Arte y arquitectura precolombinas
1.
INTRODUCCIÓN
Arte
y arquitectura de las civilizaciones indígenas de Mesoamérica y los Andes y de
las culturas vecinas anteriores al siglo XVI d.C. (para el arte de las antiguas
culturas indígenas del norte de México, véase Pueblos indígenas
americanos).
Durante
3.000 años, antes de la exploración y colonización del hemisferio occidental
por parte de los europeos, los pobladores nativos de la América precolombina
desarrollaron un conjunto de civilizaciones cuyos logros artísticos e intelectuales
podían rivalizar con los de la antigua China, de la India, Mesopotamia y el
mundo mediterráneo. Estos logros resultan aún más sorprendentes si tenemos en
cuenta que la mayoría de las técnicas de las civilizaciones del hemisferio
oriental no eran conocidas en el Nuevo Mundo. La rueda, por ejemplo, se usaba
en Mesoamérica solamente en los juguetes y nunca llegó a aplicarse a la
alfarería, a la construcción de carretas o como sistema de arrastre. El uso de
herramientas de metal no era frecuente y, además, no empezaron a utilizarse
hasta las últimas etapas de la historia precolombina. Los mayas realizaban
elaboradas esculturas y complejos ornamentos de jade golpeando una piedra con
otra.
2.
ÁMBITO
GEOGRÁFICO
Arqueólogos
e historiadores culturales agrupan las culturas precolombinas por zonas
geográficas. Aunque en algunos casos no se ponen de acuerdo sobre la extensión
precisa de esas zonas, suele aceptarse una división geográfica básica. En este
artículo se considera que la zona de Mesoamérica, una de las regiones
culturales de mayor importancia, abarca los actuales países de México, Belice,
Guatemala, Honduras y El Salvador. La otra región cultural de gran importancia
la constituyen Perú y Bolivia, que forman el área central andina. La zona intermedia
la integran la parte sur de América Central y el norte de los siguientes países
de América del Sur: Venezuela, Colombia y Ecuador. La zona periférica comprende
el resto de América del Sur y las islas del Caribe. Aunque en un principio se
consideraba que estas zonas eran entidades culturales separadas unas de otras,
recientes investigaciones arqueológicas demuestran que existe una importante
interrelación cultural entre ellas. Y, por lo tanto, en la actualidad se
investigan las semejanzas culturales tanto como en el pasado se investigaban
las diferencias. Para la búsqueda de vestigios o semejanzas entre las distintas
civilizaciones precolombinas muchos antropólogos, arqueólogos e historiadores
del arte estudian las culturas indígenas actuales de Iberoamérica.
3.
CRONOLOGÍA
Tradicionalmente
se ha establecido una división cronológica de tres periodos u horizontes que
comprenden las fases más importantes: el preclásico o de formación,
(c. 1500 a.C.-c. 300 d.C.); el clásico o de florecimiento,
(c. 300-c. 900); y el posclásico (c. 900-1540). Aunque el
término clásico da a entender que en ese periodo se alcanzó el punto
máximo del desarrollo cultural, los expertos actuales niegan el supuesto,
antaño vigente, de que lo mejor del arte y la arquitectura precolombinas se
produjera en el periodo clásico. El arte y la arquitectura de cuatro
civilizaciones posclásicas, la mixteca y la azteca en México, así como la chimú
y la inca en Perú, son igual de relevantes que las de sus predecesoras
clásicas, y difieren únicamente en gusto y propósito.
En
el periodo preclásico pueden apreciarse ya algunos de los rasgos del desarrollo
pleno de la civilización precolombina. En ese periodo temprano América estaba
conformada por jefaturas tribales aisladas y reinos pequeños cuyas respectivas
culturas se desarrollaron, en su mayor parte, independientes unas de otras. Sin
embargo, existen pruebas de la amplia difusión de algunas ideas religiosas y
motivos visuales. Tanto la civilización olmeca de México, como la cultura de San
Agustín en Colombia y la cultura chavín en Perú adoraban a una deidad felina, y
todas compartían una iconografía artística similar.
Durante
el periodo clásico se desarrollaron imperios muy complejos. Sus dirigentes eran
generalmente sacerdotes, en lugar de los sacerdotes-guerreros que gobernaron
las civilizaciones posclásicas, y las culturas se difundían o asimilaban más
rápidamente. Aunque suele considerarse un periodo pacífico, los estudios
arqueológicos más recientes han demostrado que la mayoría de las civilizaciones
del periodo clásico eran guerreras. Las conquistas y el comercio extensivo
produjeron una riqueza que se utilizó para la construcción de centros
ceremoniales o ciudades, así como para la creación de efectos personales cada
vez más lujosos y objetos funerarios o rituales de gran calidad.
El
periodo posclásico se caracteriza por las frecuentes guerras provocadas por
presiones socioeconómicas como el aumento de la población y el desarrollo técnico.
Las culturas y civilizaciones de este periodo son las mejor documentadas,
debido a que los cronistas españoles recogieron sus impresiones personales o
recopilaron historias de los conquistados.
4. RASGOS CULTURALES
Las
civilizaciones precolombinas eran principalmente agrícolas. El cultivo del maíz
se convirtió en el alimento principal en Mesoamérica, como lo fue la papa o
patata en la zona andina de Perú y Bolivia. Hasta la relativa secularización
que se dio en el periodo posclásico, la religión fue primordial en la
configuración y el desarrollo de la cultura precolombina. Sin embargo, las
creencias y ritos religiosos estaban muy condicionados por preocupaciones
relacionadas con la fertilidad de la tierra y la productividad de las cosechas
que suelen dominar las sociedades agrícolas. Por lo tanto, gran parte del arte
y la arquitectura precolombinas está relacionada con la astronomía, a través de
la cual los indígenas americanos establecían las épocas más apropiadas para
plantar y recoger la cosecha.
Se
desarrollaron dos tipologías urbanas. Una era el centro ceremonial, de
estructura compleja constituida principalmente por edificios religiosos y
administrativos que se construían alrededor de plazas y que carecía de
viviendas y calles. Se cree que en estos centros solamente vivían los
gobernantes seglares y religiosos con sus cortes, mientras que la mayoría de la
población residía en granjas pequeñas en una zona suburbana circundante. La
otra tipología, similar a lo que conocemos actualmente como ciudades, tenía
calles que separaban las residencias de las diferentes clases sociales, así
como templos y edificios administrativos orientados hacia la plaza central. Los
proyectos arqueológicos recientes que estudian los trazados en emplazamientos
mesoamericanos ponen de manifiesto que lo que se creían centros ceremoniales
albergaban poblaciones de plebeyos, semejándose a verdaderas ciudades. Tanto
los complejos ceremoniales como las verdaderas ciudades servían como centros
religiosos, gubernamentales y comerciales. El comercio no sólo era importante
para el suministro de bienes necesarios y superfluos, sino también como medio
de transmisión de ideas y técnicas, así como de formas y motivos artísticos.
4.
TIPOS DE
ARTE
Los
aspectos más sobresalientes del desarrollo artístico precolombino se encuentran
en la arquitectura, la escultura, las pinturas murales y las artes decorativas
como la cerámica, la metalistería y los tejidos.
5.
ARQUITECTURA
Los
edificios precolombinos más antiguos estaban construidos en madera, juncos
trenzados, esteras de fibra o paja, y otros materiales perecederos. Las
estructuras permanentes o monumentales construidas en piedra o adobe (ladrillos
de barro secado al sol) se desarrollaron principalmente en Mesoamérica y en la
zona central andina.
