Elías regresa a ver a Acab
18
1 Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el
tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover
sobre la faz de la tierra.
2 Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave
en Samaria.
3 Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran
manera temeroso de Jehová.
4 Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová,
Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en
cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.
5 Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el país a todas las
fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso
hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a
las mulas, para que no nos quedemos sin bestias.
6 Y dividieron entre sí el país para recorrerlo; Acab fue por
un camino, y Abdías fue separadamente por otro.
7 Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y
cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo: ¿No
eres tú mi señor Elías?
8 Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está
Elías.
9 Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu
siervo en mano de Acab para que me mate?
10 Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino
adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han
respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho
jurar que no te han hallado.
11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías?
12 Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de
Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las
nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a
Jehová desde su juventud.
13 ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel
mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien varones de
los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y
los mantuve con pan y agua?
14 ¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías;
para que él me mate?
15 Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya
presencia estoy, que hoy me mostraré a él.
16 Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el
aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.
17 Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas
a Israel?
18 Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la
casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y
siguiendo a los baales.
19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte
Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los
cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
Elías y los profetas de Baal
20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y
reunió a los profetas en el monte Carmelo.
21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta
cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová
es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no
respondió palabra.
22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado
profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos
cincuenta hombres.
23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y
córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan
fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre
leña, y ningún fuego pondré debajo.
24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo
invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por
medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió,
diciendo: Bien dicho.
25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un
buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e
invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego
debajo.
26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e
invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía,
diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien
respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar
que habían hecho.
27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos,
diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está
meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez
duerme, y hay que despertarle.
28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos
y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre
sobre ellos.
29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando
frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no
hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y
todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová
que estaba arruinado.
31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las
tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de
Jehová diciendo, Israel será tu nombre,
32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová;
después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos
medidas de grano.
33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo
puso sobre la leña.
34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre
el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra
vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron
la tercera vez,
35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y
también se había llenado de agua la zanja.
36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó
el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de
Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo
soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este
pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti
el corazón de ellos.
38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto,
la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba
en la zanja.
39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová
es el Dios, Jehová es el Dios!
40 Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal,
para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó
Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
Elías ora por lluvia
41 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una
lluvia grande se oye.
42 Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre
del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las
rodillas.
43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él
subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir:
Vuelve siete veces.
44 A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la
palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve,
y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te
ataje.
45 Y aconteció, estando en esto, que los cielos se
oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y
subiendo Acab, vino a Jezreel.
46 Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus
lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
Elías huye a Horeb
19
1 Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había
hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.
2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así
me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas
yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.
3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su
vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su
criado.
4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se
sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya,
oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis
padres.
5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí
luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.
6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida
sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y
volvió a dormirse.
7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó,
diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.
8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con
aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta
Horeb, el monte de Dios.
9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino
a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí,
Elías?
10 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de
los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto,
han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas;
y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.
11 El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de
Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso
viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de
Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un
terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.
12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el
fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y
salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él
una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?
14 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de
los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto,
han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas;
y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.
15 Y le dio Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el
desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de
Siria.
16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a
Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea
profeta en tu lugar.
17 Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará;
y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.
18 Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no
se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.
Llamamiento de Eliseo
19 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que
araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y
pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto.
20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de
Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi
madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te
he hecho yo?
21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el
arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que
comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.
Acab derrota a los sirios
20
1 Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y
con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y
sitió a Samaria, y la combatió.
2 Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel,
diciendo:
3 Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus
mujeres y tus hijos hermosos son míos.
4 Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, rey
señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.
5 Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad:
Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y
tus hijos me darás.
6 Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos,
los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y
tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.
7 Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del
país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca
sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y
por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado.
8 Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le
obedezcas, ni hagas lo que te pide.
9 Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid
al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al
principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron,
y le dieron la respuesta.
10 Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los
dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a
los puños de todo el pueblo que me sigue.
11 Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe
tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe.
12 Y cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los
reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se
dispusieron contra la ciudad.
13 Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo:
Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí
yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy
Jehová.
14 Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha
dicho Jehová: Por mano de los siervos de los príncipes de las
provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él
respondió: Tú.
15 Entonces él pasó revista a los siervos de los príncipes
de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos.
Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel,
que fueron siete mil.
16 Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y
embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos
reyes que habían venido en su ayuda.
17 Y los siervos de los príncipes de las provincias salieron
los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso,
diciendo: Han salido hombres de Samaria.
18 El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y
si han salido para pelear, tomadlos vivos.
19 Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes
de las provincias, y en pos de ellos el ejército.
20 Y mató cada uno al que venía contra él; y huyeron los
sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad,
se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.
21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y
los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.
22 Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve,
fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un
año, el rey de Siria vendrá contra ti.
23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son
dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos
con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.
24 Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y
pon capitanes en lugar de ellos.
25 Y tú fórmate otro ejército como el ejército que
perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos
con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les
dio oído, y lo hizo así.
26 Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los
sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel.
27 Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y
tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los
hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y
los sirios llenaban la tierra.
