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Ya desde siempre se ha intentado ver en la cultura vaqueira rasgos que los diferenciaran del resto de los asturianos. El folklore no iba a ser una excepci�n. Se llegaron a decir verdaderos disparates, como por ejemplo Caveda, que lleg� a afirmar que entre los vaqueiros "son comunes algunas costumbres de los mahometanos". Afortunadamente estas ideas se fueron perdiendo y hoy en d�a no solo se piensa sino que se demuestra que la cultura y en este caso el folklore de los vaqueiros es id�ntico al del resto de asturianos. La �nica diferencia est� en que la conservaci�n en las bra�as de las leyendas, los bailes, la vestimenta, fue mucho mayor que en el resto de los pueblos, al no estar influidos por ninguna cultura externa. Las canciones y los instrumentos de percusi�n son muy comunes en las zonas vaqueiras. El pandeiru, la payecha y los cr�talos era lo mas utilizado.
ya de peyel.lu d'uvetxa, ayer birraba nu monte, g�ey toca que retumbiel.la
el rau de la payel.la, pa que salga a bail.lare la de la saya marial.la
mozas del bail.le primeru, aviva-y las casta�uelas que yo avivar� el pandeiru. Las vaqueiradas son un tipo de canci�n de oficio. En las letras se reflejan tareas cotidianas. Las vaqueiradas tienen ritmos ternarios y una estructura muy sencilla. El baile del pandero o la vaqueirada son otros ejemplos del folklore de este pueblo. El traje es descrito por primera vez en el siglo XVIII por Jovellanos: "Su traje, compuesto de motera, sayo, jub�n, cinto, calz�n ajuntado, medias de punto o de pa�o y zapatos o albarcas, llamadas coricies, por ser el cuero su materia, es en todo conforme al de los dem�s aldeanos, fuera de la casaca o sayo; �ste tiene la espalda contada en cuchillos, que terminan en �ngulo agudo al talle, y el de los aldeanos se acerca mas a la forma de nuestras chupas. Pero reflexi�nese que el corte de este �ltimo, que no es otro que el de una casaca o chupa a la francesa, es de reciente introducci�n, e infi�rese de ah� que el de los vaqueiros es el primitivo, nunca alterado por el uso, y probablemente el que llevaron generalmente en lo antiguo todos los labradores asturianos". Lo cierto es que el traje de los vaqueiros se perdi� mucho antes de que Jovellanos hiciera este escrito. Solo nos quedan peque�os testimonios a partir de los cuales se puede intuir como era el verdadero traje vaqueiro.
![]() Mitolog�a, creencias y supersticiones Los seres mitol�gicos en los que creen los vaqueiros son los mismos de la cultura asturiana en general.
El Trasgu, peque�o ser con un agujero en las manos y que se encarga de cambiar las cosas de sitio en las casas. El Dia�u Burll�n, otro ser que se dedica a gastar bromas a todo el mundo.
El Nuberu, es el encargado de dirigir la lluvia, las tormentas, la nieve... Se le combate poniendo delante de la casa la pala de enfornar y el xurradoiru formando una cruz. Las Xanas, son las ninfas de las fuentes y los r�os. Solamente se localizan en las bra�as del interior.
Existen supersticiones de todo tipo. Algo muy com�n en la noche de San Juan era hacer una hoguera de helecho, laurel, hinojo, s�ndalo y excrementos de cerdo para ahumar al ganado y a los ni�os con el fin de prevenir todo tipo de males. Es tal la antig�edad de este rito que ya lo practicaban los celtas. Tambi�n la envidia provocaba males en las personas, el llamado mal de ojo, que hacia que las personas enfermaran. Este mal de ojo nunca era causado por las personas de la misma bra�a sino que lo hac�an personas extra�as y de otros lugares. El mal del filo es algo que a�n se practica hoy en d�a entre las comunidades vaqueiras. Cuando un ni�o se pon�a enfermo se llamaba a la entendida del pueblo para curarle. Se media al ni�o con un hilo, a lo alto primero y luego a lo ancho, con los brazos extendidos. Si el ni�o med�a lo mismo no pose�a el mal del filo, pero si por el contrario la medida no era la misma se cortaba el hilo en nueve trozos, luego se echaban al fuego, todos menos uno, que era colocado en la mu�eca del ni�o para ser quemado d�as despu�s. Hoy d�a la mayor�a de estas supersticiones est�n perdidas por completo, debido a la relaci�n de los vaqueiros con el resto del mundo y la salida del aislamiento en el que estavan sumidos.
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