David perdona la vida a Saúl en En-gadi
24
1 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron
aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi.
2 Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel,
fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los
peñascos de las cabras monteses.
3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde
había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y
David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.
4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de
que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu
mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y
calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.
5 Después de esto se turbó el corazón de David, porque
había cortado la orilla del manto de Saúl.
6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa
contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano
contra él; porque es el ungido de Jehová.
7 Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les
permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la
cueva, siguió su camino.
8 También David se levantó después, y saliendo de la cueva
dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y
cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a
tierra, e hizo reverencia.
9 Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que
dicen: Mira que David procura tu mal?
10 He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto
hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te
perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor,
porque es el ungido de Jehová.
11 Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano;
porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce,
pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado
contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para
quitármela.
12 Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová;
pero mi mano no será contra ti.
13 Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos
saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti.
14 ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién
persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?
15 Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El
vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
16 Y aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras
a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y
alzó Saúl su voz y lloró,
17 y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado
con bien, habiéndote yo pagado con mal.
18 Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me
has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano.
19 Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano
y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has
hecho conmigo.
20 Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el
reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,
21 júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás mi
descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa
de mi padre.
22 Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y
David y sus hombres subieron al lugar fuerte.
David y Abigail
25
1 Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo
sepultaron en su casa en Ramá.
Y se levantó David y se fue al desierto de Parán.
2 Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel,
el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y
aconteció que estaba esquilando sus ovejas en Carmel.
3 Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era
aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero
el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb.
4 Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
5 Entonces envió David diez jóvenes y les dijo: Subid a
Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre,
6 y decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a
todo cuanto tienes.
7 He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han
estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó nada en
todo el tiempo que han estado en Carmel.
8 Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por
tanto, estos jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en
buen día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus siervos,
y a tu hijo David.
9 Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron a
Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
10 Y Nabal respondió a los jóvenes enviados por David, y
dijo: ¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos
siervos hay hoy que huyen de sus señores.
11 ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he
preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de
dónde son?
12 Y los jóvenes que había enviado David se volvieron por su
camino, y vinieron y dijeron a David todas estas palabras.
13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su
espada. Y se ciñó cada uno su espada y también David se ciñó
su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres, y
dejaron doscientos con el bagaje.
14 Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de Nabal,
diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto que
saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido.
15 Y aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca
nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que
anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo.
16 Muro fueron para nosotros de día y de noche, todos los
días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.
17 Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el
mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa;
pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda
hablarle.
18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, dos cueros de
vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien
racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y lo
cargó todo en asnos.
19 Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré
luego; y nada declaró a su marido Nabal.
20 Y montando un asno, descendió por una parte secreta del
monte; y he aquí David y sus hombres venían frente a ella, y
ella les salió al encuentro.
21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo
lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado
de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.
22 Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, que
de aquí a mañana, de todo lo que fuere suyo no he de dejar con
vida ni un varón.
23 Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno,
y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a
tierra;
24 y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el
pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a tus
oídos, y escucha las palabras de tu sierva.
25 No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de
Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama
Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi
a los jóvenes que tú enviaste.
26 Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que
Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por
tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los
que procuran mal contra mi señor.
27 Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor,
sea dado a los hombres que siguen a mi señor.
28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues
Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi
señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en
ti en tus días.
29 Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar
contra tu vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el
haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará
la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una
honda.
30 Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme
a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por
príncipe sobre Israel,
31 entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena ni
remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por
haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y
cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel,
que te envió para que hoy me encontrases.
33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has
estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia
mano.
34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de
hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi
encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a
Nabal ni un varón.
35 Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le
dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he
tenido respeto.
36 Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía
banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal
estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual ella no
le declaró cosa alguna hasta el día siguiente.
37 Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado
los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y
desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra.
38 Y diez días después, Jehová hirió a Nabal, y murió.
39 Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo: Bendito
sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano
de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha
vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió
David a hablar con Abigail, para tomarla por su mujer.
40 Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y
hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para
tomarte por su mujer.
41 Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo:
He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar los pies de
los siervos de mi señor.
42 Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le
servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros de David,
y fue su mujer.
