Arte y arquitectura Islámicas
1.
INTRODUCCIÓN
Arte y arquitectura de las áreas de Oriente Próximo, norte de
África, norte de la India y España que formaron parte del territorio del islam
en diversos momentos desde el siglo VII.
2.
ORÍGENES Y
CARACTERÍSTICAS
Dos rasgos dominantes del arte y la arquitectura islámicas,
la importancia de la decoración caligráfica y la composición espacial de la
mezquita, estuvieron íntimamente ligados a la doctrina islámica y se
desarrollaron en los primeros tiempos de su religión.
El
profeta Mahoma fue un rico comerciante de La Meca que experimentó una serie de
revelaciones divinas a los 40 años y comenzó a predicar la nueva fe. Sus
enseñanzas están contenidas en el Corán, libro sagrado de los musulmanes, que
recogió la herencia lingüística de la literatura árabe. La posición esencial
que este libro ocupa en la cultura islámica y la estética propia de la
escritura arábiga, contribuyeron al desarrollo de los estilos decorativos
caligráficos en todos los campos del arte islámico. Con la palabra escrita,
especialmente las inscripciones coránicas, se decoraron las mezquitas y sus
objetos litúrgicos.
En el año 622 d.C. Mahoma huyó de La Meca en dirección
a Yatrib, la futura Medina, en lo que se denomina la Hégira, que supuso el
inicio de la cronología islámica. En Medina, Mahoma reunió a un grupo de
creyentes para celebrar la oración comunitaria. La casa de Mahoma consistía en
un recinto cuadrado de muros de adobe abierto a un patio, rematado por un
soportal o cobertizo en el lado sur. En el muro oriental se levantaron las
habitaciones de las mujeres del Profeta, volcadas hacia el patio, donde se
reunían los fieles para orar bajo las directrices de Mahoma, que se subía en un
estrado para dirigirles. En esta disposición se ha querido establecer el origen
de las futuras mezquitas, que suelen presentar un patio interior (sahn) rodeado
de pórticos (riwaqs) y un espacio cubierto (haram), articulado mediante naves
de columnas y delimitado por la quibla, el muro que señala la dirección de La
Meca.
Los primeros seguidores de Mahoma fueron pueblos nómadas
procedentes de la península Arábiga, con escasas tradiciones artísticas, en
contraste de los imperios que conquistaron posteriormente. A medida que se
expandió, el islam asimiló las distintas tradiciones culturales y artísticas de
los pueblos sometidos, instaurando así un estilo artístico propio, que varía de
acuerdo con las diversas áreas climáticas o los materiales disponibles. Algunos
motivos adaptados de otras culturas se convirtieron en temas universales del
mundo islámico.
El arte islámico evolucionó a partir de muchas fuentes,
como las romanas, paleocristianas o bizantinas, que se entremezclaron en su
primera arquitectura, el arte persa Sasánida y los estilos del centro de Asia,
incorporados a través de las incursiones turcas y mongolas. El arte chino
constituyó un ingrediente esencial de la pintura, la cerámica y las artes
textiles.
3.
DESARROLLO
HISTÓRICO
El desarrollo del arte islámico desde el siglo VII al XVIII
se divide en tres periodos. El periodo de formación, que coincide
aproximadamente con el califato Omeya (661-750), bajo cuyo mandato el
territorio islámico se extendió desde Damasco (Siria) hasta España; el periodo
medio que abarca la época de los califas Abasíes (750-1258), establecidos en
Bagdad (Irak), hasta la conquista mongola, y el periodo que transcurre entre
esta conquista y el siglo XVIII.
Dentro de esta secuencia se pueden discernir, en las
diferentes partes del mundo islámico, diversos estilos artísticos asociados a
las correspondientes dinastías de gobernantes. Además de aquellos relativos a
las grandes dinastías Omeya y Abasí, cabe mencionar otros estilos, como el de
los turcos Selyúcidas, que gobernaron Irán desde mediados del siglo XI a 1157;
el de los kánidas, pueblo mongol que controló el este de Irán de 1256 a 1349;
los Timuríes, grandes mecenas de la cultura iraní, instaurados al oeste de Irán
entre 1378 y 1502 y los Safawíes, gobernantes de la totalidad de Irán de 1502 a
1736. El arte islámico también floreció bajo los turcos otomanos, que
dirigieron Turquía de 1299 a 1922 y extendieron su imperio por Egipto y Siria
en el siglo XVI. En el noreste africano destacan estilos relacionados con el
reinado de los fatimíes (909-1171) y con el de los mamelucos, que controlaron
estos territorios desde 1250, mientras que en el Magreb y el sur de la
península Ibérica cabe mencionar el apogeo de las tribus bereberes, los
almorávides y los almohades, así como la dinastía Nazarí del reino de Granada.
