
LAS ESTACIONES MARGINALES no es, en realidad, un libro, al menos no un libro terminado. Es sólo el reflejo de mi amor por el soneto y por otros academicismos aunque, como en aquella vieja canción de Silvio Rodríguez, «no esté de moda en estos días». Parece que el único modo de reivindicar el soneto como pieza literaria es convertirte en cantautor de moda y vender miles de ejemplares. Aquí va una pequeña selección de sonetos, alguno de ellos publicados hace años en la revista de Poesía Malvis, de muy diversa temática: amorosos, jocosos, abiertamente sexuales... Cualquier temática es buena para un soneto, pues de una pieza musical se trata; será por eso que algunos/as de nuestros jóvenes poetas aprecian, no sin cierto desdén, que «parece que estuviéramos cantando». Ellos mismos si prefieren buscar la melodía escondida entre los vericuetos de lo incomprensible, cuando más incomprensible mejor, talvez para esconder la incapacidad de someterse a la armonía...

Las estaciones
marginales
La Poesía
La vimos como
vimos las aceras,
los desfiles, las condecoraciones.
La vimos y sentimos sus pasiones
como quien se arrebata en primavera.
También sentimos, duros, sus desdeños,
su no pararse aquí, su irse de largo;
su cadencia obstinada, su letargo
y ese nunca dejarnos ser su dueño.
Y al cabo de los años comprendimos
como una rosa pálida, su hechizo,
su pozo de ansiedad. La poesía
es esa dulce forma de sentirnos
apasionados en el pasadizo
que va de tu canción hacia la mía.
? ? ?
Prohibición de fumar
¡Se consume entre el fuego mi apetito!
Se echará usted el último del día?
Aliviará su mano esta agonía?
Querrá vuesa merced un cigarrito?
Si la respuesta es sí ¡dios, qué delirio!
mi fuego no la espera mucho rato:
cogeré con las manos mi aparato,
cuando suene el final de este martirio.
¡Ándele pues, manita!, me recoja.
En mi sitio la espero ya impaciente
por ver como se mete usted en la boca
este duro cilindro con su roja
puntita calentona y reluciente.
Fumemos ya, que tarde queda poca.
? ? ?
La niña de los náuticos
Era domingo, en
la ciudad llovía...
Nadaba entre los charcos, deslizaba
por la acera sus pies, mientras miraba
−sorprendida y feliz−
que le decía:
¿Quedamos en tu casa o en la mía?
El suéter verde, el pantalón vaquero,
los náuticos azul de marinero,
y un culo respingón que sonrería.
Hoy hace veintitantos de aquel día
de diluvio de fin de los setenta,
y se me eriza el pelo todavía
cuando recuerdo cómo amanecía.
¿Cómo acaba la historia? Si hoy es lunes...
¿qué hora es en Madrid, si es mediodía?
? ? ?
Pidiendo amor
Igual que el labio ya ofrecido
al beso;
como la tierra que recibe el fruto
en el surco tenaz que traza el bruto
animal, y que ignora el embeleso
que siente el labrador de mano dura
al ver crecer lo que antes fue semilla,
y postrado ante tanta maravilla
ya se desborda de inocencia pura.
Así te quiero yo, no maniatada,
sino empujada al fin por mi caricia,
que urdió un tesoro de la ciega nada.
Así, pidiendo amor con la avaricia
de tu concupiscencia desatada
bajo mi mano, reina de codicia.
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Discordantes
Indúltame un soneto militante
y deja que me cisce en lo ciscable;
si tú dices amor, lo enamorable
lo aderezo con sexo en consonante.
Tú dices grey, yo pueblo en alpargatas.
Tú, lámina de plata, yo chatarra.
Para tí: «casquivanas», yo: «son guarras».
Tú abrasas arcoiris, yo beatas.
Tú oscuras golondrinas, yo graznidos
escucho en el cantar de las urracas.
Y sin embargo, en esa discordancia
de tu pluma a la mía, la distancia
no es más que de Machín a sus maracas:
si quieren separarnos, van jodidos.
? ? ?
