Pacto de Jonatán y David
18
1 Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl,
el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó
Jonatán como a sí mismo.
2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de
su padre.
3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a
sí mismo.
4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a
David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su
talabarte.
5 Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se
portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y
era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los
siervos de Saúl.
Saúl tiene celos de David
6 Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de
matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de
Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con
panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.
7 Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían:
- Saúl hirió a sus miles,
- Y David a sus diez miles.
8 Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho,
y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta
más que el reino.
9 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.
10 Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de
Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David
tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza
en la mano.
11 Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la
pared. Pero David lo evadió dos veces.
12 Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová
estaba con él, y se había apartado de Saúl;
13 por lo cual Saúl lo alejó de sí, y le hizo jefe de mil; y
salía y entraba delante del pueblo.
14 Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y
Jehová estaba con él.
15 Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía
temor de él.
16 Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y
entraba delante de ellos.
17 Entonces dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré Merab mi
hija mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y
pelees las batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi
mano contra él, sino que será contra él la mano de los
filisteos.
18 Pero David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi
vida, o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno
del rey?
19 Y llegado el tiempo en que Merab hija de Saúl se había de
dar a David, fue dada por mujer a Adriel meholatita.
20 Pero Mical la otra hija de Saúl amaba a David; y fue dicho
a Saúl, y le pareció bien a sus ojos.
21 Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por lazo, y
para que la mano de los filisteos sea contra él. Dijo, pues,
Saúl a David por segunda vez: Tú serás mi yerno hoy.
22 Y mandó Saúl a sus siervos: Hablad en secreto a David,
diciéndole: He aquí el rey te ama, y todos sus siervos te
quieren bien; sé, pues, yerno del rey.
23 Los criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos de
David. Y David dijo: ¿Os parece a vosotros que es poco ser yerno
del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?
24 Y los criados de Saúl le dieron la respuesta, diciendo:
Tales palabras ha dicho David.
25 Y Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea la dote,
sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada venganza de
los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en
manos de los filisteos.
26 Cuando sus siervos declararon a David estas palabras,
pareció bien la cosa a los ojos de David, para ser yerno del
rey. Y antes que el plazo se cumpliese,
27 se levantó David y se fue con su gente, y mató a
doscientos hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios
de ellos y los entregó todos al rey, a fin de hacerse yerno del
rey. Y Saúl le dio su hija Mical por mujer.
28 Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba con
David, y que su hija Mical lo amaba,
29 tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos
los días.
30 Y salieron a campaña los príncipes de los filisteos; y
cada vez que salían, David tenía más éxito que todos los
siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima su nombre.
Saúl procura matar a David
19
1 Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para
que matasen a David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en
gran manera,
2 y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura
matarte; por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar
oculto y escóndete.
3 Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde
estés; y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo que
haya.
4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo:
No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha
cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para
contigo;
5 pues él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y
Jehová dio gran salvación a todo Israel. Tú lo viste, y te
alegraste; ¿por qué, pues, pecarás contra la sangre inocente,
matando a David sin causa?
6 Y escuchó Saúl la voz de Jonatán, y juró Saúl: Vive
Jehová, que no morirá.
7 Y llamó Jonatán a David, y le declaró todas estas
palabras; y él mismo trajo a David a Saúl, y estuvo delante de
él como antes.
8 Después hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó contra
los filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron delante
de él.
9 Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y
estando sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras
David estaba tocando.
10 Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared,
pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la
lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.
11 Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo
vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer avisó a
David, diciendo: Si no salvas tu vida esta noche, mañana serás
muerto.
12 Y descolgó Mical a David por una ventana; y él se fue y
huyó, y escapó.
13 Tomó luego Mical una estatua, y la puso sobre la cama, y le
acomodó por cabecera una almohada de pelo de cabra y la cubrió
con la ropa.
14 Y cuando Saúl envió mensajeros para prender a David, ella
respondió: Está enfermo.
