Muerte de Ocozías
1
1 Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra Israel.
2 Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que
tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les
dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar
de esta mi enfermedad.
3 Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita,
diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del
rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a
consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?
4 Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no
te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.
5 Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo:
¿Por qué os habéis vuelto?
6 Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo:
Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho
Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a
Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que estás no
te levantarás; de cierto morirás.
7 Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón que
encontrasteis, y os dijo tales palabras?
8 Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de
pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él
dijo: Es Elías tisbita.
9 Luego envió a él un capitán de cincuenta con sus
cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí que él
estaba sentado en la cumbre del monte. Y el capitán le dijo:
Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas.
10 Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo
soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con
tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a
él y a sus cincuenta.
11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con
sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha
dicho así: Desciende pronto.
12 Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios,
descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y
descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y a sus
cincuenta.
13 Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus
cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se puso
de rodillas delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón de
Dios, te ruego que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la
vida de estos tus cincuenta siervos.
14 He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los
dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea
estimada ahora mi vida delante de tus ojos.
15 Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con
él; no tengas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con
él al rey.
16 Y le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste
mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios
en Israel para consultar en su palabra? No te levantarás, por
tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.
17 Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había
hablado Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año de
Joram hijo de Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no tenía
hijo.
18 Los demás hechos de Ocozías, ¿no están escritos en el
libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Eliseo sucede a Elías
2
1 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un
torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.
2 Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová
me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu
alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.
3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en
Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu
señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.
4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora,
porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová,
y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.
5 Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban
en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a
tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.
6 Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque
Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y
vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.
7 Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y
se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al
Jordán.
8 Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las
aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron
ambos por lo seco.
9 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que
quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo
Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre
mí.
10 El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando
fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro
de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió
al cielo en un torbellino.
12 Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro
de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando
sus vestidos, los rompió en dos partes.
13 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y
volvió, y se paró a la orilla del Jordán.
14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído,
golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de
Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se
apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó
al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre
Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.
16 Y dijeron: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones
fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha
levantado el Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte
o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.
17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo:
Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo
buscaron tres días, mas no lo hallaron.
18 Y cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en
Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?
19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde
está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas
las aguas son malas, y la tierra es estéril.
20 Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella
sal. Y se la trajeron.
21 Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro
la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no
habrá más en ellas muerte ni enfermedad.
22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra
que habló Eliseo.
23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino,
salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él,
diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube!
24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de
Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a
cuarenta y dos muchachos.
25 De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria.
Reinado de Joram de Israel
3
1 Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel
el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.
2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su
padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre
había hecho.
3 Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que
hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
Eliseo predice la victoria sobre Moab
4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y
pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con
sus vellones.
5 Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de
Israel.
6 Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista a
todo Israel.
7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab
se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra
Moab? Y él respondió: Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo
como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos.
8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el
camino del desierto de Edom.
9 Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey
de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días
de camino, les faltó agua para el ejército, y para las bestias
que los seguían.
10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová
a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para
que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos
del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de
Safat, que servía a Elías.
12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y
descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.
13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo
contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu
madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha
reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los
moabitas.
14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya
presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat
rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera.
15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor
tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo,
16 quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle
muchos estanques.
17 Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis
lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis
vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados.
18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará
también a los moabitas en vuestras manos.
19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa,
y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de
aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.
20 Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece el
sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la
tierra se llenó de aguas.
21 Cuanto todos los de Moab oyeron que los reyes subían a
pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían
ceñir armadura en adelante, y se pusieron en la frontera.
22 Cuando se levantaron por la mañana, y brilló el sol sobre
las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como
sangre;
23 y dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han
vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su
compañero. Ahora, pues, ¡Moab, al botín!
24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron
los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de
delante de ellos; pero los persiguieron matando a los de Moab.
25 Y asolaron las ciudades, y en todas las tierras fértiles
echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas
las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles;
hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los
honderos la rodearon y la destruyeron.
26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla,
tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para
atacar al rey de Edom; mas no pudieron.
27 Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en
su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y hubo
grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron
a su tierra.
El aceite de la viuda
4
1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas,
clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú
sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el
acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.
2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes
en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino
una vasija de aceite.
3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus
vecinos, vasijas vacías, no pocas.
4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas
las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.
5 Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y
sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del
aceite.
6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo:
Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas.
Entonces cesó el aceite.
7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo:
Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos
vivid de lo que quede.
Eliseo y la sunamita
8 Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y
había allí una mujer importante, que le invitaba
insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí,
venía a la casa de ella a comer.
9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que
éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.
10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y
pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él
viniere a nosotros, se quede en él.
11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en
aquel aposento, y allí durmió.
12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y
cuando la llamó, vino ella delante de él.
13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado
solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que
haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general
del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi
pueblo.
14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi
respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es
viejo.
15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a
la puerta.
16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo,
abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios,
no hagas burla de tu sierva.
17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año
siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.
18 Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su
padre, que estaba con los segadores;
19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre
dijo a un criado: Llévalo a su madre.
20 Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo
sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.
