La plaga de ranas
8
1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de
Faraón y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para
que me sirva.
2 Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo castigaré con
ranas todos tus territorios.
3 Y el río criará ranas, las cuales subirán y entrarán en
tu casa, en la cámara donde duermes, y sobre tu cama, y en las
casas de tus siervos, en tu pueblo, en tus hornos y en tus
artesas.
4 Y las ranas subirán sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre todos
tus siervos.
5 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano con
tu vara sobre los ríos, arroyos y estanques, para que haga subir
ranas sobre la tierra de Egipto.
6 Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto,
y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.
7 Y los hechiceros hicieron lo mismo con sus encantamientos, e
hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto.
8 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo:
Orad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y
dejaré ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová.
9 Y dijo Moisés a Faraón: Dígnate indicarme cuándo debo
orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas
sean quitadas de ti y de tus casas, y que solamente queden en el
río.
10 Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme
a tu palabra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro
Dios.
11 Y las ranas se irán de ti, y de tus casas, de tus siervos y
de tu pueblo, y solamente quedarán en el río.
12 Entonces salieron Moisés y Aarón de la presencia de
Faraón. Y clamó Moisés a Jehová tocante a las ranas que había
mandado a Faraón.
13 E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron
las ranas de las casas, de los cortijos y de los campos.
14 Y las juntaron en montones, y apestaba la tierra.
15 Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció
su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.
La plaga de piojos
16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu
vara y golpea el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por
todo el país de Egipto.
17 Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su
vara, y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos,
así en los hombres como en las bestias; todo el polvo de la
tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto.
18 Y los hechiceros hicieron así también, para sacar piojos
con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en
los hombres como en las bestias.
19 Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es
éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los
escuchó, como Jehová lo había dicho.
La plaga de moscas
20 Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte
delante de Faraón, he aquí él sale al río; y dile: Jehová ha
dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
21 Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré
sobre ti, sobre tus siervos, sobre tu pueblo y sobre tus casas
toda clase de moscas; y las casas de los egipcios se llenarán de
toda clase de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén.
22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual
habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella,
a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.
23 Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana
será esta señal.
24 Y Jehová lo hizo así, y vino toda clase de moscas
molestísimas sobre la casa de Faraón, sobre las casas de sus
siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fue
corrompida a causa de ellas.
25 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo:
Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra.
26 Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque
ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los
egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los
egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?
27 Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos
sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá.
28 Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis
sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no
vayáis más lejos; orad por mí.
29 Y respondió Moisés: He aquí, al salir yo de tu presencia,
rogaré a Jehová que las diversas clases de moscas se vayan de
Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que
Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a dar sacrificio a
Jehová.
30 Entonces Moisés salió de la presencia de Faraón, y oró a
Jehová.
31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó
todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo,
sin que quedara una.
32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó
ir al pueblo.
La plaga en el ganado
9
1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de
Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja
ir a mi pueblo, para que me sirva.
2 Porque si no lo quieres dejar ir, y lo detienes aún,
3 he aquí la mano de Jehová estará sobre tus ganados que
están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas,
con plaga gravísima.
4 Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los
de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de
Israel.
5 Y Jehová fijó plazo, diciendo: Mañana hará Jehová esta
cosa en la tierra.
6 Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el
ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió
uno.
7 Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los
hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón
se endureció, y no dejó ir al pueblo.
La plaga de úlceras
8 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de ceniza
de un horno, y la esparcirá Moisés hacia el cielo delante de
Faraón;
9 y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, y
producirá sarpullido con úlceras en los hombres y en las
bestias, por todo el país de Egipto.
10 Y tomaron ceniza del horno, y se pusieron delante de
Faraón, y la esparció Moisés hacia el cielo; y hubo sarpullido
que produjo úlceras tanto en los hombres como en las bestias.
11 Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa
del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en
todos los egipcios.
12 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los
oyó, como Jehová lo había dicho a Moisés.
La plaga de granizo
13 Entonces Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y
ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los
hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
14 Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón,
sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que entiendas que no
hay otro como yo en toda la tierra.
15 Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu
pueblo de plaga, y serás quitado de la tierra.
16 Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y
para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra.
17 ¿Todavía te ensoberbeces contra mi pueblo, para no
dejarlos ir?
18 He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo
muy pesado, cual nunca hubo en Egipto, desde el día que se
fundó hasta ahora.
19 Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en
el campo; porque todo hombre o animal que se halle en el campo, y
no sea recogido a casa, el granizo caerá sobre él, y morirá.
