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Por cierre de fronteras y falta de sistemas
de atención
A los refugiados afganos les espera el frío y la
muerte
Por Gregg Jones y Tod Robberson, The
Dallas Morning News, Dallas, USA;
Gentileza: Ekipo Nizkor
CAMPAMENTO DE REFUGIADOS SHAMSHATOO, Pakistán - El gélido aire nocturno
se cuela furtivamente en las tiendas de campaña, penetrando hasta los
huesos de cuerpos desnutridos apiñados debajo de pocas cobijas. Los gritos
y tosidos de enfermos y moribundos se elevan como un coro de miseria.
Para Izzatullah,
de 45 años, estos son recuerdos perdurables de su vida en Jalozai, una
escuálida colonia fronteriza para 70 000 refugiados afganos, donde diariamente
llegan más.
Esta es
la vida que les espera a los 80.000 afganos que se estima han huido de
los ataques aéreos norteamericanos cuando se deslicen a lo largo de la
frontera que Pakistán ha cerrado oficialmente, él dijo.
"Esto es
ligeramente mejor que vivir con la batalla en Afganistán, pero uno no
lo puede considerar buena vida", dijo el Sr. Izzatullah, quien como muchos
afganos sólo usa un nombre.
La campaña
aérea de los EE.UU. ha creado otra crisis humanitaria en un Afganistán
desgarrado por la guerra, desplazando cientos de miles de personas y en
algunos casos vaciando casi las grandes ciudades, dicen funcionarios de
las Naciones Unidas (ONU) y trabajadores de ayuda humanitaria.
Los esfuerzos
por ayudar a las víctimas de la crisis más reciente de Afganistán se han
complicado por un conflicto anterior: la situación sin resolver de más
de 2 millones de refugiados afganos, algunos de los cuales llegaron primero
a Pakistán después de la invasión soviética de Afganistán de 1979.
De los
nuevos refugiados, miles se han colado a los campamentos ya existentes
en el área de Peshawar, mientras que otros están quedándose con familiares
en Peshawar y otras ciudades, dicen funcionarios de la ONU y trabajadores
de ayuda.
Muchos
se están fundiendo con la población pakistaní, sin registro y por ende
incapaces de recibir asistencia.
"Todos
están en problemas, básicamente", sufriendo de desnutrición o problemas
de salud, dijo David Snyder, del equipo de respuesta de emergencia de
los Servicios de Socorro Católicos que ha entrevistado a los recién llegados
a Jalozai y Peshawar en días recientes.
La renuencia
de Pakistán para aceptar más refugiados y el deseo de la UNHCR de construir
nuevos campamentos para anticiparse a una repentina ola de afganos ha
provocado un enorme acumulación de refugiados en esperan de registro,
dijeron los trabajadores de ayuda.
Sistema fallido
Ellos dicen
que el resultado es un sistema fallido, dejando decenas de miles de refugiados
en un agujero negro burocrático, obligados a suplicarles comida y albergue
a sus paisanos refugiados en campos tales como Jalozai.
"He visto
un buen número de campamentos de refugiados y Jalozai es uno de los peores",
dijo el Sr. Snyder.
La falta
de registro de los refugiados es "una importante razón por la que el campamento
está como está. No se va a obtener alimentos, tiendas o cobijas sino hasta
que se esté registrado".
El gobierno
pakistaní rechazó una solicitud para visitar Jalozai, citando preocupaciones
de seguridad.
Aún aquí
en lugares tales como Shamshatoo - el cual alberga 65 000 refugiados y
es denominado campamento modelo por los funcionarios de la ONU - la vida
es tétrica, especialmente para los recién llegados como el Sr. Izzatullah.
Su familia
y aproximadamente 200 otros fueron trasladados desde Jalozai a Shamshatoo
a mediados de septiembre, exactamente después de los ataques al World
Trade Center y el Pentágono, dijo el Sr. Izzatullah.
