Por qué
El imparable goteo en los últimos años de noticias trágicas provenientes de toda la geografía española en las que los Agentes de Policía tienen un papel protagonista, en ocasiones dramático, obliga a reflexionar sobre nuestra capacidad de respuesta ante hechos excepcionalmente violentos.
A estas alturas a nadie puede extrañar que cualquiera de nosotros se vea en cualquier momento obligado a intervenir con delincuentes armados, perturbados mentales o con sujetos bajo la influencia de algún tipo de droga euforizante.
Podemos constatar la proliferación de armas de todo tipo en la calle, muchas de ellas, aunque legales, como es el caso de las escopetas de caza (más de un millón y medio en nuestro país), no por ello menos peligrosas en manos de desalmados y de locos, capaces de las atrocidades más inverosímiles, como se ha puesto de manifiesto sobradamente en diversos puntos de España, en las que, en ocasiones no hubo una respuesta policial eficaz por no llegar a tiempo de atacar el problema, a pesar del requerimiento ciudadano; en otras, con trágico resultado para ciudadanos y fuerzas del orden, con muertes que, en el caso de éstos últimos podían haberse evitado si hubieran contado con una protección adecuada y con la formación y entrenamiento en la resolución de situaciones anormales como las que se les presentaron. Por desgracia ya es tarde para ellos.
También podemos afirmar la formación "in crescendo" de mafias y grupos de delincuencia organizada provenientes, principal, que no únicamente, de Africa del Norte y de Europa del Este, que operan tanto a nivel local como interregional (generalmente relacionados con el tráfico de drogas, de inmigrantes, robos a gran escala, etc.), así como la existencia de grupos violentos de ideologías extremistas y bandas juveniles, con las más diversas motivaciones.
¿Os suenan algunos de estos hechos? Todos son de la última década y, evidentemente, son una ínfima muestra de los que podrían recogerse y tras los que pueden sumarse un largo etcétera:
- Dos motoristas de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil le dan el alto a un vehículo sospechoso, tras haber éste hecho caso omiso a una señal de Stop. Al acercarse al vehículo sus ocupantes, dos atracadores, les disparan acabando con sus vidas.
- Procesión en un pequeño pueblo extremeño (si mal no recuerdo). Enajenado armado con escopeta dispara desde su balcón matando a varios participantes y a dos Guardias Civiles.
- Pareja de la Guardia Civil que denuncia a un conductor por no haber pasado la ITV. Éste, se va a su casa, vuelve al lugar en el que se encontraban los Agentes y les dispara con una escopeta, igualmente con resultado fatal. Vuelve a su casa de nuevo y se suicida.
- Atraco en Córdoba. Criminales bien armados se encuentran en su huída a Agentes de la Policía Local, disparandoles con subfusiles y dejando de nuevo dos familias y una plantilla rotas.
- Enajenado en Valencia. Lo que parecía una disputa entre vecinos se salda con la muerte por disparos de escopeta de un bombero y dos Agentes del Cuerpo Nacional de Policía, integrantes de las U.I.P.s.
- Atraco en Vall D´Uxó (Castellón). Un hombre con chaleco antibalas y armado con un subfusíl y varias armas cortas se enfrenta a la Policía Local, dejando a su paso un Oficial muerto y dos Agentes heridos.
Todos estos hechos, otros y bastantes más en los que las Fuerzas del Orden han tenido mejor suerte, viéndose no obstante inmersos en tiroteos y enfrentados en ocasiones a situaciones límites, con individuos mejor armados, obliga a no cerrar los ojos a esta realidad y a buscar la "vacuna" preventiva antes que el tratamiento de choque para cuando el mal ya se haya manifestado, con consecuencias imprevisibles.
Se quiera aceptar o no nuestras calles se están tornando violentas, y en España se van asentando problemas delincuenciales y sociológicos que ya existían en otros países hace 15 o 20 años. Es por ello que debemos promover entre nosotros una cultura de la "supervivencia" con la que, sin caer en comportamientos paranoides, ya que no debemos confundir la paranoia con la preparación, logremos incrementar nuestro potencial de reacción ante situaciones de alto riesgo. Para ello, debemos romper el hermetismo con el que se han tratado estos temas, no conformándonos con las nociones básicas, en muchos casos obsoletas que se nos enseñaron hace años en las Academias, aspirando a adquirir el más pleno conocimiento sobre tácticas de intervención que han venido considerándose como "especiales", y que por tanto han quedado monopolizadas para su uso por parte de determinadas Unidades Especiales, sin pretender en modo alguno menoscabo para éstas.
