Futuro glorioso de Sion
35
1 Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará
y florecerá como la rosa.
2 Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará
con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura
del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la
hermosura del Dios nuestro.
3 Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas
endebles.
4 Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he
aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios
mismo vendrá, y os salvará.
5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los
oídos de los sordos se abrirán.
6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la
lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto,
y
torrentes en la soledad.
7 El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en
manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida,
será lugar de cañas y juncos.
8 Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de
Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará
con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no
se extraviará.
9 No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se
hallará, para que caminen los redimidos.
10 Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con
alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán
gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.
La invasión de Senaquerib
(2 R. 18. 13-37; 2 Cr. 32. 1-19)
36
1 Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que
Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades
fortificadas de Judá, y las tomó.
2 Y el rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército
desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías; y acampó
junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la
heredad del Lavador.
3 Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y
Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller,
4 a los cuales dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: El
gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es esta
en que te apoyas?
5 Yo digo que el consejo y poderío para la guerra, de que tú
hablas, no son más que palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién
confías para que te rebeles contra mí?
6 He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en
Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la
mano, y la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con
todos los que en él confían.
7 Y si me decís: En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es
éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar
Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar
adoraréis?
8 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi
señor, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes
que cabalguen sobre ellos.
9 ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de
los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con
sus carros y su gente de a caballo?
10 ¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin
Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela.
11 Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces: Te
rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo
entendemos; y no hables con nosotros en lengua de Judá, porque
lo oye el pueblo que está sobre el muro.
12 Y dijo el Rabsaces: ¿Acaso me envió mi señor a que
dijese estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que
están sobre el muro, expuestos a comer su estiércol y beber su
orina con vosotros?
13 Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz en
lengua de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, el rey
de Asiria.
14 El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os
podrá librar.
15 Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo:
Ciertamente Jehová nos librará; no será entregada esta ciudad
en manos del rey de Asiria.
16 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de
Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno de su
viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de
su pozo,
17 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra,
tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.
18 Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: Jehová nos
librará. ¿Acaso libraron los dioses de las naciones cada uno su
tierra de la mano del rey de Asiria?
19 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está
el dios de Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano?
20 ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya
librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a
Jerusalén?
21 Pero ellos callaron, y no le respondieron palabra; porque
el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis.
22 Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna
escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías,
rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.
Judá es librado de Senaquerib
(2 R. 19. 1-37; 2 Cr. 32. 20-23)
37
1 Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto,
rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de
Jehová.
2 Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los
ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta
Isaías hijo de Amoz.
3 Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día de
angustia, de reprensión y de blasfemia es este día; porque los
hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no
tiene fuerzas.
4 Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al
cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios
vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová tu Dios;
eleva, pues, oración tú por el remanente que aún ha quedado.
5 Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías.
6 Y les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así ha
dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las
cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7 He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un
rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a
espada.
8 Vuelto, pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que
combatía contra Libna; porque ya había oído que se había
apartado de Laquis.
9 Mas oyendo decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha
salido para hacerte guerra; al oírlo, envió embajadores a
Ezequías, diciendo:
10 Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu
Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será
entregada en mano del rey de Asiria.
11 He aquí que tú oíste lo que han hecho los reyes de
Asiria
a todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú?
12 ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron
mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén
que moraban en Telasar?
13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey
de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
14 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y
las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió
delante de Jehová.
15 Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo:
16 Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre
los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la
tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.
17 Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus
ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha
enviado a blasfemar al Dios viviente.
18 Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron
todas las tierras y sus comarcas,
19 y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran
dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso
los destruyeron.
20 Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano,
para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres
Jehová.
21 Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías:
Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste
sobre Senaquerib rey de Asiria,
22 estas son las palabras que Jehová habló contra él: La
virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti
mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
23 ¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra
quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el
Santo de Israel.
24 Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y
dijiste: Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de
los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros,
sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres,
al bosque de sus feraces campos.
25 Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies
secaré todos los ríos de Egipto.
26 ¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice,
que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo
he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades
fortificadas a montones de escombros.
27 Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y
confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como
heno de los terrados, que antes de sazón se seca.
28 He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu
furor contra mí.
29 Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a
mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en
tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.
30 Y esto te será por señal: Comeréis este año lo que nace
de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año tercero
sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su
fruto.
31 Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que
hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto
arriba.
32 Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de
Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos
hará esto.
33 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No
entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá
delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte.
34 Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta
ciudad, dice Jehová.
35 Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor
de mí mismo, y por amor de David mi siervo.
36 Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y
cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron
por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
37 Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada
en Nínive.
38 Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc su
dios, sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada, y
huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esarhadón su
hijo.
Enfermedad de Ezequías
(2 R. 20. 1-11; 2 Cr. 32. 24-26)
38
1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él
el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así:
Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.
2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo
oración a Jehová,
3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he
andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he
hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró
Ezequías con gran lloro.
4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo:
5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice
así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que
yo añado a tus días quince años.
6 Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de
Asiria; y a esta ciudad ampararé.
7 Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová
hará esto que ha dicho:
8 He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha
descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y
volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya
descendido.
