7
1 Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo
Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina
un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.
2 Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió
al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en
el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás
con tus ojos, mas no comerás de ello.
3 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los
cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta
que muramos?
4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay
en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también
moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los
sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren
la muerte, moriremos.
5 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de
los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios,
no había allí nadie.
6 Porque Jehová había hecho que en el campamento de los
sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y
estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He
aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los
reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que
vengan contra nosotros.
7 Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus
tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y
habían huido para salvar sus vidas.
8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento,
entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí
plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos,
entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y
lo escondieron.
9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien.
Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos
hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues,
ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.
10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la
ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento
de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de
hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el
campamento intacto.
11 Los porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio
del rey.
12 Y se levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os
declararé lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que
tenemos hambre, y han salido de las tiendas y se han escondido en
el campo, diciendo: Cuando hayan salido de la ciudad, los
tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad.
13 Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora
cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los
que quedan acá también perecerán como toda la multitud de
Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay.
14 Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey al
campamento de los sirios, diciendo: Id y ved.
15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí
que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los
sirios habían arrojado por la premura. Y volvieron los
mensajeros y lo hicieron saber al rey.
16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los
sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y
dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de
Jehová.
17 Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo
él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió,
conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey
descendió a él.
18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había
hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el
seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas
horas, a la puerta de Samaria.
19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de
Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo,
¿pudiera suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con
tus ojos, mas no comerás de ello.
20 Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la
entrada, y murió.
Los bienes de la sunamita devueltos
8
1 Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho
vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir
donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual
vendrá sobre la tierra por siete años.
2 Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios
le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los
filisteos siete años.
3 Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de
la tierra de los filisteos; después salió para implorar al rey
por su casa y por sus tierras.
4 Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios,
diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha
hecho Eliseo.
5 Y mientras él estaba contando al rey cómo había hecho
vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él había
hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus
tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer,
y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.
6 Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces
el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas
las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde
el día que dejó el país hasta ahora.
Hazael reina en Siria
7 Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba
enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha
venido aquí.
8 Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a
recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová,
diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
9 Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los
bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su
encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu hijo
Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de
esta enfermedad?
10 Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin
embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente.
11 Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta
hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios.
12 Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él
respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a
sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada,
y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres
que estén encintas.
13 Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para
que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha
mostrado que tú serás rey de Siria.
14 Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué
te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente
sanarás.
15 El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo
puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su
lugar.
Reinado de Joram de Judá
(2 Cr. 21.1-20)
16 En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y
siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de
Josafat, rey de Judá.
17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho
años reinó en Jerusalén.
18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la
casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo
malo ante los ojos de Jehová.
19 Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por amor a
David su siervo, porque había prometido darle lámpara a él y a
sus hijos perpetuamente.
20 En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de
Judá, y pusieron rey sobre ellos.
21 Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él;
y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le
habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo
huyó a sus tiendas.
22 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta
hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo.
23 Los demás hechos de Joram, y todo lo que hizo, ¿no están
escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos en
la ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.
Reinado de Ocozías de Judá
(2 Cr. 22.1-6)
25 En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel,
comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.
26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a reinar, y
reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía,
hija de Omri rey de Israel.
27 Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante
los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la
casa de Acab.
28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad,
contra Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram.
29 Y el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las
heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleó
contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram
rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque
estaba enfermo.
Jehú es ungido rey de Israel
9
1 Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los
profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de
aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad.
2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat
hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus
hermanos, y llévalo a la cámara.
3 Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza
y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y
abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.
4 Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad.
5 Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que
estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que
decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A
ti, príncipe.
6 Y él se levantó, y entró en casa; y el otro derramó el
aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de
Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová.
7 Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la
sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los
siervos de Jehová, de la mano de Jezabel.
8 Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo
varón, así al siervo como al libre en Israel.
9 Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de
Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.
10 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y
no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó
a huir.
11 Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le
dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les
dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.
12 Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo:
Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he
ungido por rey sobre Israel.
13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso
debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron:
Jehú es rey.
Jehú mata a Joram
14 Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra
Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con
todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria;
15 pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse
de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra
Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad,
ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.
16 Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba
allí enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había
descendido a visitar a Joram.
17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa
de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena
a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz?
18 Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice
así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con
la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo:
El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.
19 Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo:
El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes
tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo.
20 El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y
no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú
hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
21 Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido
su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá,
cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual
hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel.
22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él
respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu
madre, y sus muchas hechicerías?
23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a
Ocozías: ¡Traición, Ocozías!
24 Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las
espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su
carro.
25 Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a
un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que
cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre,
Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:
26 Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus
hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo
Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot,
conforme a la palabra de Jehová.
Jehú mata a Ocozías
(2 Cr. 22.7-9)
27 Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la
casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a
éste en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a
Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí.
28 Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá
le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de
David.
29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a
reinar Ocozías sobre Judá.
Muerte de Jezabel
30 Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se
pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a
una ventana.
31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió
bien a Zimri, que mató a su señor?
32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo:
¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o
tres eunucos.
33 Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte
de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la
atropelló.
34 Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora
a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey.
35 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más
que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
36 Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra
de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita,
diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes
de Jezabel,
37 y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de
la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda
decir: Esta es Jezabel.