Cuando un policía atraviesa una puerta para comprobar el interior de un edificio (por ejemplo, ante un presunto robo con fuerza), no importa si es o no de una Unidad Especial, puesto que el peligro es el mismo. Pero el/los Agentes de una sección ordinaria lo afrontan con un plus de riesgo (siempre salvo excepciones), entre otras razones: por la falta de información de lo que pueden encontrarse en el interior; por la carencia de formación en materia de movimiento, búsqueda y "limpieza" en edificios, en tácticas de equipo (aun de binomio para aprovechar al máximo el apoyo entre compañeros) y especialmente por la falta de medios de protección (chalecos antibalas, escudos balísticos, espejos, cámaras, perros, etc.)
Todavía quedan muchos Cuerpos de Policía que no siguen patrón alguno de procedimiento para una simple y aparente "rutinaria" detención de un vehículo cuyos ocupantes infunden sospechas, y aun en muchos casos en los que se realizan con el apoyo de más de un vehículo patrulla, se siguen ofreciendo muchas facilidades a hipotéticos agresores, debido principalmente a un exceso de confianza o a una pronta relajación, cuando no se ocupan además, posiciones que en caso de que se iniciara un enfrentamiento armado originaría problemas de fuego cruzado entre los propios compañeros.
Se trata de no tener que "re-inventar la rueda" y aprovechar el conocimiento que en materia de táctica policial (como ya he dicho, ampliamente considerada) se ha adquirido con el paso de los años, basado no en la teoría, sino en lo que en situaciones reales funcionó y salvó la vida de los policías, así como en los errores que les costaron graves heridas, cuando no la vida, y dar a esta información máxima expansión dentro del ámbito policial. Por supuesto se velará, por los medios que en otra sección se describirán, para que ésta quede exclusivamente restringida al alcance de los miembros de carrera de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, fomentando el aprendizaje, el debate y la crítica constructiva.
Quiero dejar claro que por razón de simplicidad, salvo casos concretos en los que así lo señalaré, cuando hable de Policía estaré incluyendo a cualquiera de los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad: Cuerpo Nacional de Policía (incluyendo a sus Unidades Adscritas autonómicas), Guardia Civil, Mossos de Escuadra, Ertzaintza, Policía Foral y por supuesto, a las Policías Locales (con cualquiera de sus denominaciones), que es de donde provengo, con plena admiración y apoyo hacia cualquiera de los anteriores profesionales que pretenden mejorar las condiciones en las que se desenvuelve la función policial.
Mis intereses más inmediatos, seguro que al igual que como otros muchos de vosotros:
- Concienciar a integrantes y responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de la laguna formativa existente en el campo de nuestra seguridad;
- Promover el conocimiento de toda información actual que sea capaz de incrementar esta seguridad en las intervenciones habituales del día a día y en las excepcionales de "alto riesgo", desechando toda aquella que por obsoleta o ineficaz pueda suponer un perjuicio para cualquier Agente del Orden; y
- Estimular la creación de un foro de información y opinión en donde aquellos que hemos elegido esta bonita, compleja y en ocasiones, peligrosa profesión, podamos comunicarnos y aportar nuestro granito de arena para poder llegar todos con vida a la jubilación y disfrutarla con aquellos a quienes queremos.
Y en eso estamos
"No es la crítica lo que cuenta, ni quién señala cómo el fuerte
tropieza o cómo el que logra hazañas podía haberlas mejorado.
El crédito pertenece al hombre que realmente está en la arena, a aquél cuyo rostro está
endurecido por el polvo el sudor y la sangre; a quien lucha por algo valientemente;
quien
yerra y corrige una y otra vez; quien conoce los grandes entusiasmos, las grandes
devociones y se emplea en una causa honesta; quien a lo mejor, al final conoce el triunfo
de los grandes logros; quien en el peor de los casos, si falla, lo hace
mientras se arriesga enormemente; por lo que su sitio nunca estará con
aquellas frías y tímidas almas que nunca conocieron ni la
victoria ni el fracaso".
-Theodore Roosevelt- (Paris -Sorbona 1910)
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