4.
ARQUITECTURA
El escaso ritual del culto islámico dio lugar a dos
tipologías de carácter religioso: la mezquita (masjid), recinto donde la
comunidad se reúne para orar, y la madrasa o escuela coránica. Dentro de la
arquitectura civil destacan los palacios, los caravasares y las ciudades, en
las que se consiguió un planeamiento racionalizado de acuerdo con las
canalizaciones de agua y la protección frente al calor. Otro edificio
importante en el islam es el mausoleo, enterramiento de un gobernante y símbolo
de su poder terrenal. Todos estos edificios religiosos y seculares tienen
numerosos elementos estructurales y decorativos en común.
4.1.
Mezquitas
El muro de la quibla indica la dirección hacia la que los
musulmanes deben dirigir su oración, la ciudad santa de La Meca. Para
diferenciarla del resto de las paredes del templo se abre en ella un pequeño
ábside o nicho llamado mihrab, similar al altar cristiano pero sin su contenido
simbólico. El resto de las sala de oración es un espacio techado
indiferenciado, dividido en ocasiones por series de arquerías sobre columnas,
paralelas o transversales al muro de la quibla. Esta disposición, heredada de
las basílicas paleocristianas y transformada por el culto musulmán en la
tipología conocida como mezquita hipóstila, evita las articulaciones espaciales
jerarquizadas, características de sus antecesoras cristianas. Otra de las
novedades de estas salas hipóstilas es su capacidad para crecer
indefinidamente, como en el caso de la mezquita de Córdoba (España, siglos
VIII-X), ampliada en numerosas ocasiones debido al aumento de la población.
4.1.1.Patio
Las mezquitas, sin embargo, mantuvieron la concepción
primitiva del rezo al aire libre, en un patio rodeado de soportales que
proporcionaban sombra a los fieles. Por ello la sala de oración permaneció como
un espacio abierto al patio o sahn, que siguió siendo un elemento importante
del conjunto, a menudo con igual o mayor superficie que la zona cubierta. En
algunos casos —como en las mezquitas de Córdoba o Sevilla (España)— el sahn
imitaba la configuración interior por medio de filas de naranjos alineados y a
la misma distancia que las columnas de la sala adyacente. Además, en el patio
solían aparecer dos elementos característicos: la fuente para las abluciones
(sabial) y la torre para llamar a la oración, el alminar o minarete.
4.1.2.Minarete
En los primeros tiempos no existía el alminar, de modo que
los fieles se reunían para orar sin necesidad de una llamada previa. Sin
embargo, debido al aumento de la congregación, se acabó instituyendo la llamada
de un muecín, a viva voz, desde la cubierta más alta del edificio. La Gran
Mezquita Omeya de Damasco (705-715) es el primer ejemplo que presenta una torre
o minarete, situada en una de las esquinas del patio, para realizar esta
función.
4.1.3.Cúpula
Las cúpulas, un elemento importante de la arquitectura
islámica, proceden de la arquitectura Sasánida y de las tradiciones
paleocristianas. La primera mezquita monumental se conoce con el nombre de
cúpula de la Roca (Jerusalén, finales del siglo VII), un espacio centralizado
de planta octogonal rodeado por dos deambulatorios y cubierto por una gran
cúpula. Su composición deriva de la arquitectura romana, probablemente de la
mezquita del Santo Sepulcro (siglo IV) en Jerusalén. La mezquita de la Roca
está decorada con mosaicos coloristas, tanto en su interior como en el exterior
y alberga la piedra desde la que, según la tradición musulmana, Mahoma ascendió
al cielo.
El mausoleo, construido a principios del siglo X, para el
gobernador de Bujoro, en Asia Central, es otro ejemplo de gran relevancia
arquitectónica. Este edificio cuadrado de ladrillo posee una cúpula sobre
trompas (pequeños arcos que hacen de puente en los ángulos del cuadrado para
facilitar la transición hacia el espacio circular de la cubierta), derivadas
del Irán Sasánida en lugar de las tradicionales pechinas (secciones esféricas
triangulares) propias de la arquitectura bizantina.
