Profecía contra Pasur
20
1 El sacerdote Pasur hijo de Imer, que presidía como
príncipe en la casa de Jehová, oyó a Jeremías que profetizaba
estas palabras.
2 Y azotó Pasur al profeta Jeremías, y lo puso en el cepo
que estaba en la puerta superior de Benjamín, la cual conducía
a la casa de Jehová.
3 Y el día siguiente Pasur sacó a Jeremías del cepo. Le
dijo entonces Jeremías: Jehová no ha llamado tu nombre Pasur,
sino Magor-misabib.
4 Porque así ha dicho Jehová: He aquí, haré que seas un
terror a ti mismo y a todos los que bien te quieren, y caerán
por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán; y a todo
Judá entregaré en manos del rey de Babilonia, y los llevará
cautivos a Babilonia, y los matará a espada.
5 Entregaré asimismo toda la riqueza de esta ciudad, todo su
trabajo y todas sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de
los reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán, y
los tomarán y los llevarán a Babilonia.
6 Y tú, Pasur, y todos los moradores de tu casa iréis
cautivos; entrarás en Babilonia, y allí morirás, y allí
serás enterrado tú, y todos los que bien te quieren, a los cuales has
profetizado con mentira.
Lamento de Jeremías
7 Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste
que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual
se burla de mí.
8 Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y
destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para
afrenta y escarnio cada día.
9 Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su
nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente
metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.
10 Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas
partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si
claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos
contra él, y tomaremos de él nuestra venganza.
11 Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto,
los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán
avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán
perpetua confusión que jamás será olvidada.
12 Oh Jehová de los ejércitos, que pruebas a los justos, que
ves los pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de ellos;
porque a ti he encomendado mi causa.
13 Cantad a Jehová, load a Jehová; porque ha librado el alma
del pobre de mano de los malignos.
14 Maldito el día en que nací; el día en que mi madre
me dio a luz no sea bendito.
15 Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo
varón te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho.
16 Y sea el tal hombre como las ciudades que asoló Jehová, y
no se arrepintió; oiga gritos de mañana, y voces a mediodía,
17 porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera
sido mi sepulcro, y su vientre embarazado para siempre.
18 ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor,
y que mis días se gastasen en afrenta?
Jerusalén será destruida
21
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, cuando el rey
Sedequías envió a él a Pasur hijo de Malquías y al sacerdote
Sofonías hijo de Maasías, para que le dijesen:
2 Consulta ahora acerca de nosotros a Jehová, porque
Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra contra nosotros;
quizá Jehová hará con nosotros según todas sus maravillas, y
aquél se irá de sobre nosotros.
3 Y Jeremías les dijo: Diréis así a Sedequías:
4 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: He aquí yo vuelvo
atrás las armas de guerra que están en vuestras manos, con que
vosotros peleáis contra el rey de Babilonia; y a los caldeos que
están fuera de la muralla y os tienen sitiados, yo los reuniré
en medio de esta ciudad.
5 Pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo
fuerte, con furor y enojo e ira grande.
6 Y heriré a los moradores de esta ciudad, y los hombres y
las bestias morirán de pestilencia grande.
7 Después, dice Jehová, entregaré a Sedequías rey de
Judá, a sus criados, al pueblo y a los que queden de la
pestilencia, de la espada y del hambre en la ciudad, en mano de
Nabucodonosor rey de Babilonia, en mano de sus enemigos y de los
que buscan sus vidas, y él los herirá a filo de espada; no los
perdonará, ni tendrá compasión de ellos, ni tendrá de ellos
misericordia.
8 Y a este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí
pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte.
9 El que quedare en esta ciudad morirá a espada, de hambre o
de pestilencia; mas el que saliere y se pasare a los caldeos que
os tienen sitiados, vivirá, y su vida le será por despojo.
10 Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y
no para bien, dice Jehová; en mano del rey de Babilonia será
entregada, y la quemará a fuego.