Las
técnicas de construcción precolombinas eran rudimentarias. La mayor parte de
las estructuras se construían con el sistema de pilastra y dintel o de vigas
horizontales sin arcos, aunque la cultura chavín del Perú y la maya de
Mesoamérica emplearon el arco falso o bóveda de piedra salediza, que consiste
en colocar una piedra sobre otra para conseguir una forma de arco. Utilizaban
más herramientas de piedra que de metal, y tanto el transporte como la
construcción de edificios como las pirámides, palacios, tumbas y templos sobre
basamentos escalonados, se llevaban a cabo manualmente sin ayuda de ningún tipo
de maquinaria.
La
pirámide precolombina era considerada como algo diferente a su equivalente
egipcia, ya que no estaba construida con fines funerarios sino como residencia
de una deidad. Sin embargo, excavaciones recientes confirman de modo reiterado
que solían incorporarse tumbas a las pirámides. Los pictogramas de los códices,
(véase Paleografía) permiten suponer que las pirámides tenían gran importancia
cívica y cultural. El símbolo azteca para representar la conquista era una
pirámide en llamas en la que el calli, o casa del dios (el templo
mayor), había sido derribado por el conquistador. Para hacerlas aún más
monumentales e incrementar así el prestigio del gobernante, muchas de las
pirámides mesoamericanas se reconstruían periódicamente sobre una estructura ya
existente si bien esta práctica se relacionaba con cada cambio de era y se
conmemoraba construyendo una pirámide nueva encima de las anteriores.
6.
ESCULTURA
La
mayor parte de las esculturas precolombinas que se conservan son figurillas de
barro o arcilla y efigies con forma de vasija. Las esculturas de piedra se
encuentran principalmente en Mesoamérica y, con menos frecuencia, en las áreas
intermedias y centroandinas, que son regiones en las que la metalurgia se
desarrolló antes y se utilizó más ampliamente. Aunque la técnica de trabajar
los metales estaba muy evolucionada, seguían utilizando los instrumentos de
piedra para tallar.
7.
PINTURA
Las
excavaciones arqueológicas siguen sacando a la luz nuevos ejemplos de pinturas
murales. En Teotihuacán, México, tanto las paredes interiores como las
exteriores de los edificios se cubrían con una capa gruesa de estuco en la que
se pintaban diseños decorativos o escenas narrativas. En Bonampak y Chichén
Itzá, también en México, los mayas y los maya-toltecas pintaban el interior de
los templos con frescos realistas en los que representaban hechos históricos.
Entre las pinturas murales descubiertas más recientemente están las de
Cacaxtla, en Tlaxcala, con su impresionante descripción de las jerarquías
divinas, sacerdotales y guerreras. Aunque las primeras pinturas murales se
encontraron en Mesoamérica, también se han descubierto en el área intermedia
diseños geométricos en tumbas subterráneas en Tierradentro, Colombia, y murales
con representaciones mitológicas en Panamarca, Perú. También en Perú, las
vasijas de moche con forma de estructuras arquitectónicas nos indican que el
exterior de los edificios se pintaba a menudo con motivos simbólicos.
La
refinada habilidad para la pintura y el dibujo de muchos de los pueblos
precolombinos puede apreciarse en la escritura pictográfica de los códices
mayas, mixtecas y aztecas. Las páginas de estos libros, hechas de piel de
venado, fibras vegetales o cortezas de diferentes árboles, y plegadas a manera
de biombo, estaban cubiertas con figuras y símbolos de gran riqueza cromática y
meticuloso dibujo que registraban hechos históricos o mitológicos. Los códices
fueron destruidos durante el siglo XVI por los misioneros españoles, por
considerarlos instrumentos del mal e inducir a la idolatría, (véase
Movimientos misioneros). Entre los pocos que se conservan, todos ellos del
periodo posclásico, están tres códices mayas (actualmente en Dresde, París y
Madrid, en la Biblioteca Nacional), el Códice Nuttall de los mixtecos
(actualmente en el Museo Británico, Londres), y algunas obras aztecas.
También
se encuentran muestras de la pintura precolombina en la decoración de vasijas.
La cerámica maya, la moche y la peruana de Nazca proporcionan algunos de los
ejemplos más excepcionales sobre diseños y técnica.
8.
ARTES
DECORATIVAS
Muchos
de los objetos procedentes de excavaciones precolombinas están relacionados con
lo funerario y tienen una función más utilitaria o ceremonial que decorativa.
Aún sin contar con las ventajas de técnicas mecánicas básicas, son objetos de
una calidad de ejecución y diseño equiparable a cualquier ejemplo artístico
destacado de cualquier parte del mundo preindustrial.
9.1.
Cerámica
De
todo el mundo precolombino son los objetos de cerámica los que en mayor número
han llegado hasta nuestros días. Se cree que la cerámica surgió en Colombia o
Ecuador y que sustituyó a las canastas y vasijas de calabaza seca utilizadas
como recipientes. Se hacían objetos de cerámica y arcilla tanto a mano como
utilizando moldes para luego decorarse con diseños estampados mediante un
bloque de terracota o piedra, relieves o bajorrelieves y diferentes técnicas de
pintura y pulido. Aunque existen algunos ejemplos de cerámica policromada, la
mayor parte estaba pintada con uno o dos colores o se dejaba sin pintar.
9.2.
Metalistería
Desde
su supuesto origen en el norte de la zona central andina alrededor del
700 a.C., el trabajo del metal se extendió hacia el área intermedia y
alcanzó Mesoamérica alrededor del 1000 d.C. Debido a la insaciable sed de
oro y plata de los europeos durante la conquista y después de ella, la mayoría
de los objetos que no estaban enterrados o escondidos fueron fundidos por los
conquistadores españoles y transportados como lingotes a España. Aunque las
culturas prehispánicas no conocían el hierro ni el acero, habían trabajado
mucho el cobre y habían descubierto la aleación del bronce alrededor del
1000 d.C. La tumbaga, una aleación de cobre y oro, se utilizó en Perú,
Colombia y Ecuador. Se aplicaron muchas técnicas para trabajar el metal, que
iban desde la cera perdida, hasta la soldadura, el repujado y el grabado. Los
trabajos en metal solían estar grabados, chapados en oro o decorados con
incrustaciones de piedras y conchas de mar.
9.3.
Textiles
Gracias
a su clima extremadamente seco, la costa de Perú es la única región de la que
se conservan ejemplos importantes de tejidos de periodos precolombinos
tempranos. Enterrados en tumbas del desierto, especialmente en la península de
Paracas, se han conservado en perfecto estado piezas que tienen una antigüedad
de 2.500 años. La fibra más común utilizada para tejer vestidos era el algodón,
aunque en la zona central andina también se usaba la lana de llama, alpaca y
vicuña. A menudo se coloreaban dichos materiales con tintes minerales y
vegetales. Las telas presentaban diseños e imágenes que se incorporaban
directamente al tejerlas, o que se pintaban, estampaban, bordaban o aplicaban
posteriormente. En el periodo posclásico en Perú y Mesoamérica también se
utilizaban plumas para hacer mosaicos y otros objetos como escudos y tocados (véase
Tejidos latinoamericanos).
10. EL ÁREA MESOAMERICANA
La
mayor parte de los emplazamientos mesoamericanos precolombinos se encuentran en
lo que actualmente es México.
11. PERIODO PRECLÁSICO
Las
culturas preclásicas más importantes de México fueron la olmeca y las culturas
occidentales de Colima, Jalisco y Nayarit.
