La señal del cinto podrido
13
1 Así me dijo Jehová: Ve y cómprate un cinto de lino, y
cíñelo sobre tus lomos, y no lo metas en agua.
2 Y compré el cinto conforme a la palabra de Jehová, y lo
puse sobre mis lomos.
3 Vino a mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo:
4 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y
levántate y vete al Eufrates, y escóndelo allá en la hendidura
de una peña.
5 Fui, pues, y lo escondí junto al Eufrates, como Jehová me
mandó.
6 Y sucedió que después de muchos días me dijo Jehová:
Levántate y vete al Eufrates, y toma de allí el cinto que te
mandé esconder allá.
7 Entonces fui al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del
lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se
había podrido; para ninguna cosa era bueno.
8 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
9 Así ha dicho Jehová: Así haré podrir la soberbia de
Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén.
10 Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda
en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses
ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser
como este cinto, que para ninguna cosa es bueno.
11 Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así
hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá,
dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por fama, por
alabanza y por honra; pero no escucharon.
La señal de las tinajas llenas
12 Les dirás, pues, esta palabra: Así ha dicho Jehová, Dios
de Israel: Toda tinaja se llenará de vino. Y ellos te dirán:
¿No sabemos que toda tinaja se llenará de vino?
13 Entonces les dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo
lleno de embriaguez a todos los moradores de esta tierra, y a
los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, a
los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalén;
14 y los quebrantaré el uno contra el otro, los padres con
los hijos igualmente, dice Jehová; no perdonaré, ni tendré
piedad ni misericordia, para no destruirlos.
Judá será llevada en cautiverio
15 Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová ha
hablado.
16 Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir
tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de
oscuridad, y esperéis luz, y os la vuelva en sombra de muerte y
tinieblas.
17 Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma a causa
de vuestra soberbia; y llorando amargamente se desharán mis ojos
en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo.
18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra;
porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestras cabezas.
19 Las ciudades del Neguev fueron cerradas, y no hubo quien
las abriese; toda Judá fue transportada, llevada en cautiverio
fue toda ella.
20 Alzad vuestros ojos, y ved a los que vienen del norte.
¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?
21 ¿Qué dirás cuando él ponga como cabeza sobre ti a
aquellos a quienes tú enseñaste a ser tus amigos? ¿No te
darán dolores como de mujer que está de parto?
22 Si dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido
esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus
faldas, fueron desnudados tus calcañares.
23 ¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?
Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados
a hacer mal?
24 Por tanto, yo los esparciré al viento del desierto, como
tamo que pasa.
25 Esta es tu suerte, la porción que yo he medido para ti,
dice Jehová, porque te olvidaste de mí y confiaste en la
mentira.
26 Yo, pues, descubriré también tus faldas delante de tu
rostro, y se manifestará tu ignominia,
27 tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación
sobre los collados; en el campo vi tus abominaciones. ¡Ay de ti,
Jerusalén! ¿No serás al fin limpia? ¿Cuánto tardarás tú en
purificarte?
Mensaje con motivo de la sequía
14
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo de la
sequía.
2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron; se sentaron
tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén.
3 Los nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las
lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías;
se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas.
4 Porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el
país, están confusos los labradores, cubrieron sus cabezas.
5 Aun las ciervas en los campos parían y dejaban la cría,
porque no había hierba.
6 Y los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban el
viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no había
hierba.
7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh
Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones
se han multiplicado, contra ti hemos pecado.
8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la
aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra,
y como caminante que se retira para pasar la noche?
9 ¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente que
no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh
Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos
desampares.
10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron
en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto,
Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y
castigará sus pecados.
11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien.
12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan
holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con
espada, con hambre y con pestilencia.
13 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí que los
profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre
vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera.
14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los
profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les
hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su
corazón os profetizan.
15 Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas que
profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen: Ni
espada ni hambre habrá en esta tierra; con espada y con hambre
serán consumidos esos profetas.
16 Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles
de Jerusalén por hambre y por espada, y no habrá quien los
entierre a ellos, a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas; y
sobre ellos derramaré su maldad.
17 Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas
noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es
quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy dolorosa.
18 Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si entro en
la ciudad, he aquí enfermos de hambre; porque tanto el profeta
como el sacerdote anduvieron vagando en la tierra, y no
entendieron.
19 ¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido tu
alma a Sion? ¿Por qué nos hiciste herir sin que haya remedio?
Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de curación, y he aquí
turbación.
20 Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de
nuestros padres; porque contra ti hemos pecado.
21 Por amor de tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu
glorioso trono; acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros.
22 ¿Hay entre los ídolos de las naciones quien haga llover?
¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Jehová, nuestro
Dios? En ti, pues, esperamos, pues tú hiciste todas estas cosas.
La implacable ira de Dios contra Judá
15
1 Me dijo Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran
delante de mí, no estaría mi voluntad con este pueblo; échalos de mi
presencia, y salgan.
