El husmeador, la bella y el coleccionista de huesos
La bella es Angelina Joile (4 de junio de 1975). El husmeador Denzel Washington. Se trata de otro thriller de la serie de asesinatos en serie. No es la mejor película de todas, aunque sea mejor que 8 mm (Joel Schumacher, 1999). No tiene la convicción detectivesca ni transmite la coherente pesadumbre de los ambientes de Seven (David Fincher, 1995). Muy lejos está Jolie de rivalizar con la detective Clarice Starling (Jodie Foster en El silencio de los corderos, Johathan Demme, 1991). El coleccionista de huesos (1999) posee un guión despistado, encorsetado y balbuciente que no ofrece muchas perspectivas. Los primeros veinte minutos de buen desarrollo narrativo que ofrece el director Philip Noyce (subjetivas que cuentan, superposición de planos narrativos) se desperdician en una historia que guiña mucho de los pelos.
Por las viejas arrugas de la ciudad
Se recordará que Edgard Allan Poe diseñó el alma del cerebral detective que resolvía los crímenes a partir de energía especulativa; pistas y lógica. Se recordará también su reencarnación paradigmática en Sherlock Holmes (criatura debida al novelista Conan Doyle). Si se siguen las pistas, se puede rastrear ahí la galladura (como dicen los españoles con no poca despierta libido) de la novela negra, el suspense y el thriller. Gracias a la posibilidad que ofrecen las computadoras (se disculpará el bajo tono comercial que adquiere este vocablo) y a la industria cibernética, Denzel Washington (detective Lincoln Rhyme) es capaz de jugar a Sherlock Holmes desde su decente (y complicada) cama.
No deja de ser emocionante que el cine haga continuos homenajes a la cultura impresa. Washington es un incapacitado detective (debido a un accidente) y escritor de manuales para detectives. El detective teme lo que en cualquier momento sobrevendrá, es decir, que el proceso degenerativo de su organismo lo convertirá en un vegetal. "¿En qué clase de vegetal quiere convertirse? ¿En una zanahoria?", le dice el gracioso asesino. Como se ve un bocadillo digno de Batman por T.V. El asesino múltiple persigue (dejando pistas siniestras) la historia de una novelita negra que se llama El coleccionista de huesos (otra vez los espejos y la perturbación: ¿cómo no iba a saber Washington que protagonizaba una novela ya escrita? ¿Cómo no iba a ser él, tan culto, lector de novelas de detectives?).
En Seven se recurría a La Divina Comedia ni más ni menos y los crímenes estaban orientados por los pecados capitales (esa adiposidad es quizá uno de sus mayores defectos). En El coleccionista de huesos todo es más modesto y menos efectivo. Cada crimen (como en Seven) es un perfomance, una inscripción enigmática en las viejas arrugas, cicatrices o desconcertantes ambientes no históricos (invisibilizados, soplan los antropólogos) de la ciudad de New York. Hasta se llega a pensar que el otro componente decisivo de estos thrillers recientes, es el posmodernismo artístico con su insistencia en tentar los límites de la existencia (o las situaciones límite que argumentaron los excistencialistas): el cuerpo trozado o destrozado es una configuración tan desconcertante como solían serlo las obras de arte (cuando estábamos seguros de lo qué trataba el arte).
Sin embargo, la lógica que gana a El coleccionista…, se pierde en vericuetos menos honorables y a la moda. El criminal (un tal Dr. Barry Lehman, interpretado por John Benjamin Hickey) no posee el mínimo carisma ni representatividad, si se trata de justificar en la película tan horrorosos crímenes (el más perturbador es el del tipo medio muerto y sangrante, atado en un matadero abandonado para que las ratas lo devoren con fruición).
La lógica que gana al argumento está motivada quizá por un jueguecito de star system consistente en destacar a Denzel Washington como memoria subliminal de una época (y una ciudad) que no debe ser olvidada, sobre todo en caso de querer defenderse de la amenaza criminal. Por supuesto, esta memoria está conectada a las computadoras (cuadrapléjico que habla, ve, ordena, resuelve crímenes desde la cama). Pero ahí tenemos sin embargo uno de los puntos a favor de la película: logra inquietar el desconocimiento, la historia subterránea de la ciudad y el razonamiento de este Sherlock Holmes inusitado pero lógico.