11.1. Los olmecas
Instalados
en la región costera central del golfo de México, los olmecas desarrollaron la
primera civilización mesoamericana importante, entre aproximadamente el 1500 y
el 600 a.C. En las cuencas pantanosas y selváticas de los actuales estados
mexicanos de Veracruz y Tabasco había grandes centros ceremoniales como La
Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo. Muchos de los elementos más característicos
de la civilización mesoamericana se originaron con los olmecas, como ha quedado
demostrado especialmente en La Venta, que es la capital administrativa y
ceremonial más conocida de esta cultura.
La
Venta, al igual que muchos emplazamientos mesoamericanos posteriores, está planificada
siguiendo un eje norte-sur. En el centro de esa disposición axial de templos,
plataformas y plazas se construyó una pirámide rectangular con tierra apisonada
de 30 m de altura, que es una de las primeras de Mesoamérica. Este trazado
se convertiría en algo común en los centros ceremoniales mesoamericanos que se
construyeron posteriormente. Los olmecas fueron los primeros en utilizar la
piedra en arquitectura y escultura, a pesar de la dificultad de su extracción y
transporte desde las montañas de Los Tuxtlas a 97 km al oeste. Fueron
también los primeros creadores de mosaicos en piedra de América.
Los
objetos olmecas más impresionantes son las cabezas colosales de piedra, de
alrededor de 2,7 m de altura que, por su realismo, parecen retratos. Se
han descubierto relieves de gran tamaño y detalle que representan deidades o
hechos mitológicos, al igual que estatuillas de basalto y de jade talladas de
modo exquisito. Sin embargo, a pesar de su importancia, la escultura no se
combinó con la arquitectura como en civilizaciones mesoamericanas posteriores.
Se erigieron estelas de piedra o lápidas de roca aisladas, posiblemente para
conmemorar hechos significativos, y se grabaron con inscripciones de símbolos
iconográficos, precursores de la escritura mesoamericana posterior.
El
arte olmeca, como el de los mayas, se caracteriza por un alto grado de
naturalismo. Predomina lo curvilíneo por encima de lo rectilíneo, lo cual crea
formas rítmicas y fluidas que parecen mantener una armonía con un entorno
tropical, en contraste con el arte estilizado y anguloso que suele encontrarse
en los valles relativamente austeros de las montañas del centro y sur de
México.
La
esfera de influencia de los olmecas se extendió desde su centro en el golfo de
México a través de la altiplanicie mexicana, el valle de México conocido como
Anáhuac, la región de Oaxaca, y por el oeste hacia el estado de Guerrero.
Aunque la cerámica olmeca que se elaboró en el centro es de menor importancia,
en los emplazamientos olmecas de la altiplanicie, Tlatilco y Tlapacoya, se han
encontrado estatuillas huecas de arcilla que son, probablemente, las primeras
de Mesoamérica y se cuentan entre los mejores ejemplos de escultura en cerámica
mesoamericana. La cultura indígena de Tlatilco produjo también una gran cantidad
de estatuillas de mujeres con elaborados peinados y una ornamentación corporal
muy detallada que se conocen genéricamente como ‘mujeres bonitas’. Los rasgos
femeninos exagerados de su anatomía parecen indicar que se utilizaban como
símbolos de la fertilidad tanto para la fecundidad humana, como para la de la
tierra puesto que se enterraban en los campos de cultivo.
En
los estados mexicanos de Morelos y Guerrero, se aprecia la influencia olmeca en
las figurillas de barro de Xochipala, en la pintura de la cueva de Oxtotitlán,
en Guerrero, y en los bajorrelieves de las paredes de la cueva de Chalcatzingo,
en Morelos. Estos dos últimos lugares estaban consagrados al culto de una
divinidad encarnada en el jaguar, cuyo poder y relación con los jefes gobernantes
constituía el tema de la mayor parte del arte olmeca. Véase Arte olmeca.
11.2.
Colima,
Jalisco y Nayarit
A
finales del periodo preclásico y principios del clásico se desarrollaron
importantes culturas en la zona occidental de México. Aunque antaño se
denominaron tarascas por error, actualmente se les conoce con los nombres de
los estados mexicanos donde se encuentran los emplazamientos: Colima, Jalisco y
Nayarit.
No
se construyeron emplazamientos arquitectónicos importantes y se realizó muy
poca escultura en piedra, pero de allí provienen algunas de las figurillas de
barro y vasijas en forma de efigie mejor realizadas de Mesoamérica. En Ixtlán
del Río, Nayarit, los artesanos crearon esculturas de género muy detalladas,
llegando incluso a la caricatura, en las que se representaban todos los
aspectos de la vida urbana. Estas escenas pintadas en negativo (dejando en
reserva el tema, protegiéndolo con cera, que se derrite en el momento de la
cocción de la pieza) poseen la claridad e inmediatez de la fotografía. Aunque
menos dinámicas y espontáneas en su naturalismo, las figurillas de Colima son
también realistas, pero de un realismo con formas más monumentales y contornos
más redondeados. Las más conocidas son las de los perros techichi o tepescuintli,
que se modelaban en todas las formas y posturas imaginables. Las estatuillas de
Jalisco son las más ingenuas de estilo aunque se caracterizan por su llamativa
presencia. El realismo vital de las esculturas de barro de la zona occidental
mexicana las ha convertido en los ejemplos más conocidos del arte precolombino.
Gracias a haber sido enterradas en tumbas con cámaras huecas, se ha conservado
una cantidad de piezas inusualmente elevada.
12. PERIODO CLÁSICO
Teotihuacán,
las ciudades mayas, el centro zapoteca en Monte Albán y la cultura clásica de
Veracruz fueron las civilizaciones dominantes en el horizonte clásico.
12.1.
Teotihuacán
A
unos 40 km al noroeste de la ciudad de México se encuentra Teotihuacán
(Lugar de los dioses). Allí se desarrolló la primera civilización
auténticamente urbana de Mesoamérica; fue la primera ciudad del hemisferio
occidental e inició su crecimiento urbanístico antes del comienzo de la era
cristiana, continuando su florecimiento hasta alrededor del 700 d.C., época
en la que había alcanzado una población cercana a los 125.000 habitantes. En
Teotihuacán se desarrolló una estética clásica, basada en el orden y el
refinamiento. La elegancia austera y el diseño estilizado caracterizan el arte
monumental, que produce el efecto de una serena sencillez y una noble grandeza.
Los edificios, por ejemplo, se diseñaron con el sistema de talud y tablero
formando plataformas escalonadas. Mediante este sistema de construcción se
lograba controlar y unificar totalmente los elementos horizontales y los
verticales, así como las partes salientes y las recesivas, los efectos de luz y
sombra, además de la ornamentación ilustrativa y geométrica.
La
arquitectura de Teotihuacán es de escala monumental. La pirámide del Sol es por
su tamaño la segunda edificación precolombina existente, sólo superada por la
pirámide de Quetzalcóatl en Cholula. Si se tiene en cuenta la superficie y el
volumen que ocupan, ambas estructuras son más grandes que cualquiera de las
pirámides de Egipto. Los palacios de Teotihuacán estaban organizados alrededor
de plazas y constituyen algunos de los ejemplos más impresionantes de edificios
residenciales precolombinos. Al principio se cubrían todas las edificaciones de
Teotihuacán con una gruesa capa de estuco, que solía pintarse. Los ejemplos
mejor conservados de pinturas murales son los frescos que decoran el interior
de los palacios de Teotihuacán. Se distinguen tres estilos de murales: diseños
decorativos de significado simbólico, estilizadas imágenes conceptuales de deidades
y criaturas mitológicas y escenas narrativas en una línea más realista que
abstracta o esquemática.
