LA REVOLUCION DE BEL
Por: Samael Aum Weor
CAPITULO 1: LA REVOLUCION DE BEL
Canta, oh Diosa de la sabiduría, a la majestad del fuego.
Levantemos nuestras copas y brindemos por la jerarquía de las llamas...
Escanciemos nuestras ánforas de oro y bebamos del vino de la luz hasta
embriagarnos...
¡Oh Démostenos! cuan rápidos fueron tus pies en Cheronea...
Mésmer, Cagliostro, Agripa, Raimundo Lulio, a todos os conocí, a todos
os vi, y os llamaron locos.
¿De dónde sacasteis vuestra sabiduría? ¿Porqué la muerte selló vuestros
labios? ¿Qué se hicieron vuestros conocimientos?
Yo beberé el vino de la sabiduría esta noche, en el cáliz de vuestros
augustos cráneos, y en un gesto de rebeldía omnipotente me rebelaré contra la
antigua huesa.
Yo romperé todas las cadenas del mundo, y me declararé inmortal aunque
me crean loco...
Yo empuñaré la espada de Democles, y haré huir a la inoportuna
huésped...
Pero no podrás contra mí, muda calavera, porque yo soy eterno...
Cristo ígneo, Cristo ardiente, yo levanto mi copa y brindo por los
dioses, y tú, bautízame con fuego...
¿De dónde surgió esta enorme creación?
¿De dónde surgieron estas inmensas moles planetarias que como monstruos
milenarios parecen salir de las fauces de un abismo para caer en otro abismo
más terrible y espantoso que el primero?
Levanto mis ojos a lo alto y sobre la cabeza ígnea del más grande de
todos los sacrificados, leo esta palabra: “INRI”. Ignis natura renovatur
integram. (El fuego renueva incesantemente toda la naturaleza)
Si, amados discípulos, todo en el universo no es sino las granulaciones
del fohat,
¡Oh las jerarquías de los fuegos! Oh las jerarquías de las llamas.
Rosas ardientes, ardientes... Culebras ígneas... silvad... silvad eternamente sobre las aguas de la vida para
que surjan los mundos... silvad... silvad, silvad eternamente, con el silbido
de fohat, santas llamas...Bendito sea el fíat luminoso, el fíat espermático del
eterno Dios viviente que puso en existencia el universo.
Divino fuego, tu eres el numen divinal de todas las existencias
infinitas, y cuando la llama subterránea devore la forma y queme los
fundamentos del mundo, tu serás como eras antes, sin sufrir cambio alguno, ¡Oh!
fuego divino y eternal!...”Fohat fecunda la materia caótica y surgen los mundos
a la existencia. Todo lo que ha sido, lo que es y lo que será es hijo del
fuego. .”
El fuego del Espíritu Santo es la llama del Oreb... Fohat vive en
nuestros testículos y solo es cuestión de ponerlo en actividad por medio de la
magia sexual para convertirnos en Dioses... en Devas, en seres divinos e Inefables.
El fuego de la castidad, es el fuego del Espíritu Santo, es el fuego de
Pentecostés, es el fuego del Kundalini... es el fuego que Prometeo robó al
cielo... es la llama sagrada del templo que las vestales encienden... es la
llama de triple incandescencia, es el carro de fuego en que Elíseo subió al
cielo...
En los tiempos del antiguo Egipto, el neófito que aspiraba a ser
alquimista, para despertar el divino fuego, había de casarse con una mujer
madura, pero si lo hacía con una joven, había de demorar algunos meses antes de
efectuar la conexión sexual, y entre las condiciones matrimoniales estaba el
tener que obedecer a su mujer, a la cual se sujetaba con mucho gusto el
alquimista...
Introducir el miembro en la vagina y retirarse sin derramar el semen,
esta es la vieja fórmula de los antiguos alquimistas... Con ella se despierta
la culebra ígnea y logramos la unión con el Intimo: él es el real “Yo”, aquel
Ruach Eloím que según Moisés labraba las aguas en el principio del mundo, y
entonces nos convertimos en el Rey Sol, en el Mago Triunfador de la Culebra...”
nos hacemos dioses omnipotentes y con la espada de Democles derrotamos a la
muerte... La naturaleza entera se arrodillará ante nosotros y las tempestades
nos servirán de alfombra para nuestros pies. Fohat es el elixir de larga vida,
y con ese elixir podremos conservar el cuerpo a través de millones de años...La
mujer es la vestal del Templo... la mujer enciende la llama... de nuestro
arquín sonoro, el cual vibra en los espacios cósmicos con esa tremenda euforia
solemne e inefable de los dilatados cielos de Urania...
Mujer, yo
te amo...
hace
muchas noches,
que lloro
mucho...mucho...
y al fin
de la jornada escucho tus cantares,
y tiemblan
de amor los soñolientos astros,
y se besan
las musas celestiales con tus cantos...
Eres un
libro sellado con siete sellos.
No sé si
eres dicha o veneno.
Estoy en
el borde de un abismo que no entiendo:
Siento
miedo de tí, y de tu misterio.
Mujer, yo
te adoro...
Quiero
beber licor de mandrágoras,
quiero
besar tus senos,
quiero
sentir el canto de tus palabras
y encender
mis fuegos.
Mujer, no
me puedes olvidar.
me dijiste
que me amabas
y me
juraste tu cariño,
en noches
adoradas...
en noches
de idilio...
en noches
perfumadas...
y de
cantos y de nidos...
Vieja
sacerdotisa, enciende mi pabilo,
enciende
mi llama de triple incandescencia;
núbil
vestal de templo divino...
entrégame
los frutos de la ciencia...
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