31
1 En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todas las
familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo.
2 Así ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada
halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de
reposo.
3 Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo:
Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi
misericordia.
4 Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel;
todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres
danzas.
5 Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán
los que plantan, y disfrutarán de ellas.
6 Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte
de Efraín: Levantaos, y subamos a Sion, a Jehová nuestro Dios.
7 Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con
alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced
oír, alabad, y decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el
remanente de Israel.
8 He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los
reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos,
la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran
compañía volverán acá.
9 Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y
los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en
el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín
es mi primogénito.
10 Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en
las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel
lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño.
11 Porque Jehová redimió a Jacob, lo redimió de mano del
más fuerte que él.
12 Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y
correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite, y al
ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto
de riego, y nunca más tendrán dolor.
13 Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y
los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los
consolaré, y los alegraré de su dolor.
14 Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi
pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová.
15 Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y
lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso
ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.
16 Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las
lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice
Jehová, y volverán de la tierra del enemigo.
17 Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y
los hijos volverán a su propia tierra.
18 Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: Me
azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y
seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios.
19 Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y
después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y
me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud.
20 ¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en
quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de
él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él;
ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová.
21 Establécete señales, ponte majanos altos, nota
atentamente la calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste,
virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades.
22 ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz? Porque
Jehová creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará
al varón.
23 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Aún dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus
ciudades, cuando yo haga volver sus cautivos: Jehová te bendiga,
oh morada de justicia, oh monte santo.
24 Y habitará allí Judá, y también en todas sus ciudades
labradores, y los que van con rebaño.
25 Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma
entristecida.
26 En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable.
El nuevo pacto
27 He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la
casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de
simiente de animal.
28 Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar,
y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para
edificar y plantar, dice Jehová.
29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las
uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera,
30 sino que cada cual morirá por su propia maldad; los
dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la
dentera.
31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales
haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de
Judá.
32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé
su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos
invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice
Jehová.
33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su
mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por
Dios, y ellos me serán por pueblo.
34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su
hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán,
desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice
Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré
más de su pecado.
35 Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las
leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que
parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su
nombre:
36 Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová,
también la descendencia de Israel faltará para no ser nación
delante de mí eternamente.
37 Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden
medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también
yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que
hicieron, dice Jehová.
38 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que la ciudad
será edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la
puerta del Angulo.
39 Y saldrá más allá el cordel de la medida delante de él
sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa.
40 Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y
todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina
de la puerta de los caballos al oriente, será santo a Jehová;
no será arrancada ni destruida más para siempre.
Jeremías compra la heredad de Hanameel
32
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, el año décimo de
Sedequías rey de Judá, que fue el año decimoctavo de
Nabucodonosor.
2 Entonces el ejército del rey de Babilonia tenía sitiada a
Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba preso en el patio de la
cárcel que estaba en la casa del rey de Judá.
3 Porque Sedequías rey de Judá lo había puesto preso,
diciendo: ¿Por qué profetizas tú diciendo: Así ha dicho
Jehová: He aquí yo entrego esta ciudad en mano del rey de
Babilonia, y la tomará;
4 y Sedequías rey de Judá no escapará de la mano de los
caldeos, sino que de cierto será entregado en mano del rey de
Babilonia, y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus
ojos,
5 y hará llevar a Sedequías a Babilonia, y allá estará
hasta que yo le visite; y si peleareis contra los caldeos, no os
irá bien, dice Jehová?
6 Dijo Jeremías: Palabra de Jehová vino a mí, diciendo:
7 He aquí que Hanameel hijo de Salum tu tío viene a ti,
diciendo: Cómprame mi heredad que está en Anatot; porque tú
tienes derecho a ella para comprarla.
8 Y vino a mí Hanameel hijo de mi tío, conforme a la palabra
de Jehová, al patio de la cárcel, y me dijo: Compra ahora mi
heredad, que está en Anatot en tierra de Benjamín, porque tuyo
es el derecho de la herencia, y a ti corresponde el rescate;
cómprala para ti. Entonces conocí que era palabra de Jehová.