Se
conservan unos pocos ejemplos monumentales de escultura en piedra. De estas
esculturas la más famosa es un monolito arquitectónico dedicado a la diosa del
agua, de la fecundidad y del maíz Chalchiuhtlicue. Por su parte, los ejemplos
más característicos del tallado en piedra en Teotihuacán son las estilizadas
máscaras antropomorfas.
Se
produjeron dos tipos diferentes de cerámica. Una cerámica anaranjada de
moldeado fino y delicado (llamada cáscara de naranja), que se comercializó
mucho en toda Mesoamérica, y los objetos ceremoniales hechos con cerámica
recubierta con una capa delgada de estuco que se trabajaba con la técnica del
campeado y se pintaba después de modo parecido a los murales de los edificios
ceremoniales. Inventaron el vaso trípode (una vasija de caras planas apoyada en
tres vástagos planos) que fue uno de los objetos que más produjeron los
ceramistas de Teotihuacán. También crearon figurillas, muchas de ellas retratos
de gente de la época y otras representaciones de los espíritus de los muertos. Véase
Arte y arquitectura de Teotihuacán.
12.2.
Mayas
La
civilización maya dominó el sur de Mesoamérica durante la segunda mitad del
primer milenio de nuestra era. Aunque se originó en el periodo preclásico, la
cultura maya alcanzó su apogeo artístico e intelectual durante la última etapa
clásica, desde alrededor del año 600 hasta aproximadamente el 900. En la época
de la conquista española ya se encontraba en decadencia.
Ninguna
otra civilización precolombina igualó a los mayas en la variedad y calidad de
su arquitectura. Los emplazamientos mayas clásicos se fundaron en un principio
en las zonas de las tierras bajas tropicales. Comparados con la cultura de
Teotihuacán, dichos emplazamientos parece que prestaron mayor atención a los
aspectos ceremoniales y dedicaron menos interés a los urbanos. La mayoría de
las ruinas mayas están en México. Entre ellas se puede mencionar Palenque,
Yaxchilán y Bonampak y en la península de Yucatán, Chichén Itzá, Cobá,
Dzibilchaltún, Edzná, Hochab, Kabah, Labná, Sayil, Uxmal y Xpuhil. Otros
emplazamientos importantes son los de Copán, en Honduras, y los de Guatemala:
Piedras Negras, Quiriguá y Tikal, el mayor de todos los centros ceremoniales
mayas. Su arquitectura se caracteriza por un sentido exquisito de la proporción
y el diseño, así como por su refinamiento estructural y la sutileza de los
detalles. Los mayas utilizaron la escultura más ampliamente en la decoración
arquitectónica que todas las demás civilizaciones precolombinas. La bóveda de
saledizo se empleó no sólo para cubrir espacios interiores sino también para
construir arcos apuntados o trilobulados. También construyeron caminos
pavimentados que conectaban los centros administrativos y religiosos más
importantes. Se cree que se utilizaban sobre todo para procesiones ceremoniales
y como símbolo de lazos políticos.
El
arte maya es el más refinado y elegante de todos los desarrollados por las
civilizaciones precolombinas. Es digno y majestuoso, exuberante y sensual, y
presenta una ornamentación espléndida.
Las
estelas con relieves figurativos e inscripciones son los ejemplos más
característicos de las esculturas conmemorativas exentas realizadas en piedra
por los mayas. Los ejemplos más elaborados se encuentran en Copán, donde la
maleabilidad de la piedra permitió una exuberancia ornamental barroca. La mayor
parte de los emplazamientos importantes cuenta con una evolucionada tradición
en la realización de paramentos de piedra decorados con relieves. En Palenque
se utilizó el estuco para crear relieves de gran complejidad que decoraban los
templos y palacios, como las célebres cabezas de la cripta de la pirámide de las
Inscripciones.
Los
mayas dominaron todas las formas artísticas precolombinas conocidas, menos el
trabajo en metal. Aunque no se conservan telas tejidas por los mayas, su
calidad y decoración pueden apreciarse a través de las representaciones en
pinturas, figurillas y esculturas. Tallaban con maestría el jade, la madera, el
hueso y las conchas, pero fue en los trabajos realizados con arcilla donde más
destacaron. Sus figurillas de un realismo extraordinario (especialmente las
provenientes de la isla de Jaina, Yucatán) y su cerámica policromada en la que
se representan escenas mitológicas o de la vida cotidiana (producida en champlevé,
Guatemala) se cuentan entre las mejores piezas de cerámica pintada
precolombina.
Ejemplos
de frescos mayas particularmente excepcionales se han hallado en Bonampak,
Palenque y Tikal. También produjeron códices con escritura jeroglífica. De los
códices mayas que se conservan, el códice de Dresde (Sachsische
Landesbibliothek, Dresde, Alemania) es el que mejor ilustra el uso descriptivo
y formalmente dinámico de los signos por parte de los mayas. Véase Arte
y arquitectura mayas.
12.3.
Zapotecas
La
cultura zapoteca (también denominada cultura de Monte Albán) dominó el valle de
Oaxaca. Se originó en el periodo preclásico (comenzó c. 1500 a.C.) y
alcanzó su apogeo entre el año 300 d.C., aproximadamente, y el
700 d.C. En Monte Albán (fl. alrededor del 500 a.C. y el
500 d.C.), que es el mayor conjunto urbano zapoteca, se aprecia que esta
civilización mantuvo lazos primero con los olmecas y después con Teotihuacán.
Dado que concedían gran importancia a la adoración de sus antepasados más
ilustres, los zapotecas tienen una gran producción artística relacionada con
los ritos funerarios. Las tumbas de Monte Albán y de toda la zona de Oaxaca
poseen elaboradas urnas funerarias con figuras que representan divinidades
asociadas con fuerzas naturales como la lluvia y el viento.
En
los templos de Monte Albán se aprecia la influencia del sistema de talud y
tablero utilizado en la arquitectura de Teotihuacán, al igual que en las
espaciosas plazas rodeadas de escaleras monumentales que conducen a los
basamentos de los templos. También hay estelas con relieves e inscripciones
jeroglíficas diseminadas por la zona. Las tumbas tenían antecámaras y numerosos
nichos y estaban decoradas con frescos que denotan la influencia de los murales
de Teotihuacán.
12.4.
Cultura
clásica de Veracruz
A lo
largo del golfo de México se desarrolló una cultura que en el pasado se
denominó erróneamente totonaca, y que actualmente conocemos como cultura
clásica de Veracruz. Recibe su nombre del actual estado mexicano de Veracruz,
que corresponde aproximadamente a la zona donde se concentró la actividad de
dicha cultura. En El Tajín, principal centro ceremonial, se encuentran siete
edificaciones para el juego de pelota, que indican la importancia que tenía
para la cultura clásica de Veracruz el juego de pelota mesoamericano, un
deporte alegórico de carácter ritual, el tlachtli. Muchos de los
relieves más importantes de esa civilización decoran las edificaciones
destinadas a este juego, y en algunos se representa el sacrificio ritual de los
participantes.
Los
objetos más importantes de la cultura clásica de Veracruz son las hachas, yugos
y palmas, todos ellos realizados en piedra. Aunque se asocian con el juego de
pelota, la función precisa de esos instrumentos ha sido objeto de grandes
controversias. Sin embargo, la mayoría de los expertos creen que les eran
concedidos a los mejores jugadores, que no los utilizaban durante el juego sino
en celebraciones y procesiones ceremoniales. Las hachas también podrían haberse
utilizado para delimitar las zonas del juego. Destacan asimismo las figuras de
barro que representan a los jugadores ataviados con todos sus atributos, desde
los complicados peinados, las faldas con símbolos distintivos y gruesos
cinturones, hasta el calzado y todos los accesorios como rodilleras, coderas y
elementos necesarios para practicar el deporte sagrado del juego de pelota.
