EL PROTEGIDO (UNBREAKABLE, 2000).
Película de M. N. Shyamalan.
Con Bruce Willis, Samuel Jackson y Robin Wright Penn.

EL IRROMPIBLE


fotoEL HEROE (BRUCE WILLIS) ENTRE LA MULTITUD


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En Unbreakable (2000) (traducido en Sudamérica como "El Protegido") M. Night Shyamalan juega menos al estilo que a la marca registrada. El año pasado El Sexto Sentido fue la causa célebre del twist, el clima y los fantasmas. Unbreakable - El Protegido es la "secuela positiva" de El Sexto Sentido, donde el comic desplaza a los fantasmas, pero a costa de desordenar la dramaturgia, y de desarticular casi el ambiente espiritual. Con justicia o sin ella, Unbreakable obligará a repasar El Sexto Sentido y a marcar ciertas desganas que antes no se vieron tan claras en ella. Pero, al mismo tiempo, dará más valor a su gesto "inocente": se trataba de un director muy joven (nació en 1970), sin la horrorosa presión de la taquilla y el Oscar encima, y con algo que decir.

En Unbreakable está otra vez en primer plano la preocupación por el absurdo de la muerte, otra vez Philadelphia y la visión la visión infantil mágica y demoníaca (esto último movido ahora a lo evidente). Otra vez Bruce Willis y otra vez el ritmo "espiritualizado" de la cámara y el sonido. Otra vez un twist al final y otra vez una breve aparición del director.

Sin embargo, Shyamalan ha echado mano de abundante y abrumadora música para subrayarse (o citarse, hacer notar su ambiente). Mientras la dramaturgia general del filme no presenta la lógica de El Sexto Sentido, y, al contrario, se prodigan los gestos de las estrellas (notable por ejemplo que Roger Ebert en su crítica de la película diga que "los actores ofrecen actuaciones que se esperarían en un drama serio", claro un drama ahuecado de Hollywood). Ya no hay un lugar discreto y al fondo para Bruce Willis (en esta película el humilde guardián David Dunn), sino al contrario, su reconversión en superhéroe lo lleva a engullirse la dramaturgia. No hay lugar seguro para Robin Wright Penn (que interpreta a la esposa de David Dunn en el filme) que bien podría no estar en la película. Tampoco el hijo de ambos, Joseph (Spencer Tret Clark) juega un papel convincente. Suponemos que ese lugar era el de la fascinación por la fantasía mediática en el conflicto de descubrir que su padre posee poderes de superhéroe. Pero el filme está tan centrado en Willis (la estrella) que olvidamos esa posibilidad. Lo mejor del discurso dramático es Samuel L. Jackson y su extraño personaje Elijah Price: un irónico enfermo de los huesos, obsesionado con los comics y exitoso artista plástico. Contando con que Unbreakable es algo así como una extensa autoreferencia (de Shyamalan; no me atrevo a decir, aunque lo pienso: un cansado autoplagio, ¿una irónica autoparodia?); contando con eso, es posible considerar que la película homenajea el lugar del Oscar (el de la nominación del año pasado), hace guiños quizá, y, en ese caso, sólo Jackson (no el director ni la película ni el actor principal) merecería la citación buscada al Mejor Actor de Reparto.

En todo caso, Unbreakeable es un producto más cercano a la representación grandilocuente de Hollywood que El Sexto Sentido. Shyamalan ha cambiado al fotógrafo Taki Fujimoto por Eduardo Serra. Al primero se debía en mucha medida la vida y el misterio que el otoño y la arquitectura de Philadelphia cobraban en la primera película; el escenario hablaba en el tono trémulo y paisajístico necesario. En Unbreakable Philadelphia es empujada casi al anonimato, intercambiada por esas ciudades anónimas hollywoodenses. Se desperdicia de ese manera el ambiente, y el "elegante" cinemascope, refiere una y otra vez a la película de estrellato. El motivo visual del "mundo al revés" (mirada de los niños: la niña que mira a Willis en el tren, Joseph Dunn mirando TV, Elijah Price niño que recibe un comic de regalo, Shyamalan es una especie de Spielberg "espiritualizado") aparece escindido de la dramaturgia, en cierta medida, aun cuando sea una propuesta de mirada que Shyamalan ofrece (cuando Elijah Price sufre un accidente y cae por unas escaleras, también mira "al revés"). Y reitero: la música (otra vez de James Newton Howard) es demasiado convencional y está demasiado presente.

Y otra decepción, que a mí me parece clave, en este viaje desde Hollywood hasta Hollywood: si en El Sexto Sentido, la separación de clases daba sentido a la película (el niño pertenecía a una familia que no podía pagar un médico tan caro como el que Willis representaba en la película, por lo cual sólo como fantasma podía convivir con él). En Unbreakable la incubación social del superhéroe es ciertamente la clase baja (Willis trabaja como cuidador en un Estadio), pero eso no impide vicios dramáticos de la clase hollywoodense en su familia -lo comedido se ha perdido-, así como la inclusión en medios que no son suyos (como una amistad poco elaborada dramáticamente con el artista exitoso que protagoniza Samuel L. Jackson), y su defensa decidida del micromundo pequeño burgués. En fin la separación social presente en El Sexto Sentido, ha sido superada en Unbreakable, y todo para que no la notemos.


