2. Transvolando el Atlántico

 

En Hispanoamérica, la primera etapa de la conquista y evangelización fue sumamente confrontacional y violenta, sólo después de la política contrarreformista de la segunda mitad del S. XVI, cuando -gracias a la intercesión lascasiana- se establece que los indios tenían alma y eran hijos de Dios, empieza a practicarse una política de evangelización más tolerante. Esto se plasma con la llegada de los franciscanos y los jesuitas, dos de las órdenes más cercanas a la angeología renacentista amadeísta.

Ramón Mujica (Angeles apócrifos en la América Virreinal. México DF : Fondo de Cultura Económica, 1996, 2da. ed.) argumenta las razones por las cuales los ángeles apócrifos fueron incluídos en la teología místico-escatológica franciscana y jesuita, y cómo ésta se aplicó en el Nuevo Mundo:

Ya tan temprano como el S. XII-XIII, los escritos profético-escatológicos de Joaquín de Fiore promovían una renovación piadosa del culto a los siete ángeles al interior de la Orden franciscana. Por el año 1460 el franciscano Amadeo de Portugal (Joâo Mendes da Silva) escribió su obra Apocalipsys Nova sensum habens apertum, et ea quae in antiqua Apocalypsi erant intus, hic ponunctur foris, más conocida como Apocalipsis Nova, que contiene revelaciones divinas recibidas en ocho raptos o conversaciones con el arcángel Gabriel, en las que se promueve el culto mariano a la Inmacula Concepción y a los siete ángeles siguientes: Miguel,Gabriel, Rafael, Uriel, Sealthiel, Jehudiel, Barachiel. El beato Amadeo anuncia la aparición de un Papa Angélico que junto al mayor monarca cristiano en la tierra (católico por supuesto) cerrará la historia profana antes del segundo adevenimiento de Cristo.

A partir de 1516 el jesuita siciliano Antonio del Ducca reafirmó esto en nuevas visiones angélicas que plasmó en su obra Septem Angelorum orationes cum antiquis imaginabus. Ducca hizo pintar en la iglesia del Monasterio degli Angeli unas pinturas con siete ángeles que poco después servirían de modelo a Jerónimo Wierix para pintar en la iglesia Angelo Martir Carmelitano sus famosos "Angeles de Palermo". A partir de esta pauta se derivarían las representaciones evangélicas del culto angélico en el resto de Europa y en América barroca. No sólo los franciscanos y jesuitas aprobaron el culto angélico amadeísta; el mercedario Juan Interián de Ayala (1656-1730) escribe en el capítulo VII de su obra "El pintor christiano, y erudito, ó Tratado de los errores que suelen cometerse freqüentemente en pintar, y esculpir las Imágenes Sagradas..." lo siguiente:

...Que se pueda, pues, no solamente pintar á dichos Ángeles, sino que de hecho ha habido costumbre en la Iglesia de pintarlos (que es lo segundo que diximos antes, se podia exâminar) lo persuaden muchas razones sacadas de varias historias, y narraciones verídicas. Con efecto, que en la Ciudad de Palermo en Sicilia, hubo, y que todavía subsiste, un templo dedicado en honor de los dichos Ángeles, lo afirma expresísimamente el P. Juan Estevan Menochîo en el lugar arriba citado, y el P. Cornelio Alápide, á quien citarémos despues: añade Menochîo, que presidiendo antiguamente en dicha Iglesia un piadoso Sacerdote llamado Antonio Duca, á impulsos de su piedad, y devocion, se fué á Roma el año de 1527, á fin de fomentar, y promover el culto de aquellos Espíritus Bienaventurados...

La angelología renacentista se enriqueció con elementos del hermetismo, el neoplatonismo, la cábala judía y de manera particular, de la patrística griega gracias a la traducción al latín de autores como Orígenes, Clemente de Alejandría o Dionisio el Aeropagita que eran prácticamente desconocidos hasta el S. XV. Con esto se incursionaba en terrenos del mago renacentista (antecesor del científico moderno), lo que promovió -entre otros fenómenos- el surgimiento de los "iluminados" o "alumbrados", una corriente mística del catolicismo (sobretodo español) que la Inquisición quiso extirpar.

Andrés Serrano, un teólogo murciano (1655-1711) destacado en Manila, es según Mujica, un personaje central de la angeología jesuita contrarreformista: En una visión tolemaica o geocéntrica del universo, se esfuerza por sustituir los siete ángeles planetarios de los magos renacentistas (provenientes de la angeología babilónica, hebrea y del hermetismo) por los Siete Espíritus del Trono de la angeología de San Juan Evangelista rescatada por Amadeo, demostrando así su intención evangélica. Su pensamiento se plasma en la obra "Feliz memoria de los siete Príncipes de los asistentes al Trono de Dios, y estímulo a su utilísima devoción: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Sealthiel, Jehudiel, Barachiel" (México 1699), y en una segunda edición corregida publicada bajo el título: "Los siete Príncipes de los ángeles, validos del rey del cielo. Misioneros y protectores de la tierra, con la práctica de su devoción" (Bruselas, 1707).

