El rey quema el rollo
36
1 Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
2 Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras
que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas
las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los
días de Josías hasta hoy.
3 Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso
hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo
perdonaré su maldad y su pecado.
4 Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió
Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras
que Jehová le había hablado.
5 Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: A mí se me ha
prohibido entrar en la casa de Jehová.
6 Entra tú, pues, y lee de este rollo que escribiste de mi
boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa
de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos de
todos los de Judá que vienen de sus ciudades.
7 Quizá llegue la oración de ellos a la presencia de
Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor
y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.
8 Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que
le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de
Jehová en la casa de Jehová.
9 Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la
presencia de Jehová a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el
pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalén.
10 Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la
casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán
escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva
de la casa de Jehová, a oídos del pueblo.
11 Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo
oído del libro todas las palabras de Jehová,
12 descendió a la casa del rey, al aposento del secretario,
y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, esto
es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo
de Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías,
y todos los príncipes.
13 Y les contó Micaías todas las palabras que había oído
cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo.
14 Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de
Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el
rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc hijo de Nerías
tomó el rollo en su mano y vino a ellos.
15 Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo
leyó Baruc.
16 Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió
espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos
al rey todas estas palabras.
17 Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo
escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras.
18 Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas
palabras, y yo escribía con tinta en el libro.
19 Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve y escóndete,
tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
20 Y entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo
depositado el rollo en el aposento de Elisama secretario; y
contaron a oídos del rey todas estas palabras.
21 Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo
tomó del aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí
a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que junto al
rey estaban.
22 Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y
había un brasero ardiendo delante de él.
23 Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo
rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el
fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se
consumió sobre el fuego que en el brasero había.
24 Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos
sus siervos que oyeron todas estas palabras.
25 Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que
no quemase aquel rollo, no los quiso oír.
26 También mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a
Seraías hijo de Azriel y a Selemías hijo de Abdeel, para que
prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías; pero
Jehová los escondió.
27 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey
quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de
Jeremías, diciendo:
28 Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las
palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó
Joacim rey de Judá.
29 Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú
quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él,
diciendo: De cierto
vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará
que no queden en ella ni hombres ni animales?
30 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de
Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su
cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche.
31 Y castigaré su maldad en él, y en su descendencia y en
sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de
Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he
anunciado y no escucharon.
32 Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de
Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas
las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de
Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras
semejantes.
Encarcelamiento de Jeremías
37
1 En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías
hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia
constituyó por rey en la tierra de Judá.
2 Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la
tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta
Jeremías.
3 Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al
sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta
Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios.
4 Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque
todavía no lo habían puesto en la cárcel.
5 Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y
llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían
sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.
6 Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías,
diciendo:
7 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de
Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que
el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se
volvió a su tierra en Egipto.
8 Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la
tomarán y la pondrán a fuego.
9 Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos,
diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros;
porque no se apartarán.
10 Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los
caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente
hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán
esta ciudad a fuego.
11 Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se
retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón,
12 salía Jeremías de Jerusalén para irse a tierra de
Benjamín, para apartarse de en medio del pueblo.
13 Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un
capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de
Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú te
pasas a los caldeos.
14 Y Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él
no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó
delante de los príncipes.
15 Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron
y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque
la habían convertido en cárcel.
16 Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las
bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días,
17 el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey
secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y
Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia
serás entregado.
18 Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé
contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que
me pusieseis en la cárcel?
19 ¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban
diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni
contra esta tierra?
20 Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi
súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba
Jonatán, para que no muera allí.
21 Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron a
Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta
de pan al día, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el
pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la
cárcel.
Jeremías en la cisterna
38
1 Oyeron Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur,
Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras
que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo:
2 Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad
morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se
pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y
vivirá.
3 Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta
ciudad en manos del ejército del rey de Babilonia, y la
tomará.
4 Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre;
porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de
guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el
pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca
la paz de este pueblo, sino el mal.
5 Y dijo el rey Sedequías: He aquí que él está en vuestras
manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros.
6 Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la
cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de
la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no
había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.
7 Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real,
que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado
el rey a la puerta de Benjamín,
8 Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey,
diciendo:
9 Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que
han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la
cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en
la ciudad.
10 Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec,
diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar
al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera.
11 Y tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la
casa del rey debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos
viejos y ropas raídas y andrajosas, y los echó a Jeremías con
sogas en la cisterna.
12 Y dijo el etíope Ebed-melec a Jeremías: Pon ahora esos
trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los sobacos,
debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías.
13 De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y lo subieron
de la cisterna; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Sedequías consulta secretamente a Jeremías
14 Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta
Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de
Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me
encubras ninguna cosa.
15 Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es
verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás.
16 Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo:
Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te
entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.
17 Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová
Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en
seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y
esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa.
18 Pero si no te entregas a los príncipes del rey de
Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y
la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.
19 Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los
judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen
en sus manos y me escarnezcan.
20 Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de
Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás.
21 Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha
mostrado Jehová:
22 He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del
rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de
Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han
prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies,
se volvieron atrás.
23 Sacarán, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los
caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del
rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a
fuego.
24 Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y
no morirás.