Bajo los otomanos las mezquitas se construyen siguiendo la
tradición bizantina. De este modo, la magnífica mezquita de Selimiya
(1569-1574) en Edirne (Turquía), obra del arquitecto turco Sinan, posee una
colosal cúpula precedida por un patio porticado, donde se multiplican las
pequeñas cúpulas y semicúpulas. La composición es similar a la de la basílica
de Santa Sofía en Constantinopla (actual Estambul, Turquía), el ejemplo más
significativo de la arquitectura bizantina, que luego fue convertida en
mezquita. Esta forma —que Sinan también empleó en la mezquita de Solimán—
influyó en el diseño de otras mezquitas de Oriente Próximo y la India.
4.1.4.Iwan
En las mezquitas Abasíes de Irak, aunque se mantiene la
tipología hipóstila siria, se va imponiendo el modelo formado por un patio
central al que comunican los diversos iwanes o salas abovedadas que se abren a
través de grandes arcos. Esta disposición tiene su origen en la arquitectura
del Irán Sasánida.
4.1.5.Arco apuntado
Aunque el arco de herradura está estrechamente ligado a la
arquitectura islámica, su origen se remonta al Imperio romano. Los visigodos de
la península Ibérica lo emplean en numerosas ocasiones, y sus invasores Omeyas
lo adaptaron finalmente para las construcciones musulmanas. Otro de los arcos
empleados por los arquitectos islámicos fue el apuntado, de origen sirio-romano
y también recogido por la dinastía Omeya, aunque más tarde se difundió por el
califato de Bagdad. Desde allí se transmitió hacia África, y los pueblos
bereberes del Atlas lo exportaron hacia sus territorios españoles, donde se
conservó entre los artífices mudéjares que, a su vez, extendieron su empleo por
Latinoamérica.
4.1.6.Mimbar y maqsura
El mimbar o púlpito se utilizó por primera vez en la
mezquita de Medina. Al principio se empleaba como estrado, pero pronto se
convirtió en un verdadero púlpito para la predicación del imán. Otro de los
elementos característicos de las mezquitas es la maqsura, un espacio acotado
por arquerías situado delante del mihrab y decorado con mayor riqueza. Es un
ámbito destinado a los gobernantes de la comunidad con el fin de protegerles de
sus enemigos, especialmente después de que varios de los primeros califas
fueran asesinados por la espalda durante la oración.
4.2.
Madrasas
Bajo los Abasíes se introdujo en Irán una nueva tipología
de edificio religioso, la madrasa o seminario religioso. Su forma, basada en la
arquitectura Sasánida, dio lugar a un nuevo tipo de mezquita que se difundió
rápidamente por numerosos países. La madrasa y la mezquita-madrasa están
configuradas por iwanes, es decir, salas emplazadas en los ejes de un
rectángulo que se abren con grandes arcos a un patio central. Las madrasas
suelen disponer de habitaciones en torno al patio dedicadas al estudio o a los
dormitorios de los estudiantes. En algunos edificios del último periodo, el
patio está cubierto por una gran cúpula. A partir del siglo XI fueron elegidos
por califas y emires para construir sus mausoleos. La mezquita del Viernes
(donde se congrega el mayor número de fieles de una ciudad) de Ispahan (siglo
XI, Irán), es el primer ejemplo de mezquita-madrasa. En este edificio, como en
muchas tumbas del mismo periodo, aparece la decoración a base de mocárabes,
especie de estalactitas o formas prismáticas que penden de las bóvedas o arcos.
Entre los ejemplos tardíos de mezquita madrasa destacan, también en Ispahan, la
Masjid-i-Sha, en la que el iwan principal está coronado por una elevada cúpula
apuntada y la Lutfullah, con otra cúpula recubierta con espléndidos azulejos.
4.3.