15 Volvió Saúl a enviar mensajeros para que viesen a David,
diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
16 Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba
en la cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
17 Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has engañado
así, y has dejado escapar a mi enemigo? Y Mical respondió a
Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré.
18 Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y
le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se
fueron y moraron en Naiot.
19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está
en Naiot en Ramá.
20 Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David,
los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y
a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de
Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también
profetizaron.
21 Cuando lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los cuales
también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros por
tercera vez, y ellos también profetizaron.
22 Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran pozo que
está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y
David? Y uno respondió: He aquí están en Naiot en Ramá.
23 Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el
Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando hasta que
llegó a Naiot en Ramá.
24 Y él también se despojó de sus vestidos, y profetizó
igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo aquel día y
toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los
profetas?
Amistad de David y Jonatán
20
1 Después David huyó de Naiot en Ramá, y vino delante de
Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o
cuál mi pecado contra tu padre, para que busque mi vida?
2 El le dijo: En ninguna manera; no morirás. He aquí que mi
padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la
descubra; ¿por qué, pues, me ha de encubrir mi padre este
asunto? No será así.
3 Y David volvió a jurar diciendo: Tu padre sabe claramente
que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa
esto Jonatán, para que no se entristezca; y ciertamente, vive
Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la
muerte.
4 Y Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma, haré por
ti.
5 Y David respondió a Jonatán: He aquí que mañana será
nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer; mas tú
dejarás que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer
día.
6 Si tu padre hiciere mención de mí, dirás: Me rogó mucho
que lo dejase ir corriendo a Belén su ciudad, porque todos los
de su familia celebran allá el sacrificio anual.
7 Si él dijere: Bien está, entonces tendrá paz tu siervo;
mas si se enojare, sabe que la maldad está determinada de parte
de él.
8 Harás, pues, misericordia con tu siervo, ya que has hecho
entrar a tu siervo en pacto de Jehová contigo; y si hay maldad
en mí, mátame tú, pues no hay necesidad de llevarme hasta tu
padre.
9 Y Jonatán le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si yo
supiere que mi padre ha determinado maldad contra ti, ¿no te lo
avisaría yo?
10 Dijo entonces David a Jonatán: ¿Quién me dará aviso si
tu padre te respondiere ásperamente?
11 Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron
ambos al campo.
12 Entonces dijo Jonatán a David: ¡Jehová Dios de Israel,
sea testigo! Cuando le haya preguntado a mi padre mañana a esta
hora, o el día tercero, si resultare bien para con David,
entonces enviaré a ti para hacértelo saber.
13 Pero si mi padre intentare hacerte mal, Jehová haga así a
Jonatán, y aun le añada, si no te lo hiciere saber y te enviare
para que te vayas en paz. Y esté Jehová contigo, como estuvo
con mi padre.
14 Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová,
para que no muera,
15 y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre.
Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de
la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la
casa de David.
16 Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo:
Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David.
17 Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba,
pues le amaba como a sí mismo.
18 Luego le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú serás
echado de menos, porque tu asiento estará vacío.
19 Estarás, pues, tres días, y luego descenderás y vendrás
al lugar donde estabas escondido el día que ocurrió esto mismo,
y esperarás junto a la piedra de Ezel.
20 Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como
ejercitándome al blanco.
21 Luego enviaré al criado, diciéndole: Ve, busca las
saetas. Y si dijere al criado: He allí las saetas más acá de
ti, tómalas; tú vendrás, porque paz tienes, y nada malo hay,
vive Jehová.
22 Mas si yo dijere al muchacho así: He allí las saetas más
allá de ti; vete, porque Jehová te ha enviado.
23 En cuanto al asunto de que tú y yo hemos hablado, esté
Jehová entre nosotros dos para siempre.
24 David, pues, se escondió en el campo, y cuando llegó la
nueva luna, se sentó el rey a comer pan.
25 Y el rey se sentó en su silla, como solía, en el asiento
junto a la pared, y Jonatán se levantó, y se sentó Abner al
lado de Saúl, y el lugar de David quedó vacío.