25 Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y
vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con
el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te
dijo el rey;
26 les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a
casa de Jonatán para que no me muriese allí.
27 Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le
preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey
le había mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto
no se había oído.
28 Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día
que fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue
tomada.
Caída de Jerusalén
(2 R. 24.2025.21; 2 Cr. 36.17-21; Jer. 52.3-30)
39
1 En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes
décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su
ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.
2 Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a
los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad.
3 Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y
acamparon a la puerta de en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo,
Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los
demás príncipes del rey de Babilonia.
4 Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de
guerra, huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino
del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió
el rey por el camino del Arabá.
5 Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a
Sedequías en los llanos de Jericó; y le tomaron, y le hicieron
subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey
de Babilonia, y le sentenció.
6 Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en
presencia de éste en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de
Babilonia a todos los nobles de Judá.
7 Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con
grillos para llevarle a Babilonia.
8 Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas
del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén.
9 Y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a
los que se habían adherido a él, con todo el resto del pueblo
que había quedado, Nabuzaradán capitán de la guardia los
transportó a Babilonia.
10 Pero Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en
tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y
les dio viñas y heredades.
Nabucodonosor cuida de Jeremías
11 Y Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán capitán de
la guardia acerca de Jeremías, diciendo:
12 Tómale y vela por él, y no le hagas mal alguno, sino que
harás con él como él te dijere.
13 Envió, por tanto, Nabuzaradán capitán de la guardia, y
Nabusazbán el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los
príncipes del rey de Babilonia;
14 enviaron entonces y tomaron a Jeremías del patio de la
cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de
Safán, para que lo sacase a casa; y vivió entre el pueblo.
Dios promete librar a Ebed-melec
15 Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando
preso en el patio de la cárcel, diciendo;
16 Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis
palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá
esto en aquel día en presencia tuya.
17 Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no
serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes.
18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada,
sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en
mí, dice Jehová.
Jeremías y el remanente con Gedalías
40
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que
Nabuzaradán capitán de la guardia le envió desde Ramá, cuando
le tomó estando atado con cadenas entre todos los cautivos de
Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia.
2 Tomó, pues, el capitán de la guardia a Jeremías y le
dijo: Jehová tu Dios habló este mal contra este lugar;
3 y lo ha traído y hecho Jehová según lo había dicho;
porque pecasteis contra Jehová, y no oísteis su voz, por eso os
ha venido esto.
4 Y ahora yo te he soltado hoy de las cadenas que tenías en
tus manos. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven, y yo
velaré por ti; pero si no te parece bien venir conmigo a
Babilonia, déjalo. Mira, toda la tierra está delante de ti; vé
a donde mejor y más cómodo te parezca ir.
5 Si prefieres quedarte, vuélvete a Gedalías hijo de Ahicam,
hijo de Safán, al cual el rey de Babilonia ha puesto sobre todas
las ciudades de Judá, y vive con él en medio del pueblo; o ve
a donde te parezca más cómodo ir. Y le dio el capitán de la
guardia provisiones y un presente, y le despidió.
6 Se fue entonces Jeremías a Gedalías hijo de Ahicam, a
Mizpa, y habitó con él en medio del pueblo que había quedado
en la tierra.
7 Cuando todos los jefes del ejército que estaban por el
campo, ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había
puesto a Gedalías hijo de Ahicam para gobernar la tierra, y que
le había encomendado los hombres y las mujeres y los niños, y
los pobres de la tierra que no fueron transportados a Babilonia,
8 vinieron luego a Gedalías en Mizpa; esto es, Ismael hijo de
Netanías, Johanán y Jonatán hijos de Carea, Seraías hijo de
Tanhumet, los hijos de Efai netofatita, y Jezanías hijo de un
maacateo, ellos y sus hombres.
9 Y les juró Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, a
ellos y a sus hombres, diciendo: No tengáis temor de servir a
los caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia,
y os irá bien.
10 Y he aquí que yo habito en Mizpa, para estar delante de
los caldeos que vendrán a nosotros; mas vosotros tomad el vino,
los frutos del verano y el aceite, y ponedlos en vuestros
almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado.
11 Asimismo todos los judíos que estaban en Moab, y entre los
hijos de Amón, y en Edom, y los que estaban en todas las
tierras, cuando oyeron decir que el rey de Babilonia había
dejado a algunos en Judá, y que había puesto sobre ellos a
Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán,
12 todos estos judíos regresaron entonces de todos los
lugares adonde habían sido echados, y vinieron a tierra de
Judá, a Gedalías en Mizpa; y recogieron vino y abundantes
frutos.
Conspiración de Ismael contra Gedalías
13 Y Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de la gente
de guerra que estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa,
14 Y le dijeron: ¿No sabes que Baalis rey de los hijos de
Amón ha enviado a Ismael hijo de Netanías para matarte? Mas
Gedalías hijo de Ahicam no les creyó.
15 Entonces Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en
secreto en Mizpa, diciendo: Yo iré ahora y mataré a Ismael
hijo de Netanías, y ningún hombre lo sabrá. ¿Por qué te ha
de matar, y todos los judíos que se han reunido a ti se
dispersarán, y perecerá el resto de Judá?