Existe
también una amplia producción de figurillas de barro de gran calidad,
especialmente en la región de Remojadas, famosa por sus estatuillas de rostro
amplio y sonriente conocidas como ‘caritas sonrientes’. Las figurillas huecas,
de gran realismo, producidas en su totalidad o en parte utilizando moldes, se
cuentan entre las esculturas de barro a gran escala más significativas del
periodo precolombino. Los rasgos y los detalles ornamentales de las llamadas
‘caritas sonrientes’ se caracterizan por estar resaltados con la aplicación de
chapopote (asfalto) después de la cocción.
Probablemente
por estar ubicada en las rutas comerciales y entre otras culturas mexicanas, la
clásica de Veracruz era una cultura ecléctica. Su arte y arquitectura,
especialmente los de Cerro de Las Mesas, denotan influencias olmeca, de
Teotihuacán, zapoteca y maya.
13. PERIODO POSCLÁSICO Durante el
periodo posclásico se desarrollaron varias culturas importantes: la tolteca, la
purépecha o tarasca, la huasteca y totonaca, la mixteca y la azteca.
13.1.
Toltecas y
maya-toltecas
Tula,
situada a unos 64 km al norte de la ciudad de México, era la capital de
los militaristas toltecas, que establecieron su imperio a principios del
periodo posclásico, en el siglo X d.C. Se trataba de una sociedad austera de
guerreros pragmáticos, que parecían más interesados por la función que por la
forma, de modo que produjeron pocos objetos lujosos. La cerámica más apreciada,
por ejemplo, fue la llamada plomiza o plumbate y la anaranjada fina importada
de artesanos no toltecas que vivían en la costa del Pacífico, cerca de la
actual frontera entre México y Guatemala. La cerámica plomiza, única cerámica
vidriada de Mesoamérica, tiene una superficie metálica, habitualmente gris
verdosa resultado de la vitrificación de una barbotina de arcilla durante la
cocción para obtener el brillo.
La
arquitectura y la escultura toltecas reflejan la influencia de la cercana
Teotihuacán. Sin embargo, los estetas toltecas pretendían inspirar temor en vez
de aspirar a la armonía espiritual que perseguía la civilización de
Teotihuacán. El templo que se encuentra en la cima de la pirámide de
Tlahuizcalpantecuhtli o de la Estrella Matutina en Tula tiene unas columnas de
4.6 m de alto, modeladas como imponentes guerreros rígidos, conocidos como
atlantes, que guardan el recinto sagrado. Alrededor de la base de esta
pirámide existen palacios y recintos ceremoniales, probablemente para la elite
militar. Al pie de la cara norte de la pirámide hay un elemento arquitectónico
ideado por los toltecas que puede haber servido para encerrar un espacio
ceremonial secreto que se denomina coatepantli o muralla de serpientes.
El coatepantli consiste en un friso labrado en piedra que muestra una sucesión
de serpientes que persiguen y devoran esqueletos. Otro elemento arquitectónico
tolteca fue el tzompantli, o altar de cráneos, una plataforma baja,
cercana a la pirámide principal, provista de soportes para apilar o ensartar
las cabezas cercenadas de los sacrificados. El recio arte tolteca muestra una
faceta de vigor en las formas que anuncian el predominio del guerrero sobre el
sacerdote, una visión que se mantendría a lo largo del horizonte posclásico
mesoamericano.
Según
narraciones mítico-históricas posteriores, los toltecas invadieron la península
de Yucatán alrededor del 1000 d.C. y establecieron su capital en la ciudad
maya de Chichén Itzá. Una parte importante de la arquitectura e iconografía de
este lugar refleja la fusión de la cultura maya tardía con la cultura tolteca
temprana. Algunos elementos arquitectónicos encontrados en Tula, como las
columnas con forma de serpiente que aluden a Quetzalcóatl (la serpiente
emplumada) y al Chac-mool (una figura reclinada que sostiene vasijas para las
ofrendas en los sacrificios) se repiten en Chichén Itzá. Hay frescos con
imágenes del asentamiento de un grupo tolteca. La calidad del diseño y del arte
en Chichén Itzá es superior a los de Tula, lo cual refleja el mayor grado de
evolución de la capacidad artística de los arquitectos y artesanos mayas además
de la influencia que ejercieron sobre ellos las numerosas culturas con las que
tuvieron contacto.
Hacia
el año 1250 se estableció una nueva capital maya en Mayapán, Yucatán: una
ciudad amurallada en lugar del centro abierto construido por los mayas
clásicos. Tulum es otra ciudad amurallada maya del periodo posclásico. Ubicada
sobre la costa del Caribe mexicano, fue la primera ciudad mesoamericana
descrita por los españoles.
13.2.
Purépechas o
tarascos
La
cultura purépecha o tarasca floreció en el oeste de México desde comienzos del
periodo posclásico hasta la conquista española. En su capital, Tzintzuntzan,
sobre el lago de Pátzcuaro, se han encontrado las yácatas (templos
circulares y escalonados dispuestos en línea sobre un basamento rectangular).
Se cree que los purépechas fueron los primeros que trabajaron el metal en
Mesoamérica. Es probable que aprendieran las técnicas de la metalurgia gracias
al comercio con las civilizaciones de América Central y las andinas a través
del océano Pacífico. Los ornamentos de cobre, oro, bronce y otras aleaciones
hechos por los purépechas eran tan apreciados como sus trabajos con plumas y
sus telas.
13.3.
Huastecas y
totonacas
En
la época de la conquista española, la cultura huasteca estaba asentada en la
costa norte del golfo de México, mientras que la costa central estaba ocupada
por los totonacas, cuya ciudad principal era Zempoala. Los huastecas eran
conocidos por sus esculturas en piedra y por trabajar las conchas con
intrincados dibujos recortados.
13.4.
Mixtecos
Hacia
el siglo X, los mixtecos (habitantes del país de las nubes) provenientes de la
altiplanicie, penetraron en parte del territorio vecino de los zapotecas, en
los valles de Oaxaca, por medio de guerras o de matrimonios mixtos. Utilizaron
Monte Albán como necrópolis, o ciudad de los muertos, y se asentaron en
ciudades fortificadas como Yagul y Mitla, que fue un importante centro
religioso. Las edificaciones mixtecas están decoradas con unos mosaicos
geométricos de piedra que son característicos.
La
pictografía (ejemplificada en el códice Nuttall), los murales y la cerámica
pintada de los mixtecos demuestran la habilidad artística de esa cultura.
También fueron los más destacados en el trabajo de metalurgia en Mesoamérica, y
la cerámica que se hacía en Cholula al estilo mixteco-poblano era la más
apreciada en México durante los siglos XIV y XV. En las tumbas de Monte Albán
han aparecido ofrendas extraordinarias compuestas por vasijas de tecali
(mármol), copas de cristal de roca, collares, perlas, objetos de ópalo, ágata,
jade, ámbar, turquesa y elaborada joyería de filigrana de plata y oro. Los
mixtecos sobresalieron también en la decoración de máscaras, cuchillos
ceremoniales y otros objetos con incrustaciones de coral, conchas, turquesa,
obsidiana y otras piedras. Se especializaron en el labrado de la madera,
destinado principalmente a las complejas decoraciones de los átlatl
(instrumento utilizado para lanzar flechas) y en el tallado de los teponaztli
(instrumentos horizontales de percusión de forma cilíndrica y ahuecados), de
uso ceremonial.
