1. Seres de antigua compañía
La creencia en seres alados y ascensionales de carácter divino tiene una historia tan antigua como la civilización humana. El culto a estos seres que hacían las veces de intermediarios entre los hombres y la esfera divina, de guardianes de la fuente de la sabiduría y el orden cósmico es por lo menos de origen babilónico. Babilonia (capital caldea) dió muchas bases para el desarrollo de las tres únicas religiones monoteístas que existen (judía, cristiana e islámica). En su mitología, Los "karibus"son espíritus protectores que aparecen semi-arrodillados a ambos lados del kischkanû o Arbol de la Vida. "Cherub" en lengua hebrea y "querubín" en latín, denotan continuidad histórica con los arquetipos babilónicos. En Assur, capital de Asiria al norte de Caldea, el Árbol de la Vida también era parte de las creencias religiosas. Este devino posteriormente en uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo (la Kabbalah), y se presenta como el Árbol del Conocimiento en el Génesis bíblico cristiano. En Nínive existieron los toros alados que flanqueaban las entradas de las murallas de urbes, de palacios y de templos, y siguieron admirándose y venerándose hasta el período del Imperio Persa. En su Diccionario Filosófico Voltaire escribía en 1772 que en la segunda ley sagrada de los brahmanes (1,100 a A.C) llamada Vedas («la palabra de Dios»), de cinco capítulos: "el primero se ocupa de Dios y de sus atributos; el segundo, de la creación de los ángeles; el tercero, de la caída de los ángeles; el cuarto, de su castigo; el quinto, de su perdón y de la creación del hombre..." Dice también que los persas conocieron 31 ángeles, el primero de los cuales era Bahaman, seguido de Debadur, Kur, Ma, y otros más, y que en Persia empezó a conocerse la doctrina del ángel de la guarda (encarnada posiblemente en rafael) y del ángel malo. En Egipto la Diosa Isis esposa de Osiris luce alas cuando se la representa en su condición de sacerdotisa. En el período helenístico y romano no hubo tanto auge del culto a tan antiguos seres angélicos, pero vemos su influencia en figuras como la Victoria Alada de Samotracia, que propaga fama y gloria portando coronas de laureles, palmas y trompetas. Los ángeles islámicos también son hechos de luz, son alados, ascensionales y mensajeros e intermediarios entre lo terreno y lo divino, pero se les confiere menos protagonismo que en el judaísmo y el cristianismo. El jefe de todos fue Yibril o Yibrail (Gabriel), quien junto a Mika'il (Miguel) se dirigieron a Mahoma para dictarle la revelación divina en el Corán. El Islam no establece jerarquías angélicas tan complejas como las de los teólogos cristianos medievales, siendo cuatro los ángeles que se consideran principales: Yibril (Gabriel), Azra'il (Azrael), Mika'il (Miguel) e Israfil (Rafael). Se distinguen los Angeles y los Genios: Los Ángeles (sing. malak, pl. mala'ikah), son seres inmateriales e invisibles, hechos de luz y sin sexo, que "no desobedecen a Dios en lo que les manda" (Corán, 66,6). Un grupo de ellos, los demonios o shayatin (sing. shaytán) encabezados por Iblis (arabización del griego diabolos) desobedecieron a Dios cuando éste les ordenó prosternarse ante Adán el primer hombre; desde entonces se convirtieron en tentadores de la humanidad, por lo que el Dia del Juicio Final serán enviados al fuego eterno. Los Genios (sing. Jinn, pl. Junún, fem. Jinniyyah) son seres tambien imperceptibles a los sentidos, fueron creados a partir del fuego o el vapor y dotados de inteligencia y de sexo; son personajes de origen pre-islámico que ha sino muy mezclados con la magia y el folklore. Pueden ser buenos (los que aceptaron la Revelación coránica) o malos (los rebeldes). En el Antiguo Testamento los ángeles aparecen constantemente bajo figura humana conduciendo y acompañando a los patriarcas hebreos, pero no hay información sobre sus nombres. Escoltaron a Adán y Eva cuando Dios los expulsó por haber comido el fruto del Árbol del Conocimiento, y se quedaron como celosos guardianes del Paraíso. Durante el éxodo Moisés puso dos querubines como guardianes del Arca de la Alianza para resguardar las Tablas de la Ley, símbolo sagrado de la alianza entre el pueblo hebreo y Yavéh. En el Nuevo testamento los ángeles aumentan su presencia y se les cita con nombres propios, principalmente en el Apocalipsis de San Juan Evangelista y las Epístolas de San Pablo. Ambos evangelistas proveyeron los cimientos para el desarrollo teológico y filosófico de la angeologia cristiana posterior. El Libro de Enoq data del S. III A.C., pero tiene muchas traducciones-versiones, las más importantes escritas hasta el S. V son el Segundo Libro -en eslavo-, el Tercer Libro - en hebreo - y el Cuarto Libro - en copto-. Considerado un libro seudoepigráfico e intertestamentario, forma parte del canon de la Biblia de la Iglesia ortodoxa etíope pero desde el S. IV es considerado apócrifo por las demás iglesias cristianas. En él se habla de diferentes ángeles vinculados a fenómenos de la naturaleza: Baradiel (granizo); Galgaliel (sol); Kokbiel (estrellas); Laylahel (noche); Matariel (lluvia); Ofaniel (luna); Raahiel (trueno); Raaziel, (terremotos); Rhatiel (planetas); Ruthiel (viento); Salgiel (nieve); Samziel (luz del día); Zaamael (tempestad); Zaazfiel (huracán); Zawael (torbellino); Ziquiel (cometas). Los nombres que Enoc dió a los serafines custodios del Trono Divino coinciden con un antiquísimo libro caldeo, Dersana Mika'él que aparte de mencionar los tres nombres angélicos reconocidos por la Iglesia católica, nombra a Uriel, Raguel, Salatiel y Anael. En el S. VI Dionisio el Aeropagita muy probablemente inspirado en el Libro de Enoc, escribió "De coelesti hierarchia", introduciendo la idea de la "Jerarquía Celeste", es decir, la distribución de los ángeles dentro de la Corte Celestial en 9 ordenes y 3 tríadas según el menor o mayor grado de participación en los misterios de la divinidad. La primera de las triadas esta compuesta por serafines, querubines y tronos, la segunda por potestades, virtudes y poderes y la tercera por príncipes, arcángeles y ángeles. Los serafines de seis alas (muy difundidos en el arte bizantino), estaban en la cima de la jerarquía celeste, los ángeles estaban en la jerarquía más baja, en contacto directo con los hombres. La obra de El Aeropagita influyó en los Padres de la Iglesia como San Gregorio Magno, y tuvo vigencia durante toda la Edad Media hasta el Renacimiento.
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