Reinado de Ezequías
(2 Cr. 29.1-2)
18
1 En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel,
comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá.
2 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó
en Jerusalén veintinueve años. El nombre de su madre fue Abi
hija de Zacarías.
3 Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las
cosas que había hecho David su padre.
4 El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y
cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de
bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le
quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.
5 En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni
antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá.
6 Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que
guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.
7 Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía,
prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le
sirvió.
8 Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras,
desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.
Caída de Samaria
9 En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo
de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los
asirios contra Samaria, y la sitió,
10 y la tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de
Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas rey de Israel, fue
tomada Samaria.
11 Y el rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los
puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades
de los medos;
12 por cuanto no habían atendido a la voz de Jehová su Dios,
sino que habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que
Moisés siervo de Jehová había mandado, no las habían
escuchado, ni puesto por obra.
Senaquerib invade a Judá
(2 Cr. 32.1-19; Is. 36.1-22)
13 A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey
de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las
tomó.
14 Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de
Asiria que estaba en Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y
haré todo lo que me impongas. Y el rey de Asiria impuso a
Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta
talentos de oro.
15 Dio, por tanto, Ezequías toda la plata que fue hallada en
la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real.
16 Entonces Ezequías quitó el oro de las puertas del templo
de Jehová y de los quiciales que el mismo rey Ezequías había
cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria.
17 Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al
Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con un gran ejército, desde
Laquis contra Jerusalén, y subieron y vinieron a Jerusalén. Y
habiendo subido, vinieron y acamparon junto al acueducto del
estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
18 Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de
Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf,
canciller.
19 Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice
el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas?
20 Dices (pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas
para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado
contra mí?
21 He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en
Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la
mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos
los que en él confían.
22 Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios,
¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado
Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este
altar adoraréis en Jerusalén?
23 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey
de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar
jinetes para ellos.
24 ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de
los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con
sus carros y su gente de a caballo?
25 ¿Acaso he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para
destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y
destrúyela.
26 Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al
Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque
nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de
Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro.
27 Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para decir
estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están
sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su
propia orina con vosotros?
28 Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en
lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey,
el rey de Asiria.
29 Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os
podrá librar de mi mano.
30 Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo:
Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será
entregada en mano del rey de Asiria.
31 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de
Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su
vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo,
32 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra,
tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de
olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No
oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos
librará.
33 ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su
tierra de la mano del rey de Asiria?
34 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el
dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a
Samaria de mi mano?
35 ¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado
su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a
Jerusalén?
36 Pero el pueblo calló, y no le respondió palabra; porque
había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le
respondáis.
37 Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna
escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías,
rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.
Judá es librado de Senaquerib
(2 Cr. 32.20-23; Is. 37.1-38)
19
1 Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se
cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová.
2 Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los
ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta
Isaías hijo de Amoz,
3 para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es
día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos
están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas.
4 Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces,
a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar
al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales
Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el
remanente que aún queda.
5 Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías.
6 E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así
ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con
las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7 He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y
volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada.
8 Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo
contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis.
9 Y oyó decir que Tirhaca rey de Etiopía había salido para
hacerle guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a
Ezequías, diciendo:
10 Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios
en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada
en mano del rey de Asiria.
11 He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria
a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú?
12 ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres
destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén
que estaban en Telasar?
13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de
la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
14 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y
después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las
extendió Ezequías delante de Jehová.
15 Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios
de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de
todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra.
16 Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus
ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a
blasfemar al Dios viviente.
17 Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido
las naciones y sus tierras;
18 y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no
eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y
por eso los destruyeron.
19 Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego,
de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que
sólo tú, Jehová, eres Dios.
20 Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías:
Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca
de Senaquerib rey de Asiria, he oído.
21 Esta es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él:
La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de
ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
22 ¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién
has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo
de Israel.
23 Por mano de tus mensajeros has vituperado a Jehová, y has
dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las alturas de
los montes, a lo más inaccesible del Líbano; cortaré sus altos
cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en sus más
remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos.