9 Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual
estaba en Anatot, y le pesé el dinero; diecisiete siclos de
plata.
10 Y escribí la carta y la sellé, y la hice certificar con
testigos, y pesé el dinero en balanza.
11 Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y
costumbre, y la copia abierta.
12 Y di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, hijo de
Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y delante de
los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de
todos los judíos que estaban en el patio de la cárcel.
13 Y di orden a Baruc delante de ellos, diciendo:
14 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Toma estas cartas, esta carta de venta sellada, y esta carta
abierta, y ponlas en una vasija de barro, para que se
conserven muchos días.
15 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta
tierra.
16 Y después que di la carta de venta a Baruc hijo de
Nerías, oré a Jehová, diciendo:
17 ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la
tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada
que sea difícil para ti;
18 que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de
los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso,
Jehová de los ejércitos es su nombre;
19 grande en consejo, y magnífico en hechos; porque tus ojos
están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los
hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el
fruto de sus obras.
20 Tú hiciste señales y portentos en tierra de Egipto hasta
este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has hecho
nombre, como se ve en el día de hoy.
21 Y sacaste a tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con
señales y portentos, con mano fuerte y brazo extendido, y con
terror grande;
22 y les diste esta tierra, de la cual juraste a sus padres
que se la darías, la tierra que fluye leche y miel;
23 y entraron, y la disfrutaron; pero no oyeron tu voz, ni
anduvieron en tu ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer;
por tanto, has hecho venir sobre ellos todo este mal.
24 He aquí que con arietes han acometido la ciudad para
tomarla, y la ciudad va a ser entregada en mano de los caldeos
que pelean contra ella, a causa de la espada, del hambre y de la
pestilencia; ha venido, pues, a suceder lo que tú dijiste, y he
aquí lo estás viendo.
25 ¡Oh Señor Jehová! ¿y tú me has dicho: Cómprate la
heredad por dinero, y pon testigos; aunque la ciudad sea
entregada en manos de los caldeos?
26 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
27 He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá
algo que sea difícil para mí?
28 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí voy a entregar
esta ciudad en mano de los caldeos, y en mano de Nabucodonosor
rey de Babilonia, y la tomará.
29 Y vendrán los caldeos que atacan esta ciudad, y la
pondrán a fuego y la quemarán, asimismo las casas sobre cuyas
azoteas ofrecieron incienso a Baal y derramaron libaciones a
dioses ajenos, para provocarme a ira.
30 Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han
hecho sino lo malo delante de mis ojos desde su juventud; porque
los hijos de Israel no han hecho más que provocarme a ira con la
obra de sus manos, dice Jehová.
31 De tal manera que para enojo mío y para ira mía me ha
sido esta ciudad desde el día que la edificaron hasta hoy, para
que la haga quitar de mi presencia,
32 por toda la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de
Judá, que han hecho para enojarme, ellos, sus reyes, sus
príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, y los varones de Judá
y los moradores de Jerusalén.
33 Y me volvieron la cerviz, y no el rostro; y cuando los
enseñaba desde temprano y sin cesar, no escucharon para recibir
corrección.
34 Antes pusieron sus abominaciones en la casa en la cual es
invocado mi nombre, contaminándola.
35 Y edificaron lugares altos a Baal, los cuales están en el
valle del hijo de Hinom, para hacer pasar por el fuego sus
hijos y sus hijas a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino al
pensamiento que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a
Judá.
36 Y con todo, ahora así dice Jehová Dios de Israel a esta
ciudad, de la cual decís vosotros: Entregada será en mano del
rey de Babilonia a espada, a hambre y a pestilencia:
37 He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las
cuales los eché con mi furor, y con mi enojo e indignación
grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar
seguramente;
38 y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios.
39 Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman
perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después
de ellos.
40 Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás
de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos,
para que no se aparten de mí.
41 Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré
en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.