Estambul
I
Supón que no
hay cerveza en la nevera,
que hace un calor mortal para dormirse
y ella se fue a Estambul sin despedirse,
llevándose el amor en bandolera
mientras tú le escribías un soneto
más cursi que un repollo con un lazo,
queriéndole explicar de un sonetazo
que yo era un pobre corazón del gueto
y que todo mi cuerpo era una herida,
un hueco abierto, una profunda sombra,
un olmo seco en el que ya no hay vida.
Ella se fue. Quizá estará dormida
ajena a mi canción que ahora la nombra.
Y yo estoy solo. Solo y sin bebida.
? ? ?
II
Y ahora me toca
a mi encajar el palo,
sabiendo que he perdido la frescura
de su inocencia, de la acracia dura
con que miraba a todos, y ese halo
de hembra fatal, de dinamita pura
no sujeta a lo bueno ni a lo malo,
y asida al mundo cual si fuese un falo.
Me beberé esta copa de amargura,
olvidaré las dos constelaciones
de libertad, de insurrección armada
que fueron para mí sus dos pezones.
Perderé, por jugar al todo o nada,
el perfume de las habitaciones
donde lloré de amor de madrugada.
? ? ?
Caligrafía
A David, insigne físico,
terrible calígrafo
Docto editor, virrey del garabato
que confundes mi neura con tu pluma:
cuando escribes jabón yo leo espuma;
pones mica y yo veo feldespato.
Planetas se cruzaron aquel día
ya lejano al de hoy, que en el colegio
comenzaste el extraño sortilegio
picassiano de tu caligrafía.
Relájate y disfruta, pensaría
el incipiente astrónomo neonato
al contemplar la pugna, la porfía
de la maestra de caligrafía:
«dije que escriba vaca y pone pato,
le mandé mi mamá, puso tu tía».
? ? ?
Carta 29, 1998 (De El libro de las cartas)
A la tibia liturgia del pecado
han pasado tus manos tras las mías
y te enredas, y palpas y porfías
al tacto de mi cuerpo abandonado.
En la suave penumbra de la estancia
donde tu amor me tiene y me sostiene,
mi corazón se teje y se entretiene
en tu pozo de plata, en su abundancia…
Tápame con la manta, que no veas
asomar una lágrima en mis ojos
incendiados quizás de nada y todo:
nada de no tenerte, y que no seas
quien de vida otra vez a mis rastrojos;
todo, de que me quieras a tu modo.
? ?
?
Ella le dijo (De El libro de las cartas)
Andarán los gorriones sometidos
a los vaivenes de las estaciones
igual que anda mi oído a tus canciones
abandonado, tibio, entretejido.
No han de buscar mis manos otro nido
que el que en mi vientre encuentran las pasiones.
Mis dedos hallarán, en mis rincones,
lo que hay después de ti cuando te has ido.
El hueco del sofá donde prendido
quedó mi olor a mar… Habitaciones
tan distantes de ti, de tu perdido
aliento, semen, piel, tacto… Oraciones
–como en invierno el pájaro aterido–
elevo ante mi falta de razones.
? ? ?
Soneto curandero
Pones en cada
herida el bisturí
de tus dedos de nube y aguacero,
tu saliva es el bálsamo certero
que sana todo aquello que sufrí.
Para mi sangre el labio que sutura
en un dulce quirófano de amor…
me vas adormeciendo en el sopor
con la anestesia de tu calentura.
Cirujana del
grito y del lamento,
enfermera de fiebres sin curar,
anestesista de cualquier tormento.
Pentotal de mi llanto sin permiso,
chutadora en mis venas de un licor
que me lleva directo al paraíso.
? ? ?
Un lugar para el fuego
Aguardaba ese amor desde un pasado
no tan remoto ya, ni tan distante,
abrazada a mi mano como un guante
y entregada al infierno del pecado.
Mil heridas de amor se iban abriendo,
las brasas de tus brazos laceraban
cada poro de piel que me rozaban.
¡Dolor, placer, amor para ir viviendo!
Igual que tú, mis manos perseguían
el reflejo del fuego de las tuyas,
la gruta del deseo en la que ardían.
