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Neltume: Recobrando la Memoria
en la Tierra de la Esperanza
Por Mauricio Durán
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Conmovida, una mujer rinde su homenaje a los caídos.

La mayoría de los asistentes era gente del lugar, que permaneció
en profundos y sincero recogimiento
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Es la
mañana del 14 de octubre del 2001. Un viaje en camino de ripio se interrumpe
por los puentes de concreto que ya se extienden e internan hacia el corazón
de lo que una vez fue el centro del Complejo Forestal y Maderero. Vamos
a Neltume. Vamos a un acto de homenaje y conmemoración por los trabajadores,
los luchadores sociales y caídos en combate de esta zona. Y la estela
de polvo que va dejando la caravana de buses y autos internándose hacia
la precordillera, es algo así como un terremoto a los libros de la Historia
Oficial, esa que se construyó marginando y ocultando el horror que se
vivió en los primeros años de la dictadura en esta zona. Vamos de Panguipulli,
de Valdivia, de Temuco y otros lugares en procesión, en negación a esa
muerte que amenaza ser el olvido.
La ranchera y el pellín
"Pancho
Villa, te llevo grabado, en mi mente y en mi corazón; y aunque a veces
te vi derrotado por las fuerzas de Álvaro Obregón. Siempre anduve como
fiel soldado hasta el fin de la Revolución. Siempre anduve como fiel soldado
que tanto ha luchado al pie del cañón". Guitarras y voces entonan
esta ranchera. Hay aplausos, hay palabras y lágrimas que se ahogan en
los pechos de las personas.
"Es
de esperar que otros octubres nos reúnan y que otras generaciones tomen
el relevo de los sueños, esperanzas y anhelos, de justicia y libertad"
dice el conductor ya finalizando el acto. Y las cien personas se quedan,
no se quieren ir, no se quieren marchar.
-¡Compañero
Miguel Cabrera!- grita una voz que se va a la velocidad del sonido
hacia las montañas.
-¡Presente!-
responden las noventa y tantas voces.
-¡Compañero
Miguel Cabrera!- insiste la misma voz, un poco más quebrada.
-¡Presente!-
responde la voz fundida de los noventa y tantos.
-¡Ahora!-
grita la voz hacia el cielo.
-¡Y
Siempre!- responden los demás.
-¡Ahora!-
insiste la voz que se va a las montañas y al lago.
-¡Y
siempre!- contestan los otros, también insistiendo, negándole al
viento que traiga el silencio.
Pero antes
de que llegara este silencio, antes de estas palabras, habíamos llegado
a Choshuenco, localidad que queda a 49 kilómetros de Panguipulli. Exactamente
a una cuadra del retén de carabineros, donde el 16 de octubre de 1981,
Miguel Cabrera Fernández ("Paine"), militante del MIR y jefe del Destacamento
Guerrillero Toqui Lautaro, fuera muerto en combate.
Cabrera
trató de romper el cerco policial y militar instaurado por la Dictadura,
con el fin de salvar a sus compañeros (que al igual que él) habían sufrido
tres meses de una persecución despiadada en medio de la nieve, el hambre
y la montaña. También en medio del miedo y del anhelo por seguir viviendo,
por seguir luchando.
Heroicas epopeyas entre las montañas
"Nosotros
nos hemos sentido imposibilitados de hacer justicia en este país y también
de hacer posible muchas cosas tales como anhelos, esperanzas, ilusiones.
De eso estamos impedidos, pero no estamos impedidos- y esa es nuestra
responsabilidad- de hacer memoria y de hacer historia. Nadie nos impide
eso y nuestro propósito hoy es recordar a un compañero que en este lugar
dio su vida por ideales de justicia, libertad y por un mundo mejor que
todos queríamos para nuestro país. Hace 20 años en estas montañas, un
puñado de chilenos encabezados por Paine, encabezaron la vanguardia y
la decisión de enfrentar a la dictadura pinochetista de otra manera. Hace
20 años en estas montañas se vivieron epopeyas heroicas que forman parte
del historial de la lucha revolucionaria del pueblo chileno y esa época
de lucha en las montañas de Neltume y del Complejo Forestal y Maderero
de Panguipulli termina con la muerte de Paine", dice el conductor
del acto antes que Pamela Raín haga un canto ceremonial o Gulkantun.