11 Y a la casa del rey de Judá dirás: Oíd palabra de
Jehová:
12 Casa de David, así dijo Jehová: Haced de mañana juicio,
y librad al oprimido de mano del opresor, para que mi ira no
salga como fuego, y se encienda y no haya quien lo apague, por la
maldad de vuestras obras.
13 He aquí yo estoy contra ti, moradora del valle, y de la
piedra de la llanura, dice Jehová; los que decís: ¿Quién
subirá contra nosotros, y quién entrará en nuestras moradas?
14 Yo os castigaré conforme al fruto de vuestras obras, dice
Jehová, y haré encender fuego en su bosque, y consumirá todo
lo que está alrededor de él.
Profecías contra los reyes de Judá
22
1 Así dijo Jehová: Desciende a la casa del rey de Judá, y
habla allí esta palabra,
2 y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás
sentado sobre el trono de David, tú, y tus siervos, y tu pueblo
que entra por estas puertas.
3 Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al
oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al
extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis sangre
inocente en este lugar.
4 Porque si efectivamente obedeciereis esta palabra, los reyes
que en lugar de David se sientan sobre su trono, entrarán
montados en carros y en caballos por las puertas de esta casa;
ellos, y sus criados y su pueblo.
5 Mas si no oyereis estas palabras, por mí mismo he jurado,
dice Jehová, que esta casa será desierta.
6 Porque así ha dicho Jehová acerca de la casa del rey de
Judá: Como Galaad eres tú para mí, y como la cima del Líbano;
sin embargo, te convertiré en soledad, y como ciudades
deshabitadas.
7 Prepararé contra ti destruidores, cada uno con sus armas, y
cortarán tus cedros escogidos y los echarán en el fuego.
8 Y muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán cada
uno a su compañero: ¿Por qué hizo así Jehová con esta gran
ciudad?
9 Y se les responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová su
Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron.
10 No lloréis al muerto, ni de él os condoláis; llorad
amargamente por el que se va, porque no volverá jamás, ni verá
la tierra donde nació.
11 Porque así ha dicho Jehová acerca de Salum hijo de
Josías, rey de Judá, el cual reinó en lugar de Josías su
padre, y que salió de este lugar: No volverá más aquí,
12 sino que morirá en el lugar adonde lo llevaron cautivo, y
no verá más esta tierra.
13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin
equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el
salario de su trabajo!
14 Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas
airosas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de
bermellón.
15 ¿Reinarás, porque te rodeas de cedro? ¿No comió y
bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue
bien?
16 El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y
entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová.
17 Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y
para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer
agravio.
18 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim hijo
de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ¡Ay, hermano
mío! y ¡Ay, hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ¡Ay, señor!
¡Ay, su grandeza!
19 En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y
echándole fuera de las puertas de Jerusalén.
20 Sube al Líbano y clama, y en Basán da tu voz, y grita
hacia todas partes; porque todos tus enamorados son destruidos.
21 Te he hablado en tus prosperidades, mas dijiste: No oiré.
Este fue tu camino desde tu juventud, que nunca oíste mi voz.
22 A todos tus pastores pastoreará el viento, y tus
enamorados irán en cautiverio; entonces te avergonzarás y te
confundirás a causa de toda tu maldad.
23 Habitaste en el Líbano, hiciste tu nido en los cedros.
¡Cómo gemirás cuando te vinieren dolores, dolor como de mujer
que está de parto!
24 Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacim
rey de Judá fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te
arrancaría.
25 Te entregaré en mano de los que buscan tu vida, y en mano
de aquellos cuya vista temes; sí, en mano de Nabucodonosor rey
de Babilonia, y en mano de los caldeos.
26 Te haré llevar cautivo a ti y a tu madre que te dio a luz,
a tierra ajena en que no nacisteis; y allá moriréis.
27 Y a la tierra a la cual ellos con toda el alma anhelan
volver, allá no volverán.
28 ¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada?
¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él
y su generación, y echados a tierra que no habían conocido?
29 ¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová.
30 Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este
hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero
sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su
descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar
sobre Judá.