Y tanta llama, al fin, fue la postrera
razón de tanto amor no quebrantado
como ha encendido el fuego de tu hoguera.
? ? ?
El pueblo llano
Y así será, que siempre ha sido en vano
que pretendan los tontos de la clase
lecciones magistrales. ¡Qué desfase!
¿Cuándo ha tenido ritmo el pueblo llano?
Vuesa merced paréceme muy lista:
reclámame a menudo que regale
lindezas a su oído, mas no vale
que después de escucharlas, me desvista
de este adorno de sabio consejero,
me cuelgue los harapos de sordete,
y no sea ya el capón del gallinero.
Me confundís, amor, ponéisme en brete;
paso de ser «maestro» a «recadero»,
me decís: «Ven, pichón» y luego «vete».
? ? ?
Combate
Esta boca que
sangra de nombrarte
y esta noche sin luz y sin estrellas,
yermas mis manos sin tu pecho en ellas
y abrasados los ojos de mirarte.
De la locura de tu cuerpo ausente
al brillo de tu piel junto a la mía
y al adentrarme en ti, la letanía
que cantaba tu lengua combatiente.
Para mi cama, un armazón de sueños…
Gritaba amor donde antes callé miedo,
radiante el sol después del aguacero.
Solos ayer mis dedos, y ahora dueños
de la selva de plata en que me enredo.
Como la ofrenda a un dios, mi cuerpo entero.
? ? ?
Lugares comunes
Parajes de tu
patria entre mis manos.
Colinas de espesura donde habita
mi tacto, mi razón, mi fe… Bendita
la blandura irreal de tus arcanos,
el susurro que cerca tus oídos,
la cara que me crispa, que somete
mi pulso a tu tesón, cuando promete
toda una artillería de alaridos.
Sobre tu pecho un vendaval de
sueños,
junto a mi piel, tu piel: sudor y plata.
De mis dedos, tus dedos como dueños.
Por mi boca, tu boca primavera.
En mi rumor, tu grito como un templo.
De tu sexo, mi sexo en sementera.
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El universo en expansión
Es la madre de todas las cuestiones,
el quiz de la sapiencia del que duda
y no sé si, en el fondo, me la suda
o pone de corbata mis... razones:
¿se expande el universo cual la tripa
de un vulgar cuarentón (yo, mismamente)?
¿Lo hace desde los bordes, suavemente,
o desde el mismo barrio de La Elipa?
¿Y no crece también el contenido?
¿Se mantiene invariable su tamaño
y sólo engorda, en fin, el continente?
¡Por Tutatis! Me invade el bajovientre
un bloqueo, una angustia, un desengaño...
¿No ha de crecer el pájaro, y sí el nido?
? ? ?
Palabras y cuerpos
Navegante y
escriba en los lugares
que no son ya de nadie más que míos,
donde se pone el sol de mis estíos…
Allí pongo mi incienso: en tus altares.
Te busco, te persigo, y me reclino
sobre tu boca grana y encendida,
hasta dejar la mía allí dormida
en el dulce letargo de tu vino.
Argonauta en la calma de tus mares,
en la ardiente insistencia de tu abrazo;
de la tormenta del placer, cautivo.
Escriba de tu piel, de los lunares
que te surcan… los pinto, trazo a trazo
porque es el modo de sentirme vivo.
? ? ?
Presidio en tu piel
Aprésame la vida con tu vida,
arráncame la boca con tu boca,
sé la piel que me roza y se desboca
cuando arañas mi piel hasta la herida.
Reflejo de tu voz, mi voz dormida
despierta enajenada, casi loca,
y te busca en el aire hasta que toca
apenas un instante de tu vida.
Parajes del amor que descoloca
el centro de mis centros, la perdida
quietud de cuando faltas. Sé la roca,
la fuente, la canción, la hoja vencida
por el viento y la lluvia... la que aloca
mi pulso con su voz, plata bruñida.
? ? ?
En aquel tiempo
Eran mis manos sólo la quimera
de sus ojos color de golondrina…
los andaba buscando en cada esquina.