Jehú extermina la casa de Acab
10
1 Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió
cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los
ancianos y a los ayos de Acab, diciendo:
2 Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros los que
tenéis a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y
gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,
3 escoged al mejor y al más recto de los hijos de vuestro
señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa
de vuestro señor.
4 Pero ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos
reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros?
5 Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y
los ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos
todo lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo
que bien te parezca.
6 El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois
míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los hijos
varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a esta hora, a
Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la
ciudad, que los
criaban.
7 Cuando las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del
rey, y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas
en canastas, y se las enviaron a Jezreel.
8 Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han
traído las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas
en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
9 Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo
el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra
mi señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a
todos éstos?
10 Sabed ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la
casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo
que dijo por su siervo Elías.
11 Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la
casa de Acab en Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus
familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no quedó ninguno.
12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en el camino
llegó a una casa de esquileo de pastores.
13 Y halló allí a los hermanos de Ocozías rey de Judá, y
les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos
hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del
rey, y a los hijos de la reina.
14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los
tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de
esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
15 Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de
Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu
corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo
es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano. Luego lo
hizo subir consigo en el carro,
16 y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo
pusieron, pues, en su carro.
17 Y luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los
que habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos,
conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.
Jehú extermina el culto de Baal
18 Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les dijo: Acab
sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá mucho.
19 Llamadme, pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos
sus siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque
tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que faltare no
vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que
honraban a Baal.
20 Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos
convocaron.
21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos
de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese. Y
entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de
extremo a extremo.
22 Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca
vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó
vestiduras.
23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de
Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí
entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los
siervos de Baal.
24 Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos,
Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que
dejare vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en
vuestras manos, su vida será por la del otro.
25 Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú
dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos;
que no escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron
tendidos los de la guardia y los capitanes. Y fueron hasta el
lugar santo del templo de Baal,
26 y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de
Baal, y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.
28 Así exterminó Jehú a Baal de Israel.
29 Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam
hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los
becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.
30 Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando
lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab
conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se
sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación.
31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de
Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de
Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.
32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio
de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras,
33 desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de
Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer que está
junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y Basán.
34 Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su
valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los
reyes de Israel?
35 Y durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria;
y reinó en su lugar Joacaz su hijo.
36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de
veintiocho años.
Atalía usurpa el trono
(2 Cr. 22.1023.21)
11
1 Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto,
se levantó y destruyó toda la descendencia real.
2 Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a
Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos
del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él
y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo
mataron.
3 Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años;
y Atalía fue reina sobre el país.
4 Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas,
capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa
de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa
de Jehová; y les mostró el hijo del rey.
5 Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la
tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey
el día de reposo.
6 Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra
tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así
guardaréis la casa, para que no sea allanada.
7 Mas las dos partes de vosotros que salen el día de reposo
tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey.
8 Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo cada
uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las
filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando
entre.
9 Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote
Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los
que entraban el día de reposo y los que salían el día de
reposo, vinieron al sacerdote Joiada.
10 Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los
escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de
Jehová.
11 Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno
sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el
lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey.
12 Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el
testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos
dijeron: ¡Viva el rey!
13 Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró
al pueblo en el templo de Jehová.
14 Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la
columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los
trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se
regocijaba, y tocaban las trompetas. Entonces Atalía, rasgando
sus vestidos, clamó a voz en cuello: ¡Traición, traición!
15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas que
gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto
del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el
sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.)
16 Le abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran los
de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
17 Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el
pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y
el pueblo.
18 Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y
lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y
sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de Baal delante de
los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de
Jehová.
19 Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la
guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la
casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la
guardia a la casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los
reyes.
20 Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad
estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada junto a
la casa del rey.
21 Era Joás de siete años cuando comenzó a reinar.
Reinado de Joás de Judá
(2 Cr. 24.1-27)
12
1 En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y
reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue
Sibia, de Beerseba.
2 Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo
que le dirigió el sacerdote Joiada.
3 Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el
pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4 Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que
se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de
cada persona según está estipulado, y todo el dinero que cada
uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová,
5 recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus
familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se
hallen grietas.
6 Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían
reparado los sacerdotes las grietas del templo.
7 Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los
sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del
templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros
familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo.
8 Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del
pueblo, ni tener el cargo de reparar las grietas del templo.
9 Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa
un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que
se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban
la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa de
Jehová.
10 Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía
el secretario del rey y el sumo sacerdote, y contaban el dinero
que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban.
11 Y daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a
los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo
gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la
casa de Jehová,
12 y a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y
piedra de cantería para reparar las grietas de la casa de
Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla.
13 Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no
se hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni
trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de plata se hacía
para el templo de Jehová;
14 porque lo daban a los que hacían la obra, y con él
reparaban la casa de Jehová.
15 Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero
era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la
obra; porque lo hacían ellos fielmente.
16 El dinero por el pecado, y el dinero por la culpa, no se
llevaba a la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.
17 Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y
la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén;
18 por lo cual tomó Joás rey de Judá todas las ofrendas que
habían dedicado Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de
Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló
en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo
envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.
19 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
20 Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración,
y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a
Sila;
21 pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus
siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en
la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
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