16 Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo a Johanán hijo de
Carea: No hagas esto, porque es falso lo que tú dices de Ismael.
41
1 Aconteció en el mes séptimo que vino Ismael hijo de
Netanías, hijo de Elisama, de la descendencia real, y algunos
príncipes del rey y diez hombres con él, a Gedalías hijo de
Ahicam en Mizpa; y comieron pan juntos allí en Mizpa.
2 Y se levantó Ismael hijo de Netanías y los diez hombres
que con él estaban, e hirieron a espada a Gedalías hijo de
Ahicam, hijo de Safán, matando así a aquel a quien el rey de
Babilonia había puesto para gobernar la tierra.
3 Asimismo mató Ismael a todos los judíos que estaban con
Gedalías en Mizpa, y a los soldados caldeos que allí estaban.
4 Sucedió además, un día después que mató a Gedalías,
cuando nadie lo sabía aún,
5 que venían unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaria,
ochenta hombres, raída la barba y rotas las ropas, y
rasguñados, y traían en sus manos ofrenda e incienso para
llevar a la casa de Jehová.
6 Y de Mizpa les salió al encuentro, llorando, Ismael el hijo
de Netanías. Y aconteció que cuando los encontró, les dijo:
Venid a Gedalías hijo de Ahicam.
7 Y cuando llegaron dentro de la ciudad, Ismael hijo de
Netanías los degolló, y los echó dentro de una cisterna, él y
los hombres que con él estaban.
8 Mas entre aquéllos fueron hallados diez hombres que dijeron
a Ismael: No nos mates; porque tenemos en el campo tesoros de
trigos y cebadas y aceites y miel. Y los dejó, y no los mató
entre sus hermanos.
9 Y la cisterna en que echó Ismael todos los cuerpos de los
hombres que mató a causa de Gedalías, era la misma que había
hecho el rey Asa a causa de Baasa rey de Israel; Ismael hijo de
Netanías la llenó de muertos.
10 Después llevó Ismael cautivo a todo el resto del pueblo
que estaba en Mizpa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que
en Mizpa había quedado, el cual había encargado Nabuzaradán
capitán de la guardia a Gedalías hijo de Ahicam. Los llevó,
pues, cautivos Ismael hijo de Netanías, y se fue para pasarse a
los hijos de Amón.
11 Y oyeron Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de
la gente de guerra que estaban con él, todo el mal que había
hecho Ismael hijo de Netanías.
12 Entonces tomaron a todos los hombres y fueron a pelear
contra Ismael hijo de Netanías, y lo hallaron junto al gran
estanque que está en Gabaón.
13 Y aconteció que cuando todo el pueblo que estaba con
Ismael vio a Johanán hijo de Carea y a todos los capitanes de la
gente de guerra que estaban con él, se alegraron.
14 Y todo el pueblo que Ismael había traído cautivo de Mizpa
se volvió y fue con Johanán hijo de Carea.
15 Pero Ismael hijo de Netanías escapó delante de Johanán
con ocho hombres, y se fue a los hijos de Amón.
16 Y Johanán hijo de Carea y todos los capitanes de la gente
de guerra que con él estaban tomaron a todo el resto del pueblo
que había recobrado de Ismael hijo de Netanías, a quienes
llevó de Mizpa después que mató a Gedalías hijo de Ahicam;
hombres de guerra, mujeres, niños y eunucos, que Johanán había
traído de Gabaón;
17 y fueron y habitaron en Gerutquimam, que está cerca de
Belén, a fin de ir y meterse en Egipto,
18 a causa de los caldeos; porque los temían, por haber dado
muerte Ismael hijo de Netanías a Gedalías hijo de Ahicam, al
cual el rey de Babilonia había puesto para gobernar la tierra.
Mensaje a Johanán
42
1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y
Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el
pueblo desde el menor hasta el mayor,
2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego
delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo
este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven
tus ojos),
3 para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde
vayamos, y lo que hemos de hacer.
4 Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy
a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que
Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra.
5 Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros
testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme
a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a
nosotros.
6 Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al
cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de
Jehová nuestro Dios nos vaya bien.
7 Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de
Jehová a Jeremías.
8 Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de
la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde
el menor hasta el mayor;
9 y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me
enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia:
10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no
os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy
arrepentido del mal que os he hecho.
11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual
tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová,
porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano;
12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá
misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.
13 Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no
obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios,
14 diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto,
en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni
padeceremos hambre, y allá moraremos;
15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de
Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y
entrareis para morar allá,
16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en
la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en
Egipto os perseguirá; y allí moriréis.
17 Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar
en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de
pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien
escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.
18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de
Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando
entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de
espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este
lugar.
19 Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No
vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy.
20 ¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me
enviasteis a Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros a
Jehová nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que Jehová
nuestro Dios dijere, y lo haremos.
21 Y os lo he declarado hoy, y no habéis obedecido a la voz
de Jehová vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me
envió a vosotros.
22 Ahora, pues, sabed de cierto que a espada, de hambre y de
pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para
morar allí.
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