42 Porque así ha dicho Jehová: Como traje sobre este pueblo
todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que
acerca de ellos hablo.
43 Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros
decís: Está desierta, sin hombres y sin animales, es entregada
en manos de los caldeos.
44 Heredades comprarán por dinero, y harán escritura y la
sellarán y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los
contornos de Jerusalén, y en las ciudades de Judá; y en las
ciudades de las montañas, y en las ciudades de la Sefela, y en
las ciudades del Neguev; porque yo haré regresar sus
cautivos, dice Jehová.
Restauración de la prosperidad de Jerusalén
33
1 Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando
él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo:
2 Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la
formó para afirmarla; Jehová es su nombre:
3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas
grandes y ocultas que tú no conoces.
4 Porque así ha dicho Jehová Dios de Israel acerca de las
casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá,
derribadas con arietes y con hachas
5 (porque vinieron para pelear contra los caldeos, para
llenarlas de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo
con mi furor y con mi ira, pues escondí mi rostro de esta ciudad
a causa de toda su maldad):
6 He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los
curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.
7 Y haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de
Israel, y los restableceré como al principio.
8 Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra
mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y
con que contra mí se rebelaron.
9 Y me será a mí por nombre de gozo, de alabanza y de
gloria, entre todas las naciones de la tierra, que habrán oído
todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el
bien y de toda la paz que yo les haré.
10 Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que
está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de
Judá y en las calles de Jerusalén, que están asoladas, sin
hombre y sin morador y sin animal,
11 ha de oírse aún voz de gozo y de alegría, voz de
desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad a
Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para
siempre es su misericordia; voz de los que traigan ofrendas
de acción de gracias a la casa de Jehová. Porque volveré a traer
los cautivos de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.
12 Así dice Jehová de los ejércitos: En este lugar
desierto, sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aún
habrá cabañas de pastores que hagan pastar sus ganados.
13 En las ciudades de las montañas, en las ciudades de la
Sefela, en las ciudades del Neguev, en la tierra de Benjamín, y
alrededor de Jerusalén y en las ciudades de Judá, aún pasarán
ganados por las manos del que los cuente, ha dicho Jehová.
14 He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré
la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa
de Judá.
15 En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un
Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra.
16 En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará
segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra.
17 Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón
que se siente sobre el trono de la casa de Israel.
18 Ni a los sacerdotes y levitas faltará varón que delante
de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda, y que haga
sacrificio todos los días.
19 Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
20 Así ha dicho Jehová: Si pudiereis invalidar mi pacto con
el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día
ni noche a su tiempo,
21 podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David,
para que deje de tener hijo que reine sobre su trono, y mi pacto
con los levitas y sacerdotes, mis ministros.
22 Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la
arena del mar se puede medir, así multiplicaré la descendencia
de David mi siervo, y los levitas que me sirven.
23 Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
24 ¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo:
Dos familias que Jehová escogiera ha desechado? Y han tenido en
poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación.
25 Así ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día
y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra,
26 también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi
siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre
la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré
volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.
Jeremías amonesta a Sedequías
34
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías cuando Nabucodonosor
rey de Babilonia y todo su ejército, y todos los reinos de la
tierra bajo el señorío de su mano, y todos los pueblos,
peleaban contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, la
cual dijo:
2 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Ve y habla a
Sedequías rey de Judá, y dile: Así ha dicho Jehová: He aquí
yo entregaré esta ciudad al rey de Babilonia, y la quemará con
fuego;
3 y no escaparás tú de su mano, sino que ciertamente serás
apresado, y en su mano serás entregado; y tus ojos verán los
ojos del rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y en
Babilonia entrarás.
4 Con todo eso, oye palabra de Jehová, Sedequías rey de
Judá: Así ha dicho Jehová acerca de ti: No morirás a
espada.
5 En paz morirás, y así como quemaron especias por tus
padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, las quemarán
por ti, y te endecharán, diciendo, ¡Ay, señor! Porque yo he
hablado la palabra, dice Jehová.
