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Teresita en su manuscrito escribe a su hermana... No
se si te he hablado ya de mi amor a la nieve... Cuando aún era
muy pequeña, me fascinaba su blancura. Uno de mis mayores deleites
era pasearme bajo los copos de nieve. ¡De dónde me viene
ésta afición a la nieve...? Tal vez de que, siendo yo una
florecita invernal, el primer ropaje con que mis ojos de niña vieron
adornada la naturaleza debió ser su manto blanco... Al día siguiente al final de la ceremonia, Monseñor entonó el Te Deum. Un sacerdote trató de advertirle que aquel cántico sólo se cantaba en las profesiones, pero ya estaba entonado, y el himno de acción de gracias se cantó hasta el final. Después de abrazar por última vez a mi rey querido, volví a entrar en la clausura. Lo primero que vi en el claustro fue a "mi Niño Jesús color rosa" sonriéndome en medio de flores y de luces. |
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El
Claustro del Carmelo de Lisieux |
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Inmediatamente después mi mirada se posó sobre los copos de nieve... ¡El patio estaba blanco como yo! ¡Qué delicadeza la de Jesús! En atención a los deseos de su prometida, le regalaba nieve... ¡Nieve! ¿Qué mortal, por poderoso que sea, puede hacer caer nieve del cielo para hechizar a su amada...? Tal vez la gente del mundo se hizo esta pregunta; lo cierto es que la nieve de mi toma de hábito les pareció un pequeño milagro y que toda la ciudad se extrañó. Les pareció rara mi afición por la nieva... ¡Tanto mejor! Eso hizo resaltar aún más la incomprensible condescendencia del Esposo de las vírgenes..., de ese Dios que siente cariño especial por los lirios blancos como la NIEVE!... |
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