Arquitectura
civil
Durante la época de los Omeyas y primeros Abasíes, los
príncipes de las familias construyeron varios palacios en el desierto de Siria
e Irak. Algunos de ellos estaban rodeados por terrenos de caza —como los de los
últimos reyes Sasánidas— y otros disponían de baños abovedados derivados de la
arquitectura tardorromana, que también se aprecia en su empleo como villas o
explotaciones agrícolas. Por ello, estos palacios supusieron una síntesis entre
las tradiciones orientales y occidentales, característica del primer arte
islámico. Al mismo tiempo demostraban una cierta libertad frente a las
recomendaciones contra el arte figurativo, que no llegaban a alcanzar
connotaciones prohibitivas en el Corán pero sí en los hadit (tradiciones
orales) del siglo IX. Los palacios Omeyas estaban decorados con mosaicos,
pinturas murales y estucos, representando animales, escenas cortesanas o al
propio califa. Esta decoración deriva en gran medida de la tradición Sasánida.
En el periodo medio, el mundo islámico produjo los mejores
frutos de su civilización urbana. Con la invasión de los mongoles, no obstante,
muchas ciudades fueron destruidas o reducidas a pueblos, y se perdieron los
ingeniosos sistemas hidráulicos que las permitían existir.
Bajo los Abasíes se fundó en medio del desierto, cerca de
Bagdad, una ciudad administrativa llamada Samarra, que no llegó a terminarse.
Samarra ocupaba una extensión de 175 hectáreas rodeada por una enorme muralla,
contaba con jardines, palacios, edificios administrativos, una mezquita, baños
y cuarteles. Los edificios residenciales estaban decorados con pinturas
figurativas, pero los motivos ornamentales más delicados están tallados en
estuco, siguiendo esquemas geométricos de origen turco. Todas estas ciudades de
nueva planta, como Samarra, El-Fustat (cerca de El Cairo y conocida por
excavaciones) o Medinat al-Zahara, cuentan con importantes infraestructuras
como acueductos y redes de alcantarillado.
Otro de estos palacios-ciudades del mundo islámico fue la
ya citada Medinat al-Zahara en las cercanías de Córdoba (España), edificada por
el primer califa cordobés Abd-al-Rahman III —de la dinastía Omeya huida desde
Siria hasta al-Andalus— y destruida por las tribus bereberes en el siglo XI.
La tradición islámica de los palacios-ciudades se mantuvo
en el norte de África, en Estambul, donde los turcos otomanos comenzaron en
1454 la construcción del palacio Topkapi, y en el reino Nazarí de Granada
(España), con el magistral palacio de la Alhambra. El conjunto de la Alhambra
está formado por un fortaleza o alcazaba y por el palacio real. A su vez, el
núcleo principal del palacio está constituido por una zona oficial en torno al
patio de Comares y otra residencial abierta al patio de los Leones. En el
centro de este último aparece una fuente sobre figuras de leones con surtidores
en sus bocas. El mismo tema del león se repite en la escultura de bronce de
pequeño formato y en numerosos recipientes cerámicos (véase más abajo Artes
decorativas).
En Irán los últimos grandes constructores fueron los
Safawíes, cuya contribución a la arquitectura civil incluye puentes, campos de
polo y palacios con miradores de madera. En el palacio de Abbas I se construyó
una galería de arte para albergar su colección de porcelanas chinas.
Los caravasares fueron una contribución Selyúcida. Son
lugares de descanso para los viajeros de las rutas de caravanas y cuentan con
una sala de columnas o apadana y un patio para los animales. Otros edificios
destacados de la arquitectura civil islámica fueron los baños públicos,
bazares, jardines y ribats o guarniciones fronterizas, como los que se
conservan en Túnez.
4.4.
Tumbas y
mausoleos
Las tumbas y los mausoleos, levantados como símbolos del
poder de los gobernantes fallecidos, se convirtieron en los monumentos más
importantes del islam después de las mezquitas y los palacios. Entre los
ejemplos más destacados se halla la necrópolis de las afueras de El Cairo, que
presenta tumbas cupuladas construidas por los mamelucos en el siglo XV. La
necrópolis Sah-i-Zindeh (siglos XV y XVI) erigida por los Timuríes en Samarcanda,
es un impresionante grupo de edificios de ladrillo cubiertos con esbeltas
cúpulas sobre tambores, como la tumba de Tamerlán. En Irán, bajo la dominación
mongola, se desarrolló un tipo característico de enterramiento cuyo ejemplo más
brillante es el gran mausoleo de Sultaniyah (siglo XIV), cuya cúpula se eleva
aún más por la inclusión de un tambor octogonal. En relación a este tipo, la
obra más representativa del periodo mogol en la India es el famoso Taj Mahal,
en Âgra, un mausoleo construido en el siglo XVII por arquitectos iraníes.
4.5.
