14
1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su
criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de
los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su
padre.
2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado
que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como
seiscientos hombres.
3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees,
hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no
sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a
la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un
lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro
Sene.
5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y
el otro al sur, hacia Gabaa.
6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la
guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por
nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o
con pocos.
7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en
tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos
mostraremos a ellos.
9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros,
entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.
10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces
subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y
esto nos será por señal.
11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos,
y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las
cavernas donde se habían escondido.
12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a
su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber
una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras
mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras
él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su
paje de armas que iba tras él los mataba.
14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje
de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada
de tierra.
15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda
la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear,
también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues,
gran consternación.
16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín
cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era
deshecha.
17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad
ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron
revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca
de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el
sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los
filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces
dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba,
llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada
de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran
confusión.
21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo
atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al
campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que
estaban con Saúl y con Jonatán.
22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el
monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos
los persiguieron en aquella batalla.
23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla
hasta Bet-avén.
24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel
día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo:
Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya
tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no
había probado pan.
25 Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la
superficie del campo.
26 Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel
corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca,
porque el pueblo temía el juramento.
27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre había
juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía
en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la
boca; y fueron aclarados sus ojos.
28 Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho
jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que
tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.
29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora
cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de
esta miel.
30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy
del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora
mayor estrago entre los filisteos?
31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta
Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
32 Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y
vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los
comió con sangre.
33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra
Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros
habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande.
34 Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que
me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas
aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne
con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su
vaca aquella noche, y las degollaron allí.
35 Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero
que edificó a Jehová.
36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y
los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno.
Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el
sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos?
¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio
respuesta aquel día.
38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del
pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
39 porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en
Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo
quien le respondiese.
40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo
y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió
a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
41 Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte
perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo
salió libre.
42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y
la suerte cayó sobre Jonatán.
43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho.
Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de
miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de
morir?
44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que
sin duda morirás, Jonatán.
45 Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el
que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así.
Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en
tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró
de morir a Jonatán.
46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se
fueron a su lugar.
47 Después de haber tomado posesión del reinado de Israel,
Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab,
contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba,
y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era
vencedor.
48 Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a
Israel de mano de los que lo saqueaban.
49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y
los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de
la menor, Mical.
50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de
Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo
de Ner tío de Saúl.
51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron
hijos de Abiel.
52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo
de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y
apto para combatir, lo juntaba consigo.
Saúl desobedece y es desechado
15
1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te
ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento
a las palabras de Jehová.
2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que
hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de
Egipto.
3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y
no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los
de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en
Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el
valle.
6 Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre
los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos;
porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de
Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de
entre los hijos de Amalec.
7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a
Shur, que está al oriente de Egipto.
8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo
mató a filo de espada.
9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las
ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los
carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo
lo que era vil y despreciable destruyeron.
10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de
en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró
Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la
mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a
Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y
pasó adelante y descendió a Gilgal.
13 Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas
tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido
de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el
pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para
sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que
Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos,
¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha
ungido por rey sobre Israel?
18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los
pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que
vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz
de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he
traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
21 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias
del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en
Gilgal.
22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los
holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de
Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y
el prestar atención que la grosura de los carneros.
23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como
ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la
palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas
rey.
24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he
quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque
temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues,
ahora mi pecado,
25 y vuelve conmigo para que adore a Jehová.
26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque
desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para
que no seas rey sobre Israel.
27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de
su manto, y éste se rasgó.
28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el
reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se
arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres
delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y
vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios.
31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag
vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la
amargura de la muerte.
33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos,
así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel
cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en
Gabaa de Saúl.
35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y
Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a
Saúl por rey sobre Israel.
Samuel unge a David
16
1 Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl,
habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu
cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de
sus hijos me he provisto de rey.
2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me
mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la
vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.
3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has
de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.
4 Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él
llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle
con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
5 El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová;
santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a
Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.
6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y
dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo
grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no
mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está
delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de
Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.
9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha
elegido Jehová.
10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero
Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.
11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos?
Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas.
Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a
la mesa hasta que él venga aquí.
12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio,
hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo:
Levántate y úngelo, porque éste es.
13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de
sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de
Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió
a Ramá.
David toca para Saúl
14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le
atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.
15 Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un
espíritu malo de parte de Dios te atormenta.
16 Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante
de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que
cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él
toque con su mano, y tengas alivio.
17 Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora
alguno que toque bien, y traédmelo.
18 Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo
he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es
valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras,
y hermoso, y Jehová está con él.
19 Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a
David tu hijo, el que está con las ovejas.
20 Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y
un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo.
21 Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le
amó mucho, y le hizo su paje de armas.
22 Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David
conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.
23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre
Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía
alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.
David mata a Goliat
17
1 Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se
congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y
Azeca, en Efes-damim.
2 También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y
acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla
contra los filisteos.
3 Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel
estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos.
4 Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín,
el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos
y un palmo.
5 Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota
de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce.
6 Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de
bronce entre sus hombros.
7 El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el
hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su
escudero delante de él.
8 Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel,
diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla?
¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged
de entre vosotros un hombre que venga contra mí.
9 Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros
seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo
venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.
10 Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de
Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.
11 Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se
turbaron y tuvieron gran miedo.
12 Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá,
cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo
de Saúl este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres.
13 Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a
Saúl a la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían
ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el segundo Abinadab,
y el tercero Sama;
14 y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a
Saúl.
15 Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para
apacentar las ovejas de su padre en Belén.
16 Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde,
y así lo hizo durante cuarenta días.
17 Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos
un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo
pronto al campamento a tus hermanos.
18 Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los
mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de
ellos.
19 Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle de
Ela, peleando contra los filisteos.
20 Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las ovejas al
cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isaí le había
mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en
orden de batalla, y daba el grito de combate.
21 Y se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos,
ejército frente a ejército.
22 Entonces David dejó su carga en mano del que guardaba el
bagaje, y corrió al ejército; y cuando llegó, preguntó por
sus hermanos, si estaban bien.
23 Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín
que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba
Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los
filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David.
24 Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían
de su presencia, y tenían gran temor.
25 Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel
hombre que ha salido? El se adelanta para provocar a Israel. Al
que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y
le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en
Israel.
26 Entonces habló David a los que estaban junto a él,
diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y
quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo
incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios
viviente?
27 Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo:
Así se hará al hombre que le venciere.
28 Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos
hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has
descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en
el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón,
que para ver la batalla has venido.
29 David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto
mero hablar?
30 Y apartándose de él hacia otros, preguntó de igual
manera; y le dio el pueblo la misma respuesta de antes.
31 Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las
refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir.
32 Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a
causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.
33 Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo,
para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de
guerra desde su juventud.
34 David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas
de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún
cordero de la manada,
35 salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y
si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo
hería y lo mataba.
36 Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo
incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al
ejéricto del Dios viviente.
37 Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del
león y de las garras del oso, él también me librará de la
mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté
contigo.
38 Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre su
cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza.
39 Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a
andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl:
Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David
echó de sí aquellas cosas.
40 Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas
del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que
traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.
41 Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su
escudero delante de él.
42 Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco;
porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer.
43 Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas
a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses.
44 Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne
a las aves del cielo y a las bestias del campo.
45 Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada
y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de
los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú
has provocado.
46 Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te
cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a
las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra
sabrá que hay Dios en Israel.
47 Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con
espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os
entregará en nuestras manos.
48 Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a
andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y
corrió a la linea de batalla contra el filisteo.
49 Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una
piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la
frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su
rostro en tierra.
50 Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió
al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.
51 Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y
tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de
matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos
vieron a su paladín muerto, huyeron.
52 Levantándose luego los de Israel y los de Judá, gritaron,
y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las
puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos por el
camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón.
53 Y volvieron los hijos de Israel de seguir tras los
filisteos, y saquearon su campamento.
54 Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a
Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda.
55 Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el
filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién
es hijo ese joven? Y Abner respondió:
56 Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta
de quién es hijo ese joven.
57 Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó
y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del
filisteo en su mano.
58 Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres hijo? Y David
respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén.
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