13.5.
Aztecas
La
última civilización mesoamericana importante fue la de los aztecas, también
llamados mexicas (de donde proviene el nombre de México). Entre 1428 y 1521 los
aztecas produjeron y reunieron, a través de los tributos imperiales, objetos
que hoy constituyen algunos de los mejores ejemplos del arte precolombino que
ha llegado hasta nuestros días.
En
la época de la conquista española, el corazón del Imperio azteca era
Tenochtitlán, ubicada donde está hoy la ciudad de México, era probablemente la
población más grande y una de las más hermosas del mundo. Construida en el lago
de Texcoco sobre islas naturales y artificiales llamadas chinampas, la
Gran Tenochtitlán se parecía en su concepción a la ciudad italiana de Venecia.
Las calles eran básicamente canales y el medio principal de transporte eran las
canoas. Hoy día, la plaza central (el zócalo) de la capital mexicana se
extiende encima del principal centro ceremonial azteca. Excavaciones recientes,
llevadas a cabo por arqueólogos mexicanos en el templo Mayor de los aztecas,
han sacado a la luz algunos de los hallazgos arqueológicos más espectaculares
de este siglo en México.
Los
aztecas produjeron esculturas exentas en piedra con carácter monumental. En
ellas utilizaron tanto expresiones abstractas como realistas para revelar el
carácter interno y externo de la divinidad, persona o animal retratados. La
mayor parte de la escultura en piedra se utilizó para la decoración
arquitectónica y las representaciones de dioses. También se empleó en los
altares para sacrificios humanos, en los cuauhxicalli (recipientes para
la sangre y el corazón), calendarios de piedra y otros objetos ceremoniales
importantes. Ejemplos ilustrativos de la monumentalidad de la escultura
mexicana son la extraordinaria figura de la diosa Coatlicue, símbolo de la
dualidad que caracterizaba las religiones mesoamericanas; el enorme disco
labrado de la Coyolxauhqui desmembrada y el universalmente conocido calendario
azteca o Piedra del Sol.
La
calidad de la concepción y ejecución de los códices aztecas es excepcionalmente
alta. Sólo unos pocos sobrevivieron a la destrucción de las bibliotecas
mexicanas durante las guerras que culminaron con la caída del imperio en 1521. Véase
Arte azteca.
14. ÁREA CENTRAL ANDINA
El
florecimiento de las culturas, como sucedió en Mesoamérica, va acompañado por
el desarrollo de las técnicas de cerámica que preceden a la evolución de las
ciudades, no obstante, en el área central andina la arquitectura monumental es
anterior a las primeras cerámicas hechas en la región.
15. PERIODO PRECERÁMICO
Alrededor
del 2500 a.C. se construyeron túmulos ceremoniales de carácter monumental
en Huaca Prieta, en el Valle de Chicama, que está al norte de la costa peruana.
En el mismo sitio también fueron hallados tejidos de algodón de técnica muy
evolucionada y calabazas labradas con estilizados motivos geométricos. Otro
emplazamiento del periodo precerámico en la costa norte es Las Haldas, donde
tal vez fueran levantadas las primeras pirámides y basamentos de templos de
toda América. Estos fueron construidos con tierra y datan de alrededor del
1800 a.C. El Paraíso o Chuquitanta, en la zona central de la costa
peruana, es el lugar de mayores dimensiones del periodo precerámico en el que
se han realizado excavaciones. Había varios complejos residenciales construidos
con piedra y arcilla, compuestos de habitaciones y terrazas superpuestas. En
Kotosh, otro centro importante del periodo precerámico, ubicado en la
altiplanicie del norte del Perú, se levantaron templos con terrazas en piedra
revestida de arcilla y decorados con relieves de manos cruzadas, realizados
también en arcilla.
16. PERIODO PRECLÁSICO
En
el Perú se desarrollaron dos culturas importantes durante el periodo preclásico,
la de Chavín y la de Paracas.
16.1.
Chavín
Entre
aproximadamente el 1200 y el 200 a.C., floreció en el norte del altiplano
peruano, en el centro ceremonial de Chavín, una civilización paralela en muchos
sentidos a su contemporánea mesoamericana de los olmecas. Ambas fueron
importantes culturas dentro de sus áreas arqueológicas, y ambas usaron imágenes
felinas en sus iconografías religiosas. Parece ser que la influencia artística
de Chavín no se extendió a través de conquistas sino por difusión religiosa y
cultural. Pueden encontrarse muestras de la influencia artística e iconográfica
de la cultura Chavín en emplazamientos que van desde Ecuador hasta el sur de la
costa peruana.
Chavín
de Huantar está compuesto por una serie de plataformas y templos con arcos
saledizos en algunos corredores. Los ejemplos más sobresalientes de escultura
en piedra dentro del área central andina se encuentran en Chavín de Huantar o
en emplazamientos relacionados con la cultura chavín como Cerro Blanco y Cerro
Sechín. Sin embargo, a diferencia de la cultura olmeca y otras culturas
mesoamericanas, la chavín y otras civilizaciones peruanas posteriores
produjeron muy pocas esculturas exentas en piedra o figurillas de barro. El
relieve plano chavín alcanzó su apogeo en el estilizado diseño rectilíneo de la
estela conocida como Raimondi, que debe su nombre al naturalista y profesor
italiano Antonio Raimondi, estudioso de Perú desde que llegó en 1849.
La
vasija de asa de estribo, o caño estribo (un recipiente cerrado que tiene un
asa hueca en forma de U coronada por un pico tubular), se originó probablemente
en el norte del Perú y se convirtió en la vasija más característica de la
cerámica chavín. Al igual que la olmeca, la buena cerámica chavín se hacía en
enclaves alejados de los principales centros ceremoniales. En Cupisnique,
Chongoyape y Tembladera, situados en los valles costeros del norte del Perú, se
hacían vasijas de gran calidad en forma de efigie, con diseños abstractos y
realistas.
Con
el desarrollo de la metalurgia, la civilización chavín destacó en la
elaboración de adornos corporales en oro repujado. Las piezas más
características son las placas decorativas para adornar la ropa y las altas
coronas cilíndricas con relieves de tema mitológico que usaba la nobleza
chavín.
16.2.
Paracas
Entre
el año 900 y el 400 a.C. floreció otra civilización en la costa sur del
Perú, la de Paracas. La cultura de Paracas es conocida sobre todo por sus
tejidos, que se han conservado en perfecto estado gracias a la extrema aridez
de la zona. Los muertos eran amortajados con telas y enterrados en tumbas, en
las que la sequedad del aire momificaba los cuerpos. Dichas mortajas son de
gran interés arqueológico ya que las telas están bordadas, tejidas o pintadas
de forma muy elaborada con motivos felinos claramente relacionados con los de
Chavín de Huantar, en el altiplano. También se aprecia una clara influencia
chavín, especialmente en lo relacionado con la utilización de la iconografía
felina, en las vasijas con forma de efigie halladas en la necrópolis de Paracas
(véase Tejidos latinoamericanos).
El
estilo general de los objetos producidos en la región costera del sur del Perú
se inclina más por los motivos sencillos y angulares que se aprecian en los tejidos
de Paracas, que por el detallado realismo y las formas redondeadas de las
esculturas de arcilla y de metal características del arte de la zona norte
peruana. Por lo tanto, la decoración de la cerámica de Paracas es muy
estilizada, con diseños realizados mediante incisiones, y policromada con
colores brillantes. Las vasijas suelen ser de doble pico y base redondeada, en
lugar de tener asa de estribo y fondo plano como las de la costa norte.