Decoración
arquitectónica
El estuco, el ladrillo y el azulejo se usaron como
elementos decorativos en los edificios islámicos. Los Selyúcidas añadieron la
cerámica vidriada (véase más abajo Cerámica). La superficie de los mihrabs, con
sus bandas de inscripciones coránicas, se realizaron en estuco tallado o barro
vidriado. Los paneles murales se adornaron con motivos decorativos de lacería
geométrica sobre azulejos. En la arquitectura de los Timuríes y en la Córdoba
califal, los mihrabs se recubrieron con teselas de mosaico de colores
brillantes. Los turcos fueron destacados productores de cerámica. En el Irán
Safawí, la mayor parte de los edificios públicos se decoraron con azulejos. La
gama cromática incluyó el dorado y el verde, que se aplicaban mezclados en vez
de por separado, como se hacía anteriormente.
Las celosías de madera tallada, en ocasiones con
incrustaciones de marfil, también proporcionaron un soporte para la decoración
arquitectónica en el mundo islámico. Se emplearon en macsuras, mimbares,
ventanas, pantallas y puertas. Los relieves de piedra y de mármol se encuentran
en lugares tan distantes como Turquía, Egipto y España.
5.
ARTES
DECORATIVAS
La proscripción de la temática figurativa, contenida en los
hadit, es similar a la iconoclasia desarrollada durante el periodo del Imperio
bizantino.
Estas prohibiciones o recomendaciones se seguían
estrictamente en el caso de la arquitectura religiosa, como en el caso de las
mezquitas, pero la arquitectura civil las transgredía en numerosas ocasiones,
dependiendo en cualquier caso de la ortodoxia del gobernante de turno. En el
palacio de Msatta (principios del siglo VIII) en el desierto sirio, se aprecia
una clara distinción entre la decoración de las dependencias laicas y las
religiosas. Los relieves situados en la zona de la mezquita son totalmente
abstractos, mientras que los del resto del edificio presentan decoración
figurativa zoomórfica. De todos modos, la representación de figuras humanas y
animales se hace de forma convencional y con finalidad estrictamente
decorativa. Por otro lado estas limitaciones supusieron un acicate para el
desarrollo de un repertorio basado en diversas formas y motivos, como la
epigrafía (inscripciones caligráficas), el ataurique o decoración vegetal
estilizada (arabescos) y la decoración geométrica o de lacería.
5.1.
Cerámica
Una de las manifestaciones artísticas que alcanzó mayor
esplendor dentro del arte islámico es la cerámica, en la que se puede apreciar
un grado de innovación y creatividad comparable al de las artes plásticas de
otras culturas.
La primera etapa de innovación en la cerámica islámica se
define a partir de las excavaciones de Samarra. La presencia de porcelana china
importada en el área de Bagdad estimuló el interés de los ceramistas Abasíes,
pero la perfección de estas obras no se pudo conseguir con la arcilla local. La
cerámica Tang de colorido verde y amarillo se imitó con éxito, pero para
representar el acabado de la porcelana, los ceramistas aplicaron un reflejo
metálico, que proporcionaba a las piezas un aspecto cremoso. Algunas de estas
vasijas se decoraban con pintura azul, y hay quien opina que esta técnica
inspiró las primeras porcelanas azules y blancas de la China (imitadas a su vez
por los últimos ceramistas islámicos). La técnica de pintura brillante también
apareció en Samarra. Se trata de la misma cerámica de reflejo metálico vuelta a
cocer a fuego lento, produciendo así un brillante efecto metálico —pardo,
verdoso o rojo— que transforma el recipiente en una pieza con apariencia de oro
(loza dorada). Esta técnica se trasmitió a todos los lugares civilizados de
Europa, norte de África y Asia.
Desde fines del siglo VIII al siglo XI se realizó en
Nisapur y Samarcanda, en el noreste de Irán, otro tipo de decoración cerámica.
La nueva técnica consistía en verter un fina capa de arcilla líquida sobre el
recipiente para obtener una superficie sobre la que se aplica la decoración
pictórica. Algunas de estas piezas, influidas por la tradición Sasánida, se
decoraban con figuras de jinetes y otros motivos geométricos y caligráficos.
Otra de las tipologías cerámicas iraníes es la que presenta una superficie
grabada o esgrafiada, imitando las técnicas de la metalistería. Como la
cerámica de reflejos metálicos, esta modalidad puede explicarse como el deseo
de buscar un sustituto aceptable a un material más costoso.