6 Y habló el profeta Jeremías a Sedequías rey de Judá
todas estas palabras en Jerusalén.
7 Y el ejército del rey de Babilonia peleaba contra
Jerusalén, y contra todas las ciudades de Judá que habían
quedado, contra Laquis y contra Azeca; porque de las ciudades
fortificadas de Judá éstas habían quedado.
Violación del pacto de libertar a los siervos hebreos
8 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que
Sedequías hizo pacto con todo el pueblo en Jerusalén para
promulgarles libertad;
9 que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo
y hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como
siervos.
10 Y cuando oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que
había convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su siervo
y cada uno a su sierva, que ninguno los usase más como siervos,
obedecieron, y los dejaron.
11 Pero después se arrepintieron, e hicieron volver a los
siervos y a las siervas que habían dejado libres, y los
sujetaron como siervos y siervas.
12 Vino, pues, palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
13 Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con
vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de
casa de servidumbre, diciendo:
14 Al cabo de siete años dejará cada uno a su hermano
hebreo que le fuere vendido; le servirá seis años, y lo
enviará libre; pero vuestros padres no me oyeron, ni
inclinaron su oído.
15 Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto
delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo;
y habíais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la cual es
invocado mi nombre.
16 Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis
vuelto a tomar cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que
habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado para
que os sean siervos y siervas.
17 Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis
oído para promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a
su compañero; he aquí que yo promulgo libertad, dice Jehová, a
la espada y a la pestilencia y al hambre; y os pondré por
afrenta ante todos los reinos de la tierra.
18 Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no
han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi
presencia, dividiendo en dos partes el becerro y pasando por
medio de ellas;
19 a los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén,
a los oficiales y a los sacerdotes y a todo el pueblo de la
tierra, que pasaron entre las partes del becerro,
20 los entregaré en mano de sus enemigos y en mano de los que
buscan su vida; y sus cuerpos muertos serán comida de las aves
del cielo, y de las bestias de la tierra.
21 Y a Sedequías rey de Judá y a sus príncipes los
entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan
su vida, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se ha
ido de vosotros.
22 He aquí, mandaré yo, dice Jehová, y los haré volver a
esta ciudad, y pelearán contra ella y la tomarán, y la
quemarán con fuego; y reduciré a soledad las ciudades de Judá,
hasta no quedar morador.
Obediencia de los recabitas
35
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de
Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
2 Ve a casa de los recabitas y habla con ellos, e
introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y
dales a beber vino.
3 Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de
Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la
familia de los recabitas;
4 y los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos
de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba junto
al aposento de los príncipes, que estaba sobre el aposento de
Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta.
5 Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas
tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino.
6 Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de
Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás
vino vosotros ni vuestros hijos;
7 ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni
plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en
tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre
la faz de la tierra donde vosotros habitáis.
8 Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab
hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino
en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni
nuestros hijos ni nuestras hijas;
9 y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener
viña, ni heredad, ni sementera.
10 Moramos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho
conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.
11 Sucedió, no obstante, que cuando Nabucodonosor rey de
Babilonia subió a la tierra, dijimos: Venid, y ocultémonos en
Jerusalén, de la presencia del ejército de los caldeos y de la
presencia del ejército de los de Siria; y en Jerusalén nos
quedamos.
12 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
13 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Ve y di a los varones de Judá, y a los moradores de
Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? dice
Jehová.
14 Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual
mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta
hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado
a vosotros desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído.
15 Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde
temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de
vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras
dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a
vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído,
ni me oísteis.
16 Ciertamente los hijos de Jonadab hijo de Recab tuvieron por
firme el mandamiento que les dio su padre; pero este pueblo no me
ha obedecido.
17 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los
moradores de Jerusalén todo el mal que contra ellos he hablado;
porque les hablé, y no oyeron; los llamé, y no han respondido.
18 Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha
dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto
obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y
guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas
las cosas que os mandó;
19 por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab un varón que esté
en mi presencia todos los días.
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