Pero cuando sus
amigos, después de cada indelicadeza, vienen a pedirle perdón
echándose en sus brazos, Jesús se estremece de alegría
y dice a los ángeles lo que el padre del hijo pródigo
dijo a sus criados:
"Sacad enseguida
el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y hagamos una
fiesta".
Sí, hermano mío, ¡qué poco conocida es la
bondad y el amor misericordioso de Jesús...! Es cierto que, para
gozar de estos tesoros, hay que humillarse, reconocer la propia nada,
y eso es lo que muchas almas no quieren hacer...