LUZ DE NOCHE
Te quiero. Y ya está dicho.
Me quemaba dentro,
este pequeño infierno de sentimientos
callados.
Y tenía que sacarlo fuera.
Tenía que refrescar mi alma.
No sé por qué, la verdad.
O sí lo sé,
pero quiero ocultarlo,
quiero sentirlo,
pero no saberlo...
quiero vivirlo
aún sin entenderlo.
No quiero pensar:
tan sólo amar,
y amarte a ti.
(Y ya te amo,
y ya te quiero,
y ya te vivo,
aunque me muero).
¿Todo debe tener una razón?
¿Nunca has hecho nada porque sí?
Mi cuerpo es experto
en llevarme más allá.
Y aún más lejos,
siempre dispuesto al límite,
a la frontera,
a la línea divisoria que,
aunque no divida nada,
está inmóvil ahí,
esperando ser cruzada
para descubrir
que está vacío el otro lado.
Pero ahora en el otro lado
estás tú.
Y es suficiente razón,
o al menos lo es para mí,
o al menos quiero,
te quiero,
que lo sea para mí.
¿Puede domarse una estampida
de sentimientos?
¿Puede encauzarse una riada
de momentos,
de miradas,
de risas,
de palabras,
de calor y de piel,
de alcohol compartido,
de lunas disfrutadas,
de un amor silencioso y tibio,
que acaba quemándome?
Porque me quema
(me quemas)
demasiado por dentro,
demasiado profundo,
demasiado calor:
arde mi ser,
corazón en llamas,
cenizas de mí.
Ojalá el viento quiera llevarlas
a tu presencia.
Si en algún lugar vive la Verdad,
desde luego está lejos de aquí,
y no me importa no buscarla.
Mi verdad eres tú,
quiero que lo seas.
Aferrarme a ti
como tabla de salvación,
clavo ardiendo,
que me aleje por un instante
del absurdo de mi vida.
Porque sólo tu le das sentido:
fuera de ti,
la nada.
(Y una nada tan oscura,
tan fría...
siempre esperando tu calor,
tu luz de luna).
Vivo expectante, anhelante...
siempre pensando en ti,
deseando una llamada,
una palabra de tu voz,
deseando una llamada,
una mesa compartida en un bar,
deseando una llamada...
un instante de cielo
en este maldito Hades
de mi oscuridad.
Mi vida es oscura,
y tú le das luz:
luz de luna llena,
nunca de sol.
Algo me ha volcado en ti.
Me he vaciado,
si alguna vez estuve lleno
de algo que no fuera nada,
en ti.
Y siento que ahora te contengo,
vertida en un torrente de palabras,
en mi ser.
Estamos demasiado unidos
para separarnos.
Estamos demasiado unidos
para juntarnos más.
Te quiero,
(tú ya lo sabes...)
no sé si tú
me querrás.
Y no me importa,
aunque me duela.
No me importa,
aunque me mate.
¿Acaso tiene sentido un amor
que no lleve a la muerte?
Si quisiera seguridad,
no invertiría en amores.
Si quisiera tranquilidad,
no buscaría en las flores
de tus ojos, tu piel, tus labios,
tus manos, tu todo, mi nada...
Si quisiera seguridad,
posiblemente,
me pegaría un tiro.
Pero no la busco,
y no quiero pistola:
quiero morir,
sí...,
pero contigo.