|
El
Hermano:
La Paz del Señor está con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
El
Hermano:
Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
El
Hermano:
"Desde ese momento pasado, el corazón de la
Madre, se invadió de tristeza y de soledad. Tomando a su hijo en sus
brazos, acariciando su rostro lleno de sufrimiento, y lloraba sin cesar.
Miraba a su cuerpo, estaba taladrado por dos hierros que habían dejado sus
huellas del paso por su carne.
Miraba a su costado: estaba atravesado, su frente, su rostro, y miraba
al cielo llena de agonía y llena de dolor. Las mujeres que la acompañaban
también lloraban de dolor. Aquel hombre que tanto conocieron, aquel hombre
que tanto les habló del Altísimo, del Padre de lo creado y de lo no
creado, se le había marchado.
No para siempre, porque El volvería al
tercer día con Gloria, para demostrar que es Rey entre vivos y Rey entre
muertos, porque Dios es poderoso, y su poder es único y omnipotente. El sufrimiento de aquella Madre, que con sus manos acariciaba el rostro
de su Hijo era grande.
Cuando lo llevaron a aquel frío y obscuro sepulcro,
Ella quería quedarse con su Hijo, no quería marcharse, pero eso no era
posible, puesto que debía de marcharse para volver a encontrarse con su
Hijo al tercer día.
Ella no durmió. Esperaba impaciente y ansiosa el tercer día, en el
cual, Jesús con Gloria volvería a su Madre, y todo el dolor pasado para
ellos no quedaría en el olvido, solo se uniría entre sí, y el sufrimiento
sería menos pesado y más flágido.
Ella no durmió, estaba en oración
continua y permanente. Sus lágrimas caían y aquellas dos mujeres también
la acompañaban en oración. Sus Apóstoles estaban escondidos por miedo, pero el tercer día estaba
próximo, pronto había de llegar, y con él CRISTO JESÚS a la hora temprana
volvería, como hizo su promesa:
"Al tercer día
volveré de entre lo obscuro, para estar con vosotros y mostraros la Gloria del Padre. Os mostraré así que a Dios nadie detiene, puesto que su
voluntad es enorme y grande y nada puede detenerla".
Y todo eso cayó en el olvido por los hombres, pero en un tiempo no muy
lejano, el hombre volverá a recordar lo que sufrió su verdadero Maestro y
llorará de corazón, no como muchos de vosotros hacéis, porque todo cae en
el olvido. Todas las Leyes de Dios son incumplidas.
Esa Madre triste y dolorida, no es acompañada, y todo queda así, y para
vosotros llega el olvido, pero para ellos no. Con esto, también vosotros y
tú, hermano, como aquellos Apóstoles que en otros lugares están, y sus
familiares, e igual contigo, esperad el tercer día, en el cual él
volverá con Gloria. Venid a ese encuentro, porque también se encontrará con sus hijos
buenos y malos. Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
Padre
Eterno:
Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Padre.
El
Hermano:
Que
la Paz del Señor YAHVÉ, el dolor de JESÚS y de MARÍA, quede con todos
vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El
Hermano: Ave
María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
El
Hermano: Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
|