Los primeros
que llegaron viven en pequeñas casas de adobe y han abierto pequeñas tiendas
y oficinas. Los residentes más recientes viven en tiendas cerca de la
parte trasera del basto campamento, en extensiones de tierra desnuda y
polvorienta, a una hora a pie de la población más cercana y la carretera
que está fuera del campamento.
"No tenemos
nada de madera sobre la cual cocinar alimentos", dijo el Sr. Izzatullah,
mientras dos niños jugaban cerca con una pila de piedras que se han convertido
en camiones y carros imaginarios.
"No tenemos
algo de queroseno para cocinar y no tenemos otros artículos de primera
necesidad como jabón para lavar nuestra ropa", él dijo. "No tenemos una
cobija o un cobertor para protegernos del invierno". "Y aquí hay un 100%
de desempleo. En mi bolsa no hay nada de dinero".
Él y su
esposa y sus seis hijos tienen permitido una lata de agua al día, distribuida
por pipas que la suministran al campamento. Sus raciones mensuales de
alimentos - distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU
- les duran aproximadamente de 15 a 20 días, él dijo.
Como dijo
Sr. Izzatullah, esto no es una gran vida. Pero sí es una vida sin minas
terrestres y proyectiles de artillería, sin bombas, misiles crucero o
policía religiosa del Talibán azotando personas por ver televisión, escuchar
música o volar un cometa.
Soportando las cargas
Durante
la última década, una agencia de ayuda internacional se cansó de Afganistán
y volvió su atención a las crisis de refugiados en Kosovo, Timor del Este
y otras partes, se dejó que Pakistán soportara su inestable economía y
las pesadas cargas sociales que representan sus refugiados afganos.
"Nosotros
en Occidente borramos a Pakistán de nuestras pantallas de radar durante
los últimos años", dijo Ken Hackett, presidente de los Servicios de Socorro
Católicos.
Y ahora,
Pakistán está negándose a abrir su frontera con Afganistán para permitir
el ingreso de refugiados, diciendo temer verse obligado a cargar con la
responsabilidad de albergar a más afganos que no tienen intención de regresar
a casa.
Funcionarios
de la ONU creen que 300 000 refugiados invadirían Pakistán si se abriera
la frontera y posiblemente casi 1 millón en el peor de los casos.
"Todos
los individuos tienen derecho a buscar asilo", dijo Peter Kessler, portavoz
del Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas (UNHCR) en
Islamabad, Pakistán. "Nosotros les hemos pedido a todos los países que
circundan a Afganistán que abran sus fronteras y efectivamente, no creemos
que eso se le deba impedir a alguien".
Funcionarios
de la ONU critican especialmente la cooperación de Pakistán con la milicia
Talibán que gobierna Afganistán en un esfuerzo por detener a los refugiados
que huyen de Pakistán - esfuerzo que están poniendo en peligro la vida
de los refugiados, adujeron los funcionarios.
En el área
de Chaman, el principal cruce fronterizo para miles de afganos que huyen
de Kandahar y otras ciudades sureñas bombardeadas intensamente, esta semana
las autoridades pakistaníes empezaron a arrestar refugiados afganos que
entraban ilegalmente a su país. Ellos eran regresados a un campamento
fronterizo establecido por el Talibán. Días antes, la policía había abierto
fuego sobre los refugiados que trataron de entrar a la fuerza por éste
cruce fronterizo.
Entre tanto,
la agencia de refugiados de la ONU está almacenando pertrechos en Pakistán
y estableciendo varios campamentos nuevos para albergar aproximadamente
a 300 000 refugiados. Dada la renuencia de Pakistán para aceptar nuevos
refugiados, casi no es sorpresivo que los sitios ofrecidos por el gobierno
para los nuevos campamentos sean difícilmente idílicos, dijeron funcionarios
socorristas.
"Ellos
intencionalmente los han ubicado en lugares remotos para que los puedan
repatriar con más facilidad", dijo el Sr. Kessler. "Ellos no quieren que
estos lugares den la sensación de ser su casa. Ellos quieren que estos
campamentos tengan la sensación del Valle de la Muerte".
