Mi espacio (Pushin tin, 1999). Con John Cusack, Angeline Jolie, Cate Blanchet y Billy Bob Thornton.

LOS «WORKHOLICS» INVADEN LA PANTALLA (Y DE PASO LA TIERRA)

Según la Revista American Studies (v. 39, No 2, 1998) las familias-trabajo siguen de moda en la T.V., en las comedias de situación, series dramáticas y de detectives interesados en lo paranormal. Las familias-trabajo son los conglomerados de empleados de cualquier índole que actúan y funcionan como si fueran una familia. 24 horas de "funcionamiento" dan para temporadas enteras de obsceno regodeo en vilipendiar el tiempo libre con trabajo, tal como ocurre en la serie E.R. o en los famosos Expedientes X.

Otra institución calumniada por este tipo de series es la familia. La dramaticidad neurótica de E.R., por ejemplo, se basa en el presentimiento de que uno tiene que escoger entre la estabilidad monetaria del trabajo y la peligrosidad emocional de la familia y las relaciones humanas (esas que se elaboran más allá del hospital o del centro de trabajo). No es sorprendente que Charlie Bertsch hable de los protagonistas de los Expedientes X como de unos redomados (el adjetivo es mío) "workholics", es decir, "alcohólicos del trabajo", para quienes lo personal ha devenido en "paranormal".

ACUMULANDO ALUMINIO

En relación con esta nueva viciosidad, la reciente película Pushin tin (Mi espacio), que debía traducirse algo así como "Acumulando aluminio", ofrece un ejemplo orondo, apenas retocado por el modelo de la comedia romántica (historia de una pareja heterosexual que al final "quedan juntos"). Pero ¿por qué "acumular aluminio"?. Esto alude a la cantidad, y de paso a la velocidad (la productividad) con que los empleados de una torre de aeropuerto puedan bajar aviones (llenos de pasajeros) a las pistas.

Se entiende que la "familia-trabajo" de esta película esta formada por los empleados de esta torre, amenazados siempre por los síncopes, los ataques cardíacos y las neurosis, según la película más aún que los anestesiólogos. La estabilidad de esta "familia" se basa en reglas estrictas que incluyen pasar el tiempo libre juntos (incluidos esposas e hijos). Pero más que juntos estos empleados pasan sus días agrupados, como puede verse en las secuencias de "día libre".

Otra regla estricta de cohesión de la "familia-trabajo" dice que un esposo no se acostará con la esposa de otro empleado. A propósito de esposas, éstas, en la película, son tradicionales, "femeninas" y transitorias o reciclables. Entre ellas comentan si son una "segunda" una "tercera" o "cuarta". Es decir, que los divorcios son frecuentes en la "familia-trabajo", y que es natural que un hombre empleado sacrifique matrimonios en aras de la felicidad que trae "acumular o acomodar aluminio".

La "familia" de Mi espacio está hegemonizada por el empleado de mayor productividad y protagonista del filme, Nick Falzone (John Cusack). La película trata de la puesta en cuestión de esa hegemonía a cargo de un empleado de superior productividad y temeridad, Russel Bell (Billy Bob Thornton). Las manos de estos hombres no desmerecen las manos de los cirujanos de E.R., pues en ellas están puestas las vidas de millones de ciudadanos que entran (nunca salen, al menos en el filme) de New York. En plena rivalidad Russel le dice a Nick: "tenía que escoger entre matarte o que se cayera un avión lleno de japoneses."

¿POR QUÉ NO DEJAR QUE LOS JAPONESES SE CAIGAN?

Un diagnóstico comparativo de las vidas de ambos protagonistas, dará una idea cabal de la disfunción que trae a la "familia-trabajo" la aparición de Russel Bell. Nick Falzone compone un matrimonio clásico (aunque joven) con la señora Connie Falzone (Cate Blanchett). Dos hijos que apenas aparecen, una familia con poco picante y horarios contradictorios, ella, como nota relevante, interesada en sus clases de arte. En cambio, Russel Bell y Mary Bell su esposa (Angelina Jolie), vienen de la tradición "alternativa" de los sesenta, motociclistas, sin hijos, con chaquetas; ella exuberante y tonta (aunque jura que es una "trabajadora social").