Fulgor de luz, su voz aún reverbera
en mi oído rendido y transparente,
detenido un momento en su gemido,
buceador en el tacto de un latido
que escapó de su pecho incandescente.
Nácar entre sus muslos mi simiente,
un palacio de sangre fue su invierno
de una revolución que se presiente.
Para sus piernas largas de escalera
mis manos trepadoras y vencidas,
mi sexo desbocado en tanta espera.
? ? ?
Eso es un coño, y lo demás mentira
Reclámasme un soneto a ese parrús
que has visto a mediodía en la piscina...
En un brete me pones, no adivina
mi mente calentorra lo que tus
ojitos han mirado, so cochina.
Me cuentas que por poco un patatús,
ictus, infarto, angina, en fin, un flus
casi te da al mirar la tremolina
de pelillos que ignoran la tijera.
¡No cantará la boca de este bardo
lo que cuenta tu lengua traicionera!
¡No he de cargar el peso de ese fardo,
sin antes esperar que a la primera
ocasión en tal diana dé mi dardo!
? ? ?
Geografía
No sé cómo será no verte un día,
no sentir tras mis hombros tu mirada
presagiando al llegar la madrugada
que se me escapa ya tu geografía.
No imagino dejar de imaginarme
la forma de tus pechos tras la blusa,
el calor de tu sexo de medusa
que con su abrazo pugna por salvarme.
No concibo, llegado ese momento,
que no pueda soñar ya conseguirte,
que no tenga a mi lado el firmamento
de tus ojos de almendro perfumado;
hoy me siento gacela de tu boca,
y por tu corazón, enamorado.
? ? ?
Soneto de las mentiras
Soñarte, presentirte,
es tan sencillo…
Me construyo una lengua enamorada,
te imagino desnuda y entregada
y acaricio tu carne de membrillo.
En tu pecho menudo, mi
destino;
tu sexo submarino, una alcancía
que esconde el mapa de tu orografía,
y me invita a cruzarme en tu camino.
Llamé a tu puerta un día, y tú no estabas.
Me quedé sin la nata de tus besos,
sabedor que eran de otros sus excesos.
Mucho tiempo después vi que mi puerta
pretendías forzar, pero sin llave.
¿Volverás a buscarme? Quién lo sabe…
? ? ?
Carta 21, 1990 (De El libro de las cartas)
El vacío que queda tras tu espalda
cuando te das la vuelta para irte,
el pozo de no ser, de no sentirte,
la nada de mi asiento sin tu falda.
El todo de tu pecho entre mis labios,
de tu boca en la mía, de tu aliento
trazándome en el aire, y el tormento
de no tener tus dedos (esos sabios
arpones que me crispan si se funden
con la piel de mi vientre, con mi sexo
y desbaratan todo cuando se hunden
en medio de mi vida). Me he perdido
y no me encuentro ya si estás ausente,
si no encuentra mi pulso tu latido.
? ? ?
Alejandrino guasón y confundidor
I
Empezar la mañana con un alejandrino
al modo de Berceo, o del mismo Juan Ruiz
(de Hita el arcipreste, que además del buen vino
gustaba de verdades con muy poco matiz).
Non es de clerecía el verso que te traigo,
ni tampoco un dechado de rigidez formal
mas dice «vaya hostia» si tropiezo y me caigo
como cumple a un ripense deslenguado y cabal.
Si al bueno de Rubén le gustaban ternarios
acentuados en cuarta, octava y duodé-
cima sílabas, yo los prefieros incendiarios
no vaya a ser que un buen jamacuco me dé
intentando ligar palmada con palmario,
manga con mandatario, corsario con corsé.
? ? ?
II
Pues no me sirve nada el poema en cuestión
(y añado dos cuartetos, que por mi condición
si detrás del adorno, de su burdo disfraz
de torvo maquetero, pesado y montaraz,
tiro cual cabra al monte de romper un soneto
no pregunto qué pasa en Ramala o Nablús)
de palabras vacías que comprende un cateto,
con su ritmo y su rima, su metro y su autobús,
›
Pon el dos en el uno, luego el cuatro en el dos
cambia el tres por el cinco, sigue el ocho después,
uno, tres, luego el siete viene del seis en pos
alejandrinamente mi verso del revés.