A pesar
del cierre oficial de la frontera, aún están cruzando hacia Pakistán unos
pocos miles de personas diariamente a través de senderos montañosos, dijeron
trabajadores de ayuda humanitaria.
El número
de refugiados regresados al lado afgano de la frontera no es claro, debido
a que el Talibán que gobierna a Afganistán les ha prohibido la entrada
a su territorio a los trabajadores de ayuda humanitaria extranjera - creando
lo que un funcionario dijo "un agujero negro de información" que ha hecho
que los preparativos para esta crisis sean una pesadilla para las organizaciones
de socorro.
Sin embargo,
reseñas de los recién llegados a Pakistán sugieren que no existen las
enormes cantidades de refugiados arremolinados a lo largo de la frontera
que habían temido las agencias de ayuda.
Décadas de revueltas
La historia
del campamento de Shamshatoo está entretejida con las dos últimas décadas
de revueltas en Afganistán. Este se llenó de refugiados durante los últimos
años de guerra contra los soviéticos, después se vació cuando la gente
regresó a casa durante un breve periodo de paz en 1992.
El año
pasado, con el trasfondo de la economía desmoronante de Afganistán y la
guerra civil entre el Talibán y la Alianza del Norte de oposición, el
campamento se empezó a llenar otra vez.
El Sr.
Izzatullah trabajaba como bombero en la provincia Kapisa de Afganistán,
al norte de Kabul, hasta que el Talibán tomó el control en 1996 y despidió
a todos los empleados por el gobierno anterior. Él aún se considera bombero
y señala con tristeza los ataques del 11 de septiembre contra los Estados
Unidos, especialmente el hecho de que "hubo 300 bomberos que fallecieron
y que eran mis colegas".
Después
de perder su trabajo, él cultivó granadas para vivir. Pero una devastadora
sequía hizo imposible obtener una cosecha durante dos años, por lo que
su familia se hizo más y más pobre. Sin dinero, sin trabajo y luchando
por sobrevivir otro invierno afgano, el Sr. Izzatullah y su familia decidieron
huir hacia Pakistán a principios de este año.
Ellos pidieron
dinero prestado para el pasaje de autobús hacia el Paso Khyber, cruzaron
a Pakistán y después de dirigieron a Jalozai. Ahí, ellos vieron como el
invierno reclamó una vida después de otra. Antes de que llegara la primavera,
él dijo, ya habían muerto 150 niños, incluyendo siete hijos en tiendas
de los alrededores.
"Los niños
acostumbraban gritar de dolor y de fiebre, en todo el campamento", él
dijo. "Algunos lloraban por la falta de alimentos. ¿Cuando una madre no
consume suficientes alimentos, cómo va a amamantar ella a su bebé?
Una cobija
Algunas
familias sólo tenían una cobija, otros ninguna, él dijo. Su familia tenía
dos cobijas, compartidas por ocho personas. "Uno de mis vecinos falleció
de frío", él dijo. "Él tenía 45 años de edad. Otro murió de tuberculosis".
A pesar
de estos dolorosos recuerdos, el Sr. Izzatullah considera Jalozai "mucho
mejor" que su actual casa en el campamento Shamshatoo, debido a que "es
más verde y hay más alimentos".
Si hubiera
paz en Afganistán y él estuviera ya de regreso en su casa del Valle de
Tagab, el Sr. Izzatullah estaría cosechando granadas brillantes, maíz
y arroz y recolectando madera para el largo invierno que se avecina.
En lugar
de eso se pasa todo el día fabricando ladrillos de adobe para hacer un
rompevientos con el fin de darle a su familia la posibilidad de luchar
para sobrevivir los mortíferos meses futuros.
"Tan pronto
como termine la guerra, se restaure la paz y tengamos oportunidad de trabajar,
todos los afganos regresarían a casa", él dijo. "Este es nuestro deseo:
que prevalezca la paz, para que nuestro lugar aquí como refugiados no
sea permanente".
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