17. PERIODO CLÁSICO
El
periodo clásico estaba dominado por las culturas moche y Nazca, y
posteriormente las culturas de Tiahuanaco y las relacionadas con Huari.
17.1.
Moches
La
sociedad militarista moche o mochica floreció entre los años 200 a.C. y
700 d.C. en la costa norte de Perú. Toma el nombre del principal centro
ceremonial y administrativo de esta cultura, aunque también se la ha denominado
mochica en referencia a su lengua. La ciudad de Moche, una de las más antiguas
y monumentales concentraciones urbanas de Perú, se extendía alrededor de dos
grandes pirámides gemelas de adobe llamadas huaca del Sol y huaca de la Luna.
A
pesar de que la cultura moche era una sociedad militar, poseía un gusto
artístico muy refinado. En sus tumbas se han hallado objetos de cerámica y
orfebrería que superan en delicadeza y perfección a los de otras regiones del
área central andina.
La
cerámica moche es una de las más populares de Perú por su realismo y carácter
escultórico que la sitúa entre las más refinadas del periodo precolombino. Los
llamados jarros retrato, son recipientes en los que el ceramista ha modelado
los rasgos faciales y psicológicos de una persona. En otras piezas se
representan escenas de la vida religiosa y militar, pintadas en finos tonos
siena y rojos sobre fondo amarillo. La cerámica erótica moche es una de las más
abundantes del periodo precolombino. Se cree que tenía una finalidad
ceremonial, y mediante ella se establecía un verdadero código moral.
Los
trabajos en metal de los moches eran más elaborados y de una técnica más
avanzada que los de civilizaciones precolombinas anteriores. Los adornos
corporales realizados con oro, plata, cobre y aleaciones solían tener
incrustaciones de turquesas y lapislázuli. Los motivos eran geométricos y
mitológicos, especialmente de la deidad felina.
17.2.
Nazca
La
cultura Nazca, del sur de la costa peruana, en el valle del río Nazca, era casi
coetánea de la de los moches. Como sus predecesores, los paracas, los Nazca
produjeron pocas obras arquitectónicas pero destacaron en los tejidos y la
cerámica de diseños estilizados y colores brillantes, totalmente diferente a la
del norte del Perú, de diseño realista y colores sobrios. La cerámica Nazca es
de exuberante policromía y con diseños y decoración audaces. Ya no utiliza
incisiones profundas como la de Paracas y el color se aplica antes de la
cocción y no después de ella. Aunque tanto los moches como los Nazca hicieron
vasijas en las que combinaban elementos modelados y dibujados, los primeros
preferían la cerámica escultural y los segundos la pintada.
Uno
de los vestigios más enigmáticos del legado precolombino son las líneas
dibujadas en el desierto de Nazca. Conocidos como los dibujos zoomorfos, fueron
realizadas arrancando las piedras de la superficie oscura para dejar al
descubierto un sustrato más claro. Los dibujos representan, a una escala
enorme, formas geométricas, animales, pájaros y peces que sólo pueden
apreciarse en su totalidad desde el aire. Se asemejan a las imágenes pintadas
de la cerámica Nazca y se cree que probablemente tuvieran una función
ceremonial o astronómica.
17.3.
Tiahuanaco
Tiahuanaco
es un emplazamiento boliviano próximo al lago Titicaca, en el sur del altiplano
central andino, que data de fecha tan temprana como el año 200 a.C.
Aproximadamente entre el 200 y el 600 d.C., este complejo urbanístico se
convirtió en el centro de otra importante civilización del periodo preclásico.
El
arte y la arquitectura de Tiahuanaco concedían mayor importancia al hecho de
que las obras fueran austeras y perdurables. Los motivos decorativos y las
imágenes religiosas son de gran rigidez. Tanto las edificaciones como las
esculturas se caracterizan por su aspecto monolítico y monumental. La Puerta
del Sol de Tiahuanaco, hecha de un solo bloque de piedra y decorada con
relieves de espléndida ejecución, tiene 3 metros de altura y 4 de ancho, y debe
su monumentalidad a la grandiosidad del diseño. Diseminadas por toda la zona de
Tiahuanaco hay estatuas monolíticas antropomórficas que alcanzan alturas de más
de 6 metros y están decoradas con bajorrelieves. Fue una de las pocas culturas
del área central andina que utilizó la piedra de forma masiva en arquitectura,
escultura y objetos ceremoniales.
17.4.
Huari
La
civilización huari (o wari), aunque tenía la misma religión e iconografía que
la civilización de Tiahuanaco, presentaba características socioeconómicas
distintas. Aproximadamente entre el año 750 y el 1000 el imperio huari puso fin
al regionalismo cultural en Perú, preparando así la unificación cultural del
periodo inca.
Al
igual que la moche, la huari era una sociedad guerrera que apreciaba el arte y
el diseño. Las culturas huari costeras (conocidas antaño como tiahuanacos de la
costa) produjeron tejidos de la más alta calidad. Muchos de los diseños,
especialmente el de los ponchos, eran abstracciones de los motivos pintados en
la cerámica de Tiahuanaco. Aunque menos refinada que ésta, la cerámica huari se
caracteriza por su solidez, lo audaz de sus diseños y la riqueza de la
policromía.
18. PERIODO POSCLÁSICO
Durante
el periodo posclásico la civilización más preeminente de la Sudamérica
precolombina era la inca, sólo comparable a la chimú.
18.1.
Chimú
Desde
el año 1000, aproximadamente, hasta el 1470, el norte de Perú estuvo dominado
por los chimú. La capital imperial, Chan Chan, estaba compuesta por grupos de
edificaciones con paredes de adobe que recuerdan los primeros asentamientos
huari. Chan Chan es el emplazamiento urbano más grande de la zona andina y una
verdadera ciudad, compuesta de diez o doce divisiones de planta octogonal, cada
una de las cuales contiene un recinto ceremonial, residencias, mercados,
talleres, depósitos de agua y de alimentos y jardines. Las edificaciones están
decoradas con mosaicos hechos con ladrillos de adobe o con bajorrelieves
moldeados en un enlucido de arcilla, que representan animales, pájaros y
figuras mitológicas.
Aunque
Chan Chan no estaba fortificada, los chimú defendieron su imperio construyendo
fortalezas en las fronteras. Paramonga, que defendía la frontera sur, está
considerada como una obra de arte de ingeniería militar, al igual que la
fortaleza de Sacsahuamán, más allá de Cuzco.
La
cerámica chimú se producía principalmente usando moldes. Su característico
color negro se obtenía sofocando prácticamente la llama al reducir la cantidad
de oxígeno del horno durante la cocción. Se decoraba con relieves hechos en
moldes y, después de cocida, la superficie de la vasija se pulía para darle un
reflejo plateado.
Los
orfebres chimús producían objetos mediante técnicas muy variadas como el
martillado, de origen colombiano, la soldadura o la cera perdida. Comparada con
la cerámica, la metalistería chimú resulta más original en lo que se refiere al
diseño y ejecución artística. Típicas de este trabajo son las máscaras, los
antebrazos, los collares, los aretes e los incluso vestidos con incrustaciones
de oro.
Los
tejidos ofrecen características similares a los demás productos chimú en cuanto
a calidad y cantidad. Especialmente sobresaliente es el arte plumario y sus
ponchos decorados con plumas de pájaros tropicales estaban considerados como
una de las vestimentas más lujosas del periodo posclásico.
18.2.
