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La Semana Santa, es un tiempo de gracia especial, para reconocer nuestras fallas a Jesús, pero también para valorar su misericordia infinita y sentir cómo nos espera con los brazos abiertos para confortarnos...


Teresita escribe al Abate Belliere
en la carta 261, del 26 de Julio de 1897:

...Estoy completamente de acuerdo con usted:

"al Corazón de Dios le entristecen más las mil pequeñas indelicadezas de sus amigos que las faltas, incluso graves, que cometen las personas del mundo".
Pero, querido hermanito, yo pienso que eso es sólo cuando los suyos, sin darse cuenta de sus continuas indelicadezas, hacen de ellas una costumbre y no le piden perdón; sólo entonces Jesús puede decir aquellas palabras conmovedoras que la Iglesia pone en nuestra boca durante la semana santa:

"Esas llagas que veis en mis manos son las que me hicieron en casa de mis amigos".

Pero cuando sus amigos, después de cada indelicadeza, vienen a pedirle perdón echándose en sus brazos, Jesús se estremece de alegría y dice a los ángeles lo que el padre del hijo pródigo dijo a sus criados:

"Sacad enseguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y hagamos una fiesta".


Sí, hermano mío, ¡qué poco conocida es la bondad y el amor misericordioso de Jesús...! Es cierto que, para gozar de estos tesoros, hay que humillarse, reconocer la propia nada, y eso es lo que muchas almas no quieren hacer
...


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que visita esta sección, publicada el 14 de Abril del 2003

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