24 Yo he cavado y bebido las aguas extrañas, he secado con las
plantas de mis pies todos los ríos de Egipto.
25 ¿Nunca has oído que desde tiempos antiguos yo lo hice, y
que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo
he hecho venir, y tú serás para hacer desolaciones, para
reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros.
26 Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y
confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, y como
hortaliza verde, como heno de los terrados, marchitado antes de
su madurez.
27 He conocido tu situación, tu salida y tu entrada, y tu
furor contra mí.
28 Por cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu
arrogancia ha subido a mis oídos, yo pondré mi garfio en tu
nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino
por donde viniste.
29 Y esto te daré por señal, oh Ezequías: Este año
comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que
nacerá de suyo; y el tercer año sembraréis, y segaréis, y
plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas.
30 Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa
de Judá, volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto
arriba.
31 Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sion
los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará
esto.
32 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No
entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá
delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte.
33 Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en
esta ciudad, dice Jehová.
34 Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a
mí mismo, y por amor a David mi siervo.
35 Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de
Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta
y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que
todo era cuerpos de muertos.
36 Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a
Nínive, donde se quedó.
37 Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc
su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y
huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esarhadón su
hijo.
Enfermedad de Ezequías
(2 Cr. 32.24-26; Is. 38.1-22)
20
1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a
él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice
así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.
2 Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y
dijo:
3 Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he
andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he
hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran
lloro.
4 Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino
palabra de Jehová a Isaías, diciendo:
5 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice
Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he
visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día
subirás a la casa de Jehová.
6 Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a
esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad
por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.
7 Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, la
pusieron sobre la llaga, y sanó.
8 Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de
que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al
tercer día?
9 Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que
hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez
grados, o retrocederá diez grados?
10 Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline
diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados.
11 Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver
la sombra por los grados que había descendido en el reloj de
Acaz, diez grados atrás.
Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 Cr. 32.27-31; Is. 39.1-8)
12 En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de
Babilonia, envió mensajeros con cartas y presentes a Ezequías,
porque había oído que Ezequías había caído enfermo.
13 Y Ezequías los oyó, y les mostró toda la casa de sus
tesoros, plata, oro, y especias, y ungüentos preciosos, y la
casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros; ninguna
cosa quedó que Ezequías no les mostrase, así en su casa como
en todos sus dominios.
14 Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le
dijo: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti?
Y Ezequías le respondió: De lejanas tierras han venido, de
Babilonia.
15 Y él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y
Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada
quedó en mis tesoros que no les mostrase.
16 Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová:
17 He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa,
y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a
Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová.
18 Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado,
tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
19 Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que
has hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y
seguridad en mis días.
Muerte de Ezequías
(2 Cr. 32.32-33)
20 Los demás hechos de Ezequías, y todo su poderío, y cómo
hizo el estanque y el conducto, y metió las aguas en la ciudad,
¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá?
21 Y durmió Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar
Manasés su hijo.
Reinado de Manasés
(2 Cr. 33.1-20)
21
1 De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó
en Jerusalén cincuenta y cinco años; el nombre de su madre fue
Hepsiba.
2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, según las
abominaciones de las naciones que Jehová había echado de
delante de los hijos de Israel.
3 Porque volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su
padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una
imagen de Asera, como había hecho Acab rey de Israel; y adoró a
todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas
cosas.
4 Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual
Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén.
5 Y edificó altares para todo el ejército de los cielos en
los dos atrios de la casa de Jehová.
6 Y pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos,
y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos,
multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová,
para provocarlo a ira.
7 Y puso una imagen de Asera que él había hecho, en la casa
de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo
pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a
la cual escogí de todas las tribus de Israel;
8 y no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la
tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan conforme
a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley
que mi siervo Moisés les mandó.
9 Mas ellos no escucharon; y Manasés los indujo a que hiciesen
más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los
hijos de Israel.
10 Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas,
diciendo:
11 Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas
abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los
amorreos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a
Judá con sus ídolos;
12 por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí
yo traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo
oyere le retiñirán ambos oídos.