26 Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Le
habrá acontecido algo, y no está limpio; de seguro no está
purificado.
27 Al siguiente día, el segundo día de la nueva luna,
aconteció también que el asiento de David quedó vacío. Y
Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido a comer el
hijo de Isaí hoy ni ayer?
28 Y Jonatán respondió a Saúl: David me pidió
encarecidamente que le dejase ir a Belén,
29 diciendo: Te ruego que me dejes ir, porque nuestra familia
celebra sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha mandado;
por lo tanto, si he hallado gracia en tus ojos, permíteme ir
ahora para visitar a mis hermanos. Por esto, pues, no ha venido a
la mesa del rey.
30 Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le
dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú
has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para
confusión de la vergüenza de tu madre?
31 Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la
tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía pues, ahora, y
tráemelo, porque ha de morir.
32 Y Jonatán respondió a su padre Saúl y le dijo: ¿Por qué
morirá? ¿Qué ha hecho?
33 Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo; de donde
entendió Jonatán que su padre estaba resuelto a matar a David.
34 Y se levantó Jonatán de la mesa con exaltada ira, y no
comió pan el segundo día de la nueva luna; porque tenía dolor
a causa de David, porque su padre le había afrentado.
35 Al otro día, de mañana, salió Jonatán al campo, al
tiempo señalado con David, y un muchacho pequeño con él.
36 Y dijo al muchacho: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y
cuando el muchacho iba corriendo, él tiraba la saeta de modo que
pasara más allá de él.
37 Y llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán
había tirado, Jonatán dio voces tras el muchacho, diciendo:
¿No está la saeta más allá de ti?
38 Y volvió a gritar Jonatán tras el muchacho: Corre, date
prisa, no te pares. Y el muchacho de Jonatán recogió las
saetas, y vino a su señor.
39 Pero ninguna cosa entendió el muchacho; solamente Jonatán
y David entendían de lo que se trataba.
40 Luego dio Jonatán sus armas a su muchacho, y le dijo: Vete
y llévalas a la ciudad.
41 Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David del
lado del sur, y se inclinó tres veces postrándose hasta la
tierra; y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro;
y David lloró más.
42 Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos
jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová esté entre
tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre.
Y él se levantó y se fue; y Jonatán entró en la ciudad.
David huye de Saúl
21
1 Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se sorprendió
Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y
nadie contigo?
2 Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó
un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te
envío, y lo que te he encomendado; y yo les señalé a los
criados un cierto lugar.
3 Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que
tengas.
4 El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a
la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si los
criados se han guardado a lo menos de mujeres.
5 Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las
mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí,
ya los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es
profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos?
6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no
había otro pan sino los panes de la proposición, los cuales
habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner
panes calientes el día que aquéllos fueron quitados.
7 Y estaba allí aquel día detenido delante de Jehová uno de
los siervos de Saúl, cuyo nombre era Doeg, edomita, el principal
de los pastores de Saúl.
8 Y David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza o
espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas, por
cuanto la orden del rey era apremiante.
9 Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el filisteo,
al que tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en
un velo detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque
aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como ella;
dámela.
10 Y levantándose David aquel día, huyó de la presencia de
Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat.
11 Y los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es éste David, el
rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban en las danzas,
diciendo:
- Hirió Saúl a sus miles,
- Y David a sus diez miles?
12 Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran
temor de Aquis rey de Gat.
13 Y cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se
fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las
puertas, y dejaba correr la saliva por su barba.
14 Y dijo Aquis a sus siervos: He aquí, veis que este hombre es
demente; ¿por qué lo habéis traído a mí?
15 ¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste
que hiciese de loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en
mi casa?
22
1 Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y
cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron,
vinieron allí a él.
2 Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que
estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de
espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como
cuatrocientos hombres.
3 Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de
Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros,
hasta que sepa lo que Dios hará de mí.
4 Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron
con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.
5 Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar
fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al
bosque de Haret.
