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La
histeria de la mano con la muerte
Miguel Tapia González
Periodista
Quienes
observamos atentamente el devenir de los acontecimientos muy dentro de
Chile, percibimos con profundo dolor la muerte de un brigadista de Renovación
nacional en San Felipe... pero no con demasiada sorpresa.
Sabemos
que el avance que ha experimentado la extrema derecha en la preferencia
del electorado no se debe a la convicción profunda que despierta su proyecto,
sino a una estrategia de marketing que -tal como se hace para vender cualquier
producto malo- promociona las falsas virtudes del objeto a vender, pero
silencia sus defectos.
Así, la
derecha fundamentalista chilena solamente vende ideas generales: más empleo,
mejor salud, más viviendas, mejor educación.
Pero no
dice que pretenden privatizar la salud y la educación, para que sean mejores...
pero para unos pocos. O que ofrecen más empleos, pero con salarios y condiciones
miserables, sin ninguna protección para el trabajador y eliminando hasta
el salario mínimo. O que pretenden solucionar el déficit de casas mediante
soluciones habitacionales precarias; es decir, "obra gruesa habitable"
de superficie mínima: en otras palabras, ratoneras.
Pero ante
la irresponsabilidad de los sectores democráticos y progresistas, que
no han sabido defender con claridad su proyecto de país, la derecha extremista
ha logrado avanzar hasta lo inimaginable... dando lugar a un ansia desmesurada
de poder que le permita desmantelar todos los pequeños avances sociales
logrados en los últimos diez años, después del borrón de todos los beneficios
que hizo la dictadura.
Ven tan
cerca las posibilidades de recuperar el poder y despojar al pueblo de
sus conquistas, que están perdiendo la calma. Más bien, están cayendo
en una histeria frenética que consiste en echar "toda la carne a la parrilla".
En la
práctica, esto significa, entre muchas otras cosas:
- Echar cientos o miles de millones de pesos a la calle, con un escandaloso
despilfarro en publicidad, rayados por todos los rincones y multicolores
gigantografías que intentan convencer mediante la ostentación.
- Vociferar sin frenos descartando todo lo que hagan el Gobierno, la
Concertación o cualquier otra fuerza ajena a ellos. Y sobre todo, mentir,
mentir descaradamente; calumniar sin límites aprovechando su inigualable
dominio de los medios de comunicación.
- Aliarse con sectores tan conservadores como ellos; por ejemplo, la
jerarquía de la Iglesia Católica y el Opus Dei, para apoyarse mutuamente.
- Y ejercer la violencia, el matonaje, la prepotencia gangsteril para
abrumar a los adversarios mediante la amenaza, el chantaje y la agresión.
Para
consumar esta forma de hacer "política", la extrema derecha no necesita
voluntarios porque paga mercenarios que les hagan el trabajo sucio...
que bien lo están haciendo.
Y todo
esto se hace bajo estado de histérica excitación, creyendo tan cerca la
recuperación del poder total, que no pueden renunciar a ninguna forma
de alcanzarla.
Me duele
tremendamente la muerte de ese joven brigadista, como debiera dolerle
a toda la sociedad chilena.
Pero no
puede sorprender: son las armas con las cuales están acostumbrados a hacerse
del poder. Son las únicas armas que saben manejar...
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