13 Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la
plomada de la casa de Acab; y limpiaré a Jerusalén como se
limpia un plato, que se friega y se vuelve boca abajo.
14 Y desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en
manos de sus enemigos; y serán para presa y despojo de todos sus
adversarios;
15 por cuanto han hecho lo malo ante mis ojos, y me han
provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto
hasta hoy.
16 Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en
gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo;
además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese
lo malo ante los ojos de Jehová.
17 Los demás hechos de Manasés, y todo lo que hizo, y el
pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá?
18 Y durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el
huerto de su casa, en el huerto de Uza, y reinó en su lugar
Amón su hijo.
Reinado de Amón
(2 Cr. 33.21-25)
19 De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y
reinó dos años en Jerusalén. El nombre de su madre fue
Mesulemet hija de Haruz, de Jotba.
20 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho
Manasés su padre.
21 Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y
sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre, y los
adoró;
22 y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el
camino de Jehová.
23 Y los siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al
rey en su casa.
24 Entonces el pueblo de la tierra mató a todos los que
habían conspirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la
tierra por rey en su lugar a Josías su hijo.
25 Los demás hechos de Amón, ¿no están todos escritos en el
libro de las crónicas de los reyes de Judá?
26 Y fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uza, y reinó
en su lugar Josías su hijo.
Reinado de Josías
(2 Cr. 34.1-2)
22
1 Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años, y reinó
en Jerusalén treinta y un años. El nombre de su madre fue
Jedida hija de Adaía, de Boscat.
2 E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el
camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.
Hallazgo del libro de la ley
(2 Cr. 34.8-33)
3 A los dieciocho años del rey Josías, envió el rey a Safán
hijo de Azalía, hijo de Mesulam, escriba, a la casa de Jehová,
diciendo:
4 Ve al sumo sacerdote Hilcías, y dile que recoja el dinero
que han traído a la casa de Jehová, que han recogido del pueblo
los guardianes de la puerta,
5 y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen
a su cargo el arreglo de la casa de Jehová, y que lo entreguen a
los que hacen la obra de la casa de Jehová, para reparar las
grietas de la casa;
6 a los carpinteros, maestros y albañiles, para comprar
madera y piedra de cantería para reparar la casa;
7 y que no se les tome cuenta del dinero cuyo manejo se les
confiare, porque ellos proceden con honradez.
8 Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán:
He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías
dio el libro a Safán, y lo leyó.
9 Viniendo luego el escriba Safán al rey, dio cuenta al rey y
dijo: Tus siervos han recogido el dinero que se halló en el
templo, y lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que
tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová.
10 Asimismo el escriba Safán declaró al rey, diciendo: El
sacerdote Hilcías me ha dado un libro. Y lo leyó Safán delante
del rey.
11 Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley,
rasgó sus vestidos.
12 Luego el rey dio orden al sacerdote Hilcías, a Ahicam hijo
de Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a
Asaías siervo del rey, diciendo:
13 Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por
todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha
hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido
contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las
palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue
escrito.
14 Entonces fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor,
Safán y Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de
Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba
en Jerusalén en la segunda parte de la ciudad, y hablaron con
ella.
15 Y ella les dijo: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel:
Decid al varón que os envió a mí:
16 Así dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y
sobre los que en él moran, todo el mal de que habla este libro
que ha leído el rey de Judá;
17 por cuanto me dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses
ajenos, provocándome a ira con toda la obra de sus manos; mi ira
se ha encendido contra este lugar, y no se apagará.
18 Mas al rey de Judá que os ha enviado para que preguntaseis
a Jehová, diréis así: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel:
Por cuanto oíste las palabras del libro,
19 y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de
Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar
y contra sus moradores, que vendrán a ser asolados y malditos, y
rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te
he oído, dice Jehová.
20 Por tanto, he aquí yo te recogeré con tus padres, y serás
llevado a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal
que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la
respuesta.
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