Regreso del remanente
23
1 ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de
mi rebaño! dice Jehová.
2 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los
pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis
ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí
que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová.
3 Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las
tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y
crecerán y se multiplicarán.
4 Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no
temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice
Jehová.
5 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a
David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso,
y hará juicio y justicia en la tierra.
6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado;
y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová,
justicia nuestra.
7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que
no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel
de la tierra de Egipto,
8 sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de
la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras
adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra.
Denunciación de los falsos profetas
9 A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro
de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como
hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de
sus santas palabras.
10 Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la
maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto
se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es
recta.
11 Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun
en mi casa hallé su maldad, dice Jehová.
12 Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad;
serán empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre
ellos en el año de su castigo, dice Jehová.
13 En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban
en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel.
14 Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas;
cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las
manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su
maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores
como Gomorra.
15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra
aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les
haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén
salió la hipocresía sobre toda la tierra.
16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las
palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con
vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la
boca de Jehová.
17 Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz
tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su
corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros.
18 Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y
oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?
19 He aquí que la tempestad de Jehová saldrá con furor; y
la tempestad que está preparada caerá sobre la cabeza de los
malos.
20 No se apartará el furor de Jehová hasta que lo haya
hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón;
en los postreros días lo entenderéis cumplidamente.
21 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no
les hablé, mas ellos profetizaban.
22 Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho
oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su
mal camino, y de la maldad de sus obras.
23 ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios
desde muy lejos?
24 ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo
no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
25 Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando
mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé.
26 ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas
que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su
corazón?
27 ¿No piensan cómo hacen que mi pueblo se olvide de mi
nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero, al
modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?
28 El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel
a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué
tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová.
29 ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como
martillo que quebranta la piedra?
30 Por tanto, he aquí que yo estoy contra los profetas, dice
Jehová, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.
31 Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que
endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho.
32 He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan
sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con
sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les
mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová.
33 Y cuando te preguntare este pueblo, o el profeta, o el
sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la profecía de Jehová? les
dirás: Esta es la profecía: Os dejaré, ha dicho Jehová.
34 Y al profeta, al sacerdote o al pueblo que dijere:
Profecía de Jehová, yo enviaré castigo sobre tal hombre y
sobre su casa.
35 Así diréis cada cual a su compañero, y cada cual a su
hermano: ¿Qué ha respondido Jehová, y qué habló Jehová?
36 Y nunca más os vendrá a la memoria decir: Profecía de
Jehová; porque la palabra de cada uno le será por profecía;
pues pervertisteis las palabras del Dios viviente, de Jehová de
los ejércitos, Dios nuestro.
37 Así dirás al profeta: ¿Qué te respondió Jehová, y
qué habló Jehová?
38 Mas si dijereis: Profecía de Jehová; por eso Jehová dice
así: Porque dijisteis esta palabra, Profecía de Jehová,
habiendo yo enviado a deciros: No digáis: Profecía de Jehová,
39 por tanto, he aquí que yo os echaré en olvido, y
arrancaré de mi presencia a vosotros y a la ciudad que di a
vosotros y a vuestros padres;
40 y pondré sobre vosotros afrenta perpetua, y eterna
confusión que nunca borrará el olvido.
La señal de los higos buenos y malos
24
1 Después de haber transportado Nabucodonosor rey de
Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los
príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén, y
haberlos llevado a Babilonia, me mostró Jehová dos cestas
de higos puestas delante del templo de Jehová.
2 Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra
cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer.
3 Y me dijo Jehová: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos;
higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se
pueden comer.
4 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
5 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos
buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales
eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien.
6 Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los
volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré;
los plantaré y no los arrancaré.
7 Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy
Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios;
porque se volverán a mí de todo su corazón.
8 Y como los higos malos, que de malos no se pueden comer,
así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus
príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y
a los que moran en la tierra de Egipto.
9 Y los daré por escarnio y por mal a todos los reinos de la
tierra; por infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a
todos los lugares adonde yo los arroje.