9 Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y
sanó de su enfermedad:
10 Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas del
Seol; privado soy del resto de mis años.
11 Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes;
ya no veré más hombre con los moradores del mundo.
12 Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda
de pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la
enfermedad; me consumirás entre el día y la noche.
13 Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos
mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás.
14 Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como
la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco;
fortaléceme.
15 ¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho.
Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella
amargura de mi alma.
16 Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en
todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me
restablecerás, y harás que viva.
17 He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti
agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste
tras tus espaldas todos mis pecados.
18 Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte;
ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad.
19 El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo
hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos.
20 Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros
cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.
21 Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en
la llaga, y sanará.
22 Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de
que subiré a la casa de Jehová?
Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 R. 20. 12-19; 2 Cr. 32. 27-31)
39
1 En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de
Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque supo que
había estado enfermo, y que había convalecido.
2 Y se regocijó con ellos Ezequías, y les mostró la casa de
su tesoro, plata y oro, especias, ungüentos preciosos, toda su
casa de armas, y todo lo que se hallaba en sus tesoros; no hubo
cosa en su casa y en todos sus dominios, que Ezequías no les
mostrase.
3 Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le
dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y
Ezequías respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de
Babilonia.
4 Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo
Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa
hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de
los ejércitos:
6 He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo
lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta
hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová.
7 De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado,
tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
8 Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has
hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en
mis días.
Jehová consuela a Sion
40
1 Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.
2 Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su
tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha
recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.
3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová;
enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
4 Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo
torcido se enderece, y lo áspero se allane.
5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne
juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.
6 Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que
decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como
flor del campo.
7 La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento
de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del
Dios nuestro permanece para siempre.
9 Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta
fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no
temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!
10 He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su
brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su
paga delante de su rostro.
11 Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará
los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente
a las recién paridas.
El incomparable Dios de Israel
12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los
cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra,
y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
13 ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó
enseñándole?
14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le
enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le
mostró la senda de la prudencia?
15 He aquí que las naciones le son como la gota de agua que
cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son
estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo.
16 Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales
para el sacrificio.
17 Como nada son todas las naciones delante de él; y en su
comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no
es.
18 ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le
compondréis?
19 El artífice prepara la imagen de talla, el platero le
extiende el oro y le funde cadenas de plata.
20 El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille;
se busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no
se mueva.
21 ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho
desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la
tierra se fundó?
22 El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos
moradores son como langostas; él extiende los cielos como una
cortina, los despliega como una tienda para morar.
23 El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan
la tierra hace como cosa vana.
24 Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca
hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido
raíz en la tierra; tan pronto
como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como
hojarasca.
25 ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis?
dice el Santo.
26 Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas
cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus
nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el
poder de su dominio.
27 ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino
está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?
28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es
Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece,
ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo
alcance.
29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que
no tiene ningunas.
30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean
y caen;
31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán;
caminarán, y no se fatigarán.
Seguridad de Dios para Israel
41
1 Escuchadme, costas, y esfuércense los pueblos; acérquense,
y entonces hablen; estemos juntamente a juicio.
2 ¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que
le siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo
enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo, como
hojarasca que su arco arrebata?
3 Los siguió, pasó en paz por camino por donde sus pies
nunca habían entrado.
4 ¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién llama las
generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo
mismo con los postreros.
5 Las costas vieron, y tuvieron temor; los confines de la
tierra se espantaron; se congregaron, y vinieron.
6 Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo:
Esfuérzate.
7 El carpintero animó al platero, y el que alisaba con
martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la
soldadura; y lo afirmó con clavos, para que no se moviese.
8 Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo
escogí, descendencia de Abraham mi amigo.
9 Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras
lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y
no te deseché.
10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo
soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te
sustentaré con la diestra de mi justicia.
11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán
avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que
contienden contigo.
12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los
hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que
te hacen la guerra.
13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel;
yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu
Redentor.
15 He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo,
lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados
reducirás a tamo.
16 Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá
el torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás
en el Santo de Israel.
17 Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las
hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el
Dios de Israel no los desampararé.
18 En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los
valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales
de aguas en la tierra seca.
19 Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos;
pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente,
20 para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos,
que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo
creó.
Dios reta a los falsos dioses
21 Alegad por vuestra causa, dice Jehová; presentad vuestras
pruebas, dice el Rey de Jacob.
22 Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que
ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en
ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo
que ha de venir.
23 Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que
sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal,
para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos.
24 He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad;
abominación es el que os escogió.
25 Del norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento del sol
invocará mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y como
pisa el barro el alfarero.
26 ¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos;
o de tiempo atrás, y diremos: Es justo? Cierto, no hay quien
anuncie; sí, no hay quien enseñe; ciertamente no hay quien oiga
vuestras palabras.
27 Yo soy el primero que he enseñado estas cosas a Sion, y a
Jerusalén daré un mensajero de alegres nuevas.
28 Miré, y no había ninguno; y pregunté de estas cosas, y
ningún consejero hubo; les pregunté, y no respondieron palabra.
29 He aquí, todos son vanidad, y las obras de ellos nada;
viento y vanidad son sus imágenes fundidas.
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