Jehová ayuda a quienes confían en él
50
1 Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de
vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis
acreedores, a quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras
maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada
vuestra madre.
2 ¿Por qué cuando vine, no hallé a nadie, y cuando llamé,
nadie respondió? ¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir?
¿No hay en mí poder para librar? He aquí que con mi
reprensión hago secar el mar; convierto los ríos en desierto;
sus peces se pudren por falta de agua, y mueren de sed.
3 Visto de oscuridad los cielos, y hago como cilicio su
cubierta.
4 Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar
palabras al cansado; despertará mañana tras mañana,
despertará mi oído para que oiga como los sabios.
5 Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde,
ni me volví atrás.
6 Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me
mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.
7 Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me
avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no
seré avergonzado.
8 Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá
conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa?
Acérquese a mí.
9 He aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que
me condene? He aquí que todos ellos se envejecerán como ropa
de vestir, serán comidos por la polilla.
10 ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la
voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz,
confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.
11 He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os rodeáis
de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas que
encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis
sepultados.
Palabras de consuelo para Sion
51
1 Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a
Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco
de la cantera de donde fuisteis arrancados.
2 Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz;
porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y
lo multipliqué.
3 Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus
soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en
huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza
y voces de canto.
4 Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía;
porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los
pueblos.
5 Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis
brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa,
y en mi brazo ponen su esperanza.
6 Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra;
porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se
envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán
sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia
no perecerá.
7 Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón
está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus
ultrajes.
8 Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los
comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi
salvación por siglos de siglos.
9 Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de
Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos
pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al
dragón?
10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran
abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar
para que pasaran los redimidos?
11 Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a
Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán
gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.
12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que
tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que
es como heno?
13 Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió
los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste
continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para
destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige?
14 El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la
mazmorra, ni le faltará su pan.
15 Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas,
soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.
16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi
mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos
de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.
17 Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que
bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el
cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos.
18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni
quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió.
19 Estas dos cosas te han acontecido: asolamiento y
quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién se dolerá de ti?
¿Quién te consolará?
20 Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las
encrucijadas de todos los caminos, como antílope en la red,
llenos de la indignación de Jehová, de la ira del Dios tuyo.
21 Oye, pues, ahora esto, afligida, ebria, y no de vino:
22 Así dijo Jehová tu Señor, y tu Dios, el cual aboga por
su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de
aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo
beberás.
23 Y lo pondré en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu
alma: Inclínate, y pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu
cuerpo como tierra, y como camino, para que pasaran.
Dios librará del cautiverio a Sion
52
1 Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete
tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca
más vendrá a ti incircunciso ni inmundo.
2 Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén;
suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.
3 Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por
tanto, sin dinero seréis rescatados.
4 Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a
Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio lo
cautivó sin razón.
5 Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es
llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen
aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre
todo el día.
6 Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en
aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.
7 ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae
alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas
del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios
reina!
8 ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán
voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a
traer a Sion.
9 Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de
Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a
Jerusalén ha redimido.
10 Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las
naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación
del Dios nuestro.
11 Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa
inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que
lleváislos utensilios de Jehová.
12 Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque
Jehová irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de
Israel.
Sufrimientos del Siervo de Jehová
13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido
y exaltado, y será puesto muy en alto.
14 Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue
desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la
de los hijos de los hombres,
15 así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán
ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y
entenderán lo que jamás habían oído.
53
1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién
se ha manifestado el brazo de Jehová?
2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra
seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin
atractivo para que le deseemos.
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de
dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él
el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por
herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por
su llaga fuimos nosotros curados.
6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual
se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de
todos nosotros.
7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero
fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus
trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación,
¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los
vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.
9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los
ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño
en su boca.
10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a
padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el
pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de
Jehová será en su mano prosperada.
11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará
satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a
muchos, y llevará las iniquidades de ellos.
12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los
fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la
muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado
el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
El amor eterno de Jehová hacia Israel
54
1 Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta
canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto;
porque más son los hijos de la desamparada que los de la
casada, ha dicho Jehová.
2 Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus
habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas,
y refuerza tus estacas.
3 Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano
izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las
ciudades asoladas.
4 No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences,
porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la
vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no
tendrás más memoria.
5 Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es
su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la
tierra será llamado.
6 Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te
llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es
repudiada, dijo el Dios tuyo.
7 Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con
grandes misericordias.
8 Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento;
pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo
Jehová tu Redentor.
9 Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré
que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra;
así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré.
10 Porque los montes se moverán, y los collados temblarán,
pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi
paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de
ti.
11 Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí
que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros
te fundaré.
12 Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de
piedras de carbunclo, y toda tu muralla de piedras preciosas.
13 Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se
multiplicará la paz de tus hijos.
14 Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión,
porque no temerás, y de temor, porque no se acercará a ti.
15 Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que
contra ti conspirare, delante de ti caerá.
16 He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el
fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al
destruidor para destruir.
17 Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás
toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la
herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí
vendrá, dijo Jehová.
Misericordia gratuita para todos
55
1 A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no
tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero
y sin precio, vino y leche.
2 ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro
trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien,
y se deleitará vuestra alma con grosura.
3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá
vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las
misericordias firmes a David.
4 He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y
por maestro a las naciones.
5 He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que
no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y
del Santo de Israel que te ha honrado.
6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en
tanto que está cercano.
