Nacimiento de Samuel
1
1 Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín,
que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de
Tohu, hijo de Zuf, efrateo.
2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de
la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.
3 Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para
adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en
Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes
de Jehová.
4 Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio,
daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a
cada uno su parte.
5 Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana,
aunque Jehová no le había concedido tener hijos.
6 Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola,
porque Jehová no le había concedido tener hijos.
7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la
irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.
8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por
qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te
soy yo mejor que diez hijos?
9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo;
y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a
un pilar del templo de Jehová,
10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró
abundantemente.
11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te
dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de
mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva
un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su
vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.
12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí
estaba observando la boca de ella.
13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus
labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria?
Digiere tu vino.
15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una
mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino
que he derramado mi alma delante de Jehová.
16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la
magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta
ahora.
17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te
otorgue la petición que le has hecho.
18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y
se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más
triste.
19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y
volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana
su mujer, y Jehová se acordó de ella.
20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber
concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel,
diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.
21 Después subió el varón Elcana con toda su familia, para
ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto.
22 Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré
hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea
presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.
23 Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te
parezca; quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla
Jehová su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta
que lo destetó.
24 Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres
becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la
casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño.
25 Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí.
26 Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío,
yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a
Jehová.
27 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.
28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que
viva, será de Jehová.
Y adoró allí a Jehová.
Cántico de Ana
2
1 Y Ana oró y dijo:
- Mi corazón se regocija en Jehová,
- Mi poder se exalta en Jehová;
- Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
- Por cuanto me alegré en tu salvación.
-
2 No hay santo como Jehová;
- Porque no hay ninguno fuera de ti,
- Y no hay refugio como el Dios nuestro.
-
3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;
- Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
- Porque el Dios de todo saber es Jehová,
- Y a él toca el pesar las acciones.
-
4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados,
- Y los débiles se ciñeron de poder.
-
5 Los saciados se alquilaron por pan,
- Y los hambrientos dejaron de tener hambre;
- Hasta la estéril ha dado a luz siete,
- Y la que tenía muchos hijos languidece.
-
6 Jehová mata, y él da vida;
- El hace descender al Seol, y hace subir.
-
7 Jehová empobrece, y él enriquece;
- Abate, y enaltece.
-
8 El levanta del polvo al pobre,
- Y del muladar exalta al menesteroso,
- Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de
honor.
- Porque de Jehová son las columnas de la tierra,
- Y él afirmó sobre ellas el mundo.
-
9 El guarda los pies de sus santos,
- Mas los impíos perecen en tinieblas;
- Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.
-
10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
- Y sobre ellos tronará desde los cielos;
- Jehová juzgará los confines de la tierra,
- Dará poder a su Rey,
- Y exaltará el poderío de su Ungido.
11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño
ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
El pecado de los hijos de Elí
12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían
conocimiento de Jehová.
13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando
alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote
mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de
tres dientes,
14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la
marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba
para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a
Silo.
15 Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del
sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el
sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.
16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y
después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino
dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza.
17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los
jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de
Jehová.
18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová,
vestido de un efod de lino.
19 Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía
cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio
acostumbrado.
20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te
dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se
volvieron a su casa.
21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres
hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.
22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos
hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que
velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.
23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo
oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.
24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo;
pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.
25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le
juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará
por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová
había resuelto hacerlos morir.
26 Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de
Dios y delante de los hombres.
27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho
Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre,
cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?
28 Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de
Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y
llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las
ofrendas de los hijos de Israel.
29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas,
que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus
hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las
ofrendas de mi pueblo Israel?
30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho
que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí
perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga,
porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian
serán tenidos en poco.
31 He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de
la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa.
32 Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a
Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.
33 El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será
para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los
nacidos en tu casa morirán en la edad viril.
34 Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos,
Ofni y Finees: ambos morirán en un día.
35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi
corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará
delante de mi ungido todos los días.
36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse
delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan,
diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los
ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.
Jehová llama a Samuel
3
1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y
la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había
visión con frecuencia.
2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su
aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no
podía ver,
3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba
el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,
4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me
llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate.
Y él se volvió y se acostó.
6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose
Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has
llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y
acuéstate.
7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de
Jehová le había sido revelada.
8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se
levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has
llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.
9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare,
dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y
se acostó en su lugar.
10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces:
¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo
oye.
11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en
Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.
12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he
dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la
iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y
él no los ha estorbado.
14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad
de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni
con ofrendas.
15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las
puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la
visión a Elí.