Ahí, bajo
una lluvia de pétalos de flores blancas de cerezos, las palabras recordaron
a este contador de 29 años nacido en Teodoro Schmith y padre de una hija
a la que llamó Victoria, pero también recordaron el esfuerzo y la dignidad
de hombres que, al igual que Miguel Cabrera, soñaron y trataron de construir
un mundo en el cual nadie fuera marginado. Al igual que Pamela, Pamela
la de la voz que nace de la tierra, otras palabras que nacen de la experiencia
hablaron de Cabrera Fernández:
"Dentro
de un rato, en Neltume, dejaremos estampados en acero el nombre de otras
70 vidas caídas en esta misma lucha, pero hemos querido hacer un alto
para dejar marcado para dejar un hito en el lugar en que cayera Miguel
Cabrera, no para destacarlo entre otros nombres u otras vidas igualmente
generosas regadas en esta tierra. Queremos expresar en él a una generación
y a una época en cuyo corazón latió el vigor de los valores de la libertad,
de la igualdad, de la justicia social y de la solidaridad humana. Valores
que entonces llamamos del socialismo y que no podemos omitir sin traicionar
la gran gesta de un hombre que prefirió combatir a doblegarse. Así como
de tantos otros que vivieron estos principios cabal y consecuentemente
representó en una época de nuestra historia un acto subversivo, una actitud
de rebeldía cuyos riesgos y consecuencias Paine no eludió jamás. Paine
encarna a un numeroso grupo de mujeres y hombres que no nacieron en este
lugar, entre estas montañas y, sin embargo, fueron sus mejores hijos.
Porque los valores humanos de Miguel Cabrera y por lo que él cayera combatiendo
en este sitio no tienen cuna ni partido de nacimiento. Viven y germinan
en el corazón humano, en la nitidez de su conciencia. No vinimos hasta
aquí para hacer un culto de su muerte, nos duele su ausencia y hubiésemos
preferido tenerlo vivo, sencillo, solidario, sonriendo entre nosotros.
Podrá decirse hoy día que el proyecto político (o la causa por la que
ofrendó su vida), fue temporalmente o definitivamente derrotada. Podrá
decirse que en el camino quedaron regadas muchas vidas sin haber alcanzado
la victoria, pero no podrá decirse que tuvimos que mudarnos de principios
para tener la pretensión de haber triunfado. No está lejano en el tiempo
la formidable lección moral del Presidente resistiendo el avasallaje en
condiciones totalmente desventajosas, ejemplo que se repitiera muchas
veces en tantos rincones de nuestra patria, así como en esta esquina de
Choshuenco. Paine ni el paso del tiempo, ni la ignorancia, ni la dolorosa
indeferencia tienen la estatura de tus principios ni los valores que tan
dignamente habitaron en tu vida. Hasta la Victoria... porque todavía no
nos pertenece. Hasta siempre... porque tu ejemplo te trasciende".
Entonces
dos manos toman una manta mapuche, la deslizan suavemente como sabiendo
que las palabras "Y recorrer tus caminos para encontrar la victoria
que buscamos", son las palabras de la memoria, palabras vivas
que nacieron de la boca de Miguel Cabrera.
Y quedaron
inscritas en una placa de acero inoxidable de un espesor 2 milímetros
sobre un durmiente de pellín. De un durmiente que -naciendo de la tierra,
mientras la lluvia de los pétalos de los cerezos en flor acaricia sus
vetas- mira cómo las cien personas enfilan sus pasos hacia los vehículos,
para seguir desempolvando los libros de historia, para seguir avanzando
hacia Neltume.
La paloma, los obreros y los palacetes
"Hoy hemos
vuelto para reunirnos bajo los Coigües, la lluvia y la nieve. Hoy hemos
vuelto con esperanza y soñando con el futuro... Venimos desde Paimún,
Molco, Releco y Anquilhue. Venimos desde Trafún, Carranco, Pirihueico
y Maihue. Aquí están nuestros hermanos, madres esposas e hijos. Aquí están
nuestras familias, compañeros, vecinos y amigos. Hermanos de marchas,
hermanos de toma, hermanos de canto y fútbol... Venimos desde Paimún..."
y fue en ese momento, justo bajo ese sol de las dos de la tarde, cuando
la montaña se ve más verde, más altanera, que las cerca de doscientas
cincuenta personas -que se juntaron alrededor de la escultura instalada
hace dos años atrás- sintieron que las 71 personas que estaban en las
placas habían bajado de los bosques. Y es que el canto de dos mujeres
los habían invitado a esta cita con la memoria.
Antes,
a la una de la tarde: había nerviosismo y ansiedad. Amigos y viejos conocidos
saludándose, abrazándose.
-Que repartan
los trípticos- dicen unos por ahí.