28 Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le
habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han
dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo
entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis
que yo soy Jehová.
29 Siete días estuvieron acampados los unos frente a los
otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de
Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de
a pie.
30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó
sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-
adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en
aposento.
31 Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de
los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes;
pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en
nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por
ventura te salva la vida.
32 Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus
cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad
dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él
vive aún, mi hermano es.
33 Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se
apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano
Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se
presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro.
34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo,
yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi
padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con
este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.
35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su
compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no
quiso herirle.
36 El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de
Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un
león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le
mató.
37 Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora.
Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida.
38 Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino,
y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos.
39 Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu
siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me
acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a
este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o
pagarás un talento de plata.
40 Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa,
el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa
será tu sentencia; tú la has pronunciado.
41 Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y
el rey de Israel conoció que era de los profetas.
42 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de
la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu
pueblo por el suyo.
43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y
llegó a Samaria.
Acab y la viña de Nabot
21
1 Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía
allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.
2 Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto
de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por
ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te
pagaré su valor en dinero.
3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé
a ti la heredad de mis padres.
4 Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que
Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la
heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su
rostro, y no comió.
5 Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan
decaído tu espíritu, y no comes?
6 El respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije
que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le
daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi
viña.
7 Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre
Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de
Nabot de Jezreel.
8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló
con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales
que moraban en la ciudad con Nabot.
9 Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y
poned a Nabot delante del pueblo;
10 y poned a dos hombres perversos delante de él, que
atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al
rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera.
11 Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que
moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme
a lo escrito en las cartas que ella les había enviado.
12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo.
13 Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron
delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra
Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y
al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió.
14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado
y ha muerto.
15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y
muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de
Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive,
sino que ha muerto.
16 Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para
descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de
ella.
17 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:
18 Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel,
que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a
la cual ha descendido para tomar posesión de ella.
19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No
mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle,
diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron
los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu
sangre, tu misma sangre.
20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El
respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo
malo delante de Jehová.
21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y
destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el
siervo como el libre en Israel.
22 Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y
como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me
provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel.
23 De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros
comerán a Jezabel en el muro de Jezreel.
24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo
comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves
del cielo.
25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para
hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer
lo incitaba.
26 El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los
ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los
cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)
27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus
vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en
cilicio, y anduvo humillado.
28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:
29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí?
Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal
en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su
casa.
Micaías profetiza la derrota de Acab
(2 Cr. 18.1-34)
22
1 Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel.
2 Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá
descendió al rey de Israel.
3 Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot
de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla
de mano del rey de Siria?
4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra
Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy
como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus
caballos.
5 Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que
consultes hoy la palabra de Jehová.
6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como
cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra
contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube,
porque Jehová la entregará en mano del rey.
7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová,
por el cual consultemos?
8 El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por
el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla;
mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino
solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así.
9 Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo:
Trae pronto a Micaías hijo de Imla.
10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados
cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza
junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas
profetizaban delante de ellos.
11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos
de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás
a los sirios hasta acabarlos.
12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera,
diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque
Jehová la entregará en mano del rey.
13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló
diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz
anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la
palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito.
14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me
hablare, eso diré.
15 Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a
pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió:
Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del
rey.
16 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que
no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?
17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los
montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos
no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz.
18 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo
dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino
solamente el mal.
19 Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a
Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos
estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.
20 Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y
caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro
decía de otra.
21 Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo:
Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?
22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de
todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo
conseguirás; vé, pues, y hazlo así.
23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en
la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal
acerca de ti.
24 Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a
Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el
Espíritu de Jehová para hablarte a ti?
25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día,
cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte.
26 Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo
a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey;
27 y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel,
y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta
que yo vuelva en paz.
28 Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha
hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.
29 Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a
Ramot de Galaad.
30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y
entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de
Israel se disfrazó, y entró en la batalla.
31 Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos
capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni
con chico, sino sólo contra el rey de Israel.
32 Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat,
dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra
él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó.
33 Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el
rey de Israel, se apartaron de él.
34 Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de
Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él
a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy
herido.
35 Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo
en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la
sangre de la herida corría por el fondo del carro.
36 Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento,
diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!
37 Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron
al rey en Samaria.
38 Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros
lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí),
conforme a la palabra que Jehová había hablado.
39 El resto de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la
casa de marfil que construyó, y todas las ciudades que edificó,
¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel?
40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías
su hijo.
Reinado de Josafat
(2 Cr. 20.31-37)
41 Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el
cuarto año de Acab rey de Israel.
42 Era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a
reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su
madre fue Azuba hija de Silhi.
43 Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de
él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo eso,
los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba
aún, y quemaba incienso en ellos.
44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.
45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras
que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de
los reyes de Judá?
46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que
había quedado en el tiempo de su padre Asa.
47 No había entonces rey en Edom; había gobernador en lugar
de rey.
48 Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de
ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber.
49 Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis
siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso.
50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con ellos
en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su
hijo.
Reinado de Ocozías de Israel
51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en
Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos
años sobre Israel.
52 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el
camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de
Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel;
53 porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a
Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había
hecho su padre.
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