Mujica sostiene que yá desde el renacimiento los franciscanos venían dimensionado los alcances político-imperiales del programa escatológico amadeísta sustentado en la estrecha complementación del culto angélico y mariano, algo que los jesuitas terminarían de aplicar en las Indias a partir del S. XVI: "Los jesuitas contrarreformistas [como Serrano], tras depurar los elementos mágicos de la angelología renacentista, usaron el nuevo culto como bandera de conquista espiritual en sus misiones americanas" (p. 309).

El argumento central es que los jesuitas, al "oficializar" la angeología de Amadeo crearon una teología mística que permitió incorporar aspectos de la magia y el hermetismo renacentista en el seno de la Iglesia, de ahí la presencia de ángeles apócrifos en el arte religioso. Esta estrategia de posicionamiento fue un arma de doble filo: por un lado, al avivar el pensamiento neoplatónico renacentista surgieron muchos pensadores y místicos que querían renovar la Iglesia mediante la vivencia interior para llegar a "angelizar" a sus miembros. Por otro lado, esto permitió incorporar a muchos pensadores y místicos afines al iluminismo que de otro modo, hubieran significado una seria amenaza a la Iglesia. Según Mujica, el culto angélico controló y redirigió a una buena parte de los "iluminados" o "alumbrados": "fue esta una tarea ardua que Serrano conceptualizó al mostrar las similitudes y diferencias entre el culto angélico de Amadeo y la magia renacentista" (Mujica, p. 310).

Cómo fue posible evadir a los católicos conservadores que insistieron en la naturaleza "apócrifa" del culto, y sobretodo a la Inquisisión. Amadeo fue confesor y consejero del Papa Sixto IV, fundó varios conventos y convocó a la corona española al culto angélico, el que fue cultivado al menos por Carlos V y Felipe IV. En la Introducción al libro de Mujica, Mercedez López-Baralt ofrece una buena parte de la explicación:

"El texto de Serrano no se reduce a puras disquisiciones escolásticas. La historia misma vincula el culto angélico al poder político español. El Virrey de España en Sicilia impulsó durante el período de su incumbencia (1517-1538) la construcción de un templo y la organización de una hermandad dedicados a honrar a los siete ángeles. En 1526 Carlos V, al instituir el Consejo de Estado en Granada sólo nombra a siete consejeros pensando en el número angélico. En el convento de las Descalzas Reales y en el Monasterio de la Encarnación de Madrid pueden verse hoy las pinturas que hizo Bartolomé Román y que presentan a Felipe IV y su familia de rodillas ante los siete ángeles apócrifos" (Mujica, p. 15).

Desde Lima, los padres franciscanos Pedro Alva Astorga y Afonso Briceño impulsaron y difundieron el culto amadeísta en América y España, pero es con los jesuitas que éste se hace central en las misiones americanas. El jesuita peruano Antonio Ruiz de Montoya, en su obra "Silex del Amor Divino" retoma las jeraquías de Dionisio el Aeropagita y las ideas del Libro de Enoc (Mujica no especifica si conoció de cerca la obra de Serrano) para usar imagenes de ángeles guerreros en su labor apostólica en Paraguay.

Los jesuitas se convirtieron en guerreros de Dios, en "serafines ardientes" encargados de evangelizar y "angelizar" a los hijos de la nueva tierra. El Rey hispano de la Casa de Austria había recibido del Papa la bendición y la potestad para defender y expandir la Iglesia católica por todo el orbe, se hacía con ello, un rey terrenal y divino. No había cristianismo sin monarquía y viceversa. Los soldados de la Monarquía Divina celestial eran los ángeles y los de la Monarquía Divina terrenal eran los de la Compañía de Jesús. Esta teología política llega a su fin en el S. XVIII cuando la Casa Borbónica desplaza a la Casa de Austria y trata de imponer un despotismo ilustrado en consonancia con el auge del racionalismo científico. Esto era incompatible con la visión escatológica y mística jesuita. Mujica dice que la expulsión de los jesuitas de América, hizo de Carlos III un "extirpador" del culto angélico. Ese no será sino uno de los grandes factores para marcar el principio del fin del régimen colonial.

 

 


Amadeo de Portugal, impulsor de la angeología evangélica

reyes habsbúrgicos conducidos por un franciscano alado

Jesuitas uniendo a los
pueblos del orbe

(click para ampliar)

 

 

Enlaces

 

El pintor christiano, y erudito, ó Tratado de los errores que suelen cometerse freqüentemente en pintar, y esculpir las Imágenes Sagradas. / dividido en ocho libros con un apéndice ... ; escrita en latín por ...Juan Interián de Ayala ... ; y traducida en castellano por D. Luis de Durán y de Bastéro.

La contrarreforma católica (visión desde el protestantismo)

 

 

 

   

1. Seres de antigua compañía

2. Transvolando el Atlántico

3. Angeles y arcángeles andinos

4. El estilo pictórico

5. La fábrica cusqueña

6. Maestros principales

 

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