10 Y enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia, hasta
que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus
padres.
Setenta años de desolación
25
1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de
Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de
Judá, el cual era el año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia;
2 la cual habló el profeta Jeremías a todo el pueblo de
Judá y a todos los moradores de Jerusalén, diciendo:
3 Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá,
hasta este día, que son vientitrés años, ha venido a mí
palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin cesar; pero
no oísteis.
4 Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas,
enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni
inclinasteis vuestro oído para escuchar
5 cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la
maldad de vuestras obras, y moraréis en la tierra que os dio
Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre;
6 y no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y
adorándoles, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras
manos; y no os haré mal.
7 Pero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme a
ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro.
8 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por
cuanto no habéis oído mis palabras,
9 he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte,
dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y
los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra
todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los
pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua.
10 Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la
voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada,
ruido de molino y luz de lámpara.
11 Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y
servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.
12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al
rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho
Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en
desiertos para siempre.
13 Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he
hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro,
profetizado por Jeremías contra todas las naciones.
14 Porque también ellas serán sojuzgadas por muchas naciones
y grandes reyes; y yo les pagaré conforme a sus hechos, y
conforme a la obra de sus manos.
La copa de ira para las naciones
15 Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano
la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las
naciones a las cuales yo te envío.
16 Y beberán, y temblarán y enloquecerán, a causa de la
espada que yo envío entre ellas.
17 Y tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a
todas las naciones, a las cuales me envió Jehová:
18 a Jerusalén, a las ciudades de Judá y a sus reyes, y a
sus príncipes, para ponerlos en ruinas, en escarnio y en burla y en
maldición, como hasta hoy;
19 a Faraón rey de Egipto, a sus siervos, a sus príncipes y
a todo su pueblo;
20 y a toda la mezcla de naciones, a todos los reyes de tierra
de Uz, y a todos los reyes de la tierra de Filistea, a Ascalón,
a Gaza, a Ecrón y al remanente de Asdod;
21 a Edom, a Moab y a los hijos de Amón;
22 a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón, a
los reyes de las costas que están de ese lado del mar;
23 a Dedán, a Tema y a Buz, y a todos los que se rapan las
sienes;
24 a todos los reyes de Arabia, a todos los reyes de pueblos
mezclados que habitan en el desierto;
25 a todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam, a
todos los reyes de Media;
26 a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos,
los unos con los otros, y a todos los reinos del mundo que están
sobre la faz de la tierra; y el rey de Babilonia beberá después
de ellos.
27 Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os
levantéis, a causa de la espada que yo envío entre vosotros.
28 Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, les
dirás tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que
beber.
29 Porque he aquí que a la ciudad en la cual es invocado mi
nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos?
No seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los
moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos.
30 Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras
y les dirás: Jehová rugirá desde lo alto, y desde su morada
santa dará su voz; rugirá fuertemente contra su morada;
canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la
tierra.
31 Llegará el estruendo hasta el fin de la tierra, porque
Jehová tiene juicio contra las naciones; él es el Juez de toda
carne; entregará los impíos a espada, dice Jehová.
32 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que el
mal irá de nación en nación, y grande tempestad se levantará
de los fines de la tierra.
33 Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un
extremo de la tierra hasta el otro; no se endecharán ni se
recogerán ni serán enterrados; como estiércol quedarán sobre
la faz de la tierra.
34 Aullad, pastores, y clamad; revolcaos en el polvo,
mayorales del rebaño; porque cumplidos son vuestros días para
que seáis degollados y esparcidos, y caeréis como vaso
precioso.
35 Y se acabará la huida de los pastores, y el escape de los
mayorales del rebaño.
36 ¡Voz de la gritería de los pastores, y aullido de los
mayorales del rebaño! porque Jehová asoló sus pastos.
37 Y los pastos delicados serán destruidos por el ardor de la
ira de Jehová.
38 Dejó cual leoncillo su guarida; pues asolada fue la tierra
de ellos por la ira del opresor, y por el furor de su saña.
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