro como de “nuevo estilo”.
Representa, en primer término, a un hombre a la orilla de un río, con una
pequeña calabaza en la mano, mirando a una resbaladiza anguila de gran tamaño;
la niebla invade el fondo y las montañas aparecen lejanas, en un segundo plano.
Se supone que el “nuevo estilo” de la obra, realizada hacia 1413, se refiere al
sentido de profundidad que se observa en el plano del cuadro.
Los
artistas más destacados del periodo Muromachi fueron los sacerdotes-pintores
Shubun y Sesshu. En su obra Un sabio leyendo en una ermita en un bosque de
bambúes (1446, Museo Nacional de Tokio) Shubun, monje en el Shokoku-ji de
Kioto, crea un paisaje realista y una asombrosa sensación de profundidad.
Sesshu, a diferencia de la mayoría de los artistas del periodo, pudo viajar a
China y estudiar la pintura de ese país de las fuentes originales. Una de sus
obras más notables es el Paisaje de las cuatro estaciones (Colección
Mori, Yamaguchi) en la que representa un paisaje continuado a lo largo de las
cuatro estaciones.
7.2.
Arquitectura
Otra
innovación importante de la época es la ceremonia del té y el lugar donde se
celebraba; su finalidad era pasar el tiempo con los amigos amantes de las
artes, liberando la mente de las preocupaciones de la vida cotidiana y tomar un
té cuidadosamente preparado y servido con refinamiento y gusto exquisito en un
precioso cuenco. Para las casas de té se adoptó la estética aparentemente
simple de las viviendas rurales, dando preferencia a materiales naturales, como
troncos de árboles para los muros exteriores y los tejidos de paja para las
divisiones interiores.
8.
ARTE
MOMOYAMA
En
el periodo Azuchi-Momoyama (1568-1600), y después de casi un siglo de guerra,
una sucesión de jefes militares intentó llevar la paz y la estabilidad política
a Japón. Entre ellos se encontraban Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa
Ieyasu, fundador de la dinastía que lleva su nombre. Oda Nobunaga alcanzó
suficiente poder como para asumir el control del gobierno en 1568 y acabar,
cinco años más tarde, con el último sogún Ashikaga. Hideyoshi tomó el mando
después de la muerte de Oda, pero sus planes para el establecimiento de un
sogunado hereditario fueron desbaratados por Ieyasu, quien instauró el sogunado
Tokugawa en 1603.
8.1.
Arquitectura
Como
respuesta al clima militar de la época se desarrollaron dos nuevas formas de
arquitectura: el castillo, construcción defensiva que, en tiempos convulsos,
servía de alojamiento al señor feudal y a sus soldados, y el shoin,
pabellón de recepción y zona de estudio privada que reflejaba las relaciones
entre el señor y los vasallos dentro de la sociedad feudal. El castillo de
Himeji (cuya forma actual data de 1609), conocido popularmente como castillo de
la Garza Blanca, es una de las construcciones más bellas del periodo Momoyama,
con sus tejados graciosamente curvados y sus tres torres accesorias alrededor
del tenshu (o torre del homenaje). El Ohiroma del castillo de Nijo
(siglo XVII), en Tokio, constituye un ejemplo clásico de shoin, con su tokonoma
(nicho), la ventana que se abre sobre un cuidado jardín y las zonas claramente
diferenciadas para los señores Tokugawa y sus vasallos.
8.2.
Pintura
La
escuela de pintura más importante del periodo Momoyama fue la de Kano y la mayor
innovación de la época la constituyó la fórmula ideada por Kano Eitoku para
decorar con paisajes monumentales las puertas correderas de los interiores de
las viviendas. Los pintaba sobre un fondo de oro que iluminaba los oscuros
interiores de los castillos y se complementaba muy bien con el carácter
ostentoso de los aventureros militares de la época. La mejor muestra de su obra
es quizá la decoración del pabellón principal, que da al jardín, del Juko-in,
subtemplo del Daitokuji (templo Zen de Kioto). En las puertas correderas de dos
esquinas diagonalmente opuestas, hay representados un imponente ciruelo y unos
pinos gemelos cuyos troncos repiten las verticales de las columnas del rincón,
mientras que sus ramas se extienden a derecha e izquierda unificando los
paneles contiguos. El biombo realizado por Eitoku Leones chinos, que
también se conserva en Kioto, denota el estilo pictórico, audaz y de brillante
colorido, preferido por la clase samurai.
Hasegawa
Tohaku, coetáneo de Eitoku, desarrolló un estilo algo diferente y más
decorativo para los biombos de gran tamaño. En su Biombo del arce, que
se conserva actualmente en el templo de Chishaku-in, Kioto, el tronco del árbol
aparece en el centro y las ramas se extienden casi hasta el borde, creando una
composición más plana y menos arquitectónica que las de Eitoku, pero con un
efecto suntuoso. Su biombo de seis hojas Pinar (Museo Nacional de Tokio)
es una maravillosa representación de un bosque envuelto en la niebla, realizado
con tinta monocroma.
9.