***


Lo dicho hasta aquí es parcialmente injusto. Parcialmente, subrayo. Porque supone una interrelación macabra y fatalista entre Unbreakable y El Sexto Sentido. Aquello de que la obra reciente rescribe a las anteriores que enseñaron el señor T.S. Eliot y el vate Borges.

Ensayo pues un camino diferrente. Unbreakable en sí misma. Shyamalan ve, no obstante las modernidades, que el mundo (mejor dicho la ciudad de Philadelphia) es escenario de lucha entre el Bien y el Mal. Y entonces filma Unbreakable, en donde ese maniqueísmo es visto de manera irónica (autoirónica si se prefiere pensar en Shyamalan como "autor"). Sagaz, el hindú-norteamericano advierte que Bien y Mal son los lugares favoritos del comic y que éste manifestación de la cultura de masas ya se ha desplazado (honor a Lichtenstein) al "gran arte".

Unbreakable sería el recorrido de una ironía; en donde otro Superman -esta vez modesto miembro de seguridad en un estadio: el pan y el circo implican desvelos velados-, que teme al agua y no a la kriptonita, es ayudado por el Malo a descubrir sus poderes. En vez del pensamiento "duro" del Clark Kent, el pensamiento "débil" (y la fenomenología) de Bruce Willis que no quiere creerse. En vez de la violencia exterior y la salvación del mundo a domicilio (Superman), la contradicción interior y la trampa ética / estética (es una película, no lo olvidemos) de la ayuda al prójimo. (Salvación a domicilio de todas maneras, pero un prójimo categorizado: clase media, para lograr la identificación de los espectadores, la inspiración del superhéroe no puede ir más abajo). En vez del Malo tipológico, el Malo axiológico y autoconsciente: el que comprende, como el viejo Satán literario, la unicidad del mundo y la necesidad de esas casillas ordenadoras de lo bueno inocente (a veces cándido como Willis en la película) y lo malo ansioso.

Desde ese punto de vista, y si Unbreakable es una parodia (autoparodia si se piensa en Shyamalan como "autor"), la película medita muy bien, independientemente de El Sexto Sentido, pero recobrando las aristas new age de ésta última. Espiritualismo de la vida cotidiana, demonismo y santidad posibles, causalidad mística de la cultura pop.

Pero esta historia intelectualista podría ser contada desde varios ángulos. Y la película, quizá por razones de mercado y producción, prescinde de los puntos de vista que no son los de Willis. Y cuando los posibilita, los empuja sin solución de continuidad a la situación límite. Tres ejemplos claves en la película:
1. Jackson persigue sin mucho sentido a un hombre que Willis "adivinó" como portador de una pistola. Resultado: Jackson cae en unas escaleras y se quiebra más huesos.
2. Robin Wright Penn está casi en las lágrimas cuando pregunta as su marido si es que hay otra mujer en su vida; secuencia dramática enteramente prescindible (al igual que otras más, en general no se sabe para qué este superhéroe es casado, o se sospecha que es impotente sexual; por otra parte lo "dramático" se entiende aquí como estar "al borde de las lágrimas". No garantizo mi conteo pero Willis está 4 veces a punto de llorar).
3. El hijo de Willis quiere dispararle para comprobar si en realidad es un superhéroe; clímax dramático poco articulado y creíble (y que refiere a las secuencias iniciales de El Sexto Sentido).

En cambio de fundamentar esta dramaturgia flotante, Unbreakable trata de explicar la lógica por medio de la cual Willis se hace consciente de sus poderes sobrenaturales. Lo decepcionante, además del tiempo dramatúrgico desperdiciado, es que estos poderes son la realidad en Unbreakable. Las secuencias en que en medio de la gente, Willis roza a los "pecadores" que revelan sus padeceres éticos y su criminalidad, con todo y ser tan convencionales, podría conducir a otra parte más escabrosa que la consagración del superhéroe: al manicomio o la cárcel.

¿NO podrían ser los poderes de Willis, una esquizofrenia que explicaba el mundo a su manera? ¿Y si era desorden mental, al confrontarlo con el mundo no podía transgredir la ley?

El personaje de Willis parece reafirmar más bien la razón y la ley. Claro, es también la razón y la ley del comic heroico, aunque esto cause pavor a Willis al final de la película, y se dé cuenta que ha devenido en marioneta del maniqueísmo, condenado a "salvar" a la humanidad a pesar de la ley y por sobre ella. Una especie de fenomenología del "vengador anónimo", la meditación sacrificada del "batman" desenmascarado.

Las palabras introductorias de la película se refieren al comic como literatura infinita. Adquisición un poco borgeana: la vida común es escritura de un comic, los hombres pertenecen a una cadena literaria preestablecida, son personajes. En este sentido reflexivo Unbreakable supera sin mucho trámite otras películas preocupadas con razones parecidas. 8MM (Joel Shumacher, 1999) que se ocupaba de las snuff movies. El coleccionista de huesos (Philip Noyce, 1999) que aludía a una novela del mismo título que el asesino leía y era a la vez el argumento de la película; y La última puerta (Roman Polanski, 1999), en que la persecución de un libro satánico era una historia satánica. Pero al contrario de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994), que retomó un género de la literatura masiva (precisamente la pulp fiction) y lo resituó de frente a la cultura, Unbreakable parece temer al comic del superhéroe de donde dice provenir, y se convierte así en el discreto y dubitativo Hamlet que el comic soñó. O peor, se coloca con tantas posibilidades comerciales para las secuelas y las historias alternas que puede acabar consumido en el sentido exacto y alegórico del término.



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