Saúl mata a los sacerdotes de Nob
6 Oyó Saúl que se sabía de David y de los que estaban con
él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco
sobre un alto; y tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos
estaban alrededor de él.
7 Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd
ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros
el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes
de millares y jefes de centenas,
8 para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no
haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza
con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y
me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí
para que me aceche, tal como lo hace hoy?
9 Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de
Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a
Ahimelec hijo de Ahitob,
10 el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y
también le dio la espada de Goliat el filisteo.
11 Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y
por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob;
y todos vinieron al rey.
12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme
aquí, señor mío.
13 Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí,
tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y
consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me
acechase, como lo hace hoy día?
14 Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre
todos tus siervos es tan fiel como David, yerno también del rey,
que sirve a tus órdenes y es ilustre en tu casa?
15 ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios?
Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo, ni
a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de
este asunto, grande ni pequeña.
16 Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la
casa de tu padre.
17 Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba
alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová;
porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo
ellos que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos del rey
no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de
Jehová.
18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra
los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los
sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que
vestían efod de lino.
19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada;
así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes,
asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
20 Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se
llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David.
21 Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado
muerte a los sacerdotes de Jehová.
22 Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel
día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he
ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre.
23 Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará
también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.
David en el desierto
23
1 Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos
combaten a Keila, y roban las eras.
2 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a
estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los
filisteos, y libra a Keila.
3 Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que
nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si
fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos?
4 Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le
respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo
entregaré en tus manos a los filisteos.
5 Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los
filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota;
y libró David a los de Keila.
6 Y aconteció que cuando Abiatar hijo de Ahimelec huyó
siguiendo a David a Keila, descendió con el efod en su mano.
7 Y fue dado aviso a Saúl que David había venido a Keila.
Entonces dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi mano, pues se ha
encerrado entrando en ciudad con puertas y cerraduras.
8 Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla para
descender a Keila, y poner sitio a David y a sus hombres.
9 Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él,
dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod.
10 Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene
entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la
ciudad por causa mía.
11 ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos?
¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de
Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo:
Sí, descenderá.
12 Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a
mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os
entregarán.
13 David entonces se levantó con sus hombres, que eran como
seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a
otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de
Keila, y desistió de salir.
14 Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y
habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl
todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.
15 Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de su
vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif.
16 Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a
Hores, y fortaleció su mano en Dios.
17 Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi
padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después
de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.
18 Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó
en Hores, y Jonatán se volvió a su casa.
19 Después subieron los de Zif para decirle a Saúl en Gabaa:
¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas de
Hores, en el collado de Haquila, que está al sur del desierto?
20 Por tanto, rey, desciende pronto ahora, conforme a tu deseo,
y nosotros lo entregaremos en la mano del rey.
21 Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová, que
habéis tenido compasión de mí.
22 Id, pues, ahora, aseguraos más, conoced y ved el lugar de
su escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho
que él es astuto en gran manera.
23 Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos donde
se oculta, y volved a mí con información segura, y yo iré con
vosotros; y si él estuviere en la tierra, yo le buscaré entre
todos los millares de Judá.
24 Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl.
Pero David y su gente estaban en el desierto de Maón, en el
Arabá al sur del desierto.
25 Y se fue Saúl con su gente a buscarlo; pero fue dado aviso
a David, y descendió a la peña, y se quedó en el desierto de
Maón. Cuando Saúl oyó esto, siguió a David al desierto de
Maón.
26 Y Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres
por el otro lado del monte, y se daba prisa David para escapar de
Saúl; mas Saúl y sus hombres habían encerrado a David y a su
gente para capturarlos.
27 Entonces vino un mensajero a Saúl, diciendo: Ven luego,
porque los filisteos han hecho una irrupción en el país.
28 Volvió, por tanto, Saúl de perseguir a David, y partió
contra los filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar por
nombre Sela-hama-lecot.
29 Entonces David subió de allí y habitó en los lugares
fuertes de En-gadi.
|