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Nos dice Teresita: También resonaba continuamente en mi corazón el grito de Jesús en la Cruz: ¡Tengo sed!. Estas palabras encendían en mi un ardor desconocido y muy vivo... Quería dar de beber a mi amado, y yo misma me sentía devorada por la sed de almas... No eran todavía las almas de los sacerdotes las que me atraían, sino la de los grandes pecadores; ardía en deseo de arrancarles del fuego eterno... Y para avivar mi celo, Dios me mostró que mis deseo eran de su agrado. Oí hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte por unos crímenes horribles. Todo hacía pensar que moriría inpenitente. Yo quise evitar a toda costa que cayese en el infierno, y para conseguirlo emplee todos los medios imaginables. Sabiendo que por mi misma no podía nada, ofrecí a Dios todos los méritos de Nuestro Señor Jesucristo y los tesoros de la Santa Iglesia; y por último, le pedí a Celina que encargara una misa por mis intenciones, no atreviéndome a encargarla yo misma por miedo a verme obligada a confesar que era por Pranzini, el gran criminal. |
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Henry
Pranzini, multiasesino,
Primer Hijo Espiritual de Teresita |
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Tampoco quería decírselo a Celina, pero me hizo tan tienas y apremientes preguntas, que acabé por confiarle mi secreto. Lejos de burlarse de mi, me pidio que la dejara ayudarme a convertir a mi pecador. Yo acepté agradecida, pues hubiese querido que todas las criaturas se unieran a mi para implorar gracia para el culpable. En el fondo de mi corazón yo tenía la plena seguridad de que nuestros deseos serían escuchados. Pero para animarme a seguir rezando por los pecadores, le dije a Dios que estaba completamente segura de que perdonaría al pobre infeliz de Pranzini, y que lo creería aunque no se confesase, ni diese muestra de arrepentimiento, tanta confianza tenía en la misericordia infinita de Jesús; pero que, simplemente para mi consuelo, le pedía tan solo "una señal" de arrepentimiento... Mi
oración fue escuchada al pie de la letra. Al
día siguiente de su ejecución, cayó en mis manos
el periódico "La Croix". Lo leí apresuradamente.
¿Y qué fue lo que ví...? Las lágrimas traicionaron
mi emosión. Y tuve que esconderme... Pranzini, no se habíaconfesado,
había subido al cadalso, y se disponía a meter la cabeza
en el lúgubre agujero, cuando de repente tocado por una súbita
inspiración, se volvió, cogió el crucifijo que le
presentaba el sacerdote. ¡Y besó por tres veces sus llagas
sagradas...! Había obtenido la señal pedida, y esta señal era la fiel reproducción de las gracias que Jesús me había concedido para inclinarme a rezar por los pecadores. Yo quería darles a beber esa sangre inmaculada que los purificaría de sus manchas !!! y los labios de "mi primer hijo" fueron a posarse precisamente sobre esas llagas sagradas...!!! Que respuesta de inefable dulzura...!!! A partir de esta gracia sin igual, mi deseo de salvar almas fue creciendo día en día....
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