21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de
Dios, y cerrando la puerta, se salió.
22 Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo
a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya
corriendo al varón de Dios, y regrese.
23 El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni
día de reposo. Y ella respondió: Paz.
24 Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y
anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo
dijere.
25 Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo.
Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi:
He aquí la sunamita.
26 Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas:
¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella
dijo: Bien.
27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el
monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla;
pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en
amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha
revelado.
28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que
no te burlases de mí?
29 Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi
báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo
saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi
báculo sobre el rostro del niño.
30 Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que
no te dejaré.
31 El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido
delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del
niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto
para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no
despierta.
32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba
muerto tendido sobre su cama.
33 Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a
Jehová.
34 Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su
boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos
sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del
niño entró en calor.
35 Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra
parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el
niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.
36 Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta
sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu
hijo.
37 Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a
tierra; y después tomó a su hijo, y salió.
Milagros en beneficio de los profetas
38 Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en
la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo
que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los
hijos de los profetas.
39 Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como
parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres;
y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo
que era.
40 Después sirvió para que comieran los hombres; pero
sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo:
¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer.
41 El entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y
dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.
42 Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al
varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y
trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que
coma.
43 Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de
cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que
coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará.
44 Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró,
conforme a la palabra de Jehová.
Eliseo y Naamán
5
1 Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón
grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque
por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este
hombre valeroso en extremo, pero leproso.
2 Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado
cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a
la mujer de Naamán.
3 Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que
está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
4 Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y
así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
5 Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al
rey de Israel.
Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos
de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
6 Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían
así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo
envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.
7 Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus
vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que
éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad
ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
8 Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel
había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué
has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay
profeta en Israel.
9 Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró
a las puertas de la casa de Eliseo.
10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y
lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará,
y serás limpio.
11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para
mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de
Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará
la lepra.
12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas
las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también
limpio? Y se volvió, y se fue enojado.
13 Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo:
Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la
harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
14 El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el
Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se
volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se
puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay
Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas
algún presente de tu siervo.
16 Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no
lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no
quiso.
17 Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no
se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí
en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá
sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.
18 En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el
rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se
apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo
de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo.
19 Y él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como
media legua de tierra.
20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo
entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no
tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová,
que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa.
21 Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía
corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo:
¿Va todo bien?
22 Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí
vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de
los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de
plata, y dos vestidos nuevos.
23 Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le
insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos
vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados
para que lo llevasen delante de él.
24 Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano
de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a los hombres que
se fuesen.
25 Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le
dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido
a ninguna parte.
26 El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón,
cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de
tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas,
bueyes, siervos y siervas?
27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu
descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso,
blanco como la nieve.
Eliseo hace flotar el hacha
6
1 Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el
lugar en que moramos contigo nos es estrecho.
2 Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga,
y hagamos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.
3 Y dijo uno: Te rogamos que vengas con tus siervos. Y él
respondió: Yo iré.
4 Se fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán,
cortaron la madera.
5 Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le
cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah, señor mío,
era prestada!
6 El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró
el lugar. Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo
flotar el hierro.
7 Y dijo: Tómalo. Y él extendió la mano, y lo tomó.
Eliseo y los sirios
8 Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando
con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.
9 Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que
no pases por tal lugar, porque los sirios van allí.
10 Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón
de Dios había dicho; y así lo hizo una y otra vez con el fin de
cuidarse.
11 Y el corazón del rey de Siria se turbó por esto; y
llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis vosotros
quién de los nuestros es del rey de Israel?
12 Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío, sino
que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de
Israel las palabras que tú hablas en tu cámara más secreta.
13 Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a
prenderlo. Y le fue dicho: He aquí que él está en Dotán.
14 Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y
un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la
ciudad.
15 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de
Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con
gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah,
señor mío! ¿qué haremos?
16 El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están
con nosotros que los que están con ellos.
17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus
ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y
miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a
caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
18 Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a
Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y
los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo.
19 Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta
la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y
los guió a Samaria.
20 Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los
ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y
miraron, y se hallaban en medio de Samaria.
21 Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los
mataré, padre mío?
22 El le respondió: No los mates. ¿Matarías tú a los que
tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de
ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus
señores.
23 Entonces se les preparó una gran comida; y cuando habían
comido y bebido, los envió, y ellos se volvieron a su seÑor. Y
nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de
Israel.
Eliseo y el sitio de Samaria
24 Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria
reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria.
25 Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel
sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta
piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de
palomas por cinco piezas de plata.
26 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó,
y dijo: Salva, rey señor mío.
27 Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo
salvar yo? ¿Del granero, o del lagar?
28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer
me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos
el mío.
29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo
le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a
su hijo.
30 Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus
vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio
que traía interiormente sobre su cuerpo.
31 Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza
de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy.
32 Y Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban
sentados los ancianos; y el rey envió a él un hombre. Mas antes
que el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No
habéis visto cómo este hijo de homicida envía a cortarme la
cabeza? Mirad, pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la
puerta, e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el ruido de
los pasos de su amo?
33 Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero
que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová
viene. ¿Para qué he de esperar más a Jehová?
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