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8.M.M. (1999) Película de Joel Schumacher.
Con Nicolas Cage.

FORO

8.M.M. Y LA MUERTE REAL



Hay películas en acción que describen o aprovechan la muerte real. Sean o no sean verdaderas estas cintas, es una opción que Ud. puede tomar…

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NicolasNicolas Cage en el submundo


Y AHORA EL SNUFF…

Antes, la palabra inglesa snuff aludía, entre otras cosas evidentes, a la aspiración de tabaco en polvo. Ya se ve que muy "fin de siglo XIX", y muy antiguo. Sin embargo, en el desenfreno consumista del fin del siglo XX, se aspiran, chupan e inhalan, como se sabe, una amplia variedad de sustancias. Por ahí andan los llamados "tabiques perforados" vinculados al "polvo blanco", o, en una tribu más selecta, los "chupa sapo", quienes llaman al éxtasis con una palabra francesa: jouissance.

Hay una "inhalación" más metafórica e irritante, la que practican aquellos que gustan de ver la muerte real filmada. Estos inhaladores de snuff (valga el tropo) no se refocilan sólo con la muerte, el ingrediente principal, sino que gustan aperitivos de torturas y actos sexuales poco convencionales. El snuff es fantasmagórico, además, porque nunca se sabe cuándo la muerte o las torturas filmadas son reales o cuando no. Ocurre con los ovnis y la corrupción gubernamental: montón de testigos, ningún cargo.

CINEMA-VERITE

En los años sesenta a los franceses les dio por el cinema-verité (cine-verdad), y se lanzaron a la calle, como era esperable, con una pregunta emboscada en la irrealidad: ¿qué es la felicidad? Y se soltaban a hablar los parisinos y parisinas del verano y las vacaciones. Uno solía dormirse y despertar feliz después de la película. (El filme es Crónica de un verano, 1961, dirigida por Jean Rouch y Egard Morin).

No obstante, la preocupación por "filmar la realidad" había nacido al mismo tiempo que el cine. Otros franceses, los hermanos Lumiére, en 1895, asombraron a un grupo de incautos espectadores con una locomotora (filmada) que se venía encima de ellos. Este temor natural de morir aplastado en las sala oscura, es el que reacomodan los fieles y filmes del snuff, ahí donde morir es una circunstancia del éxtasis.

En los escleróticos años 70, alguien hizo un recuento del lado chocante del cine. En el inventario resultaba que vómitos, enemas, ahorcados, bestialismos, coprofilia, cadáveres en descomposición y otros intercambios inesperados de fluidos humanos, habían sido filmados ya en algún lugar del mundo. Se entiende que filmados como hechos reales. Para ese entonces faltaba por filmar algunos actos límites, entre ellos el canibalismo y, sobre todo, las relaciones sexuales con cadáveres (nota preocupada del inventariante: "necrófilos tímidos").

Todo el siglo XX, si bien se ve, ha coqueteado con el culto a la muerte. Desde los filósofos alemanes como Nietzshe o Heidegger, hasta artistas mayores como Salvador Dalí o Federico García Lorca (y estrellas menores como los rockeros Alice Cooper y Marylin Manson). También algunos políticos han tenido a la muerte como arma de su disfrute. Matar judíos, campesinos u opositores, cimentaba el placer de las sociedades en franco y evidente desarrollo, de ahí la fama de Hitler y Stalin, Somoza y Pinochet.

No se debe desestimar, en otro orden, el poder de las producciones caseras de filmes y video (sobre todo el último). El consumo desmedido de imágenes provoca una inflación, en donde la muerte filmada circulante no recibirá subsidios de ninguna parte (ya se escucharán las ventajas de la libertad de expresión). No es raro, con tantos antecedentes, que ahora se comercie con la muerte filmada (falsa o real). Tampoco es extraño que la muerte se asocie a la pérdida del sentido desde el punto de vista del placer sexual. Menos anómalo aún que Hollywood esté alerta a esta ola de pornodeath (pornomuerte).

PARA NUESTRO PLACER

A propósito del porno se requieren ciertas aclaraciones. Lo porno no es lo evidente. Se sabe que hay placer en los cuerpos y que los únicos límites son éticos. Pero lo porno construye fábulas tontas sobre esta premisa. Se trata de un primitivismo para incautos: fotos retocadas, crema de afeitar a granel, sets mal decorados y el tufo no por metafórico menos rotundo.

El problema del cine-realidad, y de los intentos de filmar la realidad, es el problema de su ubicación o desubicación. ¿Realidad para qué? En un documental como El fascismo corriente (URSS, 1965) de Mijail Romm, la crítica al fascismo no elude la presentación de la muerte "en vivo", la muerte de verdad propiciada por los nazis (ahorcamientos, por ejemplo). Pero esta presentación favorecía un discurso anti-fascista. De ahí que hay que volver a las advertencias de los viejos cineastas rusos (Pudovkin, Eisentein, Dovchenko): una imagen junto a otra forman una tercera, un tercer significado.

Por ende: no existe realidad filmada como tal. La realidad siempre es manipulada de alguna manera, por algún discurso. Por supuesto, los márgenes de verdad siempre andarán moviéndose de un lado a otro, más acá o más allá del espectador/a. Aquel o aquella que desde niño ve morir pistoleros en los westerns y matronas lánguidas en las telenovelas. Lo curioso del snuff es el stripe-tease que se lanza la muerte, conmoviendo de una manera básica, deshistorizada, el vórtice existencial que por momentos nos llama (para nuestro placer, según el tardío Freud).