En El-Fustat, fundado por los fatimíes de Egipto, se ha
encontrado una gran cantidad de cerámica de reflejo metálico y otras
modalidades. En el Irán Selyúcida se realizaron vasijas con las paredes de
vidrio a imitación de la delicada porcelana china, así como cerámicas vidriadas
y azulejos de Ravy y Kasan. Algunos recipientes esmaltados presentan
ilustraciones de poemas y escenas heroicas, similares a las que se reproducen
en la miniatura persa. Las formas de estas piezas representan en ocasiones a
diversos animales.
En Irak, en los años previos a la conquista mongola, Raqqa
fue el centro de producción de una fina cerámica vidriada y pintada. En la
Turquía otomana lugares como Iznik y Kütahya fueron productores destacados de
azulejos, durante el siglo XVIII. Al comienzo estuvieron influidos por los
objetos chinos blancos y azules, pero después se produjeron piezas de cerámica
según los patrones típicamente turcos, con motivos florales en color turquesa,
verde, púrpura, castaño y negro. Los ceramistas Safawíes de Irán, también
influidos por las modas chinas, realizaron cerámicas azules y blancas que se
exportaban hacia occidente.
5.2.
Vidrio
Los artistas musulmanes trabajaron el vidrio utilizando
primero las técnicas empleadas en Egipto y en el Irán Sasánida y,
posteriormente, desarrollando otras nuevas como en el caso de los fatimíes, que
produjeron vidrio tallado, vidrio brillante pintado y vidrio estampado. En este
periodo se realizaron también un pequeño número de vasijas talladas en cristal
de roca. En Siria destaca el vidrio esmaltado del siglo XII, principalmente sus
copas y lámparas de belleza insuperable. Los sirios mantuvieron su maestría en
el arte del vidrio en el último periodo, al que pertenecen las conocidas
lámparas de mezquita cónicas y esmaltadas.
5.3.
Ebanistería
y eboraria
Además de su empleo decorativo en arquitectura, la madera
se trabajó como material de otras artes aplicadas. En los palacios fatimíes se
conservan excepcionales ejemplos de tablas con representaciones cortesanas, que
recuerdan el estilo de los coptos (cristianos egipcios). También se tallaron
las piezas del mobiliario, especialmente los biombos.
Las cajas de marfil tallado y los colmillos de elefante
abundaban en la corte fatimí, continuándose la tradición en la Sicilia
musulmana. En ellos se representaban cortesanos, animales y vegetación.
5.4.
El arte del
bronce
Algunos de los bronces islámicos más refinados se han
conservado en los tesoros de las iglesias europeas. Al principio se adoptaron
las formas Sasánidas pero el periodo fatimí produjo vasijas de bronce con forma
animal, así como candiles y platos. Aunque en el este de Irán se realizaron
interesantes piezas grabadas con incrustaciones de cobre y plata, los bronces
más refinados fueron producto de los talleres de Mosul (Irak), durante los 50 años que precedieron
a la conquista mongola. Entre sus objetos más destacados se encuentran los
aguamaniles, tazas y candiles con incrustaciones de plata y oro y motivos
abstractos, figurativos e inscripciones. Por su parte, los talleres sirios
continuaron produciendo diseños figurativos durante el siglo XIV.
5.5.
Manuscritos
La elaborada escritura cúfica, que resultaba tan apropiada
para ser labrada en la piedra, aparece en los primeros manuscritos coránicos
que nos han llegado. En ellos, algunos acentos diacríticos se pintan en rojo, y
las decoraciones doradas entre las suras (capítulos) contrastan con la elegante
escritura negra. En el periodo Selyúcida se desarrolló el nesjí, una escritura
más cursiva y fluida. Los dos estilos se emplearon en la arquitectura y las
artes decorativas.
5.6.
Marroquinería
Las encuadernaciones de libros en cuero son un excelente
ejemplo de las artes decorativas islámicas. En los primeros tiempos se
realizaban en relieves repujados; más tarde se estampaban y doraban las
cubiertas y los lomos y, finalmente, en el siglo XVI, se pintan con esmaltes.
El trabajo del cuero se aplicó también a los arneses de los caballos y a los
objetos empleados en la cetrería.
5.7.