? ? ?
Psicoanálisis
Froid no osaría usar vuestro lenguaje,
esa interpretación de las tensiones
que vos llamáis sexuales. ¡Qué cojones!
¿Por qué «paja» leéis, si pone «paje»?
¿No seréis vos, a fuer de repetirlo,
la que atrancada estáis, con tal atasco
que os causa asombro ver el gran fiasco
que es decir que se siente y no sentirlo?
¿Violento, decís? ¿Pero de boca?
¡Ya mi pecho se parte de la risa!
¿La continencia no os ha vuelto loca?
Buscad un desahogo, mas deprisa,
no sea que al faltaros revolcones
se os borre de la cara esa sonrisa.
? ? ?
Cal y arena
Me das una de cal y otra de arena,
al rumor de un te quiero en tu garganta
le sigue ese silencio que me espanta
y a la pura tristeza me condena.
Tu todo de la nada me levanta
y otras veces tu nada es mi condena,
hoy tu sexo a mi sexo se encadena
y mañana un adios tu pecho canta.
¿Lo recuerdas, amor? Me lo decías
en las tibias cobijas de mi casa
cuando tu cuerpo al mío entretejías:
nunca me iré de ti, siempe a tu lado
habré de estar, yo el fuego y tú la brasa...
y hoy te quema mi ardor enamorado.
? ? ?
El respiro imposible
Aire sin ti, respiro ya no hallo,
mi mano sin tu mano está vacía,
sólo busca mi lengua la alcancía
donde buscar la tuya hasta el desmayo.
A un lugar de mi pecho restituyo
el tacto de tu tacto y de tu risa,
la forma de quitarme la camisa
y mirarme desnudo con orgullo.
Te veo y te pregunto y me confundo
y no te entiendo a veces, y otras quedo
prisionero del magma de tu mundo.
Amor, si retenerte yo no puedo
y tu silencio es sólo un no rotundo...
no pienses que es tristeza, sólo es miedo.
? ? ?
Dedos inquietos
Ese dedo que
dices que me meta
con cuidadín en salva sea la parte,
bien seguro que tú, con mucho arte,
podrías empujarlo, gran atleta
de la pugna, del tanto dar por culo
a tu amorcín, si cual del hortelano
el perro, no coméis, ni dejáis sano
mi banquete, sin mucho disimulo.
¿Me he de meter la sorna, o era el dedo?
Mas siendo hetero, habrá de ser el vuestro;
insúltame, rapaz, me importa un bledo.
Gruñón, impertinente, inoportuno,
descarado... si llego yo a saberlo
no os dejo a solas en el desayuno.
? ? ?
Viste, pibe?
No pregunto por las glorias ni las nieves,
quiero saber dónde se van juntando
las golondrinas muertas,
adónde van las cajas de fósforos usadas.
Julio Cortázar
Ahora vuelvo a jugar a las rayuelas
buscando el centro mismo de la vida
(estación marginal, no sometida)
y me pierdo y me encuentro en callejuelas,
plazas antiguas, claustros, laberintos,
universos sin patria, clausurados
abismos para labios marchitados...
y renazco pensando en los distintos
caminos del amor que se me escapa.
Siempre vuelvo a estar solo a cada poco
y en cada esquina de ese oscuro mapa
asoma un pecho, un labio, cuanto toco
es flor de abril y amor, lluvia que empapa
los abrazos australes de este loco.
? ? ?
Aprender idiomas
Abulasé,
cuyi caso le mote,
radumbi peri husa la cerola
ca la mimo sile len parendola:
asin casu le ro po le chupote.
Chupote cerumbi te la sicumba?
Sicumba per li tora dan la pucha?
Ahare si le cante tira ducha?
¡Anber su pilamoti len tarumba!
Den tarumba si cacho la tepilla
ante bajo cabé con contra desde
hasta para por ségun la tetilla.
Amarumbo te duchi la colines,
do quienta lina estró tú laladilla:
mi diccionario está, con dos cojines.
? ? ?
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