-¿Y dónde
colocamos el mural?- Se preguntan en un grupo, mientras el dibujo que
muestra una madre que abraza un hijo que sostiene unas palomas y que tiene
como leyenda "Somos la voz profunda y termal de esta tierra"; es observada
por un niño de diez años que trata de interpretar los colores y las formas.
Para el
niño el mundo gira en el mural y no ve como, poco a poco, los antiguos
obreros madereros se acercan alrededor del monumento. Algunos de Neltume,
otros de la población Lolquellén de Panguipulli. El niño mira la paloma
y luego mira la mano del hombre de bronce, la del monumento, la que sostiene
una paloma. El hombre de bronce tiene impactos recientes de balas calibre
22 en el pecho y en la espalda, pero sigue ahí con su paloma en la mano.
¿Como lo hará?- se pregunta el niño.
Para la
una y media, José Araya, Secretario Ejecutivo del Codepu de Valdivia -conductor
del acto de homenaje- invita al micrófono a Alejandro Koehler (PS), alcalde
de Panguipulli. Antes Silvia Brevis, Directora de la escuela Tierra de
Esperanza, había hablado de la necesidad de la unión para Neltume Entre
medio de las palabras, algo se quiebra, algo se dice, algún recuerdo doloroso
se asoma:
"Queremos
decirle al mundo y enviarle un mensaje al futuro, que esto no ocurra nunca
más, e insistir en la idea que ningún error político justifica los horrores
y que seamos capaces de decirnos que este drama, que esta tragedia no
puede volver a ocurrir jamás". Indicaría Koehler.
Luego intervendría
la Gobernadora Marta Meza (PS) quien también con lágrimas en los ojos
diría que "esta democracia es lo único que nos puede asegurar que esto
no vuelva a ocurrir en nuestro país y que de nosotros depende mirarnos
a la cara, aún a pesar de pensar de distinto y compartir en la diversidad.
La invitación es que sólo con la participación en democracia podemos asegurar
que esto no ocurra nuevamente".
"Fueron mucho más que un nombre"
Finalmente,
Ibar Leiva, Coordinador del Comité Memorial Neltume, sube al montículo
de verde que se extiende delante del memorial, acomoda el micrófono y
dice las siguientes palabras:
"Hoy,
no cabe duda, que con la fuerza de la historia, los hijos de esta castigada
tierra están escribiendo su propia verdad develando el manto de falsedades
con que se les pretendió enlodar. Queridos familiares de los compañeros
caídos en la lucha por un mundo mejor este es nuestro mensaje. Queremos
decirles que vuestros padres, vuestras madres, hermanos, hijos, maridos,
esposas, compañeros y amigos están libres de toda culpa moral para recorrer
la historia de nuestro pueblo, libres para decir al mundo que nadie pudo
acallar su legítimo derecho a soñar y trabajar por una sociedad más justa,
libres para seguir recorriendo por los siglos de los siglos todos los
senderos de estas rebeldes montañas con su legado de amor y justicia social,
libres para el presente y libres para el futuro que siempre los tendrá
en la memoria colectiva popular. Con la colocación de las placas, que
contienen los nombres y las circunstancias de la violación de sus derechos
fundamentales, estamos personificando a cada uno de ellos en su dimensión
social e histórica que les corresponde. Ellos fueron mucho más que un
nombre, mucho más que un número, ellos fueron todo un proyecto social
de vida que trascendió las fronteras de lo personal para transformarse
en un sentimiento colectivo de amor y justicia social. Son 71 nombres,
son 71 sueños, son 71 proyectos de vida digna cuyo ejemplo iluminará los
senderos del futuro. Aquí hemos querido inmortalizar sus vidas, sus sueños,
luchas, esperanzas. Rendimos homenaje hacia aquellos que lucharon por
sacudirse el yugo explotador del patrón, aquellos se tomaron los fundos
para recuperar las tierras usurpadas, aquellos de las huelgas de las fábricas
reclamando por más sueldos y mejores condiciones de trabajo, aquellos
que desde el corazón mismo de la montaña se alzaron en armas para combatir
a la dictadura de Pinochet y sus lacayos. Aquí están recuperados para
la historia, arrancados de las garras del hoyo criminal, para proyectarlos
imperecederos por las grandes alamedas de nuestra larga geografía histórica.
Aquí están, son nuestros mártires, nos fortalece su recuerdo, nunca los
olvidaremos, allí estarán en cada lucha justa, en cada acción solidaria,
en cada acto de amor al prójimo, en cada primavera, en cada flor, en cada
nacimiento, ajenos a la muerte, fertilizando la vida. Aquí estarán para
siempre".