7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus
pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él
misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en
perdonar.
8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni
vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis
caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más
que vuestros pensamientos.
10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y
no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y
producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,
11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a
mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada
en aquello para que la envié.
12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos;
los montes y los collados levantarán canción delante de
vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de
aplauso.
13 En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la
ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por
señal eterna que nunca será raída.
Recompensa de los que guardan el pacto de Dios
56
1 Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque
cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para
manifestarse.
2 Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre
que lo abraza; que guarda el día de reposo para no
profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.
3 Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me
apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He
aquí yo soy árbol seco.
4 Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis
días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi
pacto,
5 yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y
nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que
nunca perecerá.
6 Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para
servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a
todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y
abracen mi pacto,
7 yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi
casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán
aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de
oración para todos los pueblos.
8 Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de
Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados.
9 Todas las bestias del campo, todas las fieras del bosque,
venid a devorar.
10 Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos
ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman
el dormir.
11 Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores
mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios
caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su
lado.
12 Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y
será el día de mañana como este, o mucho más excelente.
Condenación de la idolatría de Israel
57
1 Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los
piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la
aflicción es quitado el justo.
2 Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que
andan delante de Dios.
3 Mas vosotros llegaos acá, hijos de la hechicera, generación
del adúltero y de la fornicaria.
4 ¿De quién os habéis burlado? ¿Contra quién
ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois
vosotros hijos rebeldes, generación mentirosa,
5 que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol
frondoso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los
peñascos?
6 En las piedras lisas del valle está tu parte; ellas, ellas
son tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste
presente. ¿No habré de castigar estas cosas?
7 Sobre el monte alto y empinado pusiste tu cama; allí
también subiste a hacer sacrificio.
8 Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo; porque a
otro, y no a mí, te descubriste, y subiste, y ensanchaste tu
cama, e hiciste con ellos pacto; amaste su cama dondequiera que
la veías.
9 Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus
perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta
la profundidad del Seol.
10 En la multitud de tus caminos te cansaste, pero no dijiste:
No hay remedio; hallaste nuevo vigor en tu mano, por tanto, no
te desalentaste.
11 ¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la
fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No
he guardado silencio desde tiempos antiguos, y nunca me has
temido?
12 Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te
aprovecharán.
13 Cuando clames, que te libren tus ídolos; pero a todos
ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que en
mí confía tendrá la tierra por heredad, y poseerá mi santo
monte.
14 Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los
tropiezos del camino de mi pueblo.
15 Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la
eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la
santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer
vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón
de los quebrantados.
16 Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me
enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que
yo he creado.
17 Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí,
escondí mi rostro y me indigné; y él siguió rebelde por el
camino de su corazón.
18 He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y
le daré consuelo a él y a sus enlutados;
19 produciré fruto de labios: Paz, paz al que está lejos y
al cercano, dijo Jehová; y lo sanaré.
20 Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede
estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo.
21 No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
El verdadero ayuno
58
1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como
trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de
Jacob su pecado.
2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como
gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley
de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos
nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el
día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís
a todos vuestros trabajadores.
4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir
con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra
voz sea oída en lo alto.
5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el
hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de
cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a
Jehová?
6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las
ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir
libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres
errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo
cubras, y no te escondas de tu hermano?
8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se
dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria
de Jehová será tu retaguardia.
9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá
él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo
amenazador, y el hablar vanidad;
10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma
afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será
como el mediodía.
11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará
tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de
riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
12 Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos
de generación y generación levantarás, y serás llamado
reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.
La observancia del día de reposo
13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu
voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso
de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos,
ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir
sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de
Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.
Confesión del pecado de Israel
59
1 He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para
salvar, ni se ha agravado su oído para oír;
2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros
y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros
su rostro para no oír.
3 Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y
vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira,
habla maldad vuestra lengua.
4 No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la
verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben
maldades, y dan a luz iniquidad.
5 Incuban huevos de áspides, y tejen telas de arañas; el que
comiere de sus huevos, morirá; y si los apretaren, saldrán
víboras.
6 Sus telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán
cubiertos; sus obras son obras de iniquidad, y obra de rapiña
está en sus manos.
7 Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre
inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad;
destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos.
8 No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus
caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no
conocerá paz.
9 Por esto se alejó de nosotros la justicia, y no nos
alcanzó la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas;
resplandores, y andamos en oscuridad.
10 Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin
ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares
oscuros como muertos.
11 Gruñimos como osos todos nosotros, y gemimos
lastimeramente como palomas; esperamos justicia, y no la hay;
salvación, y se alejó de nosotros.
12 Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de
ti, y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque
con nosotros están nuestras iniquidades, y conocemos nuestros
pecados:
13 el prevaricar y mentir contra Jehová, y el apartarse de en
pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y
proferir de corazón palabras de mentira.
14 Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad
tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir.
15 Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue
puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos,
porque pereció el derecho.
16 Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera
quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su
misma justicia.
17 Pues de justicia se vistió como de una coraza, con
yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por
vestidura, y se cubrió de celo como de manto,
18 como para vindicación, como para retribuir con ira a sus
enemigos, y dar el pago a sus adversarios; el pago dará a los de
la costa.
19 Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y
desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo
como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra
él.
20 Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de
la iniquidad en Jacob, dice Jehová.
21 Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu
mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no
faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca
de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para
siempre.
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