3. Ángeles y arcángeles andinos
Al llegar a Indias, sobretodo después de las reformas tridentinas que reconocieron en el arte una función comunicativa y pedagógica para los fines de la evangelización, los frailes comenzaron a estudiar y a basarse conscientemente en muchas de las costumbres autóctonas para no hacer una sustitución violenta del culto y ganarse así a las "almas extraviadas". Esto implicó la catequización en lenguas nativas y sobretodo, el uso de la imagen a través de estampas, esculturas, grabados y pinturas para que sean "leídas" por los nuevos fieles, ajenos a la semiótica textual. La devoción mariana (estrechamente vinculada al culto angélico en las órdenes franciscana y jesuita) fue especialmente importante. Una virgen solía ser titular de numerosas parroquias y templos, algunas erigidas sobre antiguos santuarios indígenas. No está claro si los frailes sustituyeron deliberadamente a los dioses indígenas animistas por el vasto abanico de ángeles apócrifos amadeístas. Ramón Mujica tiene la hipótesis de que los jesuitas y agustinos creían que los incas conocieron figuras proto-angélicas a través de unos guerreros emplumados llamados wamincas, waman incas o halcones del inca. Junto a los franciscanos, prefirieron recurrir al sincretismo mientras otras órdenes más ortodoxas priorizaron la práctica de la demonología mediante la "extirpación de idolatrías". Lo que si está más claro es que las figuras de los ángeles fueron asumidas prontamente por los indios, tanto en el aspecto litúrgico como en el arte. Hasta ahora hay algunos argumentos para explicar porqué se dió esto de manera tan particular en la zona andina, sobretodo en el caso del estilo pictórico de los ángeles arcabuceros:
Si bien estos factores ayudan a tener respuestas aproximadas a las preguntas, queda pendiente de demostrar fehacientemente no tanto las razones por las cuales los pintores mestizos e indios del Cusco optaron por sacar de las penumbras del canon católico a ángeles considerados apócrifos, sino la razón de representarlos tan ambigua como provocadoramente, como bellísimos seres andróginos ataviados con lujo de encajes, bordados y plumas, pero al mismo tiempo armados con relucientes y guerreros arcabuces. En "Síntomas medievales en el barroco peruano" de Francisco Stastny se encuentran pautas (que confluyen con las de Mujica, sobretodo en el argumento del desarrollo de la angeología renacentista en América) para el análisis de las mentalidades en este contexto histórico: En América barroca la naturaleza de la dependencia colonial propició un desarrollo artístico diferenciado del Europeo debido a la necesidad de responder creativamente a un entorno social y cultural propio, esta necesidad surge porque "El hombre americano vivió [...] otro tiempo histórico que el que reinaba en Europa en el tiempo de Bruno, Galileo, Newton y Descartes [el despertar del racionalismo y la ciencia]. Sus artistas, enfrentados por imposición colonial a modelos que no correspondían a su realidad, debieron asumir la búsqueda de un lenguaje que tuviera una correlación con sus necesidades interiores y sociales a partir de un vocabulario inadecuado y a veces incomprensible. Por eso acumularon, unas sobre otras, aquellas modalidades que sirvieron a sus propósitos de expresión y se aferraron a ellas a través de los siglos, reiterándolas o combinándolas contra toda lógica formal y contradiciendo la gramática de los estilos europeos...". Stasny recalca que esto no fué uniforme en todas las colonias hispanas, dice que "el comportamiento artístico de Nueva España no es el mismo que el de la región andina y dentro de ésta a su vez pueden distinguirse modalidades que diferencian a los principales centros creativos (Santa Fe de Bogotá, Quito, Lima, Cuzco)...", que hubo diferentes distancias culturales entre las colonias y la Metrópoli definidas por la composición étnica, el sistema político, las actividades productivas y sobre todo las formas culturales de los grupos sociales mayoritarios: "...El lenguaje formal de las diversas escuelas de pintura, su modo de concebir el espacio y de expresarse sobre el plano del soporte pictórico reflejan esas variables. Los dos polos extremos en esta apreciación son la capital del virreinato de México, como la ciudad más afín al ámbito cultural hispano, y por otro lado el Cuzco y el sur andino, como el foco periférico más divergente..."
----------------------------- (*) Inserto en: Sobre el Perú: homenaje a José Agustín de la Puente Candamo / Guerra Martinière, Margarita. ed; Holguín Callo, Oswaldo. éd; Gutiérrez Muñoz, César. éd. Lima : PUCP, 2002, p. 935-967
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