Pintura
La pintura de caballete no existió en el arte islámico,
concentrado en la ilustración de libros. Las primeras muestras conservadas son
miniaturas de manuscritos científicos griegos traducidos al árabe (vehículo por
el cual las enseñanzas del mundo clásico se transmitieron a Occidente), las
fábulas de Bidpai (300 d.C., traducidas al árabe con el nombre de Caliba
y Dinna) y el Maqamat de al-Hariri (1054-1122), narración de las
aventuras de un viajero. Estilísticamente todas estas pinturas derivan de la
escuela de Bagdad del siglo XIII. Las ilustraciones científicas son dibujos
lineales basados en los modelos clásicos, mientras que las coloristas pinturas
laicas son de una ingenuidad encantadora, con sólo dos o tres figuras
monumentales y paisajes como elementos decorativos.
La miniatura persa de los mongoles o de Il-Khanid floreció
en el siglo XIV en Tabiaz (Irán). La influencia china en los detalles del
paisaje, la expresividad y la complejidad compositiva caracterizan la nueva
escuela. Muchos poemas épicos persas, como el Shar-nama —un manuscrito
épico escrito por Firdusi en el siglo XIX— se ilustraron en este estilo. La
miniatura continuó su evolución en el siglo XV en Harat (actual Afganistán)
bajo el patrocinio de los Timuríes. Bihzâd fue uno de los mejores miniaturistas
Timuríes, gracias a sus escenas dramáticas y a la profundidad psicológica de
sus figuras.
Los gobernantes otomanos también promovieron el arte del
libro. Una escuela turca de miniatura del siglo XIV, localizada en Tabiaz,
representó escenas de la vida cortesana y militar. Los artistas Safawíes fueron
diestros en su estilo y, como consecuencia de la influencia europea, ampliaron
su repertorio al incluir retratos de personajes.
En la India musulmana se desarrolló desde el siglo XVI
hasta el siglo XIX un estilo peculiar de pintura miniada, más influida por el
arte hindú, que representaba con frecuencia a los gobernantes y sus ceremonias
oficiales.
5.8.
Textiles
Las telas se consideraron objetos de lujo, y las más
refinadas se realizaron en los talleres denominados tiraz, controlados
por el califa. El sistema del tiraz, comparable a las instituciones oficiales
del Imperio bizantino, copto y Sasánida, terminó con la conquista mongola. Los
tejidos procedentes de un tiraz (a menudo prendas ceremoniales) se consideraban
posesiones del más alto valor. Los tiraz —el término también designa al propio
tejido— a menudo llevaban impresa la firma del taller, la fecha y el nombre del
gobernante.
En Egipto la mayoría de los tiraz eran de lino y en la
época de los fatimíes se entretejían en ellos bordados de seda con hilos de
oro. Los mejores tejidos de sedas proceden de la región de Bujará (siglos IX y
X) y de Irán, Bagdad, Egipto y España (siglos X y XI). Estas sedas llegaron a
Europa a través de las embajadas enviadas por los gobernantes islámicos y allí
ejercieron tal influencia que algunos términos europeos para designar tejidos
—como damasco— derivan del mundo islámico. El manto de coronación de los
emperadores del Sacro Imperio fue bordado por artistas islámicos en Sicilia, y
las sedas sicilianas mantuvieron su hegemonía en el siglo XIV, después de la
apertura de otros talleres de seda europeos.
Las sedas chinas influyeron en los tejidos islámicos a
partir de la conquista mongola como se observa en las sedas con brocados en oro
y en algunos detalles decorativos. Los turcos otomanos crearon nuevos diseños
para los tejidos de seda caracterizados por el uso de claveles, tulipanes,
palmetas y el motivo chino de la nube.
5.9.
Alfombras
Las primeras alfombras islámicas que se conservan se
fabricaron en Konya (Turquía) en el siglo XIV. Estas alfombras de tonos azules,
verdes y rojos siguen un esquema basado en formas naturales con un borde de
inscripciones. Durante el dominio de los mamelucos se realizaron alfombras de
patrones geométricos en tonos azul pálido, rojo y amarillo. El tejido de
alfombras resurgió durante el periodo de los Safawíes de Irán, entre cuyo
repertorio aparecen escenas de caza y motivos vegetales. Estas alfombras de
seda, de tonos pasteles e hilos de oro y plata, se confeccionaron expresamente
para el mercado europeo. Aunque son de gran belleza, marcan el fin de la
tradición islámica en el tejido de alfombras.