20 De los siervos de Faraón, el que tuvo temor de la palabra
de Jehová hizo huir sus criados y su ganado a casa;
21 mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová,
dejó sus criados y sus ganados en el campo.
22 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo,
para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los
hombres, y sobre las bestias, y sobre toda
la hierba del campo en el país de Egipto.
23 Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo
tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra; y
Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto.
24 Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan
grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada.
25 Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo
que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo
destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos
los árboles del país.
26 Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de
Israel, no hubo granizo.
27 Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les
dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo
impíos.
28 Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el
granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.
29 Y le respondió Moisés: Tan pronto salga yo de la ciudad,
extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no
habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra.
30 Pero yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la
presencia de Jehová Dios.
31 El lino, pues, y la cebada fueron destrozados, porque la
cebada estaba ya espigada, y el lino en caña.
32 Mas el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran
tardíos.
33 Y salido Moisés de la presencia de Faraón, fuera de la
ciudad, extendió sus manos a Jehová, y cesaron los truenos y el
granizo, y la lluvia no cayó más sobre la tierra.
34 Y viendo Faraón que la lluvia había cesado, y el granizo y
los truenos, se obstinó en pecar, y endurecieron su corazón él
y sus siervos.
35 Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los
hijos de Israel, como Jehová lo había dicho por medio de
Moisés.
La plaga de langostas
10
1 Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón;
porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus
siervos, para mostrar entre ellos estas mis señales,
2 y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que
yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que
sepáis que yo soy Jehová.
3 Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron:
Jehová el Dios de los hebreos ha dicho así: ¿Hasta cuándo no
querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que
me sirva.
4 Y si aún rehúsas dejarlo ir, he aquí que mañana yo traeré
sobre tu territorio la langosta,
5 la cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda
verse la tierra; y ella comerá lo que escapó, lo que os quedó
del granizo; comerá asimismo todo árbol que os fructifica en el
campo.
6 Y llenará tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las
casas de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus
abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y se
volvió y salió de delante de Faraón.
7 Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo
será este hombre un lazo para nosotros? Deja ir a estos hombres,
para que sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes todavía que
Egipto está ya destruido?
8 Y Moisés y Aarón volvieron a ser llamados ante Faraón, el
cual les dijo: Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes
son los que han de ir?
9 Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con
nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con
nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es
nuestra fiesta solemne para Jehová.
10 Y él les dijo: ¡Así sea Jehová con vosotros! ¿Cómo os
voy a dejar ir a vosotros y a vuestros niños? ¡Mirad cómo el
mal está delante de vuestro rostro!
11 No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a
Jehová, pues esto es lo que vosotros pedisteis. Y los echaron de
la presencia de Faraón.
12 Entonces Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la
tierra de Egipto para traer la langosta, a fin de que suba sobre
el país de Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó.
13 Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y
Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y
toda aquella noche; y al venir la mañana el viento oriental
trajo la langosta.
14 Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se
asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no
la hubo antes ni la habrá después;
15 y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra; y
consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los
árboles que había dejado el granizo; no quedó cosa verde en
árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto.
16 Entonces Faraón se apresuró a llamar a Moisés y a Aarón,
y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros.
17 Mas os ruego ahora que perdonéis mi pecado solamente esta
vez, y que oréis a Jehová vuestro Dios que quite de mí al
menos esta plaga mortal.
18 Y salió Moisés de delante de Faraón, y oró a Jehová.
19 Entonces Jehová trajo un fortísimo viento occidental, y
quitó la langosta y la arrojó en el Mar Rojo; ni una langosta
quedó en todo el país de Egipto.
20 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y éste no
dejó ir a los hijos de Israel.
La plaga de tinieblas
21 Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo,
para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que
cualquiera las palpe.
22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas
tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días.
23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar
en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus
habitaciones.
24 Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a
Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan
también vuestros niños con vosotros.
25 Y Moisés respondió: Tú también nos darás sacrificios y
holocaustos que sacrifiquemos para Jehová nuestro Dios.
26 Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni
una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová
nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová
hasta que lleguemos allá.
27 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso
dejarlos ir.
28 Y le dijo Faraón: Retírate de mí; guárdate que no veas
más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro,
morirás.
29 Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu
rostro.
Anunciada la muerte de los primogénitos
11
1 Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón
y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y
seguramente os echará de aquí del todo.
2 Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y
cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro.
3 Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios.
También Moisés era tenido por gran varón en la tierra de
Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del
pueblo.