Entonces
Ibar Leiva empieza a nombrar uno por uno los 71 nombres y cada nombre
es contestado por una voz formada de muchas voces que dice Presente...
-Alan
Rodríguez Pacheco
-¡Presente!-
-...Y a
aquellos cuyos nombres aún no han sido recuperados- Y con esta frase
inscrita en la segunda placa, el coordinador termina de mencionar los
71 nombres; se han escuchado 71 presentes. Rompiendo el silencio, Leiva
finalizaría sus palabras con lo siguiente:
"Neltume,
Grito de Libertad donde el bosque brota desde los árboles caídos. Neltume
Generoso y rebelde, solidario y combativo, ejemplo de coraje y dignidad.
Este Memorial que hoy bendecimos es la expresión física de una historia
indestructible en su mensaje de lucha y combate por los ideales más nobles
que movilizan los sueños de los hombres justos. Distinguidos familiares,
levanten sus frentes, nos fortalece vuestra mirada ejemplar".
"No podemos tener paz con el Demonio"
Más Tarde
Sor Consolata, de la Congregación Franciscana y que trabaja en la escuela
Juan Carriel de Neltume, realizó una bendición en la cual destacó el tema
del perdón, pero también de la justicia. Insistió en el tema del amor
al prójimo y en que el mismo Dios es amor y amor de verdad. Don Ildefonso
Mendez, presidente de la Asociación de Iglesias Cristianas destacó que
el único consuelo para el dolor es Dios y él es el único que puede juzgar.
Pero, quizás, al momento de la bendición se sintió más profundo y más
cercano cuando el Ñizol Lonko Augusto Nahuelpán, del Consejo de Lonkos
del Pikun Willimapu dijo "Es difícil de estar acá, impacta mucho, por
la realidad que ha sucedido. Se piensa que ellos fueron los culpables,
pero solamente por pensar. Nosotros como Mapuches tenemos una historia
muy sufrida junto a los trabajadores de nuestra patria; ya que hemos sido
postergados. Nosotros en nuestros Nguilatunes siempre pedimos por los
caídos y en esta tarde quiero pedirle a Wenu Mapu Ñuke e invocar a Wenu
Mapu Chao, a los padres y madres de lo alto, que los espíritus de los
que se fueron los tengan a su alrededor. Estamos tristes junto a las hermanas
y hermanos, los familiares directos; esperamos que el todopoderoso los
acompañe y les dé la claridad suficiente para defenderse de las incomprensiones
del Capitalismo. Hoy por hoy no podemos esconder nuestras mentes, porque
la gran arma mortal que tenemos contra el capitalismo es solo el pensamiento
y por el pensamiento nos mataron a nuestros hermanos en las poblaciones
y en todas partes de Chile. Quiero Encomendar a Dios, a nuestro padre
y a nuestra madre desde lo alto, a los asesinos a que respondan por el
trabajo que hicieron a sus semejantes. Por que nosotros no podemos perdonar
al Demonio, nosotros perdonamos a nuestros hermanos humildes como nosotros,
pero no podemos tener paz con el Demonio".
Y la tierra
a través del Lonko Augusto había hablado, luego vino un silencio, una
brisa, otras palabras. Luego algunos pasos se acercaron a las placas del
monumento; algunas manos retiraron unas ramas y enredaderas que cubrían
las placas, pulverizando el olvido y despertando a la memoria. Justo detrás
del monumento y de esta escena aparecieron dos viejos obreros madereros,
curtidos y duros; pero al mismo tiempo emocionados pa' dentro, tal vez
recordando a sus amigos, a sus vecinos, a sus compañeros, esos que aparecían
en las placas.
-Mira,
mamita ahí está su nombre- y la mujer extendió la mano hacia el nombre
de su hijo escrito en la placa, lenta y temblorosamente; como quebrando
la gruesa cortina de los recuerdos olvidados, como sabiendo que su hijo
-ese que le mataron los militares- no se perdería, seguiría vivo mientras
los bosques de Neltume, Paimún, Liquiñe y de todos los fundos que alguna
vez pertenecieron al Complejo, continúen año tras año pintando de verde
la Cordillera. Pues su sangre regó la tierra del Raulí y del Coigüe, del
Avellano y del Canelo; sangre inocente... sangre que sirvió de sacrificio
a los demonios del mercado y la usura para construir sus palacios entre
los lagos y las montañas de esta tierra de esperanza.
Panguipulli, octubre 23 del 2001.
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