Dos tipos de distancias culturales se cruzan, además, entre los dos matrimonios. Nick Falzone con "antecedentes" italianos. Todo mundo sabe, por otro lado, que Cate Blanchett nació en Australia (1 de enero de 1969). Russel Bell figura en el filme como un descendiente de una tribu de indios americanos (pluma y espiritualidad incluida), en tanto la sensual y demasiado fotográfica (y superficial) Mary Bell es sin duda de una belleza morena muy cercana a la idea que se tiene de las "latinas" (una mixtura poco venturosa y menos prometedora de Jenniffer López y Cameron Díaz).

Se sobreentiende por qué estos empleados, estas familias, no dejarán que un avión lleno de japoneses se caiga. Es que su inclusión como "familia-trabajo" en los Estados Unidos, corren parejos a sus raíces de forasteros y minoritarios en la cultura norteamericana. Por eso la "espiritualidad", y la "edipización", son necesarias a esta familia como prueba de "pase" y acomodación. (Es notorio que Connie Falzone muestre un retrato terminado por ella misma de John F. Kenneddy, símbolo norteamericano bastante ambiguo: presidente y asesinado, figura paterna y promiscua, etc. Esto sintoniza bien con la figuración, ausencia y posterior bendición de la figura paternal en la película.)

La llegada de la pareja Russel-Mary a la "familia-trabajo" incita a su disfunción. Nick Falzone, violando las reglas, se acuesta con Mary. A esta transgresión se agrega otra más grave: Russel no actúa con la violencia esperada, y, según Mary, el adulterio ha beneficiado su matrimonio, incrementando su comunicación. La espiritualidad de Russel (mezcla de budismo zen, retórica de los sesenta y tradición indígena) es demasiado "elevada" como para traer beneficios a la productividad de la "familia-trabajo".

Los elementos psicoanalíticos, a pesar de la ordinariez del film, son evidentes en el argumento. Russel-Mary conforman la pareja "padre-madre", con más sabiduría y con más capacidad de ejercer fascinación en los demás. El matrimonio Nick-Connie, es más una pareja "hija", en la que Nick transgrede a la madre (Mary) de la pareja más «vieja». Es significativo que Connie se entera de la traición de Nick durante los funerales de su padre (una metáfora de la "muerte" e inacción de Russel frente al adulterio de su mujer).

Luego de un momento climático en que Russel parece imponerse por su temeridad, opta por retirarse del empleo, o sea, salirse de la "familia-trabajo", que es otra manera de "morir". Sin embargo, a esas alturas Nick está sobrepasando el nivel de la neurosis, acercándose al síncope, dado que Connie le ha abandonado. Marcha entonces a recibir bendición espiritual con Russel, y el final queda hecho cuando Nick desde su puesto de trabajo recupera a Connie que viaja en avión. La "familia-trabajo" ha sido salvada.

LA DESEPERANZA DEL CRITICO

Aparte de las inexistentes, por suerte, "familias-trabajo" tan redimibles, organizadas y tontas, "Mi espacio" se deja tocar apenas por cierta comicidad almodovariana, pasada por unas aguas de aluminio que la dejan bastante insípida. No debe dejar de apreciarse, eso sí, que Cate Blanchett, a pesar de "Elízabeth" y de Mi espacio es una mujer con talento.

En Elízabeth (1998, dirigida por Shekhar Kapur) la inflada retórica entre solipsista y feminista parecía tomar "contenido" en la presencia, a ratos hedónicas y sobre todo neurótica, de Blanchett. En Mi espacio sigue mostrando su capacidad para el toque neurótico. Aunque hacer ojitos de reconciliación no es ciertamente su especialidad, creo que pocas actrices darían tanto realce a una secuencia tan anodina como la de mostrar un retrato de Kenneddy y dejar en duda si sabe o no quién es ese hombre, en tanto ni sospecha que su marido viene de acostarse con otra mujer. Es, sin duda, conmovedor.

Aunque Mi espacio no la merece, se me ocurre una coda para exorcizar su ramplonería. Se recordará que Pound desesperó de su oficio de escritor. Sucede otro tanto con los críticos de cine "serios". Circulan entre momias y tarzanes, divisan amenazas fantasmas en la Ciudad Plástica y leen que los otros críticos han dicho de esta película que "contiene bufidos y palabrotas", esos mismos que descubren cada semana "la mejor película del año". En su fuero interior (como acostumbraba decir Andre Bazin) el crítico serio sabe que las mejores películas se esfuman en el recuerdo, mientras los "workholics" invaden la tierra, acumulando aluminio o críticas de secundaria, y sin la bizarría que mostraban los "muertos vivientes" en los viejos filmes de George. A. Romero.

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