4 Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche
yo saldré por en medio de Egipto,
5 y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el
primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el
primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo
primogénito de las bestias.
6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca
hubo, ni jamás habrá.
7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta
la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que
Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas.
8 Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados
delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está
debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado
de la presencia de Faraón.
9 Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis
maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.
10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de
Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y
no envió a los hijos de Israel fuera de su país.
La Pascua
12
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto,
diciendo:
2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será
éste el primero en los meses del año.
3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el
diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias
de los padres, un cordero por familia.
4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer
el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán
uno según el número de las personas; conforme al comer de cada
hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.
5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis
de las ovejas o de las cabras.
6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo
inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos
tardes.
7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en
el dintel de las casas en que lo han de comer.
8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin
levadura; con hierbas amargas lo comerán.
9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino
asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas.
10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que
quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego.
11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro
calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo
comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.
12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y
heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los
hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos
los dioses de Egipto. Yo Jehová.
13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros
estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en
vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.
14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como
fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por
estatuto perpetuo lo celebraréis.
15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer
día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque
cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el
séptimo, será cortado de Israel.
16 El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el
séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se
hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual
haya de comer.
17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en
este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto;
por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones
por costumbre perpetua.
18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el
día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por
la tarde.
19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas;
porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como
natural del país, será cortado de la congregación de Israel.
20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras
habitaciones comeréis panes sin levadura.
21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les
dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad
la pascua.
22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que
estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la
sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de
las puertas de su casa hasta la mañana.
23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea
la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová
aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas
para herir.
24 Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros
hijos para siempre.
25 Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como
prometió, guardaréis este rito.
26 Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito
vuestro?,
27 vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de
Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de
Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras
casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró.
28 Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así,
como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón.
Muerte de los primogénitos
29 Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo
primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de
Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del
cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los
animales.
30 Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus
siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto,
porque no había casa donde no hubiese un muerto.
31 E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo:
Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e
id, servid a Jehová, como habéis dicho.
32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como
habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.
33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a
echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.
34 Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas
envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.
35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de
Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y
vestidos.
36 Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y
les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios.
Los israelitas salen de Egipto
37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como
seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.
38 También subió con ellos grande multitud de toda clase de
gentes, y ovejas, y muchísimo ganado.
39 Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado
de Egipto, pues no había leudado, porque al echarlos fuera los
egipcios, no habían tenido tiempo ni para prepararse comida.
40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue
cuatrocientos treinta años.
41 Y pasados los cuatrocientos treinta años, en el mismo día
todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto.
42 Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en
ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardarla para
Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones.
43 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza de
la pascua; ningún extraño comerá de ella.
44 Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella,
después que lo hubieres circuncidado.
45 El extranjero y el jornalero no comerán de ella.
46 Se comerá en una casa, y no llevarás de aquella carne
fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo.
47 Toda la congregación de Israel lo hará.
48 Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar
la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y
entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero
ningún incircunciso comerá de ella.
49 La misma ley será para el natural, y para el extranjero que
habitare entre vosotros.
50 Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó
Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
51 Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de
la tierra de Egipto por sus ejércitos.
Consagración de los primogénitos
13
1 Jehová habló a Moisés, diciendo:
2 Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz
entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los
animales, mío es.
3 Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el
cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues
Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no
comeréis leudado.
4 Vosotros salís hoy en el mes de Abib.
5 Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del cananeo,
del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a
tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás
esta celebración en este mes.
6 Siete días comerás pan sin leudar, y el séptimo día será
fiesta para Jehová.
7 Por los siete días se comerán los panes sin levadura, y no
se verá contigo nada leudado, ni levadura, en todo tu
territorio.
8 Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace
esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de
Egipto.
9 Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial
delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca;
por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto.
10 Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en
año.
11 Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo,
como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere
dado,
12 dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y
asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de
Jehová.
13 Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y
si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al
primogénito de tus hijos.
14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es
esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de
casa de servidumbre;
15 y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo
morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el
primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por
esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y
redimo al primogénito de mis hijos.
16 Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un
memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de
Egipto con mano fuerte.
La columna de nube y de fuego
17 Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó
por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca;
porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea
la guerra, y se vuelva a Egipto.
18 Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del
desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto
armados.
19 Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual
había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios
ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con
vosotros.
20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del
desierto.
21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de
nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de
fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de
noche.
22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de
día, ni de noche la columna de fuego.
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