Incas
Desde
su capital, Cuzco o Cosco, en quechua ‘ombligo del mundo’, los incas dirigieron
un imperio que se extendía por el área central andina desde Ecuador hasta
Chile. Ellos se autodenominaban tahuantinsuyo, y el nombre de incas
significaba en quechua ‘señor’ o ‘alteza’. No sólo los objetos sino también
toda la estructura de la civilización inca sufrió una suerte similar a la de
los aztecas de México. El fervor religioso y la codicia por los metales
preciosos son responsables de la destrucción de gran parte de los objetos incas
de oro y plata, que fundidos y convertidos en lingotes, fueron embarcados rumbo
a Europa.
De
todos modos, gracias a que los españoles entablaron contacto directo con este
pueblo americano, la suya es la civilización de Sudamérica que mejor se conoce
actualmente. Era un pueblo guerrero del altiplano, cuyo arte y arquitectura se
caracteriza por la simplicidad de formas, la escasa decoración y la
funcionalidad. Las edificaciones incas, que presentaban una de las estructuras
más logradas de todo el periodo precolombino, estaban construidas con aparejo
de piedra, trabajada y engastada con gran precisión y sin ninguna decoración
posterior. Eran características las puertas y ventanas trapezoidales.
Los
incas no produjeron estatuas exentas de gran tamaño ni esculturas ornamentales.
Las figurillas de metal y las pequeñas vasijas de piedra ceremoniales con
representaciones de llamas y alpacas constituyen los ejemplos más destacados de
su escultura.
La
cerámica, al igual que la chimú, se producía mediante moldes, aunque no era de
tanta calidad. La pieza más característica fue el aribalo, recipiente
policromado para transportar líquidos. Tanto en los textiles como en la
metalurgia los incas continuaron la tradición centroandina de alta calidad en
el diseño y la ejecución. Véase Arte inca.
19. ÁREA INTERMEDIA
En
el sur de Centroamérica, en Colombia y Ecuador, también se desarrollaron
estilos artísticos y arquitectónicos notables.
20. SUR DE CENTROAMÉRICA
En
Costa Rica y Nicaragua se encuentran esculturas de piedra monumentales y de
magnífica realización. Además de las estatuas de dioses que reflejan la
influencia mesoamericana, las culturas de Centroamérica realizaron metates
ceremoniales de piedra (superficies para moler el maíz y otros granos) con
diseños muy elaborados y hachas ceremoniales de jade muy trabajado.
La
metalistería, de amplia difusión, refleja la influencia del norte de Sudamérica.
Entre los ejemplos más destacados se cuentan los objetos de adorno corporal de
la cultura panameña de Veraguas y la de Chiriquí, de Panamá y sur de Costa
Rica.
Audaz
en colorido y diseño, la cerámica coclé de Panamá muestra un parecido
sorprendente con los modernos molas, o apliques invertidos, que los cuna
de la cordillera de San Blas cosen en sus telas, por sus dibujos de ritmo
dinámico. La cultura chorotega produjo los mejores jarros retrato policromados
de toda Centroamérica en la península costarricense de Nicoya.
21.
COLOMBIA
En
Colombia se han descubierto pocos emplazamientos arquitectónicos. El yacimiento
arqueológico más antiguo y más extenso de la zona se halla ubicado en San
Agustín, lugar en el que abundan esculturas exentas en piedra, relacionadas
muchas de ellas con el culto a divinidades felinas. También hay templos y
tumbas subterráneas. En Tierradentro, se han hallado tumbas ricamente
decoradas, excavadas en la roca. En Tairona, en la zona del Caribe, hay restos
de calles empedradas y cimientos de casas circulares, también de piedra.
El
trabajo del oro era el arte mayor de Colombia. Las culturas de los calima,
quimbaya, tairona, tolima, sinú, darién y chibcha o muisca desarrollaron
diferentes estilos de trabajar los metales según cada región, así como
diferentes piezas y símbolos iconográficos. Aunque refleja la influencia
centroandina, la orfebrería colombiana suele ser más innovadora en sus técnicas
y diseños.
La
cerámica colombiana rara vez alcanzó el nivel estético de la orfebrería, excepto
en culturas como la quimbaya, cuyas robustas figurillas y vasijas de barro eran
de tan alta calidad como los objetos que hacían en oro.
22.
ECUADOR
En
Ecuador se encuentra una cerámica de mejor calidad que en Colombia. Los
expertos no se ponen de acuerdo sobre si la cerámica más antigua del hemisferio
occidental procede de la zona de Valdivia (c. 3000 a.C.) en Ecuador o
de Puerto Hormiga en la costa septentrional de Colombia, que es de la misma
época. En Chorrera, Guangala, Bahía, Jama Coaque, La Tolita, Mantano y Carchi
se elaboraron figurillas y jarros retrato.
Apenas
se hallan restos de esculturas de piedra, ni exentas ni integradas en la
arquitectura. Los mejores ejemplos se encuentran en los bajorrelieves de Manta,
en Cerro Jaboncillo. También de este periodo (850-1500 d.C.) son las
banquetas manabí, unos asientos de piedra en forma de V cuyo pie está
formado por una figura de jaguar o atlante, son los objetos en piedra más
característicos de Ecuador. Existen, asimismo, buenos ejemplos de trabajos en
metal.
23.
ÁREA
PERIFÉRICA
En
la cuenca amazónica se han encontrado objetos de cerámica en diversos
yacimientos arqueológicos, y en la zona del Caribe los arawak y los taínos
desarrollaron una cultura y un arte propios.
24.
CUENCA
AMAZÓNICA
La
mayor parte del arte amazónico se realizaba con materiales perecederos como la
madera, las plumas y las fibras vegetales. La cerámica precolombina más
importante de esta región se ha encontrado en Brasil, en el delta del río
Amazonas. En Santarém se han descubierto vasijas que datan de 1250 al
1500 d.C. aproximadamente, con elaboradas formas figurativas. De los
túmulos fechados entre el año 1000 y el 1250 de la isla de Marajó se han
extraído objetos de cerámica pintada, decorados con incisiones y complicados
dibujos, así como enormes urnas funerarias. En la isla de Maracá se han
encontrado jarros retrato de hombres sentados.
25.
ZONA DEL
CARIBE
La
mayor parte de los objetos precolombinos de la zona caribeña proceden de las
islas antillanas de Puerto Rico, Jamaica, Haití y República Dominicana. Estas
islas estaban habitadas principalmente por los arawak, procedentes de la
desembocadura del río Orinoco en Venezuela. Por esa razón su arte está
íntimamente relacionado con el del norte de Sudamérica. Los arawak se
establecieron en Puerto Rico alrededor del 200 d.C. y su cultura perduró
hasta la conquista española. Los objetos característicos de este pueblo están
hechos de hueso, madera y piedra. Incluyen espátulas para provocar el vómito
como purificación por motivos religiosos, dijos o bancos ceremoniales de
madera tallada para los sacerdotes o jefes, y los cemíes o trigonolitos,
piedras triangulares labradas con figuras de animales o seres humanos que
representan a los dioses más importantes y espíritus de la naturaleza. Dentro
de la cerámica aparecen vasijas decoradas con incisiones que forman dibujos
geométricos y jarros antropomorfos.
El
complejo arquitectónico de mayor monumentalidad se encuentra en Utuado, Puerto
Rico, donde hay un trazado de diez manzanas delimitado por piedras con
incisiones, lo cual indica que el tlachtli, juego ceremonial de pelota
mesoamericano, procedente de México, se había introducido allí.[1]
[1]"Precolombinas, Arte y arquitectura," Enciclopedia
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