2 Y si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así
ha dicho Jehová: El que a muerte, a muerte; el que a espada, a
espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a
cautiverio.
3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice
Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del
cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir.
4 Y los entregaré para terror a todos los reinos de la
tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por
lo que hizo en Jerusalén.
5 Porque ¿quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalén?
¿Quién se entristecerá por tu causa, o quién vendrá a
preguntar por tu paz?
6 Tú me dejaste, dice Jehová; te volviste atrás; por tanto,
yo extenderé sobre ti mi mano y te destruiré; estoy cansado
de arrepentirme.
7 Aunque los aventé con aventador hasta las puertas de la
tierra, y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté, no se
volvieron de sus caminos.
8 Sus viudas se me multiplicaron más que la arena del mar;
traje contra ellos destruidor a mediodía sobre la madre y sobre
los hijos; hice que de repente cayesen terrores sobre la ciudad.
9 Languideció la que dio a luz siete; se llenó de dolor su
alma, su sol se puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena
de confusión; y lo que de ella quede, lo entregaré a la espada
delante de sus enemigos, dice Jehová.
10 ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de
contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he
dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen.
11 ¡Sea así, oh Jehová, si no te he rogado por su bien, si
no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de
aflicción y en época de angustia!
12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte y el
bronce?
13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin
ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio.
14 Y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conoces;
porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre
vosotros.
Jehová reanima a Jeremías
15 Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y
véngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongación de
tu enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta.
16 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra
me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre
se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.
17 No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a
causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de
indignación.
18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada
no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como
aguas que no son estables?
19 Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te
restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo
precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a
ti, y tú no te conviertas a ellos.
20 Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce,
y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy
contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová.
21 Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la
mano de los fuertes.
Juicio de Jehová contra Judá
16
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2 No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en
este lugar.
3 Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos y de las
hijas que nazcan en este lugar, de sus madres que los den a luz y
de los padres que los engendren en esta tierra:
4 De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni
enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra; con
espada y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos servirán de
comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
5 Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto, ni
vayas a lamentar, ni los consueles; porque yo he quitado mi paz
de este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y mis piedades.
6 Morirán en esta tierra grandes y pequeños; no se
enterrarán, ni los plañirán, ni se rasgarán ni se raerán los
cabellos por ellos;
7 ni partirán pan por ellos en el luto para consolarlos de
sus muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones por su
padre o por su madre.
8 Asimismo no entres en casa de banquete, para sentarte con
ellos a comer o a beber.
9 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: He aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de
vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de
alegría, y toda voz de esposo y toda voz de esposa.
10 Y acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas estas
cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová contra
nosotros todo este mal tan grande? ¿Qué maldad es la nuestra, o
qué pecado es el nuestro, que hemos cometido contra Jehová
nuestro Dios?
11 Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron,
dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los
sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no
guardaron mi ley;
12 y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque
he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de
su malvado corazón, no oyéndome a mí.
13 Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra que
ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá
serviréis a dioses ajenos de día y de noche; porque no os
mostraré clemencia.
14 No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová, en que no
se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel
de tierra de Egipto;
15 sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de
la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había
arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.
16 He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y
los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los
cazarán por todo monte y por todo collado, y por las cavernas de
los peñascos.
17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales
no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de
mis ojos.
18 Pero primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado;
porque contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus ídolos,
y de sus abominaciones llenaron mi heredad.
19 Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en
el tiempo de la aflicción, a ti vendrán naciones desde los
extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron
nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho.
20 ¿Hará acaso el hombre dioses para sí? Mas ellos no son
dioses.
21 Por tanto, he aquí les enseñaré esta vez, les haré
conocer mi mano y mi poder, y sabrán que mi nombre es Jehová.
El pecado escrito en el corazón de Judá
17
1 El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con
punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y
en los cuernos de sus altares,
2 mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus
imágenes de Asera, que están junto a los árboles frondosos y
en los collados altos,
3 sobre las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros
entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo
tu territorio.
4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus
enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis
encendido en mi furor, que para siempre arderá.
5 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el
hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de
Jehová.
6 Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene
el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en
tierra despoblada y deshabitada.
7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza
es Jehová.
8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas,
que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene
el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía
no se fatigará, ni dejará de dar fruto.
9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y
perverso; ¿quién lo conocerá?
10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el
corazón, para dar a cada uno según su camino, según el
fruto de sus obras.
11 Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que
injustamente amontona riquezas; en la mitad de sus días las
dejará, y en su postrimería será insensato.
12 Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de
nuestro santuario.
13 ¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan
serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán escritos
en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas.
14 Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo;
porque tú eres mi alabanza.
15 He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de
Jehová? ¡Que se cumpla ahora!
16 Mas yo no he ido en pos de ti para incitarte a su castigo,
ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi boca ha
salido, fue en tu presencia.
17 No me seas tú por espanto, pues mi refugio eres tú en el
día malo.