EL INFIERNO DEL SNUFF
En 8 M.M. (la película de moda) la palabra snuff es un tabú. Nicholas Cage la dice entre los pornonegocios como si trasgrediera "el límite del límite". En una caja graciosa de las tiendas subterráneas (y nocturnas) alguien vende productos de XXXXX (recuérdese que el porno más crudo es XXX). Uno espera que eso conmueva la imaginación de los adolescentes.

Pero aparte de esa eventual conmoción, convertir al snuff en un tabú, en una película que trata de ciertas implicaciones éticas del snuff es de una retórica tan evidente que se le comienzan a ver las intenciones al guionista Andrew Kevin Walker (conocido también por su guión de Seven, dirigida por David Fincher, con Morgan Freeman y Brad Pitt).

En realidad, Kevin Walker desaprovecha la lección de un geniecillo (lo dice el ABC) del cine español. Alejandro Amenábar (27 años) realizó "al estilo norteamericano", su película Tesis (1996, con Ana Torrent y Fele Martínez). El escenario estaba más cerca de las implicaciones éticas sobre "la verdad" filmada, se desarrollaba entre estudiantes enfrentados a una snuff movie en la que una chica, ex-estudiante de la misma escuela de cine de Madrid, moría.

En 8 M.M. (1999, dirigida por Joel Schumacher) se repite lo de la chica muerta "de verdad", pero el argumento se traslada a una película de detectives revisionista. Es el mismo tipo de argumento en que incurría Seven, pero su director David Fincher, resultaba menos retórico, y más videoclipero, que Schumacher. Como alguien en alguna parte dijo, un detective es un solitario honesto, hosco pero caballero e inspirador de confianza (y no aspirador de snuff).

Pero los detectives de Andrew Kevin Walker tienen la virtud de ser casados. En Seven Brad Pitt estaba casado con Gwyneth Paltrow, y no tenían hijos pero sí perros. En 8 M.M. Nicholas Cage (detective Tom Welles) se mete a investigar el caso pensando en ¡los estudios universitarios de su hija de apenas seis meses!. Tan previsor como un yuppie.

Por otra parte, se trata de una historia retorcida y fatigada. A Tom Welles lo busca una matrona millonaria para investigar si es real o no la snuff movie que encontró en la caja fuerte de su marido. Andrew Kevin Walker está obsesionado con el Dante y el Infierno. De ese libro se servía Morgan Freeman en Seven. En 8 M.M. Nicholas Cage desciende al "Infierno" del porno conducido no por Virgilio sino por Max California (Joaquin Phoenix), un rockero fracasado dependiente de tienda porno, pero culto lector de Truman Capote.

El filme va adquiriendo progresivamente la consistencia de un comic mal preparado. Poco sesudo, Tom Welles contrata para otra snuff movie al personal técnico responsable del asesinato de la muchacha. Descubrir la realidad lo mete en un pathos agónico poco verídico. Un detective con corazón de chocolate que acaba por "vengar" la muerte de la muchacha desconocida, matando al empresario porno y al verdugo enmascarado, estrella del snuff, conocido como Machine (Christopher Bauer).

La dirección lánguida de Joel Schumacher no se destaca por original. Sobran elementos narrativos desde el inicio del filme. Falta imaginación para tratar secuencias fundamentales de la historia. A pesar del guión, Schumacher debió explotar el rico elemento del cine dentro del cine. Pero era una barrera infranqueable para la complacencia "estabilizadora" de esta película, que quiere quedar bien con los supuestos espectadores medios.

EL DETECTIVE SIN FERVOR

Otra cosa han hecho películas menos revisionistas. En Blue Velvet (David Lynch, 1986), la tortura sexual, el trasvestismo y lo subterráneo se revelaba como un lado oscuro muy próximo al "mundo de juguetes" pequeño burgués. En El silencio de los corderos (Jhonathan Demme, 1991), las muchachas desaparecidas y asesinadas, ocultaban fotos pornos de sí mismas en las cajitas de música y eran descubiertas por la detective sobreesforzada, mujer y soltera, Clarice Starling (Jodie Foster).

A propósito, Tom Welles (Cage) en 8 M.M. da con la casa de la muchacha asesinada y descubre su diario íntimo. Es una secuencia típica: el detective llega al cuarto (que la mamá mantiene intacto) de la muchacha desaparecida, y descubre algo oculto. Sucedió también en El silencio de los corderos. Algo parecido había en Fire walk with me (Twin Peaks) de David Lynch (1992), pero la obsesión por la muchacha desaparecida y asesinada ganaba en el detective (agente Cooper, interpretado por Kyle MacLachlan). Lynch llevaba este fervor al escándalo con una onírica secuencia final de Laura Palmer (Sheryl Lee )viva.

En 8.M.M. con un detective tan previsor era de esperarse que se involucrara con la resolución del crimen, pero no que se apasionara con el snuff, o con el fantasma de la muchacha. Sólo trata de remediar en algo la mala marcha del mundo, y garantizarse los estudios universitarios de su hija. Es otro detective víctima (como Brad Pitt en Seven) que disfruta buenos dividendos, devengados racionalmente. No será pues el detective paradigmático tras el snuff. Este aparecerá en una película frenética que todavía no se filma, pero que insistirá en filmarse pronto.

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