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Teresita nos habla de: "Los años soleados de la infancia" : "¡Qué feliz era a esa edad! Comenzaba ya a gozar de la vida, la virtud tenía encantos para mí y estaba, me parece, en las mismas disposiciones que hoy, con un gran dominio sobre mis actos. ¡Ah, qué rápidamente pasaron aquellos años soleados de mi infancia! Recuerdo feliz los días que papá nos llevaba al pabellón; los más pequeños detalles se grabaron en mi corazón... Me acuerdo, sobre todo, de los paseos del domingo, en los que siempre nos acompañaba mamá... Siento aún las profundas y poéticas impresiones que nacían en mi alma a la vista de los campos de trigo, esmaltados de amapolas y de flores silvestres. Ya amaba los horizontes... El espacio y los abetos gigantes, cuyas ramas tocaban la tierra, dejaban en mi corazón una impresión semejante a la que siento aún hoy a la vista de la naturaleza... A menudo, durante estos largos paseos, nos encontrábamos con mendigos, y Teresita era siempre la encargada de llevarles la limosna, cosa que le hacía muy feliz" (Manuscrito A 11r-11v.) |
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