43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron
sus mujeres.
44 Porque Saúl había dado a su hija Mical mujer de David a
Palti hijo de Lais, que era de Galim.
David perdona la vida a Saúl en Zif
26
1 Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está
David escondido en el collado de Haquila, al oriente del
desierto?
2 Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif,
llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para
buscar a David en el desierto de Zif.
3 Y acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al
oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en el
desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto.
4 David, por tanto, envió espías, y supo con certeza que
Saúl había venido.
5 Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había
acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner
hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en
el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él.
6 Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de
Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en
el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo.
7 David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he
aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su
lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército
estaban tendidos alrededor de él.
8 Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu
enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la
lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré
segundo golpe.
9 Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién
extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?
10 Dijo además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo
hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en
batalla perezca,
11 guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de
Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la
vasija de agua, y vámonos.
12 Se llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de la
cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que viese, ni
entendiese, ni velase, pues todos dormían; porque un profundo
sueño enviado de Jehová había caído sobre ellos.
13 Entonces pasó David al lado opuesto, y se puso en la cumbre
del monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre ellos.
14 Y dio voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner,
diciendo: ¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y
dijo: ¿Quién eres tú que gritas al rey?
15 Y dijo David a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿y quién
hay como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has guardado al rey
tu señor? Porque uno del pueblo ha entrado a matar a tu señor
el rey.
16 Esto que has hecho no está bien. Vive Jehová, que sois
dignos de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, al
ungido de Jehová. Mira pues, ahora, dónde está la lanza del
rey, y la vasija de agua que estaba a su cabecera.
17 Y conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es esta tu
voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es, rey señor
mío.
18 Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo?
¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en mi mano?
19 Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de
su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él la
ofrenda; mas si fueren hijos de hombres, malditos sean ellos en
presencia de Jehová, porque me han arrojado hoy para que no tenga
parte en la heredad de Jehová, diciendo: Vé y sirve a dioses
ajenos.
20 No caiga, pues, ahora mi sangre en tierra delante de
Jehová, porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga,
así como quien persigue una perdiz por los montes.
21 Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David,
que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada
preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he
errado en gran manera.
22 Y David respondió y dijo: He aquí la lanza del rey; pase
acá uno de los criados y tómela.
23 Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues
Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise
extender mi mano contra el ungido de Jehová.
24 Y he aquí, como tu vida ha sido estimada preciosa hoy a mis
ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de toda
aflicción.
25 Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin
duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces
David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su lugar.
David entre los filisteos
27
1 Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún
día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que
fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe
de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de
Israel; y así escaparé de su mano.
2 Se levantó, pues, David, y con los seiscientos hombres que
tenía consigo se pasó a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.
3 Y moró David con Aquis en Gat, él y sus hombres, cada uno
con su familia; David con sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y
Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel.
4 Y vino a Saúl la nueva de que David había huido a Gat, y no
lo buscó más.
5 Y David dijo a Aquis: Si he hallado gracia ante tus ojos,
séame dado lugar en alguna de las aldeas para que habite allí;
pues ¿por qué ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real?
6 Y Aquis le dio aquel día a Siclag, por lo cual Siclag vino a
ser de los reyes de Judá hasta hoy.
7 Fue el número de los días que David habitó en la tierra de
los filisteos, un año y cuatro meses.
8 Y subía David con sus hombres, y hacían incursiones contra
los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque éstos
habitaban de largo tiempo la tierra, desde como quien va a Shur
hasta la tierra de Egipto.
9 Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni
mujer; y se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los
camellos y las ropas, y regresaba a Aquis.
10 Y decía Aquis: ¿Dónde habéis merodeado hoy? Y David
decía: En el Neguev de Judá, y el Neguev de Jerameel, o en el
Neguev de los ceneos.
11 Ni hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a
Gat; diciendo: No sea que den aviso de nosotros y digan: Esto
hizo David. Y esta fue su costumbre todo el tiempo que moró en
la tierra de los filisteos.
12 Y Aquis creía a David, y decía: El se ha hecho abominable
a su pueblo de Israel, y será siempre mi siervo.
