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Hermano Lobo Sermon a los Pajaros Fray Burrito El Nacimiento Las Hormigas Salvadas El Halcon El Pez Contento Leprosos San Francisco Constructor Los Bandidos La carrera del Conejito
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El puesto de Fray Burrito
San Francisco solía retirarse con algunos compañeros suyos a
un lugar, cerca de Asís, llamado Rivotorto.
Habitaban en un tugurio abandonado donde podían repararse de los temporales
y del frío.
Padre e hijos pasaban el tiempo juntos, con mucha penuria, faltándoles a
veces hasta el pan y contentándose con algún nabo que iban a mendigar por la
llanura de Asís. El tugurio es tan pequeño que con dificultad pueden los
frailes estar sentados o tumbados por tierra. Por eso San Francisco, con un
hierro candente, escribe los nombres de los frailes sobre los travesaños de
la cabaña para que cada cual pueda reconocer el propio puesto para la
oración y el descanso.
Mientras están en el tugurio, un día estalla un furioso temporal. San
Francisco dice: -¡Qué compasivo es el Señor, hermanos! Mientras afuera
tantas criaturas están bajo la lluvia, nosotros estamos reparados bajo este
techo acogedor, Jesús bendito no tenía una habitación hermosa, ni siquiera
una madriguera como tienen las raposas, ni una piedra para reclinar la
cabeza.
Mientras dice estas palabras, San Francisco llora de emoción. Luego se
arrodilla y empieza a rezar, siguiéndole en seguida sus compañeros.
Entre tanto la tempestad continúa. Y he aquí que se siente, entre un trueno
y otro, un rumor de pasos y luego el rebuzno afligido de un burrito.
San Francisco se levanta y abre la puerta de¡ tugurio. Afuera, bajo la
lluvia, hay un labrador que tiene de la cabeza un burrito.
El labrador, secándose el rostro con la manga, dice: -En nombre de Dios,
¿podéis ofrecerme cobijo hasta que pase esta tormenta? -¡Entra, entra! -dice
San Francisco-. Nos apretaremos un poco y te haremos un lugar. ¿Pero cómo
nos las arreglaremos con el burrito? -Mi burro puede quedarse afuera -dice
el labrador-, es una bestia. Entonces San Francisco con voz severa dice: -El
hermano burrito es una criatura de Dios. ¿Cómo puedes tratarlo tan
cruelmente, a él que te sirve con tanta humildad y fidelidad?
El labrador se ruboriza de vergüenza. Los frailes se aprietan y hacen sitio
para el labrador; pero cuando se intenta hacer entrar también al burrito es
imposible del todo. San Francisco dice:
-Hay que encontrar cobijo también para el hermano burrito. Iré yo afuera y
le dejaré mi sitio.
San Francisco se levanta la capucha de la túnica sobre la cabeza y sale bajo
la lluvia. Fray Silvestre se pone la capucha y dice:
-También yo puedo estar fuera, la lluvia no hace mal. Fray León se pone la
capucha y dice:
-Puedo estar afuera también yo, la tormenta está acabando.
Uno por uno, todos los frailes, con la capucha puesta, salen del tugurio; y
así el burrito puede encontrar sitio cómodamente.
Pasada la tormenta, el labrador y el burrito reemprenden el camino. Entre
las nubes reaparece el sol. Los frailes están calados.
San Francisco dice:
-Ahora el hermano sol secará nuestras túnicas.
Aquel mismo atardecer San Francisco dice:
-Hijos míos, si el hermano burrito volviese, justo es que tenga también él
su sitio fijo. San Francisco enciende el fuego y mete en él un hierro.
Cuando la punta está candente, San Francisco borra el propio nombre del
travesaño y graba en la madera, a fuego, el nombre del hermano burrito.
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