ARTE DEL PERIODO
EDO
El
sogunado Tokugawa del periodo Edo se hizo con el control absoluto del gobierno
en 1603, comprometiéndose a aportar al país paz y estabilidad económica y
política; en gran medida lo consiguió. El sogunado se mantuvo hasta 1867, en
que se vio obligado a capitular al fracasar en las negociaciones y ante las
presiones de las naciones occidentales para la apertura del país al comercio
exterior. Una de las características dominantes del periodo Edo fue la política
represiva del sogunado y los esfuerzos de los artistas por escapar de las
medidas restrictivas, que llegaban a impedir la entrada de los extranjeros y de
su cultura, y a imponer estrictos códigos de comportamiento que afectaban a
todos los aspectos de la vida, como la elección de cónyuge y otras actividades.
Durante
los primeros años del periodo Edo todavía no se había dejado sentir con toda su
fuerza el poder de los Tokugawa. De esa época son el palacio imperial de
Katsura, en Kioto, y las pinturas de Sotatsu, pionero de la escuela de Rimpa,
que constituyen bellos ejemplos del estilo arquitectónico y pictórico japonés.
9.1.
Arquitectura
El
palacio imperial de Katsura combina elementos de la arquitectura clásica
japonesa con elementos innovadores. Todo el conjunto está rodeado de un bello
jardín con senderos para pasear.
9.2.
Pintura
Sotatsu
desarrolló un magnífico estilo decorativo con el que recreaba temas de la
literatura clásica que ilustraba con figuras de brillantes colores y motivos de
la naturaleza sobre fondos de pan de oro. Una de sus obras más bellas es la
pareja de biombos titulada Olas en Matsushima (Freer Gallery of Art,
Washington D. C.). Un siglo más tarde Korin Ogata retomó el estilo de Sotatsu y
lo adaptó a arte creando obras de gran riqueza visual, entre las que destacan
las pinturas de biombos con flores de ciruelo rojas y blancas.
9.3.
Grabados en
madera
La
escuela artística más conocida en Occidente es la de Ukiyo-e, de pintura y de
grabados en madera, cuyos temas centrales son la vida de las cortesanas, el
mundo del teatro kabuki y el barrio de los burdeles. Los primeros grabados de
Ukiyo-e datan de finales del siglo XVII, pero la estampa más antigua en color
fue realizada por Harunobu en 1765. Los grabadores de las siguientes
generaciones, como Torii Kiyonaga y Utamaro, representaron escenas cortesanas
elegantes para las que emplearon un agudo sentido de la observación.
El
principal exponente del estilo Ukiyo-e en el siglo XIX fue Hokusai, quien
dedicó su larga vida a pintar y a grabar con maestría paisajes, figuras y todo
tipo de escenas, destacando La ola, que forma parte de las Treinta y
seis vistas del monte Fuji, quizá una de las obras más conocidas del arte
japonés. Entre sus coetáneos destaca Hiroshige, autor de preciosos grabados de
paisajes románticos. Los curiosos ángulos y formas a través de los cuales veían
el paisaje Hokusai e Hiroshige, junto con la obra de Kiyonaga y Utamaro en la
que resaltaban los planos lisos y fuertes contornos lineales, ejercieron una
profunda influencia en artistas occidentales como Edgar Degas y Vincent van
Gogh.
Mientras la escuela Ukiyo-e se decantaba por representaciones que se escapaban de las restricciones del sogunado Tokugawa, los artistas de la escuela Bunjinga se inclinaban por la cultura china y basaban su estilo en las obras de los pintores académicos chinos. A esta última escuela pertenecen Ike no Taiga, Yosa Buson, Tanomura Chikuden y Yamamoto Baiitsu.
10. EL ARTE A PARTIR DE 1867
En
los años que siguieron a 1867, fecha de la subida al trono del emperador Meiji
Tenno, Japón volvió a ser invadido por formas de cultura nuevas procedentes del
exterior.
10.1.
Pintura
La
primera reacción de los japoneses ante esta nueva situación fue de sincera
aceptación, y en 1876 se inauguró la Escuela de Artes tecnológicas, con profesores
italianos que enseñaban las técnicas occidentales. La segunda reacción fue un
rechazo hacia lo occidental, encabezado por Okakura Kakuzo y por el
estadounidense Ernest Fenollosa, quienes alentaban a los artistas japoneses a
conservar los temas y las técnicas tradicionales, si bien creando obras más
acordes con el gusto contemporáneo. De estos dos polos de la teoría artística
surgieron los estilos Yoga (pintura al estilo occidental) y Nihonga
(pintura japonesa), que siguen vigentes en la actualidad.
10.2.
Arquitectura
La necesidad de reconstruir el Japón a raíz de la II Guerra Mundial constituyó un fuerte estímulo para los arquitectos japoneses y los edificios de hoy compiten con los mejores del mundo en cuanto a tecnología (resistentes a los terremotos) y concepto formal. El arquitecto más conocido de la primera generación de la posguerra es Kenzo Tange, constructor de dos pequeños estadios (1964) para los Juegos Olímpicos de Tokio, caracterizados por su elegancia y por la disposición de las cubiertas suspendidas. Figuras posteriores como Isozaki Arata y Tadao Ando han aportado una presencia japonesa más fuerte y significativa en el panorama de la arquitectura internacional.