16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y
él respondió: Heme aquí.
17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego
que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me
encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.
18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada.
Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer
a tierra ninguna de sus palabras.
20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel
era fiel profeta de Jehová.
21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se
manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.
Los filisteos capturan el arca
4
1 Y Samuel habló a todo Israel.
Por aquel tiempo salió Israel
a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben-
ezer, y los filisteos acamparon en Afec.
2 Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y
trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los
filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a
cuatro mil hombres.
3 Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de
Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de
los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de
Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de
nuestros enemigos.
4 Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del
pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los
querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí
con el arca del pacto de Dios.
5 Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al
campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra
tembló.
6 Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron:
¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los
hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al
campamento.
7 Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido
Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de
ahora no fue así.
8 ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos
dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con
toda plaga en el desierto.
9 Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis
a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres,
y pelead.
10 Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y
huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande
mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie.
11 Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de
Elí, Ofni y Finees.
12 Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó el
mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza;
13 y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una
silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba
temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre
a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó.
14 Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué
estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino aprisa y dio
las nuevas a Elí.
15 Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se
habían oscurecido, de modo que no podía ver.
16 Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he
escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo
mío?
17 Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de
los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo;
y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el
arca de Dios ha sido tomada.
18 Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios,
Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se
desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había
juzgado a Israel cuarenta años.
19 Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana
al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido
tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz;
porque le sobrevinieron sus dolores de repente.
20 Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a
ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no
respondió, ni se dio por entendida.
21 Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la
gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la
muerte de su suegro y de su marido.
22 Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha
sido tomada el arca de Dios.
El arca en tierra de los filisteoss
5
1 Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron
desde Eben-ezer a Asdod.
2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la
casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.
3 Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de
mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de
Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.
4 Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he
aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del
arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus
manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a
Dagón el tronco solamente.
5 Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que
entran en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en
Asdod, hasta hoy.
6 Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los
destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su
territorio.
7 Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el
arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y
sobre nuestro dios Dagón.
8 Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y
les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos
respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron
allá el arca del Dios de Israel.
9 Y aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová
estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a
los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y
se llenaron de tumores.
10 Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca
de Dios vino a Ecrón, los ecronitas
dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de
Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo.
11 Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los
filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y
vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro
pueblo; porque había consternación de muerte en toda la ciudad,
y la mano de Dios se había agravado allí.
12 Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor
de la ciudad subía al cielo.
Los filisteos devuelven el arca
6
1 Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete
meses.
2 Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos,
preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos saber
de qué manera la hemos de volver a enviar a su lugar.
3 Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la
enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis
sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano.
4 Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le
pagaremos? Ellos respondieron: Conforme al número de los
príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y cinco
ratones de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos
vosotros y a vuestros príncipes.
5 Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros
ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de
Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre
vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.
6 ¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y
Faraón endurecieron su corazón? Después que los había
tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron?
7 Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas
que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las
vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a
casa.
8 Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el
carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por
la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la
dejaréis que se vaya.
9 Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes,
él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos
que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió
por accidente.
10 Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que
criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus
becerros.
11 Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja
con los ratones de oro y las figuras de sus tumores.
12 Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y
seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a
derecha ni a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron
tras ellas hasta el límite de Bet-semes.
13 Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando
los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron.
14 Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró
allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera
del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová.
15 Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que
estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las
pusieron sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes
sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en
aquel día.
16 Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos,
volvieron a Ecrón el mismo día.
17 Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en
expiación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón
uno, por Gat uno, por Ecrón uno.
18 Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas las
ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes,
así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran
piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en el
campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.
19 Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque
habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo
a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque
Jehová lo había herido con tan gran mortandad.
20 Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de
Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros?
21 Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim,
diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová;
descended, pues, y llevadla a vosotros.
7
1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová,
y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y
santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de
Jehová.
2 Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron
muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en
pos de Jehová.
Samuel, juez de Israel
3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo
vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos
y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a
Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los
filisteos.
4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a
Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.
5 Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por
vosotros a Jehová.
6 Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron
delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí:
Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de
Israel en Mizpa.
7 Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban
reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos
contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor
de los filisteos.
8 Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de
clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde
de la mano de los filisteos.
9 Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en
holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y
Jehová le oyó.
10 Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto,
los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas
Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos,
y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel.
11 Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los
filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
12 Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y
le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos
ayudó Jehová.
13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a
entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo
contra los filisteos todos los días de Samuel.
14 Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que
los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta
Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y
hubo paz entre Israel y el amorreo.
15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
16 Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a
Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares.
17 Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y
allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.
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