Cosas que suceden
El husmeador subliminal (Washington) necesita, por supuesto, de una cristalización de su conciencia: ahí es donde aparece la humilde policía (pero exmodelo) Amelia Donaghy (Angelina Jolie). Mujer de padre suicida, secreta orfandad que el detective averigua leyendo su íntima hoja de vida (no hay derecho, husmeador). Todo parece una historia de amor usual y sadomasoquista. El hombre inválido general que se apodera de la voluntad de la mujer de talento (y talante). Jolie tiene en su contra, en efecto, el exceso que se puede llamar voluptuoso (labios astronómicos, ojos grandes con brillo de estrella, cuerpo de modelo, etc.). A ella se le atribuye una frase sintomática (tomada de otra de sus películas): "Eres joven, estás borracha en la cama, tienes un cuchillo, cosas como esas suceden." (En vez de "cosas", Jolie dice una palabra más fuerte, que me he permitido no traducir literalmente.)
Es una frase autodestructiva (pues se refiere a un intento de suicidio), y sintomática. De Jolie Hollywood quiere hacer la Bella Atormentada. Denzel Washington es aquí la Bestia que tienta. "Córtale las muñecas al cadáver achicharronado, que necesitamos las esposas como prueba", se atreve a pedirle a Jolie, monitoreándola desde su cama (ya se ve que son abundantes los usos sádicos posibles de una cama).
En Pushin tin (1999) Angelina Jolie era igual de autodestructiva que en El coleccionista de huesos. Es más, necesitaba siempre anclarse en el océano masculino para sobrevivir (ataque de histerismo en un supermarket, John Cusack, que no es su marido, se la lleva a la cama como muestra de consuelo). Un crítico superficial, en aquella ocasión, presentó a Jolie con las siguientes frases: "una mixtura poco venturosa y menos prometedora de Jenniffer López y Cameron Díaz". Error garrafal, Jolie va por otro camino más sacrificado (otro dato interesante de su biografía: es hija de John Voight). No sabemos si estas últimas actrices (López, Díaz) podrían anclar en una cama sofisticada con la misma docilidad que lo hace Jolie. (No. López abofetearía al detective, no obstante su enfermedad; Díaz la emprendería a besitos emocionados).
Lo improbable es que el espectador (o espectadora) se trague el masoquismo elemental de Jolie con la comodidad con que se comen su pop corn. Con todo hay que insistir en decir que El coleccionista… es una película fallida, que se desinfla más o menos a la mitad. Al principio del film Angelina Jolie descubre por casualidad un cadáver y logra proteger la escena del crimen. Esto impresiona tanto a Denzel Washington que la toma como una especie de mascota que husmea de primero los sitios de los crímenes.
Es una relación sadomasoquista, en la que ella tiene que sumergirse en túneles, alcantarillas y mataderos oscuros. Sin embargo, el asesino no es tan astuto como se puede imaginar la espectadora (o el espectador) y tiene como objetivo el propio detective (nada nuevo lo mismo pasa en el famoso "La muerte y la brújula" del escritor de cuentos policiales Jorge Luis Borges). Pero, contrario al texto de Borges, lo que sucede en El coleccionista de huesos es lo que se llama un obtuso descuido del guionista (Jeffery Deaver según el libro de Jeremy Iacone) o una guiñada de pelos obvia.
Sin embargo no todo son reparos, la película motiva perseguir su desenvolvimiento narrativo, logra dar ambiente a una ciudad subterránea y oscura. Washington y Jolie se prestan muy bien a protagonizar unos papeles nada fáciles. Tampoco el resto del reparto resulta inepto (por ejemplo Queen Latifah como la enfermera de Washington, y Michael Rooker como el inútil y asesinado Capitán Howard Cheeney). Angelina Jolie oculta bajo el uniforme su obvia carnalidad, y, al menos al principio de la cinta, luce asertiva, con una presteza no prestada a la sensualidad. Pero El coleccionista… con su excitación malsana se olvidó casi del corazón. Reclamo tardío que se hace la misma película en su secuencia final. Por otra parte algo desgarrador se oculta en la fábula moral, con ese cuerpo inútil del detective que es sólo cerebro y el cuerpo disciplinado por las circunstancias de la Bella.