28
1 Aconteció en aquellos días, que los filisteos reunieron sus
fuerzas para pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Ten
entendido que has de salir conmigo a campaña, tú y tus hombres.
2 Y David respondió a Aquis: Muy bien, tú sabrás lo que
hará tu siervo. Y Aquis dijo a David: Por tanto, yo te
constituiré guarda de mi persona durante toda mi vida.
Saúl y la adivina de Endor
3 Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y
le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado
de la tierra a los encantadores y adivinos.
4 Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en
Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.
5 Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo
miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
6 Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni
por sueños, ni por Urim, ni por profetas.
7 Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que
tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por
medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí
hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
8 Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con
dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo
te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me
hagas subir a quien yo te dijere.
9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho,
cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos.
¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?
10 Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová,
que ningún mal te vendrá por esto.
11 La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él
respondió: Hazme venir a Samuel.
12 Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló
aquella mujer a Saúl, diciendo:
13 ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey
le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a
Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
14 El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre
anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que
era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran
reverencia.
15 Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado
haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues
los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y
no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por
esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer.
16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si
Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo?
17 Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová
ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero,
David.
18 Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el
ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto
hoy.
19 Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de
los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y
Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los
filisteos.
20 Entonces Saúl cayó en tierra cuan grande era, y tuvo gran
temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque en
todo aquel día y aquella noche no había comido pan.
21 Entonces la mujer vino a Saúl, y viéndolo turbado en gran
manera, le dijo: He aquí que tu sierva ha obedecido a tu voz, y
he arriesgado mi vida, y he oído las palabras que tú me has
dicho.
22 Te ruego, pues, que tú también oigas la voz de tu sierva;
pondré yo delante de ti un bocado de pan para que comas, a fin
de que cobres fuerzas, y sigas tu camino.
23 Y él rehusó diciendo: No comeré. Pero porfiaron con él
sus siervos juntamente con la mujer, y él les obedeció. Se
levantó, pues, del suelo, y se sentó sobre una cama.
24 Y aquella mujer tenía en su casa un ternero engordado, el
cual mató luego; y tomó harina y la amasó, y coció de ella
panes sin levadura.
25 Y lo trajo delante de Saúl y de sus siervos; y después de
haber comido, se levantaron, y se fueron aquella noche.
Los filisteos desconfían de David
29
1 Los filisteos juntaron todas sus fuerzas en Afec, e Israel
acampó junto a la fuente que está en Jezreel.
2 Y cuando los príncipes de los filisteos pasaban revista a sus
compañías de a ciento y de a mil hombres, David y sus hombres
iban en la retaguardia con Aquis.
3 Y dijeron los príncipes de los filisteos: ¿Qué hacen aquí
estos hebreos? Y Aquis respondió a los príncipes de los
filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl rey de Israel,
que ha estado conmigo por días y años, y no he hallado falta en
él desde el día que se pasó a mí hasta hoy?
4 Entonces los príncipes de los filisteos se enojaron contra
él, y le dijeron: Despide a este hombre, para que se vuelva al
lugar que le señalaste, y no venga con nosotros a la batalla, no
sea que en la batalla se nos vuelva enemigo; porque ¿con qué
cosa volvería mejor a la gracia de su señor que con las cabezas
de estos hombres?
5 ¿No es éste David, de quien cantaban en las danzas,
diciendo:
- Saúl hirió a sus miles,
- Y David a sus diez miles?
6 Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has
sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en
el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti
desde el día que viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los
príncipes no agradas.
7 Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los
príncipes de los filisteos.
8 Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has
hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy,
para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el
rey?
9 Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno
ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de los
filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla.
10 Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor
que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad.
11 Y se levantó David de mañana, él y sus hombres, para irse
y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a
Jezreel.
David derrota a los amalecitas
30
1 Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día,
los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían
asolado a Siclag y le habían prendido fuego.
2 Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que
estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie
habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su
camino.
3 Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que
estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido
llevados cautivos.
4 Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y
lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
5 Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que
fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas.
6 Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de
apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada
uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en
Jehová su Dios.
7 Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te
ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David.
8 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos
merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos,
porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los
cautivos.