18 Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence
yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre; trae sobre ellos día
malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
Observancia del día de reposo
19 Así me ha dicho Jehová: Ve y ponte a la puerta de los
hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá,
y ponte en todas las puertas de Jerusalén,
20 y diles: Oíd la palabra de Jehová, reyes de Judá, y todo
Judá y todos los moradores de Jerusalén que entráis por estas
puertas.
21 Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra vida de llevar
carga en el día de reposo, y de meterla por las puertas de
Jerusalén.
22 Ni saquéis carga de vuestras casas en el día de
reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el día de reposo,
como mandé a vuestros padres.
23 Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino
endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir corrección.
24 No obstante, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no
metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día de
reposo, sino que santificareis el día de reposo, no
haciendo en él ningún trabajo,
25 entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en
caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el
trono de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá y
los moradores de Jerusalén; y esta ciudad será habitada para
siempre.
26 Y vendrán de las ciudades de Judá, de los alrededores de
Jerusalén, de tierra de Benjamín, de la Sefela, de los montes y
del Neguev, trayendo holocausto y sacrificio, y ofrenda e
incienso, y trayendo sacrificio de alabanza a la casa de Jehová.
27 Pero si no me oyereis para santificar el día de
reposo, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en
día de reposo, yo haré descender fuego en sus puertas, y
consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.
La señal del alfarero y el barro
18
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír
mis palabras.
3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él
trabajaba sobre la rueda.
4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su
mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor
hacerla.
5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa
de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano
del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
7 En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para
arrancar, y derribar, y destruir.
8 Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la
cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado
hacerles,
9 y en un instante hablaré de la gente y del reino, para
edificar y para plantar.
10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi
voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.
11 Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los
moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He
aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra
vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino,
y mejore sus caminos y sus obras.
12 Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos
iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado
corazón.
13 Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las
naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha hecho
la virgen de Israel.
14 ¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo?
¿Faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras?
15 Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a lo que es
vanidad, y ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas,
para que camine por sendas y no por camino transitado,
16 para poner su tierra en desolación, objeto de burla
perpetua; todo aquel que pasare por ella se asombrará, y
meneará la cabeza.
17 Como viento solano los esparciré delante del enemigo; les
mostraré las espaldas y no el rostro, en el día de su
perdición.
Conspiración del pueblo y oración de Jeremías
18 Y dijeron: Venid y maquinemos contra Jeremías; porque la
ley no faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la
palabra al profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no atendamos
a ninguna de sus palabras.
19 Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que
contienden conmigo.
20 ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma?
Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos,
para apartar de ellos tu ira.
21 Por tanto, entrega sus hijos a hambre, dispérsalos por
medio de la espada, y queden sus mujeres sin hijos, y viudas; y
sus maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes heridos a
espada en la guerra.
22 Oigase clamor de sus casas, cuando traigas sobre ellos
ejército de repente; porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis
pies han escondido lazos.
23 Pero tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra mí
para muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de
delante de tu rostro; y tropiecen delante de ti; haz así con
ellos en el tiempo de tu enojo.
La señal de la vasija rota
19
1 Así dijo Jehová: Ve y compra una vasija de barro del
alfarero, y lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los
ancianos de los sacerdotes;
2 y saldrás al valle del hijo de Hinom, que está a la
entrada de la puerta oriental, y proclamarás allí las palabras
que yo te hablaré.
3 Dirás, pues: Oíd palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y
moradores de Jerusalén. Así dice Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal
que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos.
4 Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en
él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido
ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este
lugar de sangre de inocentes.
5 Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a
sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les
mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.
6 Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová, que este
lugar no se llamará más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino
Valle de la Matanza.
7 Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalén en este
lugar, y les haré caer a espada delante de sus enemigos, y en
las manos de los que buscan sus vidas; y daré sus cuerpos para
comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
8 Pondré a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel que
pasare por ella se asombrará, y se burlará sobre toda su
destrucción.
9 Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus
hijas, y cada uno comerá la carne de su amigo, en el asedio y en
el apuro con que los estrecharán sus enemigos y los que buscan
sus vidas.
10 Entonces quebrarás la vasija ante los ojos de los varones
que van contigo,
11 y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Así
quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra
una vasija de barro, que no se puede restaurar más; y en Tofet
se enterrarán, porque no habrá otro lugar para enterrar.
12 Así haré a este lugar, dice Jehová, y a sus moradores,
poniendo esta ciudad como Tofet.
13 Las casas de Jerusalén, y las casas de los reyes de Judá,
serán como el lugar de Tofet, inmundas, por todas las casas
sobre cuyos tejados ofrecieron incienso a todo el ejército del
cielo, y vertieron libaciones a dioses ajenos.
14 Y volvió Jeremías de Tofet, adonde le envió Jehová a
profetizar, y se paró en el atrio de la casa de Jehová y dijo
a todo el pueblo:
15 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He
aquí, yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo
el mal que hablé contra ella; porque han endurecido su cerviz
para no oír mis palabras.
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