9 Partió, pues, David, él y los seiscientos hombres que con
él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se
quedaron algunos.
10 Y David siguió adelante con cuatrocientos hombres; porque
se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el
torrente de Besor.
11 Y hallaron en el campo a un hombre egipcio, el cual trajeron
a David, y le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua.
12 Le dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos
racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu;
porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres
noches.
13 Y le dijo David: ¿De quién eres tú, y de dónde eres? Y
respondió el joven egipcio: Yo soy siervo de un amalecita, y me
dejó mi amo hoy hace tres días, porque estaba yo enfermo;
14 pues hicimos una incursión a la parte del Neguev que es de
los cereteos, y de Judá, y al Neguev de Caleb; y pusimos fuego a
Siclag.
15 Y le dijo David: ¿Me llevarás tú a esa tropa? Y él dijo:
Júrame por Dios que no me matarás, ni me entregarás en mano de
mi amo, y yo te llevaré a esa gente.
16 Lo llevó, pues; y he aquí que estaban desparramados sobre
toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por
todo aquel gran botín que habían tomado de la tierra de los
filisteos y de la tierra de Judá.
17 Y los hirió David desde aquella mañana hasta la tarde del
día siguiente; y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos
jóvenes que montaron sobre los camellos y huyeron.
18 Y libró David todo lo que los amalecitas habían tomado, y
asimismo libertó David a sus dos mujeres.
19 Y no les faltó cosa alguna, chica ni grande, así de hijos
como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían
tomado; todo lo recuperó David.
20 Tomó también David todas las ovejas y el ganado mayor; y
trayéndolo todo delante, decían: Este es el botín de David.
21 Y vino David a los doscientos hombres que habían quedado
cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales habían
hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron a recibir
a David y al pueblo que con él estaba. Y cuando David llegó a
la gente, les saludó con paz.
22 Entonces todos los malos y perversos de entre los que
habían ido con David, respondieron y dijeron: Porque no fueron
con nosotros, no les daremos del botín que hemos quitado, sino a
cada uno su mujer y sus hijos; que los tomen y se vayan.
23 Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos
ha dado Jehová, quien nos ha guardado, y ha entregado en nuestra
mano a los merodeadores que vinieron contra nosotros.
24 ¿Y quién os escuchará en este caso? Porque conforme a la
parte del que desciende a la batalla, así ha de ser la parte del
que queda con el bagaje; les tocará parte igual.
25 Desde aquel día en adelante fue esto por ley y ordenanza en
Israel, hasta hoy.
26 Y cuando David llegó a Siclag, envió del botín a los
ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí un presente
para vosotros del botín de los enemigos de Jehová.
27 Lo envió a los que estaban en Bet-el, en Ramot del Neguev,
en Jatir,
28 en Aroer, en Sifmot, en Estemoa,
29 en Racal, en las ciudades de Jerameel, en las ciudades del
ceneo,
30 en Horma, en Corasán, en Atac,
31 en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado
con sus hombres.
Muerte de Saúl y de sus hijos
(1 Cr. 10.1-12)
31
1 Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel
huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte
de Gilboa.
2 Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a
Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl.
3 Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los
flecheros, y tuvo gran temor de ellos.
4 Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y
traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me
traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque
tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se
echó sobre ella.
5 Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó
sobre su espada, y murió con él.
6 Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres
hijos, y su escudero, y todos sus varones.
7 Y los de Israel que eran del otro lado del valle, y del otro
lado del Jordán, viendo que Israel había huido y que Saúl y
sus hijos habían sido muertos, dejaron las ciudades y huyeron; y
los filisteos vinieron y habitaron en ellas.
8 Aconteció al siguiente día, que viniendo los filisteos a
despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos
tendidos en el monte de Gilboa.
9 Y le cortaron la cabeza, y le despojaron de las armas; y
enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que
llevaran las buenas nuevas al templo de sus ídolos y al pueblo.
10 Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su
cuerpo en el muro de Bet-sán.
11 Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos
hicieron a Saúl,
12 todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda
aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus
hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron
allí.
13 Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en
Jabes, y ayunaron siete días.
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